Hamlet
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Esta obra de teatro gira en torno a las tribulaciones de Hamlet, cuyo padre, el rey de Dinamarca, ha muerto. Éste se siente melancólico y abatido por las cosas del mundo. Su madre se ha casado con Claudio (el hermano de su padre), el nuevo rey, y Hamlet deambula por el palacio lleno de sospechas y dudas. Dos meses después de la muerte de su padre, Hamlet es visitado por el fantasma de su padre y le informa que ha sido asesinado por Claudio para llegar a ser rey y casarse con su madre. A Hamlet le corresponde la venganza del asesinato, pero se angustia entre la acción y la duda y busca excusas para posponer la venganza. Se finge loco para que la gente no sospeche de lo que trama en secreto. Polonio, el chambelán de la corte, cree que la locura de Hamlet se debe a la prohibición de que cortejase a su hija Ofelia.
Hamlet aprovecha la visita de una compañía de actores a la corte para descubrir si el mensaje del fantasma es verdadero. Se reproduce en escena el asesinato de su padre y estudia las reacciones del rey Claudio. Hamlet se convence de que el fantasma ha dicho la verdad. Claudio advierte que su crimen ha sido descubierto y planifica una misión diplomática para enviar a Hamlet a Inglaterra...
En definitiva, "Hamlet" presenta una entretenida trama cuyo desenlace trágico no deja a nadie indiferente.
William Shakespeare
William Shakespeare is widely regarded as the greatest playwright the world has seen. He produced an astonishing amount of work; 37 plays, 154 sonnets, and 5 poems. He died on 23rd April 1616, aged 52, and was buried in the Holy Trinity Church, Stratford.
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Vista previa del libro
Hamlet - William Shakespeare
HAMLET
William Shakespeare
Personajes
Claudio, R EY de Dinamarca
H AMLET, hijo del difunto
y sobrino del rey actual
P OLONIO, lord chambelán
H ORACIO, amigo de Hamlet
L AERTES, hijo de Polonio
V OLTEMAND, cortesano
C ORNELIO, cortesano
G UILDENSTERN, cortesano
R OSENCRANTZ, cortesano
O SRIC, cortesano
Un C ABALLERO
Un S ACERDOTE
M ARCELO, soldado
B ERNARDO, soldado
F RANCISCO, soldado
R EYNALDO, criado de Polonio
Los A CTORES
Dos P ATANES, sepultureros
F ORTINBRÁS, príncipe de Noruega
Un C APITÁN
E MBAJADORES ingleses
Gertrudis, R EINA de Dinamarca
y madre de Hamlet
O FELIA, hija de Polonio
E SPECTRO del padre de Hamlet
Mensajeros, un criado, un marinero
PRIMER ACTO - Escena I
Entran Bernardo y Francisco, dos centinelas
B ERNARDO
¿Quién va?
F RANCISCO
No, contesta tú. Detente y descúbrete.
B ERNARDO
Viva el rey.
F RANCISCO
¿Bernardo?
B ERNARDO
El mismo.
F RANCISCO
Llegas muy puntualmente a tu hora.
B ERNARDO
Acaban de dar las doce, vete a la cama, Francisco.
F RANCISCO
Por este relevo muchas gracias:
Hace un frío que pela, y estoy desalentado.
B ERNARDO
¿Tuviste una guardia tranquila?
F RANCISCO
No se movió un ratón.
B ERNARDO
Bueno, buenas noches.
Si te encuentras a Horacio y a Marcelo,
Los compañeros de mi guardia,
Diles que se den prisa.
Entran Horacio y Marcelo
F RANCISCO
Me parece escucharlos.
Alto: ¿quién anda ahí?
H ORACIO
Amigos del país.
M ARCELO
Vasallos del Danés.
F RANCISCO
Buenas noches tengáis.
M ARCELO
Que os vaya bien, nobles soldados.
¿Quién os ha relevado?
F RANCISCO
Bernardo toma mi lugar.
Buenas noches tengáis.
Sale Francisco
M ARCELO
Hola, Bernardo.
B ERNARDO
Dime, ¿es ése Horacio?
H ORACIO
Lo que queda de él.
B ERNARDO
Sed bienvenido, Horacio; bienvenido, buen Marcelo.
M ARCELO
Dime, ¿apareció otra vez esta noche esa cosa?
B ERNARDO
No he visto nada.
M ARCELO
Según Horacio, es sólo nuestra fantasía,
Y no se deja ganar por la creencia
En cuanto a esa visión horrible
Que hemos visto dos veces;
Por eso le invité a venir con nosotros
A velar los minutos de esta noche,
Para que, si otra vez la aparición viniera,
Dé fe de nuestros ojos, y le hable.
H ORACIO
Bah, bah, no habrá de aparecer.
B ERNARDO
Siéntate un rato
Y deja que asaltemos de nuevo tus oídos,
Que tan fortificados se han mostrado
Contra nuestro relato
De lo que ya dos noches hemos visto.
H ORACIO
Está bien, sentémonos
Y oigamos a Bernardo hablar de eso.
B ERNARDO
Esta noche pasada,
Cuando esa misma estrella al oeste del polo
Había hecho su curso
Para ir a iluminar esa parte del cielo
Donde ahora está ardiendo,
Marcelo y yo, al dar la una…
M ARCELO
Silencio, cállate:
Entra el espectro
Mira por dónde viene una vez más.
B ERNARDO
En la misma figura del difunto rey.
M ARCELO
Tú eres letrado, háblale, Horacio.
B ERNARDO
¿No se parece al rey? Fíjate, Horacio.
H ORACIO
Muchísimo: me pasma de temor y asombro.
B ERNARDO
Quiere que hablen con él.
M ARCELO
Háblale, Horacio.
H ORACIO
¿Quién eres tú que usurpas las horas de la noche,
Unido al bello y belicoso aspecto
Con que la majestad del difunto Danés
Marchaba a veces? Te conmino
Por los cielos a hablar.
M ARCELO
Está ofendido.
B ERNARDO
Míralo, se aparta.
H ORACIO
Espera, habla; habla: te conmino, habla.
Sale el espectro
M ARCELO
Se ha ido, y ya no nos contestará.
B ERNARDO
¿Qué pasa, Horacio? Estás temblando y pálido:
¿No es esa cosa algo más que ilusión?
¿Qué piensas de esto?
H ORACIO
Dios me valga, jamás podría yo creerlo
Sin el aval sensible y verdadero
De estos mis propios ojos.
M ARCELO
¿No se parece al rey?
H ORACIO
Igual que tú a ti mismo,
Así era la coraza exacta que llevaba
Cuando contra el noruego ambicioso luchó:
Así fruncía el ceño aquella vez
Que en una airada plática
Hirió con su maciza hacha el hielo. [1]
Es extraño.
M ARCELO
Así ya dos veces,
Y justo en esta misma hora mortal,
Con marcial andadura
Ha pasado delante de nuestra vigilancia.
H ORACIO
Con qué idea particular quedarme, no lo sé,
Mas cuanto alcanza mi opinión en general
Es que esto augura a nuestro Estado
Algún suceso extraño.
M ARCELO
Bueno, ahora sentémonos, y dígame el que sepa
Por qué esta vela, igual e igual de atenta,
Agobia cada noche
Al súbdito de este país,
Y por qué esa diaria fundición
De cañones de bronce,
Y el mercado extranjero de pertrechos de guerra:
Por qué ese apremio a los navieros
Cuya amarga tarea
No distingue el domingo del día de semana.
¿Adonde va a parar esta afanosa prisa
Que de la noche hace compañera del día;
Quién me puede informar?
H ORACIO
Yo puedo.
Al menos esto dicen los rumores:
Nuestro último rey, cuya imagen acaba
De aparecérsenos hace un momento,
Fue (como bien sabéis) por Fortinbrás, rey de Noruega
(Empujado a tal cosa por una fatua envidia)
Retado a combatir. Y al combatir,
Nuestro valiente Hamlet (pues mucho estas regiones
Del mundo conocido lo estimaban)
Dio muerte al Fortinbrás:
El cual, por un contrato bajo sello,
Ratificado por la ley y por la heráldica,
Perdió (junto a la vida) todas aquellas tierras
De que era poseedor, a favor del triunfante:
Contra lo cual un tanto equivalente
Dio en prenda nuestro rey: el cual habría pasado
A ser la propiedad de Fortinbrás
De haber vencido él, como por el convenio
Y a consecuencia del citado artículo,
El suyo pasó a Hamlet.
Pues ahora, señor, Fortinbrás hijo,
De inculto ardor repleto y encendido,
Aquí y allá a lo largo de Noruega
Ha logrado apañar una turba de gentes
Desheredadas y atrevidas,
Por la comida y algún sueldo, para una empresa
Que exigía valor: y que no es otra
(Como lo entiende claramente nuestro Estado)
Que la de recobrar a costa nuestra,
Con mano firme y términos conminatorios,
Las mencionadas tierras que así perdió su padre:
Y eso (diría yo) es la causa mayor
De los preparativos nuestros,
El origen de nuestra vigilancia
Y el motivo central de esta gran prisa
Y estos trastornos en las tierras.
[B ERNARDO
Yo creo que no es otro sino ese;
Y cuadra bien con ello que esta figura portentosa
Venga armada a mitad de nuestra vela
Tan igual que aquel rey
Que fue y es el asunto de estas guerras.
H ORACIO
Es una mota que perturba
El ojo del espíritu:
En lo más alto y victorioso del estado de Roma,
Poco antes de que cayera aquel tan poderoso Julio,
Las tumbas se quedaron sin sus inquilinos,
Mientras los muertos bajo sus mortajas
Chillaban y balbuceaban por las calles romanas;
Y estrellas con un rastro llameante
Y rocíos de sangre, desastres en el sol;
Y la húmeda estrella
Bajo cuya influencia caen los dominios de Neptuno
Enfermó de un eclipse como el Día del Juicio.
Y un mismo anuncio de terríficos sucesos,
Como de esos heraldos que a los hados preceden
Y son el prólogo de la amenaza en ciernes,
Demostraron unidos los cielos y la tierra
A estas regiones y a nuestros paisanos.]
Entra de nuevo el espectro
Pero basta, mirad: vedle por dónde viene nuevamente.
Le saldré al paso, aunque me infecte.
Alto, ilusión.
El espectro abre los brazos
Si con algún sonido cuentas,
O con el uso de una voz cualquiera,
Háblame.
Si alguna cosa puede hacerse
Que a ti te alivie y que me plazca a mí:
Háblame.
Si es que estás enterado de un sino de tu patria
Que pueda por ventura
De antemano sabiéndose evitarse,
Oh, habla.
O si has acumulado en vida
Tesoros usurpados al vientre de la tierra
(Por lo cual, dicen, los espíritus soléis
Caminar en la muerte),
Grazna el cuervo
Habla de ello. Detente y háblame.
Detenlo tú, Marcelo.
M ARCELO
¿Le doy con mi alabarda?
H ORACIO
Sí, si no quiere detenerse.
B ERNARDO
Aquí está.
H ORACIO
Aquí está.
Sale el espectro
M ARCELO
Se ha ido.
Hacemos mal, siendo tan majestuoso,
En oponerle muestras de violencia,
Pues él es como el aire, invulnerable,
Y nuestros vanos golpes una maldita burla.
B ERNARDO
Ya estaba por hablar cuando el gallo cantó.
H ORACIO
Y entonces escapó como el culpable
Ante un terrible citatorio.
He escuchado decir que el gallo
Es la trompeta de la luna.
Con su garganta estridente y altiva
Despierta al dios del día, y que ante su advertencia,
Ya en el mar o en el fuego, o ya en la tierra o aire,
El espíritu extraño y vagabundo huye
A su guarida: y de que eso es cierto
Ese objeto presente nos da prueba.
M ARCELO
Con el canto del gallo se ha esfumado.
Dicen algunos que al venir la época
En la que el nacimiento del Salvador festejan,
El pájaro del alba canta toda la noche:
Y entonces, según dicen,
Ningún espíritu podría andar errante,
Que las noches son sanas, ningún planeta hiere,
Ningún hada seduce,
Ninguna bruja tiene poder para encantar:
De tan santos que son
Y tan llenos de gracia aquellos tiempos.
H ORACIO
Eso me han dicho, y yo lo creo en parte.
Pero mirad: el alba, en rojo manto ataviada,
Marcha sobre el rocío de aquel cerro hacia el Este;
Rompamos nuestra guardia, y según mi opinión,
Vayamos a impartir lo que esta noche vimos
Al joven Hamlet. Porque, por mi fe,
El espectro que fue para nosotros mudo
A él sí le hablará.
¿Estáis de acuerdo en que se lo contemos,
Tal como nos lo pide nuestro amor
Y como casa con nuestro deber?
M ARCELO
Ruego que así lo hagamos, y yo sé esta mañana
Dónde lo encontraremos fácilmente.
Escena II
Trompetas. Entran Claudio, rey de Dinamarca, Gertrudis, la reina; el Consejo, que incluye a Polonio y su hijo Laertes, Hamlet y otros
R EY
Aunque aún de la muerte
De Hamlet nuestro amado hermano
La memoria esté fresca,
Y nos convenga pues tener el corazón en duelo,
Y a nuestro reino todo
Fruncir un único entrecejo dolorido
—Con todo, ha combatido tanto
La discreción con la naturaleza,
Que con más sabia pena pensaremos en él
Sin dejar de acordarnos de nosotros.
Así pues, la que fue nuestra hermana, ahora nuestra reina,
Imperial heredera de este marcial Estado,
Hemos tomado —con vencido júbilo,
Podríamos decir—; con un ojo auspicioso
Y el otro en lágrimas;
Con gozo en las exequias y endechas en las bodas,
En fiel balanza sopesando el deleite y el luto,
Por nuestra esposa; no excluyendo en esto
Vuestro mejor consejo, que