Cómo Manejar Situaciones Difíciles
Cómo Manejar Situaciones Difíciles
Cómo Manejar Situaciones Difíciles
Introducción:
Cuando Armamos un mueble
¡Usamos el famoso sentido común!
Resultado: Nos sobran tornillos, un poco torcido…etc.
Israel en el desierto
Nos dice la palabra de Dios en el libro de Números: “Llegaron los hijos de Israel, toda la
congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y acampó el pueblo en Cades: y allí murió
María, y allí también fue sepultada. Y porque no había agua para la congregación, se juntaron
contra Moisés y contra Aarón”, según Números 20:1-2.
a) En nuestra humanidad, la dificultad produce diversas reacciones.
Como podemos leer en este caso en particular, la palabra del Señor nos dice que “se juntaron
contra Moisés y Aarón”, esto nos habla de oposición, resistencia, rebelión, actitudes que se han
generado por el enojo en el corazón de los israelitas.
La palabra de Dios nos enseña en el versículo 3 que: “Habló el pueblo contra Moisés”,
entonces surge a hora la murmuración, la calumnia, palabras en contra de Moisés e incluso
contra su propia vida, pues ellos dijeron: “Ojalá hubiéramos muerto”.
No aprender las lecciones del pasado, es construir los errores del futuro, por eso dice la
misma Escritura: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor”. Es fundamental,
aprender de los errores.
La palabra de Dios nos dice en Números 20:4-5 “¿Por qué hiciste venir la congregación de
Jehová a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias? ¿Y por qué
nos has hecho subir de Egipto, para traernos a este mal lugar? No es lugar de sementera,
de higueras, de viñas ni de granadas; ni aun de agua para beber”.
Es muy importante, buscar el consejo del Señor, nos dice la Escritura en Números “Y se fueron
Moisés y Aarón de delante de la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión, y se
postraron sobre sus rostros; y la gloria de Jehová apareció sobre ellos”, según Números
20:6.
Es importante, tener en cuenta aquí que Moisés y Aarón son figura del servidor de Dios. El
servidor del Señor debe mantener su buena comunión con Dios.
b) Una de las más intensas pasiones en el ser humano es la ira. Números 20: 7-
11.
Vas a caminar por esta vida, pero solo tu decides como lo harás.
La verdad es que el enojo o la ira ciega al ser humano haciéndole actuar locamente. La Biblia
nos enseña que, según Números 20:7-11 que Dios le dijo a Moisés: “hablad a la peña” pero él la
golpeó dos veces, habiendo dicho además: “¡Oíd ahora, rebeldes!”.
La palabra de Dios nos enseña que Moisés sufre las consecuencias, aunque ellos fueron la
causa. Las equivocaciones de otros, no nos dan licencia para desobedecer al Señor. La rebelión
de su espíritu se expresó a través de sus palabras.
¿Cómo reaccionamos cuando aparece el enojo? Quizá con venganza, con palabras que
lastiman, con desobediencia, con aislamiento, rechazando a otros, entre otras cosas. Lo que
debemos hacer es rendir todo enojo o ira al Señor.
c) Depender de Dios es nuestra vida es fundamental.
A pesar de todo, la palabra de Dios nos enseña que “salieron muchas aguas”, esto nos muestra
la fidelidad del Señor con su pueblo, por encima de los errores y falencias del ser humano.
Vemos, entonces que la provisión de Dios para su pueblo no se detendrá por las falencias de
los hombres.
La palabra de Dios nos dice en el libro de Números 12:3 “Y aquel varón Moisés era muy
manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra”. La mansedumbre era una
fortaleza en él.
Lo que podemos ver es que Moisés precisamente falló en su punto más fuerte: la
mansedumbre. No importa el grado de crecimiento o revelación alcanzado, no somos
autosuficientes, necesitamos a Dios hasta el último día de nuestra vida, debemos depender
y reconocer la gracia del Señor siempre.
Reflexión final: La palabra de Dios nos enseña que el Espíritu Santo ha venido para
enseñarnos, para ayudarnos a caminar en su carácter, en su fruto. Con frecuencia, por ira o
enojos dañamos, herimos a otras personas. Por orgullo, queremos hacer las cosas a nuestra
manera, pero esto sólo genera tristezas.
Por eso, debemos hacer las cosas con el amor de Dios, con el carácter del Cristo
que vive en nosotros. Por él podemos vencer.