Unidad-1 - Didáctica de La Expresión Gráfica y La Psicomotricidad
Unidad-1 - Didáctica de La Expresión Gráfica y La Psicomotricidad
Unidad-1 - Didáctica de La Expresión Gráfica y La Psicomotricidad
GRÁFICA Y DE LA
PSICOMOTRICIDAD.
UNIDAD I.
La Expresión y la
Apreciación
Plástica en la
Educación
Preescolar.
EL SENTIDO DEL GRAFISMO INFANTIL.
Tomando en consideración que los estudios sobre las características del dibujo infantil
realizados por autores reconocidos tales como Lowenfeld (1961), Luquet (1927), Harris
(1963) y Piaget (1975), etc, han sido llevados a cabo fuera de nuestro contexto social
venezolano y varias décadas atrás, se plantea la necesidad de indagar las características
evolutivas del dibujo en el niño(a) de 1 a 6 años de edad, en el contexto sociocultural
merideño actual, tomando en cuenta que en el presente, el niño(a) recibe una mayor y más
temprana estimulación visual por parte de sus padres, los medios de comunicación de masas
y la escuela.
La forma en que estos primeros trazos sean recibidos puede influir mucho en su desarrollo
progresivo. Es lamentable que la palabra garabato tenga connotaciones negativas para los
adultos. La palabra puede sugerir pérdida de tiempo o, por lo menos falta de contenido. En
verdad, puede ser todo lo contrario, pues la manera en que se reciban estos primeros trazos y
la atención que se les preste pueden ser la causa de que el niño desarrolle actitudes que aún
poseerá cuando comience su escolaridad formal.
Al niño(a) hay que dejarlo garabatear y en ningún momento interrumpir esta actividad tan
placentera para él, que le servirá como punto de partida en el desarrollo de capacidades que
conservará hasta la edad adulta. Es importante no obligarlo a que dibuje algo específico y
reconocible para el adulto, pues todo dependerá de las características individuales que posea
cada niño(a).
Para Lowenfeld (1961), la etapa del garabateo se subdivide en tres categorías, las cuales son:
Garabateo sin control o desordenado, Garabateo controlado y Garabateo con nombre.
Garabateo sin control o desordenado: Según Lowenfeld y Brittain (1980) “un niño muy
pequeño puede encontrar un lápiz más interesante para mirarlo, tocarlo o aun chuparlo”, en
consecuencia, esta primera etapa del desarrollo creativo se da en el niño(a) a partir de los 2
años de edad. Realiza trazos débiles, desordenados, rectos, ligeramente curvos, sin ninguna
dirección específica, variando de longitud y dirección. No existe coordinación óculo manual
y aún no posee control de su actividad motriz.
A esta edad el niño(a) no tiene una intención de representar algo en específico ya que no
intenta reproducir el medio visual circundante, sólo le interesa el placer del movimiento,
dejando su huella en el papel que será siempre lo más amplia posible, facilitándole así el
progresivo control muscular del gesto. En muchas oportunidades se puede observar que los
garabatos salen de la hoja de papel y el niño(a) mira a los lados mientras ejecuta el trazo.
Lowenfeld y Brittain (1980) afirman que:
Algunos padres tratan de encontrar en estos garabatos algo que pueda reconocerse (…)
Mientras un niño está en la etapa del garabateo desordenado, trazar un dibujo de algo “real”
es inconcebible (…) Puesto que el niño de esta edad no tiene control visual sobre sus
garabatos, los padres deben considerar esto como una indicación de que el niño no está aún
en condiciones de realizar tareas que requieran control motor preciso de sus movimientos.
De esta manera resulta inapropiado por parte del adulto exigirle al niño(a) a esta edad, dibujos
que representen figuras reconocibles, pues al niño(a) le interesa es el placer que le produce
dejar su huella sobre cualquier superficie. En esta etapa los garabatos van evolucionando a
medida que el niño(a) va adquiriendo coordinación motora y pasa a realizar el garabato
controlado.
Garabateo controlado: Aunque no exista mucha diferencia con los garabatos sin control en
esta etapa hay un avance en el aspecto motriz, el niño(a) posee mayor coordinación óculo-
manual por lo que se dedica a esta actividad con mayor entusiasmo, es decir, se consigue un
control visual sobre lo que realiza, el niño(a) al controlar sus movimientos, disfruta de este
descubrimiento, que lo estimula a variar en sus trazos la forma y las dimensiones, notándose
trazos verticales, horizontales, circulares y en algunas ocasiones se puede observar el empleo
de varios colores.
Los trazos son más ordenados; ensaya sobre la forma de agarrar el lápiz y es hasta los tres
años de edad que se aproxima a la manera de sostener el lápiz que tiene el adulto. En esta
etapa Lowenfeld y Brittain (1980) sostienen que “el papel del adulto es ahora mucho más
importante, ya que, a menudo, el niño acudirá a él con sus garabatos, deseoso por hacerlo
partícipe de su entusiasmo. Esta participación en una experiencia es lo importante y no el
dibujo en sí”.
Siendo la coordinación motora el logro más importante en esta fase, el propósito del niño(a)
es el de mover el lápiz sobre el papel, pues todo su placer procede del dominio que va
adquiriendo sobre sus movimientos. Por tanto cualquier hecho que lo desaliente creará
inhibiciones en sus posteriores creaciones.
Garabato con nombre: Se presenta a los 3 años y medio de edad. El niño(a) ya no dibuja
por simple placer motor, sino con una intención; los garabatos no sufren muchas
modificaciones con respecto al garabateo controlado, se diferencia de éste cuando para el
niño(a) sus trazos tienen un significado y les asigna espontáneamente un nombre. Los
mismos trazos pueden simbolizar diferentes cosas y también existe la posibilidad que cambie
el nombre de lo que ha dibujado en el transcurso de su actividad creadora. Es una etapa de
gran trascendencia en el desarrollo del niño(a), es un indicio de que el pensamiento del
niño(a) ha cambiado. Pasa del placer por el movimiento al pensamiento imaginativo,
existiendo ahora una intención previa a la acción.
En esta etapa Lowenfeld y Brittain (1980) destacan que “puede ser realmente peligroso que
los padres o los maestros impulsen al niño a que dé un nombre o encuentre explicación a lo
que ha dibujado”. Por tanto, queda en manos de los adultos cercanos al niño(a) que le brinden
confianza, estímulo y entusiasmo para que sigan creando.
Durante esta fase los símbolos representados varían constantemente, por lo que la figura
humana, casa o árbol que represente hoy no será igual al que represente mañana. Sin
embargo, a través de constantes repeticiones expresivas, los dibujos se irán completando con
detalles, aunque exista constantemente ausencia de relaciones espaciales. Al mismo tiempo
se organizarán de manera más convencional. Hacia los 7 años de edad, dejará de variar los
símbolos representativos, para establecer un cierto esquema de cada cosa, que repetirá
continuamente.
El niño(a) de esta edad posee poco interés por el cromatismo existiendo poca relación entre
los objetos que pinta y su color real. Probablemente elija su color favorito para representar a
su hermano, y un color verde para pintar una experiencia alegre, o gris para un cuento triste.
Muchas veces utilizan el color que tiene más cerca, o el más grande, o el pincel más limpio.
Aunque el niño(a) no está interesado en establecer una determinada relación con el color,
disfruta con su utilización. Por consiguiente, el adulto significativo debe facilitar todas las
posibilidades para que el niño(a) experimente, no debe emplear frases como “el cielo es azul
y no rojo”. Permitiendo que el niño(a) descubra por sí mismo las relaciones del color con el
medio que le rodea.
En esta etapa no sólo dibuja la figura humana sino también incorpora en sus creaciones
elementos que se encuentran en el medio que le rodea, representando gráficamente todo lo
que percibe de su entorno, dando a conocer de esta manera su mundo interior.
Siendo el esquema un concepto definido que forma el niño(a) con respecto a los objetos,
figuras y personas que conforman el entorno que lo rodean, influye en este esquema la
riqueza o pobreza de las experiencias con el medio que está a su alrededor. Sin embargo, vale
resaltar que no es lo mismo un esquema repetido y un estereotipo, pues el primero es flexible
presentando variaciones, mientras que el segundo es siempre igual.
El esquema puede variar de un niño(a) a otro, debido a que cada niño(a) posee características
propias de su personalidad, por lo que una casa, árbol o figura humana será representada de
diferente manera por un niño(a) y otro. Igualmente se debe tomar en cuenta que no todos los
niños(as) viven las mismas experiencias en un momento determinado.
Llega a esta etapa cuando posee un conocimiento más amplio del mundo que le rodea,
comprendiendo esta fase de los 7 a los 9 años de edad. En la etapa esquemática el niño(a)
realiza sus composiciones con ciertas habilidades motoras que se han venido perfeccionando
a lo largo del proceso de desarrollo.
A esta edad se espera que logre representar un esquema humano con sus detalles
característicos tales como cuerpo, cabeza, brazos, piernas ojos, nariz, boca, cabello, cuello,
pies. Incluyendo elementos separados, por ejemplo, manos y dedos. Algunas veces puede
representar la ropa en lugar del cuerpo.
Este esquema humano resulta de fácil reconocimiento para el adulto. El principal hallazgo
de esta etapa es que el niño(a) descubre que existe un orden en las relaciones espaciales, ya
no tiene la concepción de que los objetos se encuentran aislados, sino que establece relaciones
entre los elementos, considerándose a sí mismo como una parte del entorno.
En esta etapa existe una representación muy particular a la cual Lowenfeld (1961) denomina
espacio tiempo siendo “diferentes secuencias temporales en un mismo espacio”. Es la forma
que tiene el niño(a) para representar acontecimientos que sucedieron en distintos momentos,
es decir, dibuja una secuencia temporal en una misma hoja y sin delimitarla mediante
cuadros.
Otra característica presente en los dibujos de esta edad es la “radiografía” o “rayos x”. En la
cual el niño(a) representa detalles que deben permanecer ocultos, dibujando al mismo tiempo,
el exterior y el interior de la figura humana o de algún elemento que represente.
Igualmente, el niño(a) descubre que existe una analogía entre el color y el objeto. Aún cuando
determinados elementos son pintados con colores comunes para todos los niños(as), como el
pasto verde o el cielo azul, cada niño(a) desarrolla sus propias semejanzas con respecto al
color, utilizándolo objetivamente.
Debido a que en esta etapa el niño(a) puede relacionar lógicamente los objetos entre él y su
entorno, se considera capacitado para el aprendizaje de la lectura, pues podrá relacionar las
letras entre sí para descubrir palabras. Su mente en esta época se halla menos ligada al yo,
por lo que está listo para interesarse por palabras y otros estímulos del mundo exterior.
Según Mc Ness citado por la Universidad Nacional Abierta (1991) la creatividad es entendida
como “un proceso a través del cual el individuo aprende algo nuevo, motivado por su pro pio
deseo de descubrir y apropiarse de una nueva idea o experiencia”.
La evolución del potencial creador se inicia en el momento en el que el niño(a) realiza sus
primeros trazos espontáneos e ingeniando sus propias grafías. Partiendo de estas primeras
experiencias agregará detalles progresivamente hasta llegar a dibujos más elaborados. Sin
embargo, el desarrollo creativo se muestra muy influenciado por el entorno. En este sentido
García (2002) destaca que “los entornos más representativos donde se desarrolla actualmente
el ser humano son: el familiar, el escolar, el organizacional y el social”.
Entorno familiar: Está comprendido especialmente por los padres y la influencia que éstos
ejercen para favorecer el desarrollo creativo de su hijo(a).
Condiciones físicas: es necesario que se diseñen los espacios prestando atención a las
características de las personas que lo van a ocupar. A este respecto, se debe tomar en cuenta
la edad cronológica y la cantidad de los individuos que lo van a ocupar. Igualmente, las
instalaciones deben estar ambientadas de manera tal que estimulen los sentidos, por ejemplo,
cuadros que estimulen la vista, música y diversidad de material que permita explorar y
descubrir el entorno. Vale destacar que no sólo las instalaciones deben estar provistas de
espacios donde el niño(a) pueda expresarse a través del dibujo individualmente, sino también
proveer de espacio y experiencias que faciliten el desarrollo de la creatividad de manera
grupal.
Es trascendental prestar especial atención a las características que favorecen el desarrollo del
potencial creador del niño(a) presentes en el entorno familiar, escolar, organizacional y social
para así formar en nuestra sociedad niños(as) creativos que sean originales, espontáneos,
innovadores, independientes y perceptivos; porque de lo contrario se estarán formando
niños(as) inhibidos, dependientes, conformistas, inflexibles y poco imaginativos.
Asimismo, existen otros elementos que intervienen en el desarrollo creativo. Como afirma
Rincón (1995) en la evolución del dibujo influyen factores tales como el progreso del niño(a)
en su desarrollo psicomotriz, desarrollo perceptivo y la coordinación óculo-manual.
Se debe despertar en el niño(a) el interés de sentir, ver, tocar, oler lo que se encuentra a su
alrededor, proporcionándoles así un cúmulo de experiencias en las cuales los sentidos
representan una parte fundamental para el aprendizaje y, en consecuencia, para la
modificación de los esquemas, tal y como lo refiere Piaget (1985) al señalar el concepto de
adaptación, como un equilibrio continuo entre la asimilación del mundo exterior con respecto
a los esquemas del niño(a) y la acomodación de los esquemas del niño(a) con respecto al
mundo exterior. Por tanto, toda actividad artística deberá desarrollar al mismo tiempo las
capacidades, medios y recursos que el niño(a) debe adquirir para lograr un desarrollo gráfico
armonioso y potenciar la capacidad de creación individual.
La coordinación óculo-manual para Rincón (1999) “es el trabajo conjunto y ordenado entre
la actividad motora y la actividad visual”. Es decir, es el trabajo coordinado entre las manos
y los ojos durante la ejecución de cualquier actividad. De esta manera Lurcat citado por
Martínez y Gutiérrez (1998) sostiene que “el ojo conduce a la mano”.
Este aspecto es muy importante tomarlo en cuenta, debido a que antes de pedirle al niño(a)
que realice sus representaciones gráficas en una hoja de papel con un tamaño reducido, es
necesario darle la oportunidad de expresarse gráficamente sobre elementos más amplios tales
como el suelo, la pared y pizarras, para facilitar el dominio progresivo de la mano, la muñeca,
el antebrazo, el brazo y de ciertos objetos como el pincel, lápiz, tiza, marcador, entre otros
que se utilizan en las actividades gráficas. Por lo tanto, no se le debe exigir que realice una
representación definida si aún no ha alcanzado la coordinación óculo manual, ya que será
más tarde que su nivel madurativo se lo permita.
En relación con lo anterior, el proceso de formación integral del niño es eficaz en la medida
en que se le permita explorar el medio que lo rodea, expresar sus intereses como necesidades,
sintiendo confianza para manifestar lo que siente, desea, quiere, y al mismo tiempo, logre
adquirir experiencias significativas como resultado de la interiorización de nuevos
aprendizajes que la expresión gráfico-plástica le permite.
Hablar es un arte porque es una habilidad que promueve las relaciones entre el niño y el
docente, el intercambio de información para el interés de ambos, el compartir ideas y
sentimientos, permite la expresión y comprensión de los sentires que se tienen frente a la
realidad. En el presente artículo se toma como referencia a Ramírez (2002, p. 58), quien
entiende el hablar como una forma de comunicación para intentar llegar a puntos de
encuentro; se escucha con atención a quien habla para comprender el mensaje que desea
transmitir; en este sentido y a partir de la ejecución de la investigación, se infiere que el
desarrollo de esta habilidad caracteriza de manera positiva a las docentes participantes del
Centro Educativo y Artístico Imaginartes, en tanto sus discursos evidencian un interés
genuino en reconocer en ese encuentro pedagógico las voces de los niños, y así lo ratifican
las observaciones de la clase de expresión gráfico-plástica cuando:
La docente agudiza su voz o habla de manera grave tratando de atraer la atención de los niños
y lo logra, busca llegar al nivel de estatura de ellos para hablarles de frente, mirarlos a los
ojos y brindarles confianza, les permite participar en la lectura de imágenes y explica de la
manera clara y delicada la actividad a realizar. (Cuartas, V., Observación directa, 4 de
septiembre, 2014).
Según se ha citado, se comprende que hablar va más allá de comunicar al niño lo que se le
quiere decir; implica también una actitud creativa para buscar centrar su atención en la clase,
comprender su condición de niño para brindarle seguridad al hablarle desde su misma altura;
requiere necesariamente que la persona que hable, sea receptiva y emita signos y gestos que
enriquezcan su comunicación. En relación con la expresión gráfico-plástica, el niño al
expresar o plasmar lo que siente en sus creaciones artísticas, habla sobre sus vivencias, sobre
los saberes que tiene frente al mundo, habla sobre lo que siente y refleja sus conocimientos.
Cabe agregar que el hablar también consiste en escuchar y saberlo hacer, esto se afirma al
citar a Ramírez (2002, p. 63), cuando sostiene que la escucha requiere atender con
disposición, organizar mentalmente las ideas recibidas, darle sentido crítico y captar la
intención de la información brindada por el hablante; de esta manera se da una comunicación
agradable, cuando ambas partes comprenden el mensaje transmitido. Así mismo, las
participantes de esta investigación al realizar sus intervenciones en las clases de expresión
gráfico-plástica, enteran a los niños sobre las instrucciones de la actividad, este es uno de los
casos:
Los niños, han encontrado la forma para comunicarse, sienten la necesidad de escuchar
claramente lo que se les explica, prestar atención en las instrucciones para tratar de no
equivocarse, preguntar si no comprenden, de plasmar lo que la maestra está mostrando.
(Arbeláez, S., comunicación personal, 2 de septiembre, 2014).
Niños, nos vamos a sentar en el balcón y vamos a trabajar la técnica de soplado, vamos a
mezclar la pintura con el agua y a soplarla con los pitillos, cada uno se pone su delantal, cada
uno recibe su pitillo corto con un agujero para que no se mareen, con un gotero vamos a
poner la pintura sobre el papel, traten de no soplar muy fuerte para evitar la saliva y los
mareos. Al iniciar, Santiago sopla tan fuerte el pitillo que tiembla, ante esta situación la
maestra se sienta junto a él y le dice: Santi vas a intentar soplar suavemente hasta que un
color se mezcle con el otro y despacio para que no te sientas mareado, el niño la escucha,
comprende y lo aplica. (Observación directa a la clase de pintura, 4 de septiembre, 2014).
Cuando el niño realiza una creación artística, incorpora entre otras, también la habilidad de
escribir, porque es una de las formas para representar lenguaje, comunicarse con alguien, y
en los procesos educativos el niño puede manifestarla mediante la expresión gráfico-plástica,
pues al implementar alguna de sus técnicas y el niño plasmar un dibujo, está expresando su
forma de ser, sus emociones o sentimientos, y su creatividad; pone en juego todas sus
capacidades.
En este orden de ideas, Oróstica afirma que “la escritura es un medio para representar un
lenguaje” (2007, p. 1), y en relación con los procesos educativos, el niño busca la forma de
comunicar sus pensamientos, representar lo que siente y se encuentra con la habilidad de
escribir a través de sus dibujos lo que quiere comunicar.
Al finalizar la actividad de pintura sobre el animal que más les gustó del cuento leído, la
maestra solicita que todos se sienten en círculo, manifiesta que es importante escuchar cómo
se sintió cada uno, qué fue lo que más les gustó, qué pintaron, cuál es el nombre de su pintura,
qué no les gustó de la clase, qué resaltan del trabajo del compañero (…). (Cuartas, V.,
observación directa, 4 de septiembre, 2014).
Esta nota resaltada, da cuenta de que las docentes del Centro Educativo, elaboran
previamente las planeaciones para la intervención de sus clases, en las que tienen en cuenta
-al finalizarla- evaluar la actividad de manera dinámica y así ir reconociendo las capacidades
de cada niño, el avance en el desarrollo de sus habilidades, evidencian la confianza que
adquiere cada uno en su proceso de formación, el cómo le dan solución a sus problemas;
también se encuentran con que el niño es capaz de organizar sus ideas y dar origen a nuevos
conocimientos.
La expresión gráfico-plástica como modalidad del arte forma parte del proceso educativo de
los niños de dos a cinco, este medio le proporciona al estudiante nuevos aprendizajes. A
través de la expresión el niño se libera, explora y sueña; de igual manera el arte le da la
oportunidad de manifestar sensaciones, sentimientos, emociones y anhelos, usando su
imaginación y creatividad, al comunicarse así son ellos mismos; por eso el papel del docente
es de suma importancia, debido a que él, como conocedor de la relevancia de formar a los
niños a través del juego y el arte, propicia escenarios para que ellos desarrollen sus
competencias, habilidades y capacidades. En este sentido los participantes del estudio
afirman:
Las clases de arte son un gran apoyo para el proceso de enseñanza, permite al niño liberarse,
que exprese y disfrute el aprendizaje, además si a la maestra le interesa el arte, su clase, no
será rutinaria porque también la disfruta como el niño y puede potencializar las diferentes
habilidades mediante los materiales que se utilizan (Cuartas, V., comunicación personal, 2
de septiembre, 2014).
El arte brinda la posibilidad de expresar sin prejuicio las dimensiones humanas de una manera
sutil y placentera, todo aquello que guarda el ser en su experiencia; de este proceso resultan
no solo nuevos conocimientos sino también la adquisición y destreza de nuevas competencias
que se logra desarrollar en los niños en la interacción con el otro, los otros y el medio que los
rodea.
La clase de expresión gráfico-plástica hace parte de su currículo, que tiene énfasis en arte y
que por este motivo las maestras a la hora de planear deben reforzar en su plan de estudios
los objetivos de cada actividad, desarrollando las diversas competencias en sus estudiantes
por medio del arte. En este punto afirma una maestra:
En el preescolar existe un plan de planeación, que consiste en que por día se desarrollan
diferentes actividades desde la parte creativa, lógico-matemática, social, comunicativa,
pensamiento científico; para la realización de cada clase estas competencias se deben tener
en cuenta porque no todo el tiempo se está en el aula de pintura, sino también se hace uso del
aula de música, video, gimnasio, biblioteca, el patio, el jardín o salón de roles (Cuartas, V.,
comunicación personal, 22 de septiembre, 2014).
Lo anterior, pone en evidencia que las maestras trabajan desde la integración de las diferentes
competencias, pensando en el alumno como un ser integral y no fragmentado. Es decir,
aunque se le apuesta a una dimensión específica a través de una actividad, por antonomasia
las demás dimensiones se refuerzan. En los discursos de las participantes se infiere que este
trabajo busca reforzar su personalidad y autoestima con la inserción de su cultura, valores,
normas, conocimientos que les permiten desarrollarse a nivel socioemocional para más
adelante ser competitivos y que se desenvuelvan activamente en la sociedad.
Así mismo, las maestras señalan que en la clase de expresión gráfico-plástica es importante
tener en cuenta la disposición de un buen ambiente escolar. Valga decir, crear escenarios para
que sean cálidos, armonizando el acto educativo con la ayuda de diversas estrategias. En
efecto, es conveniente afirmar que el arte es esa forma lúdica, mediadora en el proceso de
enseñanza-aprendizaje. En este orden de ideas se puede citar el siguiente testimonio:
El arte es una forma de expresión que le permite al niño manifestar emociones, sensaciones,
sentimientos y su parte creativa, su imaginación, lo que ellos sueñan, lo que ellos ven en cada
etapa del desarrollo; por eso es importante permitir que dibuje libremente (Ríos, J.,
comunicación personal, 2 de septiembre, 2014).
Se puede deducir, que al darle al niño en su clase de arte un esquema en su ficha, como ocurre
en la actualidad en diferentes centros educativos, él deja de ver el mundo con sus ojos, viendo
la realidad con los ojos del adulto, dibujando una casa con un triángulo y cuadrado; cuando
en su contexto ya hay edificios. Al enseñar contenidos el arte pierde la esencia de libertad,
su valor en la imaginación y su quehacer en la creatividad, sin embargo, hay maestras que en
su clase no implementan estos métodos, permiten que el estudiante cree dándoles una hoja
en blanco sin ponerle límites. Se diferencia de las demás formas de expresión, porque cuando
los adultos inician una obra buscan concretarla y finalizarla; por el contrario, los niños solo
se limitan al disfrute en su proceso de creación artística sin buscar un resultado, muestran la
sensibilidad y percepción enfocadas al desarrollo integral del ser humano mediante las
expresiones artísticas.
Como resultado de la observación de cada clase, la categoría que emergió fue la evaluación
como parte de la planeación de la clase; se evidencia que las docentes realizan una
apreciación del desempeño en la clase de arte, no buscan la medición de conocimientos sino
el desarrollo su libre expresión, brindándole confianza al exponer sus composiciones frente
a sus pares, relatando la historia de lo que realizó en su obra; cabe destacar que lo anterior
permite situar al niño como un ser individual y social.
La educación es un medio que le permite al ser humano un buen desarrollo integral, social y
cultural desde las dimensiones, competencias y habilidades; apunta a la mejora de la calidad
de vida, jugando un papel muy importante en la formación del individuo.
Ahora bien, en este caso se menciona que “la didáctica, en primera instancia, cobija el
proceso de enseñanza-aprendizaje, en tanto relaciona al maestro con sus alumnos a través de
la cultura” (Álvarez & González, 1998, p. 33), entonces se debe comprender que al adoptar
nuevos métodos, por ejemplo implementar la expresión gráfico-plástica como una
herramienta pedagógica, el maestro le permite al estudiante alcanzar satisfactoriamente las
metas planteadas; dándole la oportunidad de experimentar con este medio creativo, para que
el estudiante aumente sus capacidades y destrezas, expresando sus sensaciones, vivencias y
gustos. Como puede apreciarse en las palabras de este testimonio que nos describe la docente:
Es ampliarle al niño el mundo del arte, poner al niño a mirar obras de arte que estén
relacionadas con pintores que hayan pintado para niños, ellos así amplían su mundo;
estimularlos a que ellos pueden aplicar esa técnica, ellos van a visualizar, no es que la vayan
a copiar, sino que se les va ampliar la imagen de lo que ellos pueden hacer (Ríos, J.,
comunicación personal, 2 de septiembre, 2014).
Por todo lo dicho, se interpreta que el arte infantil no condiciona al niño a evolucionar y
madurar, es un proceso que se va logrando a partir de la confianza y la libertad que el adulto
le propicie; según Kant “tanto el arte como el juego tienen una finalidad, son actividades que
se despliegan por si mismas” (1991, p. 14) y es el maestro quien elabora conscientemente su
clase ofreciendo diversos medios de expresión que permiten la comunicación con sus pares
y un conocimiento amplio de su realidad.
Cabe señalar que a partir de todas aquellas problemáticas, necesidades e interrogantes que
surgen en el acto educativo y en algunos casos atraviesan la vida del ser humano, nacen los
modelos pedagógicos que le dan estructuración al acto educativo, aportándole herramientas
didácticas y pedagógicas que mejoran el proceso a la hora de la enseñanza de conocimientos,
de habilidades, ideas o experiencias. El enfoque del Centro educativo es el Reggio Emilia,
que se evidencia en la forma como implementan el arte, en la clase de expresión gráfico-
plástica y de música que hacen parte del currículo, formando libremente y preocupados por
su pensamiento y expresión y, Cada docente o institución decide por cuál camino seguir
refiriéndose ¿a qué modelo adoptar para facilitar la enseñanza?, pero al final no solo uno le
aporta al proceso de potencialización de habilidades y destrezas que se desarrolla en el
aprendiz, sino que cada uno es un complemento para el otro aportándole a la individualidad
de cada ser en formación.
El docente tiene en sus manos el saber actuar e intervenir de acuerdo con la situación que se
le presente; de la formación que se brinda depende el futuro de cada persona; por eso se debe
evaluar la planeación y práctica, para saber si se está haciendo adecuadamente, si se están
cumpliendo los objetivos planteados, de una manera lúdica y creativa, en este caso, la primera
infancia, porque es desde allí que se interioriza el conocimiento; por eso se debe pensar en la
formación integral del estudiante brindándole todo lo que tenga al alcance del proceso
educativo para su buen desarrollo.
por otro lado, en el manejo del tamaño de las fichas de acuerdo con la edad del niño sin una
imagen establecida, solo en blanco.
Cuando trabajo con los niños la expresión gráfico-plástica observo que ellos se divierten, se
relajan porque no se trabaja con la presión de obtener algún producto, les gusta combinar
colores, inventan historias respecto a sus dibujos; tampoco nunca han manifestado no querer
participar de una clase, y aunque lo hicieran no se les obliga; ellos todo el tiempo están
motivados porque se les ofrecen diversos materiales y siempre percibo en sus rostros alegría,
de igual manera les pido que me colaboren con la actividad que se está realizando, por
ejemplo a organizar los materiales para que sientan que son participes de la clase, colaboran
a repartir hojas, las marcan con su nombre ellos mismos; estas cosas los hacen independientes
y eso les encanta (Cuartas, V., comunicación personal,2 de septiembre, 2014).
Uno con la harina de cocina, sal y anilina puede hacer una masa y desarrollar en el niño la
parte motriz, sin necesidad de hacer uso de materiales tradicionales. Lo que pasa es que
muchas veces nosotras como maestras no somos recursivas lo que genera desinterés en los
niños. Yo siempre pienso que debemos despertar en los niños la motivación, el interés, el
asombro y la imaginación… porque yo me sorprendo cuando los niños hacen este tipo de
actividades ellos le dicen a uno, profe mira lo que pasa; se trasforma el material, cambia el
color, la textura y la forma, esas opiniones para nosotros son pequeñas cosas y para los niños
son importantes. (Ríos, S., comunicación personal, 2 de septiembre, 2014).
También es importante resaltar el rol que cumplen en el desarrollo de las clases; en tanto este
rol sea un ejemplo positivo, como el darle las instrucciones adecuadamente sin usar un tono
de voz alto, ser clara y precisa al explicar la técnica, mostrarles un pequeño ejemplo, si la
técnica es nueva y complicada; ellos saben qué deben realizar cuando terminan cada
instrucción que dice la docente, por ejemplo, lo siguiente se evidenció en la observación:
Marcan su hoja con lápiz en la parte inferior izquierda, la docente les entrega el delantal, cada
uno se lo pone, solo necesita ayuda para el nudo de atrás, luego hacen una fila para dirigirse
al aula de arte y cada uno se ubica en el caballete, realiza su obra como desea con el material
indicado para la técnica que esté realizando, se lava las manos; algunos niños le colaboran a
la docente para organizar el material. (Observación directa en el nivel de pre jardín, 4 de
septiembre, 2014).
Se puede evidenciar que los alumnos atienden las instrucciones de la docente para hacer cada
técnica, esto posibilita un aprendizaje satisfactorio, asertivo e integral; entonces se puede
decir que clase, es una buena estrategia para que desde la edad preescolar aprendan a esperar
el turno, economizar y cuidar materiales, respetar su composición y la de su pares, compartir,
imaginar, conocer su realidad, desarrollar su motricidad fina con el uso de los diversos
materiales, ser autónomos a la hora de elegir, ser colaboradores, adquirir una rutina,
expresarse libremente, ser creativos, descubrir y reinventar nuevos colores con las
combinaciones que ellos mismos realizan; les posibilita reconocer y manejar adecuadamente
el espacio gráfico, establecen buena comunicación con su pares y en síntesis, potencializa las
diferentes dimensiones del ser humano.