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Ver 3 más- Sinopsis
- Basada en la historia real de Aranzazu Berradre Marín, pseudónimo con el que se infiltró una agente de la Policía nacional en la banda terrorista ETA durante 8 años. Cuando contaba apenas 20 años, la joven consiguió adentrarse en la izquierda abertzale, siendo la única mujer que convivió en un piso con dirigentes de ETA. Durante su infiltración se vio obligada a cortar totalmente lazos familiares, todo para poder desarticular el comando Donosti en un momento crucial en el que la banda declaraba falsamente estar en tregua. Es la historia de una mujer valiente, que cambió su vida para intentar salvar la de otros.
- Género
- Thriller Drama Basado en hechos reales Terrorismo ETA
- Dirección
- Reparto
- Año / País:
- 2024 /
España
- Título original:
- La infiltrada
- Duración
- 118 min.
- Guion
- Música
- Fotografía
- Compañías
- Links
Premios
En un contexto donde los límites entre el deber y la supervivencia se disuelven, ‘La Infiltrada’ de Arantxa Echevarría nos recuerda que, en la vida, a veces las máscaras más difíciles de quitar son las que se colocan por obligación. Esta película no solo se adentra en la cruda realidad de la lucha antiterrorista, sino que explora la vida de quienes se ven atrapados en ella, navegando por un entramado emocional tan peligroso como el entorno que los rodea. En un mundo contemporáneo en el que la memoria histórica lucha por no desvanecerse, la obra de Echevarría arroja luz sobre los sacrificios silenciosos que muchos han hecho para desarticular el terror.
Arantxa Echevarría logra crear una atmósfera de tensión constante en la que la vida de la protagonista, Aranzazu Berradre (interpretada con intensidad por Carolina Yuste), está siempre al borde del abismo. El suspense no es solo el motor narrativo, sino también una representación física de la fragilidad del personaje, cuyo mayor desafío no es solo engañar a los terroristas, sino también no perderse a sí misma en el proceso.
La trama, basada en hechos reales, sigue a una joven policía nacional que, recién salida de la academia, es reclutada para infiltrarse en el Comando Donosti de ETA. Durante ocho largos años, adopta una nueva identidad, se aleja de su familia y se introduce en las entrañas de la banda terrorista, llegando a convivir con algunos de sus líderes más sanguinarios.
La verdadera fuerza de ‘La Infiltrada’ reside en la convivencia de Aranzazu con Kepa (Iñigo Gastesi) y Sergio (Diego Anido), dos etarras con los que comparte un espacio donde cada mirada, cada gesto y cada palabra podría ser la clave para su supervivencia. Los momentos de tensión, cuidadosamente dosificados, alcanzan su punto álgido cuando la posibilidad de ser descubierta se cierne sobre ella, obligándola a mantener una fachada inquebrantable mientras su mundo interior se derrumba.
Uno de los aciertos de la dirección de Echevarría es su capacidad para retratar la normalización del peligro, cómo los personajes, especialmente Aranzazu, se adaptan a un entorno en el que la muerte parece siempre a la vuelta de la esquina. La película evita caer en el sensacionalismo, presentando la violencia de ETA no como un espectáculo, sino como un telón de fondo ante el cual se desarrollan las tensiones personales y psicológicas de la protagonista.
El personaje de Aranzazu no solo debe enfrentarse al peligro físico, sino también a las profundas implicaciones morales de su misión. La interpretación de Carolina Yuste es conmovedora, no solo por la intensidad con la que afronta las escenas de peligro, sino por su habilidad para mostrar las grietas emocionales que la misión va abriendo en su personaje. En particular, los momentos en los que Aranzazu debe convivir con los terroristas, fingiendo empatía, son devastadores en su sutileza. La protagonista es testigo de atrocidades, pero también de la humanidad, por distorsionada que esté, de aquellos a quienes debe traicionar.
Por otro lado, el personaje de Ángel (Luis Tosar), el encargado de coordinar la operación, es el único vínculo de Aranzazu con el exterior. La relación entre ambos, marcada por la distancia física y emocional, refleja la soledad de la protagonista, que se ve obligada a depender de un sistema que la utiliza como peón en una partida mucho más grande. Este aislamiento contribuye a la creciente sensación de claustrofobia que impregna la película.
La película avanza con una cadencia controlada, sin prisas por llegar a momentos de acción desenfrenada. En cambio, opta por pequeñas explosiones de suspense que mantienen al espectador siempre al borde, como en la escena del control de la Guardia Civil, donde el descubrimiento del nombre real de la protagonista podría haber puesto fin a su misión y a su vida. Cada situación parece empujar a Aranzazu un paso más hacia el límite de lo soportable, aumentando la tensión emocional y física hasta el punto de que cualquier gesto mal calculado podría ser el último.
Uno de los temas subyacentes en la película es la posición de las mujeres dentro de este contexto de violencia. Aranzazu es la única mujer en el centro de la trama, pero su condición de mujer no es un factor de vulnerabilidad, sino de fortaleza. A lo largo de la película, vemos cómo debe enfrentarse no solo a los desafíos de la misión, sino también a las tensiones inherentes a un entorno dominado por el machismo, donde las tareas domésticas y la condescendencia patriarcal también forman parte del control que los etarras ejercen sobre ella.
A pesar de su innegable mérito, la película no está exenta de críticas. Para quienes no están familiarizados con el contexto histórico de ETA, el film puede resultar algo confuso o falto de profundidad en algunos aspectos clave del conflicto vasco. Echevarría elige centrarse en la experiencia íntima de la protagonista, lo cual funciona a nivel emocional, pero deja algunas preguntas abiertas sobre el contexto social y político en el que se desarrolla la historia. En este sentido, algunos espectadores podrían encontrar la película demasiado centrada en la psicología de la protagonista y menos en los aspectos operativos de la lucha antiterrorista.
'La Infiltrada’ de Arantxa Echevarría es una obra que destaca por su retrato íntimo de una mujer atrapada en una misión imposible, obligada a enfrentarse no solo al peligro externo, sino también a las batallas internas que su doble vida genera. Con actuaciones memorables y una dirección cuidadosa, la película ofrece una visión desgarradora de lo que significa infiltrarse en un mundo donde la línea entre la vida y la muerte es tan delgada como la identidad que se debe mantener.
Puntuación: 8 sobre 10.
Arantxa Echevarría logra crear una atmósfera de tensión constante en la que la vida de la protagonista, Aranzazu Berradre (interpretada con intensidad por Carolina Yuste), está siempre al borde del abismo. El suspense no es solo el motor narrativo, sino también una representación física de la fragilidad del personaje, cuyo mayor desafío no es solo engañar a los terroristas, sino también no perderse a sí misma en el proceso.
La trama, basada en hechos reales, sigue a una joven policía nacional que, recién salida de la academia, es reclutada para infiltrarse en el Comando Donosti de ETA. Durante ocho largos años, adopta una nueva identidad, se aleja de su familia y se introduce en las entrañas de la banda terrorista, llegando a convivir con algunos de sus líderes más sanguinarios.
La verdadera fuerza de ‘La Infiltrada’ reside en la convivencia de Aranzazu con Kepa (Iñigo Gastesi) y Sergio (Diego Anido), dos etarras con los que comparte un espacio donde cada mirada, cada gesto y cada palabra podría ser la clave para su supervivencia. Los momentos de tensión, cuidadosamente dosificados, alcanzan su punto álgido cuando la posibilidad de ser descubierta se cierne sobre ella, obligándola a mantener una fachada inquebrantable mientras su mundo interior se derrumba.
Uno de los aciertos de la dirección de Echevarría es su capacidad para retratar la normalización del peligro, cómo los personajes, especialmente Aranzazu, se adaptan a un entorno en el que la muerte parece siempre a la vuelta de la esquina. La película evita caer en el sensacionalismo, presentando la violencia de ETA no como un espectáculo, sino como un telón de fondo ante el cual se desarrollan las tensiones personales y psicológicas de la protagonista.
El personaje de Aranzazu no solo debe enfrentarse al peligro físico, sino también a las profundas implicaciones morales de su misión. La interpretación de Carolina Yuste es conmovedora, no solo por la intensidad con la que afronta las escenas de peligro, sino por su habilidad para mostrar las grietas emocionales que la misión va abriendo en su personaje. En particular, los momentos en los que Aranzazu debe convivir con los terroristas, fingiendo empatía, son devastadores en su sutileza. La protagonista es testigo de atrocidades, pero también de la humanidad, por distorsionada que esté, de aquellos a quienes debe traicionar.
Por otro lado, el personaje de Ángel (Luis Tosar), el encargado de coordinar la operación, es el único vínculo de Aranzazu con el exterior. La relación entre ambos, marcada por la distancia física y emocional, refleja la soledad de la protagonista, que se ve obligada a depender de un sistema que la utiliza como peón en una partida mucho más grande. Este aislamiento contribuye a la creciente sensación de claustrofobia que impregna la película.
La película avanza con una cadencia controlada, sin prisas por llegar a momentos de acción desenfrenada. En cambio, opta por pequeñas explosiones de suspense que mantienen al espectador siempre al borde, como en la escena del control de la Guardia Civil, donde el descubrimiento del nombre real de la protagonista podría haber puesto fin a su misión y a su vida. Cada situación parece empujar a Aranzazu un paso más hacia el límite de lo soportable, aumentando la tensión emocional y física hasta el punto de que cualquier gesto mal calculado podría ser el último.
Uno de los temas subyacentes en la película es la posición de las mujeres dentro de este contexto de violencia. Aranzazu es la única mujer en el centro de la trama, pero su condición de mujer no es un factor de vulnerabilidad, sino de fortaleza. A lo largo de la película, vemos cómo debe enfrentarse no solo a los desafíos de la misión, sino también a las tensiones inherentes a un entorno dominado por el machismo, donde las tareas domésticas y la condescendencia patriarcal también forman parte del control que los etarras ejercen sobre ella.
A pesar de su innegable mérito, la película no está exenta de críticas. Para quienes no están familiarizados con el contexto histórico de ETA, el film puede resultar algo confuso o falto de profundidad en algunos aspectos clave del conflicto vasco. Echevarría elige centrarse en la experiencia íntima de la protagonista, lo cual funciona a nivel emocional, pero deja algunas preguntas abiertas sobre el contexto social y político en el que se desarrolla la historia. En este sentido, algunos espectadores podrían encontrar la película demasiado centrada en la psicología de la protagonista y menos en los aspectos operativos de la lucha antiterrorista.
'La Infiltrada’ de Arantxa Echevarría es una obra que destaca por su retrato íntimo de una mujer atrapada en una misión imposible, obligada a enfrentarse no solo al peligro externo, sino también a las batallas internas que su doble vida genera. Con actuaciones memorables y una dirección cuidadosa, la película ofrece una visión desgarradora de lo que significa infiltrarse en un mundo donde la línea entre la vida y la muerte es tan delgada como la identidad que se debe mantener.
Puntuación: 8 sobre 10.
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164 de 211 usuarios han encontrado esta crítica útil
La infiltrada es ya una de las películas españolas del año, y sin duda la mejor hasta la fecha de su directora, Arantxa Echevarría. Éxito crítico y comercial. Qué más se puede pedir.
Y la verdad es que no es para menos. Y eso que la cinta comienza bastante mal, con un montaje errático de escenas que parecen inacabadas, saltando de un año a otro sin orden ni concierto, y que no prestan suficiente atención a algo que hubiera sido interesantísimo, como los primeros años de Arantxa / Mónica como infiltrada en la izquierda abertzale. Por suerte, la película se entona rápidamente, para convertirse en un ejercicio de tensión creciente y virtuosismo narrativo que deja al espectador clavado en la butaca. El guion de Echevarria y Amèlia Mora (nota: qué momento tan espectacular están viviendo las directoras y guionistas españolas. Ojalá dure mucho) cuida mucho a los personajes secundarios (ver el ejemplo de los de Nausicaa Bonnín, Víctor Clavijo, Diego Anido o Iñigo Gastesi), y sabe construir un relato de alguien que se convierte casi en una yonqui de la misión, que corta todos los lazos con su familia para entregarse a la lucha contra ETA, pasando muchas dudas y miedo en el proceso. Todo ello culminando en un tercio final antológico de tensión y acción acelerada que es trepidante, y que rompe en un personaje, el de Arantxa, que ya no sabe salir del bucle en el que lleva ocho años metida.
Todo eso lo interpreta Carolina Yuste con una maestría propia de quien es una de las mejores actrices españolas de los últimos años. Desde su ambigua relación con Kepa, a los gritos silenciosos para desahogarse, a la llamada a su madre también en silencio, sólo para oír su voz, llegando a ese momento de derrota total en la estación, la pacense hace un trabajo soberbio que sin duda va a verse recompensado con muchos premios. Veremos si el Goya será uno de ellos, porque la competencia va a ser muy fuerte (Najwa Nimri, Tilda Swinton, Julianne Moore, Mireia Oriol, Emma Vilarasau, Patricia López Arnaiz), pero La infiltrada es lo que es en buena parte gracias a ella.
Excelente.
Lo mejor: Lo vertiginoso y cuidado de su narración, y la interpretación descomunal de Carolina Yuste, al frente de un reparto excepcional (atención a Nausicaa Bonnín, Víctor Clavijo, Diego Anido e Íñigo Gastesi).
Lo peor: El comienzo es errático, y se hubiese deseado más profundización en la preparación de Arantxa como infiltrada.
Y la verdad es que no es para menos. Y eso que la cinta comienza bastante mal, con un montaje errático de escenas que parecen inacabadas, saltando de un año a otro sin orden ni concierto, y que no prestan suficiente atención a algo que hubiera sido interesantísimo, como los primeros años de Arantxa / Mónica como infiltrada en la izquierda abertzale. Por suerte, la película se entona rápidamente, para convertirse en un ejercicio de tensión creciente y virtuosismo narrativo que deja al espectador clavado en la butaca. El guion de Echevarria y Amèlia Mora (nota: qué momento tan espectacular están viviendo las directoras y guionistas españolas. Ojalá dure mucho) cuida mucho a los personajes secundarios (ver el ejemplo de los de Nausicaa Bonnín, Víctor Clavijo, Diego Anido o Iñigo Gastesi), y sabe construir un relato de alguien que se convierte casi en una yonqui de la misión, que corta todos los lazos con su familia para entregarse a la lucha contra ETA, pasando muchas dudas y miedo en el proceso. Todo ello culminando en un tercio final antológico de tensión y acción acelerada que es trepidante, y que rompe en un personaje, el de Arantxa, que ya no sabe salir del bucle en el que lleva ocho años metida.
Todo eso lo interpreta Carolina Yuste con una maestría propia de quien es una de las mejores actrices españolas de los últimos años. Desde su ambigua relación con Kepa, a los gritos silenciosos para desahogarse, a la llamada a su madre también en silencio, sólo para oír su voz, llegando a ese momento de derrota total en la estación, la pacense hace un trabajo soberbio que sin duda va a verse recompensado con muchos premios. Veremos si el Goya será uno de ellos, porque la competencia va a ser muy fuerte (Najwa Nimri, Tilda Swinton, Julianne Moore, Mireia Oriol, Emma Vilarasau, Patricia López Arnaiz), pero La infiltrada es lo que es en buena parte gracias a ella.
Excelente.
Lo mejor: Lo vertiginoso y cuidado de su narración, y la interpretación descomunal de Carolina Yuste, al frente de un reparto excepcional (atención a Nausicaa Bonnín, Víctor Clavijo, Diego Anido e Íñigo Gastesi).
Lo peor: El comienzo es errático, y se hubiese deseado más profundización en la preparación de Arantxa como infiltrada.
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