Rebels & Misfits 02 - Rules of A Rebel & Shy Girl - Jessica Sorensen PDF
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ÍNDICE
Sinopsis..................................................... 4 Capítulo 15 ............................................ 127
Capítulo 1 ................................................. 6 Capítulo 16 ............................................ 133
Capítulo 2 ................................................ 17 Capítulo 17 ............................................ 141
Capítulo 3 ............................................... 32 Capítulo 18 .............................................151
Capítulo 4 ............................................... 46 Capítulo 19 ............................................ 155
Capítulo 5 ............................................... 53 Capítulo 20 ........................................... 161
Capítulo 6 ...............................................60 Capítulo 21 ............................................ 181
Capítulo 7 ............................................... 63 Capítulo 22............................................190
Capítulo 8 ............................................... 75 Capítulo 23 ............................................ 194
Capítulo 9 ............................................... 86 Capítulo 24 ........................................... 198
Capítulo 10 ............................................. 92 Capítulo 25 ........................................... 202
Capítulo 11 .............................................. 95 Epílogo .................................................. 211
Capítulo 12............................................. 101 Siguiente libro ..................................... 215
Capítulo 13 ............................................ 107 Sobre la autora ................................... 216
Capítulo 14 ........................................... 124
SINOPSIS
Willow
Comenzó con un beso y terminó con una lista. El medio es un poco más
complicado.
Se supone que la lista de reglas protege la amistad entre Beck y yo y evita que
volvamos a besarnos accidentalmente. Pero sobre todo, se supone que protege mi
corazón de ser aplastado y evita que me rompa como mi madre.
Siempre he sido buena en seguir las reglas. Pero cuanto más tiempo paso con
Beck, menos puedo dejar de pensar en ese beso y en lo increíble que se sentían sus
labios contra los míos. Por primera vez en mi vida, me gustaría romper con las reglas.
Pero jamás puedo cruzar esa línea. No con Beck. No con nadie.
Además, si Beck supiera la verdad sobre mi vida, entonces la lista no tendría que
existir porque, para empezar, no me habría besado.
Beck
Comenzó con el beso más increíble de todos y eso llevó a Willow a darme una
lista.
Esa lista estúpida. Cuando me la dio, quería hacerla trizas, y a ella jalarla contra
mí y besarla hasta que se diera cuenta de que un pedazo de papel no iba a detenerme.
Willow ha sido mi mejor amiga desde siempre y ya debería saber que no soy una
persona que sigue las reglas.
Ella puede pensar que el beso fue un error, pero está equivocada. Besos así no
pueden ser un error. Willow y yo pertenecemos juntos, desde el día en que prometí
protegerla siempre de las cosas malas de su vida. Y de alguna manera se lo voy a
demostrar. Al igual que siempre la protegeré sin importar lo que pase.
1
Camioneta elevada: camioneta con la suspensión modificada para quedar muy elevada del
pavimento.
Me muevo alrededor para esquivarlo, pero él coincide con mi movimiento,
bloqueando mi camino.
—¿Por qué no te quedas un rato? —Baja la voz, poniendo su cara a centímetros
de la mía. Su aliento apesta a cerveza, y su colonia acre me da ganas de vomitar—.
Entra en mi auto. Vamos a divertirnos un poco. —Agarra mi cadera, lacerándome la
piel con las uñas mientras me acerca más—. Prometo que haré que valga la pena.
Mi corazón martilla mientras levanto mi pierna, preparándome para golpearlo
en las bolas y correr como loca. Luego se escuchan pasos detrás de mí y me congelo.
—¿Te está molestando este tipo?
Uno de los tipos que estaba fumando en la camioneta se me acerca. Parece de
mi edad con cabello castaño arenoso y ojos amables que parecen extrañamente fuera
de lugar.
—Ella está bien. —Dane me mira con una amenaza en sus ojos—. Solo
estábamos hablando. Somos viejos amigos, en realidad.
El extraño se vuelve hacia mí.
—¿Es eso cierto?
Tragando saliva, sacudo la cabeza.
—No. Ni siquiera lo conozco.
La mirada del extraño se fija en Dane.
—Tienes tres segundos para alejarte.
Dane sonríe, volviéndose hacia el extraño.
—¿Y entonces qué? ¿Me vas a dar una paliza?
El extraño cruza sus pesados brazos tatuados sobre su sólido pecho.
—Sí, bastante —responde simplemente.
Los ojos de Dane se abren fugazmente antes de que él se serene
apresuradamente.
—Lo que sea, hombre. No pareces tan duro, pero voy a alejarme, de todos
modos, porque tengo una mierda que hacer.
Dane me lanza una mirada desagradable que causa una descarga de miedo en
mi columna vertebral. Luego se marcha hacia las puertas de entrada sin ventanas del
club.
Una vez que se ha ido, el desconocido se vuelve hacia mí.
—¿Estás bien?
Asiento con un tembloroso aliento.
—Sí, eso creo.
—Realmente no deberías caminar sola hacia tu auto. No es seguro. Deberías
hacer que una de las otras chicas salga contigo.
—Lo haré de ahora en adelante —le aseguro—. Y gracias por hacer eso. La
mayoría de las personas no habrían intervenido.
—No fue un gran problema. El tipo era solo un rico vago que necesitaba que lo
pusieran en su lugar. —Su frente se arruga cuando un par de faros nos sorprenden,
dándome una mejor vista de su rostro—. Oye, creo que te conozco de alguna parte.
—No lo creo —le digo, alejándome de él.
Me señala con un dedo.
—Creo que tenemos química juntos. Profesor Bralifington los viernes, ¿verdad?
Mi interior se estremece cuando dolorosamente me doy cuenta de que vamos a
la misma universidad.
Su nombre es Everette. Tenemos un par de clases juntos. Si bien no lo conozco
muy bien, él fácilmente podría decirle a la persona equivocada mi sucio y pequeño
trabajo secreto. Las personas alrededor de la universidad aman chismear. ¿Qué pasa
si mis amigos se enteran? ¿Qué si Beck se entera?
¿Por qué nunca he pensado en esto antes?
—Me tengo que ir.
Me doy la vuelta y troto hacia mi auto.
—Espera —grita.
No me detengo, saltando en el asiento roto y saliendo del estacionamiento. La
ansiedad me ahoga cuando salgo del club, deseando no tener que volver nunca.
Encuentra una manera de arreglar esto, Willow. Eres buena resolviendo problemas. Es
hora de que comiences a averiguarlo.
CAPÍTULO 10
Willow
En lugar de conducir a casa, voy a donde Luna y Wynter para prepararme.
Mientras me sumerjo en el armario de Wynter con Luna, buscando un vestido para
usar, contemplo decirle acerca de mi trabajo, confesarlo todo antes de que este chico
Everette balbucee mi sucio secreto y las palabras se propaguen como fuego.
¿Podría hacer eso? ¿Ella lo entendería?
—¿Está todo bien? —pregunta Luna, examinando las camisetas, vestidos y
faldas de diseñador de moda de Wynter. Su cabello castaño está recogido en un moño
desordenado, y está usando pantalones de yoga y una camiseta sin mangas. Al igual
que yo, ella no tiene muchos vestidos, por lo que ambas estamos buscando un
atuendo para usar esta noche.
Abro mi boca para escupir la verdad, pero las palabras se quedan trabadas en mi
garganta. ¿Cómo puedo decirle a ella? Luna, ¿quién nunca se metió en problemas?
Ella es dulce, amable e inocente y piensa que yo también lo soy.
—Sí, estoy bien. —Me acobardo—. Solo estoy atrapada en mi cabeza hoy.
—Un par de tragos de tequila y un infierno de baile deberían curar eso.
Su novio, Grey, aparece en la puerta, usando una camiseta negra manga larga
con las mangas enrolladas, jeans, y tenis.
—Estás rompiendo el código de vestimenta —bromeo—. ¿Dónde está tu
hermoso, pequeño vestido?
—Se supone que los chicos deben usar camisa negra —explica Grey, mirando el
trasero de Luna mientras se inclina para agarrar un par de tacones de tiras del suelo.
—Bueno, eso es solo sexista —le respondo, haciendo una mueca al vestido corto
y ajustado colgado frente a mí—. Tal vez debería llevar un traje en protesta.
—Podrías. —Grey apoya sus manos en el marco de la puerta—. Pero creo que
podrías romperle el corazón al pobre Beck si lo hicieras.
—Dudo que el corazón de Beck se rompa si no uso un vestido —digo, debatiendo
si debo o no seguir adelante con mi amenaza de traje.
Él rueda los ojos.
—Sí, claro. Todo lo que haces rompe su corazón, y sin embargo, él sigue
regresando. Es seriamente un glotón del castigo.
La atención de Luna se levanta, y masculla:
—Cállate.
—¿Qué está pasando? —Miro de un lado al otro entre los dos—. ¿Qué quieres
decir con eso?
Grey retrocede del armario con las manos frente a él.
—Solo ignórame. Creo que es el tequila hablando.
Luego sale como un chico que está a punto de ser azotado por su novia.
Enfrento a Luna con mis manos en mis caderas.
—Está bien, escupe.
Ella desvía su mirada de mí y se enfoca en una falda lápiz hasta la rodilla.
—Esta luce bien. Creo que la usaré.
—Luna… —le advierto.
Apurada sale del armario, y la persigo mientras corre pasando la cama y va en
línea recta al baño.
—Vamos; solo dime lo que él quiso decir.
Ella se sumerge en el baño y cierra la puerta.
—Él no quiso decir nada. Creo que solo está borracho.
Verifico la perilla de la puerta. Cerrada con llave. Por supuesto.
Descanso mi frente contra la puerta.
—Sé qué quiso decir algo, o no lo habría mencionado y luego huido. Y sé que
Grey y Beck son amigos y hablan… ¿Lastimo a Beck… cuándo le pido favores? ¿Se
siente obligado?
La cerradura hace clic, y me muevo hacia atrás cuando la puerta se abre. Luna
se para en la puerta, su expresión enmascarada con cautela.
—Ayudarte no lo lastima —dice—. Es cuando no dejas que te ayude lo que lo
lastima.
Me froto el pecho. Mi corazón duele. Nunca quise lastimar a Beck.
—¿Beck te dijo eso?
—A mí no, pero le dijo algo a Grey. —Se inclina contra el marco de la puerta
con los brazos cruzados—. Para darle crédito, creo que ambos estaban drogados
cuando la conversación surgió, así que no estoy segura de si Beck realmente quería
decirle algunas de esas cosas.
—¿Qué otras cosas le dijo?
—No demasiado. Solo que a veces, le duele cuando no puede ayudarte.
—Pero él me ayuda todo el tiempo. Demasiado, probablemente.
Ella vacila.
—Estoy segura de que si alguien puede ayudar a alguien, ellos aman demasiado.
Mi corazón late en un loco frenesí.
—¿Amor?
Amor.
Amor.
Amor.
Justo como dijo Wynter.
—Como amigo —escupe. Entonces una risa fuera de tono brota de sus labios—
. ¿Sabes qué? Por favor, olvida todo lo que acabo de decir. Grey me convenció de
tomar un trago después de la cena, y ya sabes cómo me pongo cuando bebo. Hablo
antes de pensar. Definitivamente pienso que es tiempo de estar sobrio.
Con eso, se escabulle en el baño y cierra la puerta.
Me quedo allí, pasmada, insegura de que hacer.
Insegura. Insegura. Insegura. ¿Cuándo mi vida se llenó de inseguridades?
Necesito volver al camino, pegarme al plan, y resolver los problemas de mi vida,
empezando con el de Beck y mi amistad. Necesito asegurarme de que estamos en la
misma página: la página de amigos. Una página en la que podría no querer estar,
pero tengo que estarlo.
¿Querrá él estar en esa página cuando descubra la verdad sobre mí?
CAPÍTULO 11
Beck
No he visto a Willow desde que remolqué su auto de regreso a su casa, y el
espacio me está volviendo loco. Los dos hemos estado muy ocupados y no hemos
tenido tiempo de vernos. Eso está cambiando esta noche, porque ella accedió a venir
a mi fiesta, sorprendentemente con muy poca persuasión. Y, si juego bien mis cartas,
puedo convencerla de que se quede en mi casa durante la noche y alejarla de esa casa
por un rato.
He hablado con ella varias veces por teléfono, y mencionó que su madre no ha
estado en casa en días. No sé qué es peor: su madre y sus tontos amigos en el
apartamento o ella sola en el apartamento.
Le pregunté un par de veces si había tomado la decisión de mudarse, y todavía
parece bastante indecisa. Esta noche, mi misión es cambiar eso. Todavía no sé cómo,
pero lo descubriré.
—¿Por qué demonios no me has devuelto la llamada?
La voz de mi padre rugiendo rompe a través de mis pensamientos sobre Willow.
Me doy la vuelta desde mi cómoda cuando entra en mi habitación.
—¿Quién te dejó entrar?
La furia arde en sus ojos mientras se detiene delante de mí.
—¿Dejarme entrar? No olvides quién pagó por esta casa.
Los músculos de mi mandíbula se contraen mientras deslizo el cajón de la
cómoda.
—Tú pagaste como el diez por ciento de ella, no toda. Y pensé que se suponía
que esto era mi regalo de graduación, no una especie de garantía que pudieras colgar
sobre mi cabeza.
—Fue un regalo, pero mi nombre todavía está en la escritura con el tuyo —dice
con una sonrisa de mi mierda no apesta—, lo que significa que puedo quitar parte de
la casa si quiero.
Mentalmente ruedo mis ojos ante la imagen de él cortando la casa en pedazos y
llevándose algo de ella.
—Disculpa. —Me las arreglo volver a la normalidad—. Estoy confundido sobre
por qué estás aquí. Pensé que estabas en Vail con mamá.
—Tuve que quedarme por el trabajo, algo de lo que claramente no sabes nada.
Afloja la corbata alrededor de su cuello.
Cojo un reloj de cuero de mi cómoda y lo abrocho alrededor de la muñeca.
—Entonces, dejas que mamá se vaya sola otra vez.
—Ella no tenía que irse —chasquea, la vena en su cuello abultándose—. Pero
quería hacerlo.
No la culpo. ¿Por qué querría quedarse atrás e intercambiar montañas, nieve y
pistas de esquí por una casa vacía y el mal humor de mi padre?
Reviso la hora. Mierda. La fiesta comienza en menos de una hora. Él necesita irse.
—¿Vas o vienes del trabajo?
—Simplemente tomé un descanso para cenar y pensé detenerme para revisarte,
ya que nunca me devolviste la llamada, incluso después de que te dejé innumerables
mensajes. —Me mira acusadoramente—. Pensé que tal vez era porque estabas
demasiado ocupado con la escuela, pero debería haber adivinado que era por una
fiesta. Siempre lo es.
Al principio, estoy confundido de cómo sabe acerca de la fiesta. Entonces
recuerdo la comida y las botellas de alcohol en la cocina.
—Esta es la primera fiesta que he tenido en un mes. —Saco una camisa limpia
de manga larga de mi cómoda y la pongo sobre mi camiseta—. Y es por Acción de
Gracias.
—Acción de Gracias fue ayer —dice, como si de alguna manera demostrara un
punto—. Debes estar haciendo algo mejor con tu vida que organizar fiestas sin
sentido.
—No solo organizo fiestas. —Intento mantener un tono neutro, pero la irritación
aumenta—. Tengo un trabajo, voy a la escuela, juego fútbol.
Lo sabrías si supieras cualquier cosa sobre mí.
—¿Un trabajo? —Se ríe con desdén—. Prestar dinero e intercambiar cosas no es
un trabajo a menos que estés planeando trabajar en una casa de empeño por el resto
de tu vida.
No sé por qué no puede ser feliz con quién soy. Claro, hago algunas cosas con
las que no está de acuerdo, como hacer fiestas, pero obtengo buenas calificaciones,
no he hecho nada demasiado loco como para terminar en la cárcel, y aunque a él no
le gusta eso, tengo mi propio negocio. Ayudo a las personas que necesitan efectivo
rápido al permitirles intercambiar pertenencias valiosas por dinero, y luego las vendo
en línea para obtener ganancias. Es mejor que trabajar en una oficina dentro de
cuatro paredes con mi papá.
—Tal vez quiero trabajar en una casa de empeño —digo, aunque realmente no
lo digo en serio—. Es un trabajo decente con un ingreso.
Su cara se enrojece.
—Tienes que dejar de perder el tiempo y centrarte en tu carrera.
—¿Mi carrera? —pregunto rotundamente—. ¿O la que tú has planeado para mí?
—Derecho es una buena carrera para entrar. Tienes suerte de tener la
oportunidad de trabajar conmigo. —Se acerca hacia mí, un movimiento que solía
hacer cuando era más joven para intimidarme. Ahora, soy quince centímetros más
alto que él, por lo que el efecto se pierde—. ¿Sabes cuántos pasantes solicitan trabajar
en mi empresa... gratis?
—Probablemente deberías contratarlos y así ahorrarte el dinero de tener que
pagarme.
Si pensaba que su cara no podía ponerse más roja, estaba equivocado.
—Cuida cómo me hablas. Puede que estés viviendo por tu cuenta ahora, pero no
olvides que mi nombre también está en la escritura —advierte—. Y si quiero, puedo
vender esta casa.
Entierro mis uñas en mis manos.
—Estoy bastante seguro de que no es así como funciona, ya que nuestros dos
nombres están en la escritura.
—Llévame a la corte y averígualo. —Una sonrisa misteriosa se levanta en su
rostro. Él sabe que me tiene justo donde me quiere—. Ahora, me gustaría que pasaras
por mi oficina el lunes para que podamos hablar sobre las horas que pasarás y cuáles
son sus planes para ingresar a la escuela de leyes.
Abro la boca para decirle que se vaya al infierno, pero su amenaza hace eco en
mi cabeza. Mi padre es uno de los abogados mejor pagados del país por una razón.
Si me lleva a la corte, él ganaría en un abrir y cerrar de ojos, como gana todos sus
casos.
Él sonríe con suficiencia.
—Te veré el lunes. Diviértete en tu fiesta. Será la última —dice por encima de su
hombro antes de irse.
No me muevo hasta que escucho que la puerta delantera cerrarse. Luego muevo
mis pies y me dirijo escaleras abajo para buscar un muy necesario trago.
Estoy bebiendo un poco de Bacardi cuando suena el timbre. Limpiando mis
labios con el dorso de mi mano, camino hacia el vestíbulo y abro la puerta principal.
Y así como así, me siento veinte veces mejor.
Grey y Luna están de pie en mi porche, tomados de la mano. Sin embargo, eso
no es lo que calma la inquietud que me atraviesa.
Will está justo detrás de ellos, usando una chaqueta de cuero, pesadas botas rojas
y un ajustado vestido negro que muestra su sexy cuerpo. Su cabello castaño cae en
cascada sobre sus hombros, no tiene una gota de maquillaje, y está mordiendo su
labio brillante mientras su mirada vaga sobre mí.
Dios, se ve tan malditamente hermosa. Solo quiero llevarla a mi habitación y mantenerla
ahí para siempre… Las cosas que le haría… una y otra y otra vez…
—Trajimos un obsequio —dice Grey, y por un tonto segundo, creo que se refiere
a Willow. Luego me las arreglo para sacar de mi cabeza los pensamientos lujuriosos
y me doy cuenta que está sosteniendo una botella de whiskey.
—Gracias, hombre.
Tomo la botella, doy un paso atrás, y hago un gesto para que entren.
Cuando Luna pasa, me da una mirada preocupada antes que Grey tome su mano
y la arrastre hacia la cocina.
¿Qué demonios fue eso?
Apartando la preocupación de mi cabeza, me giro hacia Willow, mis labios
convirtiéndose en una sonrisa.
—Hola, princesa. Tanto tiempo sin verte.
Me sonríe sin esfuerzo, tomándome con la guardia baja.
—Lo sé. Debemos dejar de hacer eso.
—¿Hacer qué? —pregunto, confundido por su felicidad. Quiero decir, no me mal
entiendas. Me alegra que se vea feliz en lugar de estresada, pero me pregunto por
qué.
Quizás decidió mudarse.
Ese pensamiento hace que mi sonrisa regrese.
—Pareces estar de buen humor —digo, mientras se tropieza a mi lado para entrar
al vestíbulo.
—No lo estoy realmente. —Lucha para quitarse su chaqueta y la lanza hacia el
perchero de abrigos, pero falla por casi tres metros—. O no lo estaba hasta casi hace
una hora.
—¿Qué pasó hace una hora? —Tan pronto como las palabras dejan mi boca, la
luz de la araña de luces encima ilumina su rostro, resaltando sus brillantes ojos—.
Estás borracha.
Eleva su índice y pulgar a un centímetro de distancia.
—Quizás un poquito.
Willow no es una gran bebedora y definitivamente no bebe antes de una fiesta,
así que, ¿por qué empezó esta noche?
—¿Todo está bien? —Inclino mi cabeza más cerca a ella y bajo mi voz—.
Normalmente no bebes.
—Lo sé. Pero estaba teniendo una noche difícil y estaba a punto de tener un
ataque de pánico, así que cuando Grey sacó esta botella de whiskey, yo... —Levanta
sus hombros y luego los deja caer en un encogimiento de hombros perezoso—.
Supongo que me gusta beber. No es que esté sorprendida. Quiero decir, ya hago un
montón de cosas malas, de todos modos, igual que mamá, así que, ¿qué es una cosa
más?
—Primero, no eres en nada como tu madre —digo, deseando que deje de decir
cosas así—. Y segundo, ¿por qué ibas a tener un ataque de pánico?
Levanta un hombro, la mirada en su rostro desgarradora.
—Por muchas cosas… no puedo decirte sobre estas cosas, o estarás
decepcionado de mí.
—Princesa… —Retiro el cabello de sus ojos—. Nunca podría estar decepcionado
de ti. Nadie podría.
—Dices eso ahora, pero solo porque no sabes todo.
—Entones dímelo todo.
Torpemente sacude su cabeza, sacando su labio.
—No puedo.
Dejo que mi mano descanse en su mejilla.
—Pero pensé que nos decíamos todo.
—No todo.
Se inclina hacia mi toque, sus pestañas aleteando.
Buen Dios, mátame ahora y moriré siendo un hombree feliz.
—Y sé que es así también para ti —susurra—. Sé que hablas con Grey sobre
cosas que no me dices.
Mi atención se mueve hacia la cocina, y le frunzo el ceño a Grey.
—¿Qué le dijiste? —Articulo, seguro que ya lo sé.
Si bien Grey y yo no somos cercanos, hace como un mes, nos drogamos juntos,
y decidí resolver mis problemas de Willow al hablar sin parar.
Grey hace una pausa, a mitad de servir un trago.
—Lo lamento, estaba borracho.
Luego toma la mano de Luna y huye por la puerta trasera, derramando su trago
en el camino.
Resoplando, regreso mi atención a Willow.
—¿Qué te dijo?
Entrecierra los ojos, pensando.
—Realmente no recuerdo… ¿algo sobre romper tu corazón, tal vez?
La confusión en sus ojos me da esperanza que no recordará nada de esto en la
mañana.
Estoy empezando a relajarme cuando abruptamente lanza sus brazos alrededor
de mí y presiona su pecho contra el mío.
—¿Podemos hacer algo esta noche? —pregunta, mirándome a través de sus
pestañas.
—Podemos hacer lo que quieras. —Especialmente cuando me miras así—. Solo dilo,
y es tuyo.
Sonríe felizmente.
—Quiero relajarme y divertirme contigo.
—Bueno, tienes suerte porque sucede que la relajación y la diversión son mi
especialidad.
Sonriendo, besa mi mejilla.
—Gracias, Beck. Eres el mejor. Y si necesitas cualquier cosa, estoy aquí para ti,
también.
Cierro mis ojos y tomo una respiración para calmarme-de-una-puta-vez. La
última vez que ella fue tan cariñosa conmigo, intenté besarla. No puedo hacer eso
otra vez. No puedo perder el control. Necesito mantenerme sobrio y mantener mis
manos para mí mismo hasta que descubra lo que la está molestando.
Bueno, eso es de lo que intento convencerme.
Mientras entrelaza nuestros dedos y me lleva a la cocina para conseguir una
bebida, fácilmente la sigo, preguntándome si tal vez perdí el control hace mucho
tiempo.
CAPÍTULO 12
Willow
Solía creer que era alérgica a las fiestas. Cada vez que fui a una, mi cuerpo
reaccionaba físicamente. Mis músculos se ponían tensos, mi estómago dolía, y mi
presión arterial subía, como muescas muy altas.
Está bien, tal vez realmente no creía que era alérgica. Lugares concurridos,
ruidosos, y estupideces borrachas solo me ponían al borde. Esta noche, sin embargo,
me convertí en una hipócrita. Esta noche, estoy en la fiesta de Beck, y he tenido
suficiente alcohol que la estruendosa música no es horrible, las estupideces borrachas
son más graciosas que molestas, y la multitud… bueno, todas las personas
atiborradas en la espaciosa sala todavía como que me abruman pero no lo suficiente
para que provoquen que quiera irme.
Culpo del estado relajado de mi mente al whiskey que bebí antes de dejar la casa
de Luna. No había planeado beber, pero mientras el peso de la vida comenzaba a
astillar mi pecho, decidí que necesitaba tranquilizarme. Así que bebí algunos tragos,
o tres o cuatro o diez, y luego me dirigí a mi lugar favorito en el mundo… Beck.
Beck estuvo pegado a mi lado toda la noche, incorporándose a mi estado relajado
de euforia.
Beck y el whiskey son igual a olvidar todas mis decisiones de mierda.
Beck y Beck igual a una Willow borracha feliz.
Beck. Y Beck. Y Beck. Él es un flujo a través de mi mente, mi canción favorita
pegada en repetición.
Mierda, estoy tan borracha.
De vez en cuando, la preocupación empata con en mi estupidez ebria,
advirtiéndome que estoy jugando con fuego y que estoy a punto de quemarme. En
este momento, eso probablemente suena más atractivo de lo que debería.
—Relájate, princesa —dice Beck en mi oído mientras el bajo de la canción
palpita en mi pecho. Se mueve detrás de mí, alineando su pecho con mi espalda,
doblando las puntas de sus dedos en mis caderas—. Se supone que bailar es divertido.
—Me sonríe por encima de mi hombro, sus caderas presionadas contra mi trasero.
Sobria, podría entrar en pánico muy rápido con el movimiento íntimo.
¿Borracha…? Bueno, se siente un poco bien.
Está bien, muy, muy bien.
—Me estoy divirtiendo —anuncio, que es una verdad a medias. No voy a tener
un mal momento ni nada. Es solo que, cada vez que muchas personas se involucran
en mis asuntos, tengo recuerdos de estar en el trabajo o en el apartamento durante
una de las fiestas de mi mamá.
—No, no lo estas. Estás toda estresada. —Moldea sus palmas alrededor de mis
caderas, y me desplomo contra su pecho, mi cabeza se inclina hacia atrás—. Deja de
preocuparte tanto por lo que sea que todos los demás estén haciendo y baila conmigo.
Me acerca aún más, si eso es posible, y desliza su brazo alrededor de mi cintura,
extendiendo sus dedos sobre mi abdomen.
La sobriedad intenta presionar mi mente entumecida, y mi voz de la razón
intenta hacer una gran aparición. Estamos demasiado cerca. Mucho, mucho que
puedo sentir todo cerca. Beck me está tocando. Beck se moliendo contra mi culo. Beck está
disfrutando demasiado esta cosa de bailar. Estoy disfrutando demasiado de este baile sucio.
Recuerda lo que pasó la última vez que ambos disfrutamos bailando demasiado.
Probablemente debería detener esto, ¿verdad? De repente, mi voz de la razón también
suena borracha.
Le doy un vistazo a Ari, a Luna y a Grey para ver qué piensan de este baile sucio
que está pasando entre Beck y yo.
Ari está demasiado distraído, haciendo movimientos de discoteca, y Luna está
demasiado ocupada mirando lujuriosamente a los ojos de su novio. Si Wynter
estuviera aquí, se daría cuenta totalmente del espectáculo a un solo paso de un baile
porno. A Wynter no se le escapa nada.
Aunque solo Beck y yo parecemos ser conscientes de lo mucho que nos estamos
tocando, todavía siento que estoy haciendo algo sucio en secreto. Si estuviera sobria,
saldría ahora. Pero no estoy sobria. Estoy borracha, mareada y confundida sobre lo
que quiero y lo que no quiero. Quien soy y quien no soy. A donde pertenezco y donde
no.
Hasta hace un par de meses, era una chica que planeaba todo, jugaba según las
reglas, incluso si mis decisiones no siempre eran las mejores. Entonces, este
imprudente, baile con confusión es un territorio extraño, salvaje, descontrolado.
¿Qué demonios quiero? ¿Dejar de bailar con Beck? ¿Qué él deje de tocarme?
Sacudo la cabeza un par de veces para despejar la confusión en mi mente. Todo
lo que hace es hacer girar la habitación.
—Deja de pensar demasiado —me regaña Beck, juguetonamente, pellizcándome
suavemente la cadera. Cuando me congelo, suspira—. Dijiste que querías divertirte
esta noche, ¿recuerdas?
Muevo la cabeza hacia arriba y hacia abajo.
—Bueno, para divertirte, tienes que relajarte. Créeme, lo sé. Sé todo sobre la
diversión. —Masajea mis caderas con la punta de los dedos—. Estás muy tensa.
Necesitas relajarte. Y no solo esta noche, sino todos los malditos días. Creo que voy
a hacer que ese sea mi objetivo... hacer que te relajes cada día.
Me río porque él está borracho y balbuceando, y es muy gracioso.
—¿Oh sí?
—Sí. —Pone sus labios en mi oreja, rozando sus dientes a lo largo de mi lóbulo
de la oreja—. Debes estar muy borracha ya que no estás discutiendo conmigo.
Me estremezco de la mejor forma posible.
—Probablemente debería... eres demasiado bueno conmigo.
—De ninguna manera. No soy lo suficientemente bueno. Nunca lo seré hasta
que encuentre la manera de hacer que vivas una vida libre de estrés.
—No sé si eso es posible... siempre estoy tensa. La vida es tensa. Si la vida no
fuera tensa, entonces podría relajarme. Creo que nunca podré hacer eso —murmuro,
volviéndome para pasar mis dedos por su cabello. Ni siquiera sé por qué lo hago,
aparte de haber perdido el control total de mi obsesiva necesidad de controlar mis
sentimientos.
Mi mano y mis dedos desarrollan una mente propia, necesitan sentir lo suave
que es su cabello, algo en lo que he pensado una o dos veces a lo largo de los años si
soy totalmente honesta conmigo misma.
—He estado así desde el día que me conociste, así que no deberías estar tan
sorprendido.
Él se ríe suavemente en mi oído.
—Eso no es cierto en absoluto.
—Es así.
—No es.
—Lo es…
—Shh... —susurra acaloradamente contra mi oído—. Menos discutiendo, más
bailando sexy.
Me río otra vez, probablemente por enésima vez. Entonces comenzamos a
movernos al ritmo, un tempo suave y sensual. Poco a poco, me relajo, emparejando
su ritmo sin esfuerzo. A medida que la canción se acelera, nos molemos más rápido,
nuestros cuerpos sincronizados. Sus manos exploran arriba y abajo de mis costados,
alrededor de la curva de mis caderas, a lo largo de mi brazo, sobre mis pechos. La
piel de gallina brota en mi carne con cada roce de sus dedos.
Intento reprimir otro escalofrío sin éxito. Honestamente, no me importa.
Pasa más tiempo, y más personas se amontonan en la sala de estar para molerse
unas contra otras. En algún momento, Luna, Gray y Ari se marchan. Apenas me
doy cuenta, perdida en el baile, relajándome, y olvidando.
Cuando la música cambia a una alegre y energizada canción, Beck enreda sus
dedos en mis muñecas y luego mueve mis brazos por encima de mi cabeza,
haciéndome hacer esta torpe cosa de aplaudir. Resoplo como un cerdo, y él se ríe
antes de besar mi sien.
Mis piernas tiemblan, y casi me caigo al suelo, pero él me coge en sus brazos y
me sostiene más cerca. Sonrío, sintiéndome tan contenta. Después de la noche de
mierda que tuve en el trabajo, no creí que fuera posible lograr un buen estado de
ánimo. Pero Beck siempre parece saber cómo hacerme pasar de una Willow agotada
a una niña tonta y risueña.
—¿Ves? Divertido, ¿verdad? —pregunta, todavía sosteniendo mis manos sobre
mi cabeza.
Me estremezco como si tuviera frío, aunque mi piel está húmeda por el sudor y
sus dedos se tensan alrededor de mis muñecas.
—¿Estás bien? —pregunta, sonando con dolor.
Logro asentir, pero mi cuerpo me traiciona con otro escalofrío.
Jesús, recomponte. Él solo está susurrando en tu oído. No hay nada sexual en eso. Casi
me río de mi pensamiento. Sí, como si pudiera reconocer un momento sexual si surgiera y
me golpeara contra mi trasero.
Justo como Beck.
—¿Qué es tan divertido? —pregunta Beck mientras otra risita escapa de mis
labios.
—Nada. —Cierro los ojos mientras la música y el calor se absorben en mí—.
Tenías razón... Esto es muy divertido. Me siento tan relajada que probablemente
podría dormir.
—Bueno, no hagas eso. Quiero pasar más tiempo contigo. Siento que no te he
visto en semanas.
—Me acabas de ver hace un par de días. Ojalá pudiéramos salir más, pero con el
trabajo y la escuela y mi mamá...
Me detengo, mi estado de ánimo comienza a sumergirse ante la mención de mi
mamá.
—¿Has oído algo de ella? —pregunta tenso.
Niego con la cabeza.
—No. Lo último que escuché es que ella fue a Las Vegas para fugarse.
—¿De verdad crees que ella haría eso?
—Sí. Y estoy nerviosa, cuando regrese de Las Vegas, intentará dejar que su
nuevo novio se mude... si él se queda por mucho tiempo.
Su pecho se infla con una respiración profunda.
—Quiero que te quedes toda la noche conmigo y tomes un descanso de esa casa.
No sé qué decir. Me he quedado otras noches antes, y en este momento,
realmente quiero hacerlo. ¿Qué sucede si trato de hacerle cosas malas mientras
duermo otra vez? ¿O peor, estando despierta?
Permanece callado durante todo el coro.
—¿Has pensado un poco más en mudarte con Wynter?
—Lo he pensado un poco —admito—. Realmente quiero hablar con Wynter
antes de tomar cualquier decisión. Estoy segura de que a ella no le importará si me
mudo... pero necesito saber cuánto es el alquiler y si puedo pagarlo.
Y necesito encontrar un nuevo trabajo y saber cuánto van a pagar.
—Siempre puedes mudarte conmigo. —Besa delicadamente el costado de mi
cuello, haciendo que mis ojos se cierren y que mi espalda se arquee. Él deja escapar
un leve gemido—. Permíteme cuidarte.
Abro la boca para protestar, para recordarle que estamos demasiado cerca de
romper la regla, pero termino bostezando.
Espera. ¿De qué estábamos hablando?
—Estoy cansada. Creo que estoy lista para dormir.
—Quédate despierta un poco más. —Roza sus labios contra el costado de mi
cuello otra vez, justo a lo largo de mi pulso—. Quiero pasar un tiempo contigo y
hablar un poco.
Normalmente discutiría, pero suena tan desesperado.
—Trataré de permanecer despierta y quedarme un rato. Aunque podría necesitar
un poco de café.
Él baja mis manos a mis costados, devolviendo sus palmas a mi cintura.
—¿Y si nos tomamos un descanso y salimos? ¿Tomar un poco de aire fresco?
¿Mirar las estrellas? Creo que se supone que habrá un eclipse esta noche.
Asiento a través de otro bostezo. Aire fresco. Afuera. Lejos de las personas.
Suena genial.
—Vamos a hacerlo.
La multitud de personas disminuye cuando Beck pasa sus dedos por los míos y
abandona a su fiesta conmigo a cuestas. Estoy ansiosa por salir, pero cuando
llegamos a la gran cocina recientemente remodelada, un par de chicos y una chica se
detienen a conversar con Beck, comentando sobre la escuela, lo que está sucediendo
en los clubes locales y dando las últimas noticias, chismes alrededor del lado este de
Ridgefield, también conocido como el lado súper lujoso de la ciudad. Beck me sigue
mirando de soslayo y pone los ojos en blanco, y tengo que morderme el labio para
evitar una risita.
Cuanto más tiempo permanecemos allí, la sobriedad va creciendo y más me
recuerda quién soy y de dónde vengo.
—Escuché que estabas pensando en cambiar tu auto por un Bentley —le dice un
tipo con cabello rubio rizado y cuello grueso a Beck.
—No estoy seguro de eso. —Beck toma un sorbo de su bebida—. El Bentley no
es realmente mi estilo. Me gustan las cosas mucho menos llamativas.
El tipo del cuello grueso frunce el ceño, y la rubia de pie junto a él, con demasiada
sombra de ojos y muy poco vestido, pone los ojos en blanco.
—Oh, Beckett, estás viviendo en negación. —Ella se muerde los labios,
retorciéndose un mechón de cabello alrededor de su dedo—. Eres un rico, mimado
mocoso, como el resto de nosotros, que ama las cosas caras y llamativas. Podrías
también poseerlas.
Arrugo mi nariz con el uso de su nombre completo. Beck odia cuando las
personas se refieren a él como Beckett porque así es como lo llama su padre. Estas
personas no están en nuestro grupo de amigos. Ellos son sus amigos, y es extraño
estar aquí de pie, mirando el intercambio. Quiero decir, sabía que Beck tenía otros
amigos fuera de nuestro grupo, pero no los imaginé como ricos clasistas.
—No estoy viviendo en negación —insiste Beck—. Solo estaba señalando que
no necesito cosas caras y llamativas. Eso es todo. Así que relájate.
—Quieres decir, como tu auto. O a tu casa. —La rubia da una mirada insinuante
a la espaciosa cocina y los techos abovedados—. Incluso las chicas con las que sales
son de alto nivel. —Su mirada se desliza hacia mí—. Bueno, generalmente.
—Y hablando de eso.
Me dirijo a la puerta de atrás y salgo, dejando que sus voces se desvanezcan
mientras bebo otro trago de mi Jack y coca.
Debería haberlo sabido mejor y haberme alejado desde el principio. Sé cómo las
personas ricas pueden ser. El club en el que trabajo está lleno de hombres ricos a
quienes les gustan las cosas llamativas y les gusta jactarse de ser ricos y hacer que
otros se sientan mal por no ser así. El hecho de que trabaje allí, lo que hago... lo que
Van quiere que haga... podría justificar la mirada de la chica.
Pienso en dónde estaba esta noche, qué llevaba puesto, qué estaba haciendo.
Cómo, cuándo me miro en el espejo, veo a mi madre mirándome fijamente.
La rubia tiene razón. Definitivamente no soy de alta gama.
Estoy en la parte inferior. Muy, muy en el fondo.
CAPÍTULO 13
Willow
No sé cuánto tiempo me quedo afuera, esperando a Beck. Pudieron haber sido
segundos, minutos, horas, estoy tan borracha para tener control del tiempo. Sé que
pasó suficiente tiempo que terminé mi bebida y regresé a la borracha y cómodamente
entumecida tierra.
Una ligera briza vuela un mechón de mi largo cabello marrón hacia mi cara
mientras me tropiezo con la barandilla en el porche trasero y miro hacia el campo
justo al otro lado del patio trasero de Beck. No estoy segura de qué hacer, si debo
volver dentro o vagar hacia mi auto y desmayarme por unas horas hasta que me
recupere. Podría buscar una habitación para desmayarme, pero dudo que sea posible
encontrar una habitación vacía, considerando cuantas personas hay aquí.
Tal vez debería simplemente acostarme en el porche y dormir. Eso suena bien...
La puerta trasera cruje abriéndose.
—Oye, perdón por Titzi —dice Beck. Es desconcertante el efecto calmante que
su voz tiene en mí—. Ella puede ser una perra a veces. No te preocupes; le recordé
eso.
—¿Su nombre es Titzi?
Lo miro mientras camina a mi lado.
Se muerde el labio inferior, reprimiendo una sonrisa.
—¿Qué está mal con Titzi?
—No lo sé. Suena muchísimo como ditzy2. —Descanso mis brazos en la
barandilla—. Y tits. —Se siente como si debería avergonzarme por decir eso, pero no
puedo reunir la voluntad de preocuparme lo suficiente.
Gracias, señor Jack Daniels, por salvarme de la vergüenza.
Beck se echa a reír.
—Oh, Dios mío, ¿mi dulce y pequeña Willow simplemente dijo tetas? —Se da
vuelta, pone los codos en la barandilla y me mira de reojo—. ¿Cuánto has bebido?
—No demasiado —miento—. Y he dicho tetas antes.
2
Ditzy: es por la fonética de las palabras, tontería sería ditzy, y tetas tits. Por eso Willow señala que
Titzi suena a tonterías y tetas (Sería Titzi – Ditzy / Tits)
Él sofoca una risa.
—No, no lo has hecho. Nunca dices palabras sucias a menos que estés hablando
de tu clase de anatomía o algo así, y eso es científico.
—Digo joder, que no es científico —señalo, ofendida. ¿Por qué todos piensan
que soy tan mojigata? ¿Por qué de repente me importa? Porque estás borrrrracha—. E
idiota3
—Eso no es lo mismo.
—¿Cómo lo sabes?
—Por cómo usas esas palabras.
El golpe de perplejidad baila contra mi cerebro intoxicado.
—Realmente no entiendo lo que dices. No soy tan inocente como intentas
hacerme sonar.
Ni siquiera cerca.
—Eso no es lo que estoy tratando de decir. —Se muerde el labio inferior, y toda
mi atención se centra en su boca—. Cuando usas palabras como imbécil, joder e
idiota, es porque estás molesta, ¿verdad?
Asiento, quitando mi mirada de su boca.
—Eso es normal. Muchas personas hacen eso.
—Sí, pero otras personas también usan las palabras de diferentes maneras
además de expresar ira. —La luz del porche arroja un brillo en su rostro, resaltando
la chispa divertida en sus ojos—. Como, por ejemplo, decir: ‘Oye, vamos a follar4 toda
la noche en mi habitación. Tendremos sexo caliente y sudoroso cuando ponga mi polla en tu…’
—¡Oh, Dios mío, entiendo tu punto!
Pongo mi mano sobre su boca, mis mejillas estallan con calor.
Su aliento se esparce a través de mi palma cuando él se ríe, y estrecho mis ojos a
pesar de que mi estómago da un salto mortal.
—Tal vez yo debería preguntarte cuánto has bebido esta noche.
—Tal vez un poco demasiado —admite, sus labios haciéndome cosquillas en la
palma—. Todo lo que estaba tratando de decir es que hay una diferencia entre usar
palabras sucias para maldecir y usar palabras sucias para excitar a alguien.
—No me has excitado.
Me retuerzo ante la forma en que mi estómago se enrosca.
3
Idiota: aquí ella dice dick que puede ser idiota, que es el contexto en el que lo llega a decir, pero
también puede ser traducido como polla-pene.
4
Fuck: joder / follar o coger en sentido sexual. Dick = polla-pene.
Él eleva una ceja.
—¿Estás segura de eso?
—S-sí. —Quito mi mano de su boca—. Probablemente deberías dejar de hablar.
Él arquea una ceja.
—¿Por qué?
—Porque estás diciendo cosas... y yo... —Me muevo inquieta—. Simplemente
estás diciendo estas cosas porque estamos borrachos.
—¿Cómo sabes que estoy borracho? Tal vez finalmente estoy diciendo lo que
siempre he querido decirte. —Cuando lo miro, suspira—. Puede que haya bebido un
poquito de más.
Levanto cuatro dedos, creo.
—Rápido, ¿cuántos dedos estoy sosteniendo?
Entorna los ojos y se inclina.
—Siete, diez, veintinueve. —Su frente choca contra la mía, y los dos nos reímos
mientras se tambalea hacia atrás—. Relájate, princesa, no estoy tan borracho. Solo
me gusta verte sonrojarte. Es adorable.
Pasa sus nudillos por mi pómulo, causando que me sonroje y me estremezca.
Luego hunde los dientes en el labio inferior, totalmente consciente de cómo me está
afectando.
—No debería haber usado un vestido —anuncio, envolviendo mis brazos a mi
alrededor, tratando de minimizar el escalofrío.
—Me sorprendió un poco que lo hicieras. Creo que solo te he visto llevar un
vestido, como, tal vez, tres veces.
—Solo lo hice porque me dijiste que tenía que hacerlo.
—Me alegro de que lo hicieras... Aunque, tenía la esperanza de que usaras esos
pantalones cortos que tenías la otra noche. —Su mirada se posa en mis piernas—.
Dios, tus piernas son tan jodidamente calientes.
Los hormigueos me hacen cosquillas en la piel y me estremezco
incontrolablemente. La última vez que actué de esta manera, terminamos
besándonos.
Miro nerviosamente a la puerta de atrás, sintiendo que debería irme corriendo a
mi auto. A través de la ventana de la puerta, veo a Titzi riéndose de algo con el tipo
de cuello grueso. Recuerdo lo que dijo sobre mí y frunzo el ceño.
—No sé por qué me dices esas cosas a mí —murmuro—. Sé que no soy tu tipo.
—Oye. —Me gira por los hombros, obligándome a enfrentarlo—. Eres diez veces
más bonita que Titzi. Eres diez veces más bonita que todas las chicas en mi casa. En
Ridgefield. En América. En el mundo. Todo el universo y más allá.
Realmente no me refería a más bonita, pero reprimo una pequeña sonrisa.
—Diste un paso demasiado lejos con el ‘y más allá ". Hasta entonces, me tenías.
Frunce el ceño, se ve un poco triste y muy diferente a Beck. Por lo general, se
trata de las sonrisas a menos que su padre sea un imbécil.
—¿Estás bien? Pareces triste de repente.
—Estoy bien. Es solo que... —Inesperadamente entrelaza sus dedos a través de
los míos y me jala por el porche y por el patio trasero—. Ven. Te prometí una noche
divertida y lo estoy arruinando por ser un tristón.
Quiero preguntarle por qué de repente pasó de arcoíris y sol a una deprimente
nube de lluvia, pero me distraigo cuando suelta mi mano y salta sobre la cerca.
—¿Adónde vamos? —pregunto mientras me levanto sobre la cerca y aterrizo en
el campo junto a él.
Él mira a las estrellas brillantes y a la luna. Luego me agarra la mano y atraviesa
el campo.
—Aún no estoy seguro. Un lugar tranquilo donde podamos hablar y ver el eclipse
sin interrupciones.
Doy un vistazo a su casa de dos pisos. Las luces son como luciérnagas brillando
en la oscuridad, y la música no es más que un murmullo. Paz. Me siento tan en paz
ahora mismo, algo que nunca esperé que pasara esta noche. Tal vez alguna vez.
—¿Qué hay de Ari, Luna y Grey? —Devuelvo mi atención a Beck—. Tal vez
deberíamos enviarles un mensaje para ver si quieren venir aquí. A Ari le gusta mucho
la astronomía. Probablemente querrá verlo.
—Ari ya sabe lo del eclipse —responde, mirando al cielo—. Él es quien me lo
dijo.
—De acuerdo. —Miro al cielo, sonriendo mientras las estrellas bailan en
círculos. Luego miro a Beck y recuerdo lo que pasó la última vez que deambulamos
solos en una fiesta—. Aun así, tal vez deberíamos enviarle un mensaje para ver si
quiere venir aquí. La vista es increíble. Le encantaría.
—Se ve igual en cualquier otro lugar. —Me mira por encima del hombro—.
Quiero pasar el rato contigo unos momentos, ¿está bien?
Los nervios burbujean dentro de mí mientras pienso en la última vez que Beck y
yo nos alejamos así. Sus labios tocaron los míos, un beso ligero que me hizo
completamente feliz y aterrorizada. El día después fue cuando decidí limitar nuestro
tiempo juntos, dejar de depender tanto de él, para no prepararme para un corazón
roto.
Sin embargo, aquí estamos de nuevo. Solos. Juntos.
Siempre vuelve a él. ¿Por qué es eso?
A pesar de mi aprensión, le permito que me guíe a través del campo de hierba,
nuestro destino final desconocido. Conociendo a Beck, podríamos terminar en
cualquier parte. Las Vegas. México. Encerrados en un teatro cerrado durante toda
una noche, lo que sí, ocurrió una vez y fue tan divertido como suena.
—¿Dónde está tu cabeza, Wills? —pregunta Beck, apretando su mano sobre la
mía.
—Solo estaba pensando en cosas.
Tú. Nosotros.
—¿Qué clase de cosas? —Se adentra más en el campo, y lo sigo sin pensarlo dos
veces—. No estas preocupándote por el dinero, la escuela y toda esa mierda, ¿verdad?
Te dije que no tenías permitido hacer eso esta noche. —Se da la vuelta, camina hacia
atrás y hace gestos al cielo—. Esta es una noche sin preocupaciones. No se permite
el estrés. De hecho, solo se puede apreciar todo lo que es pacífico y bello.
—Lo intento, pero a veces es difícil no preocuparse.
Sobre ti. Nosotros.
Me calla, balanceándose de un lado a otro.
Trato de no reírme. Él está tan borracho.
Segundos después, tropiezo con una roca y casi me caigo de frente.
Está bien, quizás estoy muy borracha.
Se ríe de mi torpeza, y un resoplido muy poco atractivo sale de mis labios, lo que
solo le hace reír como una hiena.
—¿Ves? Divertido, ¿verdad? —pregunta después de que su risa se calma.
Asiento, agarrando su mano.
—Sí. Pero probablemente solo porque estás aquí.
Sonríe, parándose en el campo. El movimiento es tan inesperado que me estrello
contra él, lo que lleva a otro ataque de risa de los dos.
Después de que dejamos de actuar como chicos tontos, el aire se calma y la
quietud se asienta sobre nosotros.
Beck inclina su cabeza hacia arriba para mirar las estrellas, acercándome a su
lado y pasando su brazo sobre mis hombros.
—¿Cómo puedes preocuparte por algo si tienes una vista como esta? —Me besa
el costado de la cabeza por segunda vez esta noche y la calma me cubre, pero mi
corazón se contrae con un soplido aterrorizado—. Es como si alguien hubiera
pintado esto solo para nosotros. ¿No sería eso genial? Si alguien realmente pintó todo
el cielo... ¿Qué pasa si es por eso que el cielo existe? ¿Y si alguien decidiera pintarlo
un día y viviéramos en un lienzo?
Resoplo una risa.
—Amigo, ¿estás drogado? Suenas tan drogado ahora mismo.
Me acerca aún más hasta que los lados de nuestros cuerpos chocan.
—No. Solo estoy borracho. Y muy, muy feliz.
La felicidad en su voz me hace sonreír.
—Bueno, no quiero arruinar tu sueño de vivir en un lienzo, pero hay una
tonelada de pruebas que descartan completamente tu teoría.
Sumerge su boca hacia mi oreja.
—Oh, vamos, ¿dónde está tu lado soñador?
Tiemblo por la sensación de su aliento y me maldigo mentalmente. ¿Qué pasa
esta noche? ¡He hecho eso, como, cinco millones de veces!
—No creo que tenga un lado soñador —admito—. Siempre he sido una chica
más realista.
—De ninguna manera. Tienes un soñador dentro de ti. Sé que lo tienes.
—No, realmente no creo que lo tenga…
Se da la vuelta, me lleva con él, y me envuelve con sus brazos alrededor de la
cintura.
—Sí, lo tienes. Y te lo voy a demostrar.
Luego comienza a balancearnos, bailando al ritmo de la música que solo él puede
oír.
No tengo ni idea de lo que está haciendo, pero bailo con él, de todos modos,
porque estoy relajada, tranquila y desesperada por aferrarme a las sensaciones.
—¿Puedes oírlo? —me susurra al oído.
Otro escalofrío. Otro salto confuso de mi corazón.
—No sé...
—¿Tienes frío? —pregunta, su aliento enchinando mi piel.
Me las arreglo para no estremecerme esta vez, pero se me pone la piel de gallina.
—No tengo frío... Solo... —Confusión. Perdida. Rareza. Aclarando mi garganta,
pongo mis brazos alrededor de su cuello y cambio la conversación a otra parte—.
Entonces, ¿qué se supone que debo escuchar? Todo lo que oigo son grillos.
Y mi corazón latiendo como un maldito lunático.
Sus manos encuentran la parte baja de mi espalda, y me empuja más cerca de él.
—La música, tonta.
—¿Puedes oírlo desde la casa?
—No, esa música no. Nuestra música.
—¿Nuestra música?
¿Eh?
En vez de responder, empieza a tararear. Y así de fácil, hace clic.
Nuestra música. Nuestra canción. La primera canción que bailamos en séptimo
grado. Estábamos en un baile y Beck, siendo su popular y extrovertido yo, tenía una
fila de chicas esperando para bailar con él. Y yo, siendo la chica tímida y torpe que
aún soy, pasé la mayor parte de la noche cerca del ponche, viendo a mis amigos
divertirse hasta que Beck tomó el asunto en sus propias manos.
—Está bien, no más de esto.
Me quitó la taza de ponche de la mano y la tiró a la basura.
—Oye, estaba bebiendo eso —discutí estúpidamente. El ponche sabía a mierda.
—No más estar de pie y ser aburrida, Wills.
Me agarró de la mano y me guio hasta el centro de la pista de baile.
—No soy realmente una bailarina.
Jugué con mi vestido de segunda mano, tratando de no asustarme mientras me él
arrastraba entre la multitud.
Casi nadie nos prestaba atención, pero unos pocos sí, y eso era suficiente para que me
sintiera incómoda y preocupada. Solo había bailado a puerta cerrada. Probablemente parecería
una tonta.
—Claro que sí. —Puso una mano sobre mi espalda y me guio hacia él hasta que las puntas
de sus botas se pegaron las mías. Luego empezó a moverse, manteniéndose al ritmo de la canción
pop—. Todos son bailarines, aunque no lo sepan.
—Intenta decírselo a ese tipo.
Asentí a un tipo de nuestra escuela que agitaba los brazos como un pollo enloquecido.
Beck estudió al pollo bailando con la cabeza a un lado.
—Creo que es bastante impresionante.
—Lo es porque tú podrías hacer esos movimientos de baile —le dije—. Pero yo parecería
un monstruo si intentara algo así.
—Nunca pareces un monstruo —insistió, redirigiendo su atención hacia mí. La música
cambió a una canción más suave, y disminuimos la velocidad para que coincidiera con el
ritmo—. Ojalá no fueras tan dura contigo misma todo el tiempo.
—No soy dura conmigo misma todo el tiempo.
¿Lo era?
—Lo siento, pero lo eres, y eso me entristece. —Sacó su labio—. ¿Ves? Tan, tan triste.
Me reí, y él sonrió orgulloso.
—Allá vamos —dijo—. ¿No te sientes mejor ahora que has sonreído?
Asentí y me acerqué más a él, dejándolo que nos guiara a través de la canción. Cuando
terminó, esperaba que volviera a su línea de chicas, pero bailamos hasta la siguiente canción. Y
la siguiente. Y la siguiente.
Parpadeo los recuerdos cuando Beck empieza a cantar la letra de la canción muy
fuera de tono.
Aprieto mis labios, suprimiendo una risa.
—Estas tan fuera de tono.
—De ninguna manera —argumenta y luego se ríe cuando su voz se quiebra con
una nota alta—. Está bien, quizás tengas algo de razón.
—¿Algo de razón? —pregunto, y me pellizca el costado juguetonamente. Me río,
pero la forma en que mi estómago da volteretas me hace entrar en pánico. Finjo que
no, tranquila, cálmate, serénate. Al menos, creo que lo hago—. Pero al menos diste
un buen esfuerzo como lo haces con todo —grito tonterías mientras mis párpados se
vuelven pesados—. Esa es una de mis cosas favoritas de ti. No tienes miedo de hacer
nada. Y siempre haces lo que quieres. A veces, desearía poder ser más como tú. —
Bostezo y, sin poder mantener la cabeza en alto, apoyo mi mejilla en su hombro. Mis
párpados empiezan a bajar. En serio, podría quedarme dormida ahora mismo.
—No siempre hago lo que quiero —susurra, rompiendo el silencio.
La incertidumbre en su tono me hace retroceder para poder verlo mejor.
—¿Qué pasa? —Busco su rostro a través de la oscuridad—. Suenas... no lo sé.
¿Preocupado? —Y vulnerable.
—Nada está mal —murmura—. Ni siquiera sé por qué dije eso.
—No me mientas. Sé cuándo algo te molesta. —Me detengo para darle la
oportunidad de responder y luego le digo—: ¿Tu padre está siendo un imbécil otra
vez? ¿Necesito patear traseros?
—Pasó por aquí esta noche, pero eso no es lo que me preocupa ahora. —Mete
un mechón de cabello mi detrás de la oreja—. Aunque agradezco la oferta de patearle
el trasero. Eso podría ser divertido de ver. Y estoy bastante seguro de que ganarías.
—Se ríe, pero suena mal. Forzado.
Frunzo el ceño.
—Entonces, ¿qué pasa? Puedo decir que algo te está molestando.
—Estoy bien. Te lo prometo. Solo estoy... —Me estudia de nuevo. Luego
retrocede y se hunde en el suelo sin soltarme la mano—. Siéntate conmigo, y vamos
a ver las estrellas.
Abro la boca para presionar, pero otro bostezo sale de mis labios. Entre los tragos
que tomé antes y las últimas horas que he estado estudiando y trabajando, estoy
colapsando.
Beck tira suavemente de mi mano.
—Siéntate, dormilona, antes de que te desmayes.
Miro el vestido que llevo puesto.
—Este es el vestido de Wynter. No estoy segura de sí debería ensuciarlo. Ya
sabes cómo se pone con la ropa.
—¿A quién le importa si se arruina? Además, siempre está enojada con algo.
Siéntate conmigo y mira las estrellas. Vivir en el momento en vez de en el futuro. Y
que se joda Wynter y sus estúpidas rabietas.
Oh, Beck, si la vida fuera tan fácil. Tal vez si mi futuro estuviera establecido,
podría dejar de estresarme tanto. Pero no tengo ni idea de dónde estaré dentro de tres
años, dónde espero estar, que son dos cosas totalmente diferentes.
La esperanza es tan incierta. Mi futuro es tan incierto. Lo único que no es incierto
es la amistad de Beck y mía. Bueno, solía serlo. Últimamente, ha habido un cambio,
un cambio confuso, peligroso, contra mi cambio de reglas.
Probablemente debería irme. Puedo sentir ese cambio flotando en el aire ahora
mismo. De hecho, sé que debería irme. Pero me encuentro cayendo al suelo frente a
él.
Inmediatamente rodea mi cintura con sus brazos y me atrae hacia él. Luego
desliza una pierna a cada lado de mí, rodeándome.
Ignorando los golpes de mi corazón, me apoyo en su pecho.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
Acaricia sus dedos hacia arriba y hacia abajo en mi costado.
—Siempre puedes preguntarme lo que sea.
—Tú y Wynter... ¿Ustedes nunca han...? —Me detengo, pensando en lo que Ari
me dijo acerca de que sus discusiones eran por la tensión sexual. Luego pienso en lo
que dijo Titzi, en que a Beck le gustan las chicas de alta gama, algo que Wynter
definitivamente es—. ¿Alguna vez se han enrollado?
¿Qué es lo que me pasa? ¿Por qué diablos pregunté eso?
—¿Qué? Dios, no —dice, sonando horrorizado—. ¿Por qué diablos preguntarías
eso?
—No lo sé. —Me encojo de hombros. Aparentemente, estoy borracha, y eso me
hace actuar como una idiota celosa—. Solo tenía curiosidad, supongo. No soy la
única que lo piensa. Ari cree que se pelean todo el tiempo porque se gustan en secreto.
Y una vez tuviste un enamoramiento por ella. Incluso la besaste.
Sus brazos están tensos.
—Ese estúpido beso fue una cosa tonta de la secundaria. Y sí, puede que
estuviera enamorado de ella en la escuela primaria, pero eso fue hace mucho tiempo
y duró unos dos segundos. Ya no la veo de esa manera. Y nunca, nunca, jamás saldría
con ella. Ni siquiera es mi tipo.
Sus palabras hacen que una pequeña sonrisa embellezca mis labios. Ni siquiera
sé por qué, aparte de que soy un idiota, que creo que ya he mencionado.
—Eres un mentiroso —digo—. Wynter es preciosa. Le encanta divertirse y es
una persona muy sociable. Es exactamente tu tipo. Ella es básicamente la versión
femenina de ti.
El silencio nos encierra. Me siento tan estúpida por tener esta conversación.
Parezco celosa.
—Preciosa, ¿eh? —comenta divertido—. Personalmente, siempre he pensado
que soy guapo, pero supongo que tomaré precioso.
Perpleja, reproduje lo que dije. ¿Precioso? ¿Lo llamé precioso? ¿Por qué haría eso?
Quiero decir, sí, él es precioso con su cabello rubio que siempre se mantiene
perfectamente caótico. Además, tiene unos labios perfectamente delineados, su
cuerpo delgado es ridículamente sexy, y sus ojos… Ni siquiera me hagan comenzar
con ellos. Deben ser los ojos más perfectos que alguna vez he…
Espera. ¿A dónde iba con eso?
—¿Arrasadoramente guapo? —Intento bromear, mi voz sonaba chirriante—. ¿Que
eres? ¿Príncipe azul o algo así?
—Podría serlo. Definitivamente soy lo suficientemente precioso como para serlo
—dice arrogante—. Además, como eres mi princesa, tendría sentido.
—Muy cursi. —Hago un sonido de náuseas, y él se ríe—. Y no quise decir eso
así. Bueno, lo hice, pero no lo hice. Solo intentaba decir que eres precioso como
Wynter. —Estoy nerviosa y confundida. Mareada. Perdida. Borracha. Agotada—.
¿Sabes qué? No importa. Voy a dejar de hablar porque ni siquiera puedo seguir lo
que digo.
Él arrastra su pulgar por mi costado.
—Relájate. Solo estoy jugando contigo. Eres tan linda cuando estás nerviosa.
Pongo los ojos en blanco, más para mí.
—No lo soy. Soy tonta. Y solo estoy nerviosa porque estoy borracha.
—Estoy completamente en desacuerdo. —Sus dedos profundizan en mis
caderas, y luego me arrastra hacia atrás, tirando de mí sobre su regazo y apoyando
su barbilla en mi hombro—. Me gusta esto... tú y yo bajo las estrellas. El coqueteo.
La conversación. Ha pasado un tiempo desde que he estado tan relajado. Te he
extrañado.
Trago saliva. ¿Él piensa que estamos coqueteando?
Repito a través de mis recuerdos brumosos de esta noche y eventualmente
descubro por qué: el baile, los toques, los comentarios sucios, los comentarios lindos
y preciosos, los celos en mi tono cuando le pregunté sobre Wynter.
Síp, hemos estado coqueteando toda la noche.
Cada maldita vez que bebemos, esta mierda sucede.
No vuelvo a beber.
Nunca voy a coquetear de nuevo.
¡Ja, eres tan idiota!
Mis pensamientos se ríen de mí.
—Te estás poniendo tensa otra vez. —Desliza su mano por mi brazo para
masajear mi hombro—. Relájate. El eclipse está a punto de comenzar, y luego
podemos volver adentro y comer un poco de pastel.
—Conoces el camino a mi corazón.
Sonrío, la preocupación caminando de puntas dentro de mí.
Coqueteo. Coqueteé con Beck. Va a ser el último año de nuevo.
Tal vez sea lo mejor. Querías dejar de depender tanto de él. Quizás esto te obligue a hacerlo.
Ese pensamiento me pone enferma.
Arrancando mi atención de mis estúpidos e idiotas pensamientos, me concentro
en la luna. Nos quedamos así durante minutos, tal vez horas, mirando las estrellas,
observando el brillo, esperando que ocurra algo mágico en el cielo.
—Estás equivocada —susurra de la nada, haciéndome saltar.
—¿Sobre qué? —pregunto, sonando un poco sin aliento.
—Sobre Wynter siendo mi tipo.
—¿Todavía estás pensando en eso?
—Por supuesto. Quiero, no, necesito, asegurarme de que sepas que no me gusta.
No así, de todos modos. —Mueve mi cabello hacia un lado y luego se inclina sobre
mi hombro para captar mi mirada—. Wynter y yo... Podemos actuar de manera
similar a veces, y muchas personas pueden pensar que es hermosa o lo que sea, pero
definitivamente no me gusta. De hecho, me gusta alguien más. Desde hace un
tiempo.
Beck siempre ha sido tan coqueto, lo que lo ha llevado a meterse en situaciones
dramáticas e incómodas. Por lo general, es lo suficientemente encantador como para
suavizar la situación bastante bien. Por otro lado, me ha pedido varias veces que
hable con una chica que se ha enamorado de él y no va a retroceder.
Solía estar de acuerdo con eso, pero hacia el final de nuestro último año,
comencé a evitar involucrarme en su vida amorosa. En parte porque estaba ocupada
trabajando para ingresar a una buena universidad y en parte porque... Bueno, no me
gustaba escuchar sobre él y otras chicas.
Todavía no me gusta si estoy siendo realmente honesta conmigo misma. Y
ahora, me siento como la señorita Honestidad. Sin embargo, interpreto el papel de
una buena mejor amiga, y le debo mucho.
—Entonces, ¿quién es esta vez?
—Guau, Wills. Estoy herido. —Por extraño que parezca, suena herido—.
Actúas como si mis enamoramientos fueran fugaces e insignificantes.
—No son insignificantes, pero definitivamente son fugaces —digo
disculpándome.
—Eso no es cierto. —Me pasa los dedos por el cabello y luego me besa en el
hombro desnudo—. Me ha gustado la misma chica durante un par de años.
Simplemente no he dicho nada porque somos muy unidos, y sé que se volverá loca
porque tiene esta regla de no tener citas con cada hombre y tiene una regla de no
besarme.
Mi corazón late violentamente en mi pecho cuando pienso en lo que Grey dijo
antes. Una realización lenta y dolorosa me golpea.
¿Le gusto a Beck? ¿Así?
No. Tengo que estar equivocada. Tiene que ser.
Por favor, por favor di que soy yo.
En el fondo, creo que podría haberlo sabido por un tiempo. He tenido demasiado
miedo de admitirlo.
—¿No vas a preguntarme de quién estoy hablando? —susurra con un
nerviosismo desconocido en su tono.
Beck está nervioso.
Esto es muy malo.
Trago, deseando que la palabra “no” salga de mis labios. No sale sonido.
—Si no preguntas, no lo diré.
Su tono tiene un significado subyacente.
Me está dando una opción: mantener mis labios sellados y dejar que nuestra
amistad continúe o preguntar y luego... Bueno, no sé qué pasará.
Preguntar a Beck va en contra de mi plan. Si pregunto, arruinaré la belleza que
tenemos juntos. No quiero eso. Quiero quedarme aquí en sus brazos como amigos y
aferrarme a la calma que siempre me ha dado.
Encuentro mis labios separándose, de todos modos. Más tarde, culpo mi
reacción al alcohol, el estrés y la falta de sueño.
Más tarde, no ahora.
En este momento, solo puedo pensar en una cosa.
Preguntando.
—¿Quién es?
Su pecho se estrella contra mi espalda mientras libera un aliento atrapado.
—Oh, Dios mío, no puedo creer que lo hayas preguntado... No pensé que lo
harías.
Ahuecando mi mejilla, él inclina mi cabeza para mirarme a los ojos. Sus dedos
tiemblan tanto como mi corazón.
Uno, dos, tres segundos pasan, y luego roza sus labios contra los míos.
Oh. Mi. Dios. Apenas puedo respirar mientras sus labios rozan los míos una,
dos, tres veces. Mis párpados se cierran y el aire es succionado de mis pulmones.
Beck me está besando. Mi mejor amigo en el universo me está besando. Como,
real y jodidamente besando. ¿Santa y jodida qué-mierda? Necesito detener esto.
¡Ahora!
Pero cuando mordisquea suavemente mi labio inferior, todas y cada una de mis
preocupaciones dicen adiós, nos vemos más tarde, voy-a-visitar-las-estrellas.
Me aferro a la parte inferior de su camisa, desesperada por sostener algo, para
mantenerme, aferrarme a la racionalidad. Parece que no puedo pensar en otra cosa
que no sea su reconfortante palma en mi mejilla, su cálido cuerpo contra el mío, la
suavidad de sus labios. Y cuando inclina mi cabeza hacia atrás y desliza su lengua
dentro de mi boca, besándome con tanta intensidad, juro que mi corazón explota
fuera de mi pecho.
Esto no era parte de mi plan. Este beso es tan imprevisto. Este beso no se supone
que esté sucediendo…
Detén esto, Willow. Detenlo ahora antes de que las cosas se salgan de control.
Él gime contra mis labios, profundizando el beso, acercándome más y
haciéndome sentir tan segura.
No… Creo que estoy equivocada… Este beso podría ser…
Todo.
Nuestras lenguas se enredan juntas, y casi caigo ciegamente en el beso. Pero la
voz de la razón me susurra, me suplica que detenga esto. Debería… antes de que las
cosas se salgan demasiado de control. Mi cuerpo tiene otras ideas, y en lugar de
romper el beso, mis manos se deslizan por el pecho de Beck mientras me giro para
acomodarme en su regazo.
Él gime, sus dedos dejando mis mejillas para enredarse en mi cabello mientras
su otra mano se desplaza hacia la parte baja de mi espalda. Él aprieta mi cuerpo más
cerca, presionando mi pecho contra el suyo.
Otro suplicante gemido. Ni siquiera sé cuál de nosotros lo hace, pero algo sobre
el sonido nos envía a un frenesí.
El lento beso se vuelve impulsivo, como si él no tuviera absolutamente ningún
control sobre lo que está haciendo y no le importara una mierda. Aparentemente, a
mí tampoco porque le devuelvo el beso, aferrándolo y apretando mis caderas contra
las suyas una y otra vez, como hice esa noche en mi cama. Solo que, ahora estoy
completamente despierta y completamente consciente de su dureza presionada
contra mí mientras me acerca más, y más, y más cerca, moviéndose conmigo,
gimiendo, jadeando, deseando, necesitando. Esta es solo la segunda vez que he
besado a un chico, pero en serio, podría ser mi última porque no creo que nada pueda
ser mejor.
Nada podría alguna vez ser más perfecto que esto…
Mientras le devuelvo el beso con entusiasmo, dejo que deslice sus manos debajo
de mi vestido. Sus dedos tiemblan cuando toma mi trasero y mueve sus caderas
contra las mías. Hormigueos estallan por todas partes y muerdo su labio con fuerza.
Un gemido gutural deja sus labios y luego desliza su lengua más profundamente
en mi boca. Nuestras lenguas se enredan. Mis uñas se clavan en sus omóplatos. Me
siento fuera de control, cayendo en lo desconocido. Nada más importa. Nada más
existe, excepto Beck y yo, y la forma en que nuestros labios se mueven juntos, la
forma en que me sostiene como si temiera que me fuera a caer. Seguro como el
infierno que se siente como si estuviera cayendo en un lugar en el que nunca había
estado antes, donde nada tiene sentido… donde estoy perdida… donde me desvío de
mi camino… donde ya no tengo idea de lo que quiero o de quién soy. Y por el
momento, no me importa.
Perfecto. Este momento es perfecto. Beck es perfecto.
—Dios, he querido esto por tanto tiempo —susurra contra mis labios,
sumergiéndose en otro beso mientras mueve sus caderas contra las mías de nuevo.
Me aferro a él, mis rodillas presionando sus costados mientras suelto un grito
ahogado. Él hace el movimiento una y otra vez hasta que mis pensamientos se
vuelven más difusos. Siento como si estuviera a la deriva en las estrellas, y por un
segundo, desearía no tener que irme nunca.
Luego Beck susurra:
—Eres tan increíble y hermosa. Jodidamente perfecta.
Y solo así, la realidad se derrama sobre mí como agua helada.
Retrocedo, jadeando por aire.
—S-santa m-mierda.
—Por favor, no entres en pánico —suplica sin perder un segundo—. Es solo un
beso. Nada tiene que cambiar si no quieres que lo haga.
Lucho por controlar mi respiración errática.
Él me conoce demasiado bien. ¿Cómo lo hace? ¿Cómo me lee cuando ni siquiera
puede ver mi rostro a través de la oscuridad? ¿Cómo puede ser tan perfecto?
Perfecto.
Eres jodidamente perfecta, dijo.
No, Beck, no lo soy.
Y no podemos ser perfectos juntos.
Porque no soy perfecta. Y cuando te des cuenta de eso, me dejarás, y me romperé como mi
madre.
—Tengo que irme.
Me tropiezo para ponerme en pie, tirando del dobladillo del vestido abajo por mi
trasero.
Él se pone de pie y alcanza mi brazo.
—Espera. ¿Podemos hablar sobre esto?
—No puedo hablar en este momento.
No sobre esto. No cuando él está tan cerca. No con el vívido recuerdo del
perfecto beso todavía grabado en mis labios y en la forma en que mi cuerpo se sentía
mientras él se movía contra mí.
Santa mierda, creo que acabo de tener mi primer orgasmo… con Beck.
Santa mierda. Santa mierda. Santa mierda.
No lo miro cuando salgo del campo hacia su casa.
—Maldita sea, podrías por favor dejar de entrar en pánico. —Me alcanza y
coincide sus pasos con los míos—. No te puedes ir corriendo todavía. Eso arruinará
nuestra amistad y necesito que al menos seamos amigos.
¿Al menos ser amigos? ¿En lugar de qué? ¿Una pareja? ¿Y luego qué?
¿Simplemente salimos hasta que él descubra cuán parecida soy a mi madre y luego
deseche mi lamentable trasero? ¿Luego volveré a mi vida de mierda, sintiéndome
como una mierda y convirtiéndome en una mujer amargada que no puede prosperar
sin un hombre?
No, no puedo convertirme en eso.
Mi pulso se acelera mientras sigo trotando torpemente hacia la casa, solo
disminuyendo la velocidad cuando llego a la cerca de su patio trasero. Entonces me
quedo sin aliento, atreviéndome a mirarlo.
La preocupación llena sus ojos mientras se acerca a mí con precaución, lo que
me preocupa con la posibilidad de haberlo roto.
¿Qué he hecho?
—Por favor, no huyas —suplica, deteniéndose a mi lado—. Te conozco. Y si
escapas antes de que resolvamos esto, te estresarás por ello todo el fin de semana y
se te ocurrirán todo tipo de ideas locas en esa pequeña y hermosa cabeza tuya. Y
luego tendré que preocuparme porque te estés preocupando, y ambos sabemos lo
mucho que odio preocuparme. —Pone los ojos en blanco y lanza un suspiro
dramático—. Es tan agotador y consume mucho tiempo.
No sé si está bromeando para mi beneficio o para el suyo.
No queriendo preocuparlo más, trato de ofrecerle una sonrisa tranquilizadora,
pero la visión solo lo hace fruncir el ceño.
—No voy a pasar el fin de semana preocupándome —digo rápidamente—. Sé
que solo estábamos tonteando o borrachos o… algo.
Honestamente, no sé qué estábamos siendo. Eso es parte del problema. Lo
desconocido flota sobre mi cabeza como una nube de tormenta que amenaza con
llover.
Empezando a entrar en pánico de nuevo, alcanzo la cerca para arrojarme sobre
ella.
—Tengo que irme. Luna dijo que podía dormir en su casa esta noche y tengo
que levantarme muy temprano para volver a casa y verificar las cosas.
Mentirosa. Todo lo que tienes que verificar es un apartamento vacío.
Él me mira fijamente, su expresión ilegible.
—Está bien… Pero prométeme que me llamarás mañana. —Extiende su brazo
hacia mí con su dedo meñique levantado—. Jura por el meñique que lo harás.
Enlazo mi meñique con el suyo, esperando que no pueda decir cuán mal estoy
temblando.
—Lo prometo.
Sin decir nada más, aparto mi mano y arrastro mi culo borracho sobre la cerca.
Luego corro dentro para encontrar a Luna y largarme de aquí. Bueno, eso es con lo
que me convenzo.
En realidad, estoy huyendo de algo de lo que no estoy segura que se pueda huir.
CAPÍTULO 14
Beck
Intento no tomármelo personal mientras veo a Willow huir de mí como si yo
fuera portador de una enfermedad mortal. Pero lo hago jodidamente mucho. Es mi
culpa por besarla. Sabía cómo reaccionaría, pero mi mente borracha racionalizó que
era el momento adecuado.
Estoy empezando a preguntarme si alguna vez será el momento adecuado.
Con un aliento frustrado, arrojo mi trasero por la cerca y me sumerjo en mi patio
trasero. Considero dirigirme a la mesa de cerveza pong para jugar un juego o dos
para distraerme, pero ya no estoy de humor para fiestas. Primera vez para mí.
Willow se metió debajo de mi piel de la mejor manera posible. Todavía puedo
saborear su brillo labial de cereza, oler su perfume, sentir sus caderas mientras estaba
moliéndose contra mí, sentir su firme trasero mientras la apretaba más. He querido
besarla por tanto tiempo, y ahora que lo he hecho, quiero más.
Mucho más.
Más de lo que ella podría estar dispuesta a dar.
Me abro paso entre la multitud de personas, abriéndome camino hacia el porche
trasero. No sé a dónde voy, qué estoy haciendo o qué haré cuando llegue allí, pero
como todos mis pensamientos están centrados en Willow, tengo la sensación de que
podría perseguirla como un tipo necesitado y asustarla aún más.
Afortunadamente, Ari me detiene en la puerta de atrás y me salva de hacer algo
estúpido. Él tiene un vaso en la mano y las mangas de su camisa enrolladas.
—¿Por qué te ves enojado?
—¿Lo hago?
Me hago el tonto, mis pensamientos vagan de regreso al campo, al beso.
Dios, ella sabía bien. Muy, muy jodidamente bien. Y la forma en que se
estremeció cuando pasé mis manos sobre su cuerpo, enredé mis dedos a través de su
largo cabello castaño, pasé mis palmas por sus muslos hasta la parte inferior de su
vestido, la forma en que dejó escapar un gemido cuando se vino... Creo que, durante
todos esos años de sueños sucios, mi imaginación podría haberme fallado, porque
ese beso fue mejor que mis fantasías más salvajes. Sin duda, el mejor beso de todos,
y he hecho mi parte de besos y algo más.
De lo que no me di cuenta hasta esta noche, es que hay un nivel diferente de
besos que ni siquiera había interceptado. Buenos besos, malos besos y besos
perfectos.
Sí, sé que sueno como un jodido bobo, pero estoy demasiado lejos para darme
una mierda.
Ari me mira con los ojos entrecerrados.
—¿Tiene esto algo que ver con que Willow salió corriendo de la casa como si
estuviera en llamas?
Mi mandíbula se tensa mientras mi ego herido pica.
—Quizás.
—No... —Entrecierra los ojos—. La besaste, ¿verdad?
—¿Y qué pasa si lo hice? —respondo a la defensiva, no me gusta lo enojado que
se ve.
—Joder, pensé que habías dicho que no ibas a intentar esa mierda otra vez. La
última vez, todo fue tan incómodo entre ustedes dos e hizo las cosas complicadas
entre todos.
—No volví a intentar esa mierda. Lo hice de nuevo —afirmo sin sentido—. Y
los besos de Willow y yo no tienen nada que ver contigo, con Luna o con Wynter.
Esto es entre ella y yo.
Él pone los ojos en blanco.
—Eres un idiota si crees eso porque, al final, Wynter y Luna van a ponerse del
lado de Willow, lo que significa que Grey también. Eso me deja de tu lado, y eso es
una mierda.
—Nadie se pone del lado de nadie —le aseguro—. Arreglaré esto.
—Por favor —dice, luego toma un largo sorbo de su bebida—. No quiero que
todos peleen.
Sacudo la cabeza, molesto porque está convirtiendo mi beso con Willow en un
problema grupal.
—Voy a subir a mi habitación. Puedes dormir en una de las habitaciones si lo
necesitas.
No espero a que él responda antes de entrar a mi casa. Planeo ir a mi habitación
para poder aliviar algo de la tensión sexual mezclada dentro de mí, pero termino
siendo engañado para jugar a lanzar la moneda5 en mi camino hacia allí. Para cuando
5
Lanzar la moneda: juego en que se lanza una moneda a un vaso si entra gana de lo contrario lleva
como castigo tomar un caballito de alguna bebida alcohólica.
finalmente arrastro mi borracho culo arriba, Willow ha consumido todos mis
pensamientos, y estoy tan alterado que apenas puedo pensar con claridad.
Lucho por sacar mi teléfono de mi bolsillo mientras me tropiezo en mi
habitación. No me molesto en encender la luz, probablemente no podría encontrar
el interruptor de la luz si lo intentara, y me dejo caer en mi cama. Me toma algunos
intentos antes de lograr abrir un nuevo texto. Después de darme una palmada en la
espalda por estar tan alucinado, delibero sobre lo que quiero escribir. Sin embargo,
cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que pensar está sobrevalorado.
Entonces, escribo lo primero que me viene a la cabeza. Luego ruedo sobre mi espalda
y cierro los ojos, a la deriva en mis fantasías.
CAPÍTULO 15
Willow
Despierto a la mañana siguiente con la luz del sol entrando por la ventana de la
habitación de Wynter y la alarma de mi teléfono sonando como un banshee salvaje.
—Gah.
Me estiro y golpeo la cosa con una fuerza innecesaria, haciendo que caiga al
suelo. Al menos la estúpida alarma se apagó.
Jalo la manta sobre mi cabeza y me balanceo de un lado a otro entre dormir y
estar despierta. Nunca he sido una persona madrugadora, incluso después de años
trabajando en el turno de la mañana en un café. Mi resaca tampoco está ayudando a
la situación. Debería irme a dormir, descansar una noche completa por una vez. Pero
necesito ir a casa, ducharme, revisar las cosas y luego vestirme para el trabajo.
Me estremezco ante el recordatorio del trabajo y el ultimátum que Van me dio.
Ahora que he tenido un día para pensarlo, sé que no podré bailar en el escenario, lo
que significa que tendré que conseguir otro trabajo. Tal vez incluso dos o tres.
Haciendo una mueca, salgo de mi estado de sueño, me inclino sobre el borde de
la cama y levanto mi teléfono del piso de madera. Lo examino rápidamente para
asegurarme de que no se haya roto. La parte trasera se desprendió, pero aparte de
eso, parece estar bien. Gracias a Dios. Lo último que necesito es tener que pagar por
un nuevo teléfono.
Sin embargo, mi alivio es de corta duración cuando observo que tengo un
mensaje perdido.
De Beck.
Las imágenes de la noche anterior me golpean: Estrellas... mareos... risitas...
¿Qué diablos hice anoche?
Mi perplejidad solo se magnifica cuando leo su mensaje en voz alta, luchando
por traducir el lenguaje extraño desplegándose.
“Heeeeyyyyy, así que estoy acostado aquí en la cama después de jugar demasiados de
lanzar la moneda. Estoy seriamente borracho hasta el culo...”
¿Eh? Es por eso que casi todas las letras en casi todas las palabras están duplicadas.
“Pero, de cualquier forma, voy a ir directo al punto. Quise decir lo que dije en el campo,
Wills. Me gustas desde siempre. En serio, eres la chica más hermosa, decidida, inteligente y
sorprendente que he conocido. Y ese beso... Sé que probablemente quieras que diga que lo
lamento, pero no puedo. No puedo mentir y decir que desearía nunca haber experimentado el
beso más increíble de todos. Fue tan jodidamente caliente. No puedo dejar de pensar en ello.”
“Y tocando tu trasero... Dios, tienes un buen jodido trasero. Y solo quería que supieras eso.
Todo eso... para que supieras cuanto significas para mí… siempre lo has hecho. Desde el día
en que Theo me llevó a tu casa a buscarte, y estabas de pie a un lado de la calle. Estaba tan
preocupado y solo quería abrazarte... Pero incluso antes de eso, me gustabas. Remontándonos
al momento cuando te di esa esfera de nieve... Dios, te habías puesto tan hermosa durante el
verano, y me enloqueció que no fuera el único que lo notó. Solo deseo que pudieras verte a ti
misma como te veo...”
“Sé qué piensas que eres como tu madre, pero eres lo contrario. Eres dulce, amable y
cariñosa, y pones a todos los demás antes que a ti misma. Y trabajas tan duro por todo. Eres
tan perfecta... Pero, como sea, me voy a dormir ahora porque estoy súper borracho y ya no
puedo ver las teclas. Con suerte, puedes leer este mensaje y no te asustes cuando lo hagas.”
Mi corazón estalla tremendamente en mi pecho cuando las piezas de la noche
anterior se unen y chocan.
Me tumbo en mi cama y miro hacia el techo.
—Mierda. Esto es malo. Peor que la última vez. Ni siquiera solo lo besé, yo...
—¿Besaste a quién?
El sonido de la voz de Luna me sobresalta, y casi me caigo de la cama cuando
mi cabeza gira en dirección a la puerta.
Ella está de pie allí en pijama, pareciendo muy feliz por algo.
—¿Qué? No, no besé a nadie.
Ni siquiera puedo evocar una buena mentira.
Ella se tambalea cuando cruza la habitación y se sube a la cama a mi lado.
—¿Cuando pasó esto? ¿Anoche?
—No.
—¿Entonces cuándo?
Ella sigue sonriendo, como si supiera un secreto que aún no he compartido.
—No lo sé. —Piensa, Willow, piensa. No puedes decirle la verdad. Entonces todo se
vuelve real. Y luego vas a tener que lidiar con las consecuencias.
—Oh, vamos. —Agarra mi mano y tira de mi brazo, levantándome en posición
vertical—. Se supone que debes decirme estas cosas. Eso es lo que hacen las chicas.
Al menos, eso es lo que dice Wynter, y ella es la mejor en ser una chica.
—Sí, ella lo es. —Resoplo, sacando mechones de cabello de mi cara—. Bien, te
lo diré, pero solo si prometes no hacer ninguna pregunta.
Arrastra los dedos por sus labios, como si cerrara una cremallera. Entonces se
sienta allí con una sonrisa tonta en su rostro, prácticamente saltando. Lo juro por
Dios, ella ya lo sabe.
¿Cómo puede saberlo?
Espera. ¿Beck le dijo a ella?
—Anoche besé a alguien —murmuro.
Santo cielo. La mierda se ha vuelto real.
—Está bien... ¿Quién fue? ¿Y dónde sucedió?
—¿No lo sabes ya? —pregunto, evaluando su reacción.
Su frente se arruga.
—¿Cómo puedo saber?
No puedo decir si ella está mintiendo o no. Luna no es una gran mentirosa. Aun
así, parece saber algo, o tal vez la paranoia está pateando.
—Besé a alguien en un campo anoche —divulgo, levantando mis rodillas hacia
mi pecho—. Eso es todo lo que voy a decirte porque el resto es demasiado
complicado.
Ella frunce el ceño.
—Al menos dime quién es.
Ahora frunzo el ceño.
—¿Realmente no lo sabes?
Niega con la cabeza.
—Realmente no, pero tengo una idea.
—¿Cómo puedes tener una idea? Ni siquiera me gusta alguien. De todos modos,
no es suficiente para besarlos.
—Podrías decir eso, pero no creo que sea verdad. Creo que solo tienes miedo de
que te guste alguien, particularmente esta persona, porque ustedes dos serían
perfectos juntos, lo que significa que si tu terminas todo, las cosas no serían perfectas.
Mis labios se separan en sorpresa. Santa lectora de mente.
—Si realmente no quieres decírmelo, entonces no tienes que hacerlo —añade,
arrodillándose en la cama para enfrentarme—. Entiendo que necesitas guardar cosas
para ti misma algunas veces.
Pum, pum. Pum, pum. Pum, pum. Mi corazón es una bomba de tiempo en mi
pecho, listo para salir en cualquier momento y destruirme. El corazón de mi mamá
era de la misma manera... antes de que mi padre se fuera. Recuerdo que él le dijo
eso.
—Piensas demasiado con tu corazón, Paula, y no con la cabeza —dijo él—. Y los
corazones no son buenos tomadores de decisiones.
—Te equivocas —respondió mi mamá—. Quiero decir, mi corazón me hizo decidir sobre
ti, ¿no?
Mi padre frunció el ceño mientras yo sonreía. En retrospectiva, mi padre probablemente
sabía que iba abandonar a mi madre y estaba tratando de advertirle, pero mi mamá estaba
demasiado ocupada viviendo en tierra de tortolos para entender. O tal vez lo sabía y no estaba
lista para aceptar la verdad.
No seré así. Lo aceptaré y luego encontraré la manera de seguir adelante. No me
convertiré en mi madre.
—Besé a Beck —digo sin problemas mientras mi corazón salta con entusiasmo.
Cállate, corazón. Solo cállate.
La alegría de Luna se vuelve loca.
—No pareces muy feliz por ello.
—Eso es porque fue un error.
Las palabras casi dividen mi corazón en dos.
Muere, corazón, muere.
Luna parece que podría haber muerto un poco, también.
—¿Qué quieres decir con “fue un error”?
Me encojo de hombros despreocupadamente, ignorando la sensación de
desgarro en el centro de mi pecho.
—Que no debería haber sucedido. Que me gustaría que no hubiera pasado.
Mentiras. Mentiras. Mentiras. ¡Todo mentira! ¿Cuándo te convertiste en una sucia
mentirosa?
—Willow... —dice Luna con lastima en sus ojos.
—Mira, estaba borracha. —La interrumpo antes de que pueda intentar
convencerme de que el beso significó algo—. Los dos lo estábamos… Beck
probablemente se arrepiente, también.
¡Ja! Mírate, mintiéndote a ti misma también. Solo lee su mensaje otra vez.
—Dudo eso —dice—. Me sorprende que no se besaran mucho antes.
Parpadeo hacia ella.
—¿Eh?
Una sonrisa cómplice cruza su cara.
—No actúes tan sorprendida. Ustedes dos casi se han besado, como, cien veces.
—Porque estábamos borrachos.
—Sí, ¿y qué? Para algunas personas, estar borrachos les ayuda a hacer cosas que
quieren hacer, pero tienen demasiado miedo de hacer sobrios.
Mi corazón a toda velocidad por la verdad que llevan sus palabras.
No puedo lidiar con esto.
Me paro y agarro mi chaqueta del suelo.
—Tengo que llegar a casa. ¿Podemos hablar de esto más tarde?
Ella frunce el ceño, obviamente dolida, y me siento como la perra más grande de
la historia. Pero el miedo me mantiene avanzando, con un pie delante del otro.
—Gracias por dejarme quedarme aquí —le digo, saliendo corriendo por la puerta
como una cobarde.
Paso por Grey en mi camino por la sala de estar. Se gira para decir algo, pero le
lanzo un saludo sobre mi hombro, saliendo por la puerta, y saltando en mi auto.
Los neumáticos giran mientras derrapo fuera hacia la carretera, conduciendo
hacia Ridgefield. Mi adrenalina se está elevando, mis piernas tiemblan, y mi mente
está tensa, centrada en Beck, mi mamá y mi papá mientras vuelo por la ciudad. Ni
siquiera me doy cuenta de que la luz se puso roja hasta que estoy a mitad de la
intersección.
El sonido de bocinas se disparan, y salgo de mi trance, desviando mi auto a un
lado de la carretera después de que logro cruzar la luz.
Cambio la palanca a neutral, golpeo mi mano contra la parte superior del
volante.
—¡Mierda! ¡Joder! ¡Estúpida! ¡Esto es lo que sucede cuando eres consumida por
los chicos! ¡Casi consigues que te maten! —Dejo que mi cabeza caiga contra el
volante—. ¿Qué voy a hacer? Esta cosa con Beck no puede suceder. Pero tenemos
que seguir siendo amigos, o de lo contrario voy a perder la cabeza.
Respira hondo, Willow. Soluciona el problema. Puedes hacer esto.
Me atormento la mente por una respuesta, y el recuerdo de la última vez que
Beck y yo nos besamos surge. Me asusté entonces, también, pero arreglé el...
problema estableciendo una regla que nunca se nos permitía besarnos de nuevo. Eso
funcionó por un tiempo... hasta que no lo hizo.
Las reglas normalmente funcionan para mí. Tal vez solo necesito mejores reglas.
Inclinándome sobre la consola, abro la guantera y saco un bolígrafo y el papel
con la regla escrita en él. Luego me siento, trazo una línea sobre la regla, y escribo
un nuevo conjunto de reglas, cada vez más tranquila con cada trazo de la pluma.
Regla #1: No deambular juntos por los campos para observar las estrellas.
Regla #2: Absolutamente ningún contacto de labio a labio.
Regla #3: No enamorarse.
Una vez que termino, coloco la lista y el bolígrafo abajo. Entonces conduzco
hacia Beck, cruzando mis dedos para que sea mi mejor amigo en lugar del tipo con
el que me besé anoche.
CAPÍTULO 16
Beck
Froto mi mano por mi frente palpitando mientras abro los ojos ante la cegadora
luz del sol colándose en mi habitación. Mi teléfono vibra en mi mesa de noche, y
literalmente no tengo idea de qué demonios sucedió durante las últimas diez horas,
como llegué a la cama, o que hice antes de llegar aquí. Definitivamente no era la
primera vez para mí. Odiaba la sensación del gran agujero en mi mente.
Rodando, busco a tientas hasta que encuentro mi teléfono luego paso mi dedo
sobre la pantalla.
Ari: Hola, hombre, ¿qué pasa con el extraño mensaje que me mandaste anoche? No puedo
darle sentido.
Me muevo hacia lo que le envié y niego con la cabeza. Verdaderamente tengo
problemas con enviar mensajes borracho.
Yo: Lo siento, hombre. Estaba enviando mensajes borracho de nuevo.
Ari: Realmente necesitas dejar de hacer eso. Un día, vas a escribir algo equivocado a la
persona equivocada.
Yo: Tal vez. Sin embargo, todavía no lo he hecho.
Ari: Solo quiero advertirte que también le mandaste mensaje a Luna anoche. Y a Wynter.
No estoy seguro de que dijiste, pero parecían muy divertidas por todo el suplicio.
Yo: Estoy seguro de que lo estaban… ¿Dónde estás? Creo que podría relajarme un
rato. Podría ser la última vez que tenga oportunidad antes de que ya no siga siendo un
hombre libre.
Ari: ¿Por qué? Te estás casando o algo, jajaja.
Yo: Sí. ¿Tu hermana no te dijo?
Ari: Podría haber caído en esa si mi hermana no odiara tus entrañas. En serio, ¿por qué
es tu última oportunidad para holgazanear?
Yo: Porque, el lunes que viene, estoy oficialmente trabajando para mi padre.
Ari: ¿Qué mierda? Pensé que no lo estabas dejando presionarte sobre hacer eso.
Yo: Sí, bueno, eso no fue hasta que amenazó con vender mi casa.
Ari: Pensé que tú la habías comprado.
Yo: Él pagó una pequeña parte como regalo de graduación. Me estoy dando cuenta
cuán estúpido fue permitírselo.
Ari: Mierda. Eso apesta. ¿Qué vas a hacer?
Yo: Trabajar para él hasta que pueda averiguar algo para salir de ello.
Ari: Lo siento, hombre. Estoy en casa de Luna en este momento si quieres venir. Grey
también está aquí, y Wynter debería estar aquí más tarde. Willow estuvo aquí más temprano,
pero se fue antes de que yo llegara. Creo que tenía que trabajar, así que dudo que regrese más
tarde. Pero de nuevo, ¿siquiera están hablando ustedes dos?
Willow… Willow… ¿Willow?
Los recuerdos rápidamente regresan, y me enderezo de golpe sobre mi cama.
Besándola hasta que mis labios dolieron. Tocándola completa. Los pequeños
gemidos escapando de su boca. Deseándola tanto que apenas podía respirar.
Y luego envié un mensaje de texto.
Yo: Me tengo que ir. Intentaré ir más tarde.
Ari: Bien. Suena bien.
Cierro el mensaje y cambié al mensaje de texto que le envié a Wynter anoche,
sabiendo que ese podría ser más fácil de manejar.
Yo: Hoooolaaaa hismnaltihbjwihe!
Rasco mi cabeza.
—¿Qué demonios estaba incluso tratando de teclear?
A continuación, abro el mensaje que le envié a Luna, evadiendo de lo que debo
encargarme. El mensaje que le envié es igualmente de confuso y divertido como el
de Wynter, pero mi humor se desinfla mientras leo lo que envié a Willow.
Mis ojos recorren el enloquecedor mensaje tan largo, o debería decir, mi alma.
—Maldición.
Sangre ruge en mis tímpanos. Si nuestro beso no arruinó nuestra amistad, este
mensaje seguro como el infierno, lo hizo.
Dejando caer mi teléfono en la cama, bajo mi cabeza y masajeo mis sienes.
—Realmente lo jodí esta vez.
La verdad debajo de la preocupación extiende un poco de alivio que finalmente
logre sacar la verdad. Solo desearía no conocer a Willow tan bien. Pero lo hago. Y
ella podría no volver a hablarme de nuevo después de eso.
No, tú puedes arreglar esto. Solo piensa en la manera. Llámala y dile que estabas ebrio.
Asegúrale que nunca volverá a suceder.
Miente.
Abriendo mi teclado para marcar, debatiendo si llamarla, cuando el timbre de la
puerta suena.
Quitándome las cobijas de encima, no me molesto en ponerme una playera
mientras arrastro mi culo con resaca por las escaleras y abro la puerta principal.
Luego parpadeo. Y parpadeo. Y vuelvo a parpadear.
—Espera, ¿estoy soñando? —Froto mis ojos con mis manos—. O sigo borracho.
Ella mira fijamente mi pecho desnudo con sus labios cerrados, apretando un
pedazo de papel. Ella sigue usando el vestido que llevaba anoche, su cabello está bajo
y atado, y esos ojos están inyectados de sangre, ya sea porque tiene resaca o ha estado
llorando. El pensamiento de que esos lindos ojos estuvieran recientemente
derramando lágrimas me hace querer abrazarla, pero no estoy seguro de que el gesto
sería bienvenido en el momento.
—Hola —digo en su lugar. Luego sacudí la cabeza para mí mismo. Agradable,
idiota—. ¿Quieres entrar?
Ella aleja sus ojos de mi pecho y ve el vestíbulo como si fuera el diablo a punto
de agarrarla y jalarla dentro de foso feroz del infierno.
—No sé. ¿Es seguro?
Su pregunta me saca de balance.
¿No se siente segura conmigo?
—Por supuesto es seguro. Nunca te lastimaría, Wills.
—Lo sé. —Ella frunce el ceño hacia el suelo, enterrando la punta de su bota
contra el concreto—. Solo me estoy preguntando si es una buena idea para nosotros
estar en la misma habitación juntos.
Bien, que se joda esto. No la estoy dejando llevarnos a donde quiere llevarnos.
Colocando mi dedo debajo de su barbilla, alzo su cabeza.
—No hagamos esto, princesa. Nos besamos. —Y luego algo más—. ¿Y qué? No
tenemos que actuar incómodos por ello.
—Entonces, ¿estás de acuerdo conmigo? —pregunta con esperanza en sus ojos—
. ¿Qué lo que sucedió fue un error?
Quiero decirle que sí, darle lo que ella quiere, mitigar su estrés. Pero la mentira
no dejará mis labios.
—No, eso no es lo que estaba diciendo —le digo, luchando contra la compulsión
de mirarla a los labios. Si lo hago, me inclinaré hacia adelante. Y si me inclino hacia
adelante, querré más. Querré más de ella—. Solo estaba diciendo que no necesitamos
dejar que las cosas se vuelvan incómodas.
—Pero me siento incómoda —susurra, sus ojos muy abiertos, su pecho agitado
con respiraciones superficiales.
—Bueno, déjame arreglar eso.
Besándote hasta que no puedas pensar correctamente. Haciéndote gemir de nuevo. Una y
otra vez…
Mordisquea su labio inferior, y mi mirada se centra en sus labios. Comienzo a
inclinarme, consumido con la necesidad de besarla, esperado que ella retroceda. En
vez de eso, permanece quieta, mirando fijamente a mi boca.
Me muevo más cerca, provocándola. Estamos tan cerca. Queriendo, queriendo,
queriendo…
Nuestros labios se estrellan. Ni siquiera sé quien eliminó los centímetros del
espacio entre nosotros. No me importa una mierda. Todo lo que importa es que ella
me está devolviendo el beso con tanta pasión que juro a Dios, nuestros labios se van
a mallugar.
Mi cuerpo se inunda con necesidad. La necesito más cerca. Mi mano se desliza
por su cuerpo hasta su cintura, mis dedos presionando sus muslos mientras la
levanto. Ella jadea y luego envuelve sus piernas alrededor de mí, sacándome un poco
de balance y me tambaleo hacia un lado. Su espalda golpea la jamba de la puerta,
pero ella solo profundiza el beso y me muerde el labio inferior.
Gimo, mi cuerpo pulsa con deseo mientras balanceo mis caderas contra ella. Sus
piernas se tensan alrededor de mis caderas cuando un jadeo se escapa de su boca. Me
muevo contra ella otra vez, y sus uñas apuñalan mis omóplatos mientras me agarra,
su vestido se aprieta hasta su cintura, completamente abierto para mí.
Deslizando mis palmas sobre su piel lisa, me giro para meternos a la casa y lejos
de cualquier fisgón. Cuando llegue allí, planeo quitarle ese vestido.
Pero tan rápido como comenzó el beso, ella salta de mis brazos y me empuja el
papel.
—L-lee esto.
Su voz tiembla, y sus piernas se tambalean mientras trata de recuperar el
equilibrio.
Ni siquiera puedo respirar, y mucho menos procesar lo que está tratando de
decir.
—¿Qué?
Ella respira despacio y luego camina hacia mí con la mano extendida.
—Necesito que leas esto.
Echo un vistazo al papel y luego a ella.
—¿Cómo pasamos de besarnos a la necesidad de que lea un trozo de papel?
Un trozo de papel que estoy bastante seguro tiene otra maldita regla.
—Por favor, solo léelo —ruega, sus dedos temblando.
Frustrado, tomo el papel, rozando mis dedos deliberadamente contra los de ella.
Cuando se estremece, tengo que contener una sonrisa. Luego, cualquier cantidad de
optimismo se aplasta cuando leo en voz alta la lista garabateada en el pedazo de
papel.
—Regla número uno: no deambular juntos por los campos para observar las
estrellas.
—Porque es lo que comenzó todo esto para empezar —explica, alisando sus
manos sobre su cabello, agotada.
Sí, como si eso fuera a resolver cualquier cosa.
—Regla número dos: absolutamente sin contacto de labio a labio. —Levanto la
mirada con mi ceja arqueada—. Hemos tenido ese antes.
—Sí, lo sé. —Se rasca la nuca—. Creo que es bastante evidente por qué la
mantuve.
—¿Pero es factible? —Le doy una mirada apremiante a sus labios, que todavía
están hinchados por nuestro beso, y luego a su vestido arrugado y su cabello
enredado—. Porque no funcionó.
Se pasa las manos por el cabello y el vestido, mirando un rosal junto a la puerta
principal.
—Sí, lo sé. Por eso agregué las otras reglas para ayudar a que esta funcione.
Retraso la necesidad de señalar que ni siquiera puede mirarme a los ojos cuando
lo dice y leo la última línea.
—Regla número tres: no enamorarse.
Sí, puede ser un poco tarde para eso. Al menos para mí. No puedo decirle eso
todavía. Esta lista lo prueba.
Una estúpida lista que quiero hacer pedazos.
—Solo quiero que tengamos algunos límites —dice, finalmente mirándome—.
De esa manera, aún podemos seguir siendo amigos sin más incidentes.
Hay mil cosas que quiero decir en este momento. Normalmente, mordería mi
lengua y enterraría mis sentimientos, desesperado por mantenerla. En este momento,
ya sea que tengo una resaca que no permite que me importe, o ese beso rompió cada
onza de fuerza de voluntad que quedaba.
—¿Incidentes? —Cruzo mis brazos y me inclino contra el marco de la puerta—
. ¿Así es como llamas al beso más caliente de tu vida? Bueno, lo fue para mí.
—Beck…
Se detiene, sus enormes ojos reflejando su miedo. Me mira de la misma manera
de cuando nos besamos durante el último año de preparatoria, y nuestra amistad casi
se rompió en piezas irreparables.
Decido retroceder por ahora. No porque esté concordando con sus estúpidas
reglas, sino porque necesito tiempo para averiguar la forma de probarle que
pertenecemos juntos, que una relación conmigo no la destruirá. Yo nunca la
destruiría.
—Bien, obedeceré tus reglas. —Por ahora.
Sus músculos se relajan mientras suelta una ensordecedora respiración.
—Gracias. Tenía tantas ganas de escuchar eso. —Duda y luego me rodea con
sus brazos cuidadosamente—. Nunca te puedo perder.
—No lo harás —le prometo, abrazándola más cerca, mi corazón latiendo con
fuerza—. ¿Y quieres saber por qué?
Ella se aleja, asintiendo.
—Porque tampoco puedo perderte, jamás.
Ella sonríe, pero el nerviosismo reside en sus ojos.
—No me perderás —asegura—. Tú y yo seremos amigos hasta los setenta años,
¿recuerdas?
—Sí, lo recuerdo.
Creo que cambié de opinión.
Ya no quiero ser amigos. Quiero más.
Quiero todo de ella.
Mira su reloj.
—Mierda. Tengo que estar en el trabajo pronto. —Me mira—. Estamos bien,
¿verdad? Quiero decir, lo que acaba de suceder... Podemos olvidarnos de...
—Estamos bien —le digo. En cuanto a olvidar, eso nunca va a suceder. No
quiero que lo haga.
Me ofrece una sonrisa final antes de volver trotando a su auto.
La veo alejarse y luego regreso a mi casa y a la cocina. La evidencia de una fiesta
se encuentra en todas partes, desde las botellas de vidrio vacías en el mostrador de
mármol hasta los vasos de plástico apilados en el bote de basura.
Mis pensamientos vuelven a cuando limpié el lugar de Willow después de que
su madre organizó la fiesta; solo que el apartamento estaba destrozado con mucho
más que botellas de alcohol.
Necesito sacarla de allí de alguna manera, algo que he sabido por un tiempo.
Sin embargo, ahora tengo una estúpida lista que prácticamente me prohíbe
acercarme a ella.
Sin embargo, lo que Willow no se da cuenta es que un maldito trozo de papel y
algo de tinta no puede cambiar lo que siento.
Agarrando un imán y un bolígrafo de un cajón, pego la lista en el refrigerador.
Luego dibujo una línea a través de cada una de sus reglas y las reemplazo por una
tarea.
Tarea # 1: Sacar a Willow de esa casa.
Tarea # 2: Demostrarle que no voy a destruirla.
Tarea # 3: Decirle que la amo.
Doy un paso atrás, mirando mi plan, sin saber si va a funcionar. Aun así, tengo
que intentarlo. Evitar lo que siento por ella ya no es una opción.
Esos besos se aseguraron de eso.
CAPÍTULO 17
Willow
La siguiente semana se desplaza lentamente. Paso la mayor parte del tiempo
haciendo tareas, trabajando en el club, y aplicando para nuevos empleos. No he
escuchado de mi mamá aún, lo que me hace preocuparme por ella sin parar. Además,
el vacío en el apartamento me está desgastando. Entre la música a todo volumen
cada noche, los constantes gritos, alguien siempre está gritando, y los golpes
aleatorios en la puerta que nunca respondo; siento que voy a perder la cabeza. Si ella
no regresa a casa pronto, tendré que mudarme. El alquiler vence el siguiente mes; tal
vez no lo pague. ¿Podría simplemente no pagar una factura? ¿Acaso lo tengo en mí?
Hice una búsqueda de algunos apartamentos para rentar cerca de la universidad,
pero todo dentro de un radio de veinticinco kilómetros está actualmente lleno o fuera
de mi rango de precio. Considero llamar a Wynter, pero ella vive en un lugar mejor
que todos estos apartamentos que comprobé, así que dudo ser capaz de pagar el
alquiler, especialmente cuando mi situación laboral es tan dudosa.
El dinero no es la única razón detrás de mi vacilación a la mudanza. Todavía
sigo luchando con dejar ir el temor de que mi mamá pueda regresar y necesitarme, y
no estaré. No sé cómo solucionar ese problema. ¿Qué elección es correcta? ¿Hay una
decisión correcta, o hay incluso una opción?
Sin embargo, tener una opción rápidamente se disipa cuando, el jueves temprano
en la mañana, me despierto por una fuerte voz viniendo de algún lugar cercano. Tal
vez incluso desde el interior del apartamento.
Buscando mi teléfono, llamo a la primera persona que aparece en mi mente,
esperando que él esté despierto tan temprano.
—Hola, justo estaba pensando en ti.
El sonido de la voz de Beck se asienta ligeramente en mi pulso acelerado.
Exhalo, liberando un suspiro que juro que había tenido atrapado en mi pecho
por días. No he hablado mucho con él desde que le entregué la lista y ese
maravillosamente increíble beso que nunca podrá pasar de nuevo. No me di cuenta
de lo mucho que extrañaba escucharlo hasta ahora.
—Suenas bastante despierto para ser tan temprano —le digo, saliendo de la
cama.
—Tenía algunas cosas que hacer —responde con un suspiro pesado.
—¿Qué cosas?
—Solo algunas cosas para mi papá.
—¿De verdad? ¿Desde cuando haces cosas para tu papá?
Él suspira de nuevo.
—Es una larga historia, una en la que realmente no quiero meterme ahora.
—Está bien, pero me lo contarás después, ¿verdad? —le pregunto mientras
camino de puntillas hasta la puerta para ver si puedo decir si la voz viene de dentro
de la casa o de afuera.
—Claro. —Su evasiva me golpea—. De todas maneras, suficiente de mí. Vamos
a hablar de mi persona favorita.
—Está bien. Bueno, hablé con Wynter el otro día, y ella dijo que Nueva York
estaba genial.
Hago una broma cuando en realidad, estoy enloqueciendo. No solo porque estoy
hablando con Beck después de besarnos y tontear, sino porque estoy preocupada que
alguien pueda estar en la casa.
—Eso no es divertido —me regaña juguetonamente—. De verdad, ¿cómo estás,
Wills? No he hablado contigo desde… bueno, ya sabes. Y lucías un poco asustada
cuando dejaste mi casa.
Me muerdo la uña del pulgar.
—Estoy bien. He querido llamarte, pero… yo solo no estaba segura si tú querías
hablar conmigo.
O si podía manejarlo.
—Siempre quiero hablar contigo —asegura—. He querido llamarte también,
pero he estado ocupado resolviendo algunas cosas.
—¿Qué clase de cosas?
—Cosas que te contaré más adelante cuando tenga todo resuelto.
—De acuerdo. —Quiero presionar, pero la voz se hace más fuerte. Mierda.
Bloqueo la puerta y retrocedo—. Beck, por mucho que me encante hablar contigo,
en realidad llamé por una razón.
—¿Qué está mal? —pregunta preocupado.
—Creo que alguien podría estar en mi casa —digo, deteniéndome cuando la
parte de atrás de mis piernas choca contra mi cama—. No sé quién será. Quiero decir,
podría ser mi mamá, pero la puerta estaba cerrada con llave, y estoy bastante segura
de que perdió las llaves hace mucho tiempo.
—Cuelga y llama a la policía —ordena, su voz atada con miedo.
—Podría solo estar viniendo de afuera. Algunas veces, es difícil de decir. Las
paredes son tan delgadas.
—Me importa una mierda si piensas que es de afuera —gruñe—. Llama a la
policía. Ahora mismo. O lo haré yo.
—E-está bien —tartamudeo, más como una reacción a cuán enojado suena. No
creo alguna vez haberlo escuchado así de enojado—. Te regresaré la llamada en un
segundo.
—Solo cambia a otra línea —dice firmemente—. No quiero colgar.
—Está bien.
Estoy alejando el teléfono para hacer lo que él dice cuando mi puerta es
empujada.
—Willow, cariño, ¿por qué la puerta está bloqueada? —pregunta mi mamá,
tocando la puerta.
Siento que debería sentirme más aliviada al escuchar su voz, y eso probablemente
me hace una persona terrible. Más de lo que ya soy, de todos modos.
Pongo el teléfono de nuevo en mi oído.
—Todo está bien. Es solo mi mamá.
—¿Está segura? —pregunta él, no pareciendo demasiado aliviado, tampoco—.
Si no estás cien por ciento segura, de todas maneras, debes llamar a la policía.
—Estoy segura. Me acaba de hablar a través de la puerta. —Camino a través de
la habitación y abro la puerta—. Lo siento, por preocuparte. Simplemente he estado
muy nerviosa estando aquí sola.
—No tienes que disculparte por preocuparme. Quiero ayudarte en cada
oportunidad que tenga, sin importar que. No me gusta que estés ahí sola.
—Lo sé. Y realmente estoy considerando mudarme. —Agarro el pomo de la
puerta cuando mi mamá toca de nuevo—. Estoy algo feliz de que mi mamá esté aquí.
Ahora puedo hablar con ella acerca de la idea.
—¿De verdad crees que es una buena idea?
—No lo sé, pero al menos tengo que hacerle saber.
—¿Por qué? Ella solo tratará de disuadirte de que no lo hagas.
—Lo dudo. A ella realmente no le importa si estoy alrededor o no. Solo me
quedé tanto tiempo porque me preocupo por ella, no al revés.
—Esa no es la razón por la que pienso que ella va a disuadirte de que no lo hagas
—dice en voz baja—. Creo que va a intentar disuadirte porque has estado cuidándola
por años. Tú pagas sus cuentas, compras su comida, limpias la casa, limpias su
desastre. Y si te vas, va a perder todo eso.
Junto mis labios, inhalando y exhalando por la nariz cuando la verdad de sus
palabras perfora mi corazón.
—Lo sé —susurro—. Ya he pensado en todo eso. —Escucharlo decirlo hace que
mi corazón duela, hace que la brutal verdad sea real. Muy, muy dolorosamente, con
mucho pesar, apenas respirando de verdad—. Todavía tengo que decirle algo a ella.
Y no puedo mudarme hasta que encuentre un nuevo trabajo.
Me doy cuenta de mi resbalón un segundo demasiado tarde.
—¿Qué pasa con el que tienes en la biblioteca?
—Simplemente no paga muy bien.
Cada mentira que pronuncio me hace odiarme aún más.
Mi madre golpea la puerta con tanta violencia que retrocedo.
—Está bien, Willow. Es hora de abrir la puerta.
—Me tengo que ir —digo a Beck—. Te llamaré más tarde.
—Más te vale —dice con preocupación—. O si no, conduciré hasta allí y me
aseguraré de que estás bien.
Una parte de mí nunca quiere devolverle la llamada para que cumpla con su
amenaza. Pero eso no estaría bien. En cambio, estoy de acuerdo, y luego ambos nos
despedimos antes de colgar.
Dejo salir una exhalación gradual. Me preocupaba volver a hablar con él, pero
ahora que lo hice, me siento mejor. No fue tan incómodo como pensé que sería.
Esto podría funcionar.
Ojalá.
Luego, mi buen humor salpica contra el agrietado linóleo cuando abro la puerta.
—Te tomó mucho tiempo. —Sus ojos saltones están inyectados en sangre, su
ropa está manchada de tierra y su cabello grasiento está en un moño desordenado—
. ¿Tienes algo de dinero?
—Um, hola a ti también —digo, tropezando hacia atrás mientras me empuja
para pasar.
—Hola —se queja, dirigiéndose directamente a mi cómoda—. ¿Dónde guardas
el efectivo? No lo recuerdo.
La observo nerviosamente mientras abre el cajón superior.
—¿Qué efectivo?
—La reserva de dinero que mantienes escondido.
Tira el contenido del cajón al suelo, esparciendo mi ropa por todas partes.
—Sí, no tengo mucho una reserva de efectivo. —Cruzo la habitación y agarro su
mano cuando está a punto de sacar otro cajón—. Gasto casi cada centavo que gano
en las facturas y el pago de tus estúpidas deudas.
Ella sacude su brazo hacia atrás.
—¡Eso es una tontería! ¡Sé que tienes dinero extra! ¿De qué otra manera podrías
pagar todas esas cosas?
—¿Qué cosas? —pregunto con honesta confusión. No tengo mucho de nada.
—Tu auto, esos libros escolares que tienes. —Arrastra sus dedos por su cara tan
ásperamente que deja marcas rojas en su piel—. Mejor aún, ¿dónde está todo ese
dinero que estabas ahorrando para la matrícula? Déjame tener algo de eso.
—Ese dinero se ha ido —digo, molesta que tenga la audacia de pedirlo.
—¿Se ha ido a dónde?
Explora la habitación en pánico.
—Para pagar mi matrícula. Y como he estado yendo a la escuela por algunos
meses, debes saberlo.
—¿Tú vas a la escuela? ¿Desde cuándo?
Muerdo mi lengua y la miro fijamente, odiando que sea así, odiando que sea mi
madre, tal vez incluso odiándola, lo que solo hace que me odie a mí misma.
Sus ojos se posan en mí, y el pánico en su expresión se desvanece cuando se
acerca hacia mí.
—¿Sabes lo que no hemos hecho en mucho tiempo?
Su sonrisa se ve completamente equivocada.
—Todo —digo, incapaz de detenerme.
—Eso no es cierto. Hacemos cosas todo el tiempo.
Quiero señalar todas las razones por las que se equivoca, pero es probable que
esté drogada, lo que la convierte en una bomba de tiempo que podría destruir la poca
vida que me queda en un instante.
—Como esa vez que fuimos al parque.
Sus labios agrietados se tuercen en una sonrisa forzada.
—La última vez que fuimos al parque, yo tenía cinco años.
Y papá todavía estaba aquí.
—Oh, eso no es cierto. —Envuelve sus brazos a mí alrededor y comienza a
mecerme de un lado a otro como lo hacía cuando era niña—. Te amo. Lo sabes,
¿verdad?
Cuando era pequeña, amaba cuando decía esto. Ese sentimiento se desvaneció
en el momento en que cumplí doce años y me di cuenta de que solo decía esas
palabras cuando estaba en problemas y necesitaba mi ayuda para rescatarla de
cualquier problema en el que se hubiera metido.
—¿Dónde está tu nuevo esposo? —pregunto, preocupada de que pueda estar en
la casa en algún lugar.
Ella se inclina hacia atrás para mirarme a los ojos, teniendo dificultades para
concentrarse en un punto.
—¿Quién te dijo que me casé?
Me encojo de hombros.
—El dueño de un bar te escuchó hablar de eso.
—Oh. —Frunce el ceño—. Bueno, eso fue un error.
—¿Entonces no te casaste?
—No, lo hice. Pero no funcionó.
—Solo ha pasado, como, una semana.
Ese podría ser un nuevo récord para ella.
Desecha el comentario con un movimiento de su muñeca.
—La mayoría de los matrimonios en Las Vegas solo duran hasta que el alcohol
y las drogas desaparecen.
Noto sus ojos inyectados en sangre.
—Entonces, ¿por qué decidiste no quedarte casada con él?
—Porque él era aburrido, molesto y seguía mirando a otras mujeres. —Rechina
los dientes una y otra vez como si de alguna manera pudiera alejar el recuerdo de su
breve matrimonio—. Pero eso está bien. Tengo mejores cosas que hacer.
—¿En serio?
Lo dudo. Por lo general, cuando la botan, tiene un festival de gritos en el piso
del baño.
Asiente, su mandíbula aún apretada, sus ojos prácticamente saltando fuera de su
cabeza.
—Solo necesito otra dosis, y estaré bien. —Me mira, suplicando—. Pero no
puedo hacer eso a menos que tenga algo de dinero.
Me alejo de ella.
—No te voy a dar dinero para comprar drogas.
—¿Por qué no? —Se rasca el brazo repetidamente, dejando marcas de
arañazos—. Lo has hecho antes.
—Sin saberlo.
—Pero eso no lo hace diferente.
—Sí, lo hace. Me hace una facilitadora.
—¿Qué demonios significa eso? —La rabia en sus ojos me hace retroceder.
Cuando se da cuenta de mi nerviosismo, la ira se borra y me ofrece una sonrisa
plástica—. Vamos, Willow. Solo ayuda a tu madre. Te prometo que será la última
vez que te pida ayuda.
—N-no, no lo haré.
Me mantengo firme, cruzando mis brazos, negándome a retroceder.
Sus labios se contraen y sus dedos se enroscan en puños.
—Eres una mocosa tan ingrata que solo se preocupa por sí misma.
Sacudo mi cabeza, detestando las lágrimas que se acumulan en mis ojos.
—¿Sabes lo que estuve haciendo la semana pasada mientras estabas
desaparecida? He estado dando vueltas por el apartamento porque he estado
preocupada por ti.
—¿Por qué te preocuparías por mí? —Me mira como si fuera una idiota—.
Estaba pasando el mejor momento de mi vida.
—No sabía eso —digo furiosamente—. No me dijiste a dónde ibas.
—¿Cómo esto es mi culpa? No es como si tuviera un teléfono para poder
llamarte.
—Podrías haberte detenido antes de irte y al menos hacerme saber dónde estabas
—le digo—. Pero eso ni quisiera importa. El punto es, que nunca debería haber
estado aquí, porque ya no debería estar viviendo aquí. Este lugar es una mierda, los
vecinos son una mierda, y me tú me tratas como una mierda, sin embargo me quedo
aquí porque me preocupo que vengas a casa un día con demasiadas drogas o alcohol
en tu sistema, y nadie estará aquí para llevarte al hospital.
Pone los ojos en blanco.
—No moriría si a eso a es a lo que te refieres. Conozco mis límites.
—Lo dice cada drogadicto siempre.
Las palabras se resbalan de mi lengua sin pensarlo, sorprendiéndome tanto como
a ella.
—¡Cállate de una puta vez! —grita, luego gira alrededor y desliza su mano sobre
mi cómoda, enviando todos mis globos de nieve al suelo. El vidrio se rompe. Agua
derramándose por todos lados.
Roto. Todo está roto.
—¡Ves lo que me haces hacer! —grita mi mamá, con ojos desorbitados—. ¡Si
solo me hubieras dado el maldito dinero!
—¡Los rompiste todos! —susurro, lágrimas acumulándose en mi ojos—. Papá
me dio esos. Era la única cosa que tenía de él.
—¿Tú papá? —Su risa afilada hace que más lágrimas llenen mis ojos—. Noticias
de última hora, Willow. A tu padre no le importas, así que no sé por qué te importaría
cualquier cosa que te dio. ¡A nadie le importas! ¡Y entre más pronto aprendas eso,
mejor estarás!
Con eso, sale furiosa de la habitación, cerrando de golpe la puerta detrás de ella.
No la persigo. Me quedo congelada en el lugar, mirando fijamente los globos de
nieve rotos, los únicos artículos que me quedaban de mi padre.
A él no le importas.
A él no le importo.
A nadie le importas.
Tal vez debería alegrarme que estén rotos. Quizás nunca debería habérmelos
quedado para empezar. Ese pensamiento no lo hace más fácil cuando despego mis
pies del piso y me dirijo a buscar una bolsa de basura para limpiar el desastre.
Mi madre ya se ha ido cuando entro a la cocina, y si bien estoy asustada de dónde
podría estar y lo que podría estar haciendo, no la quiero aquí.
Cuando regreso a mi habitación, empiezo a levantar el vidrio roto. Con cada
pedazo que tiro, una lágrima cae de mi ojo. Cuando termino, estoy sollozando.
Me hundo en el suelo y abrazo mis piernas contra mi pecho, permitiéndome
llorar por un minuto o dos hasta que estoy a punto de enloquecer. Luego vuelvo a
cerrar las compuertas, atrapando el dolor y preocupación dentro.
A trompicones me pongo de pie para tomar mi teléfono, noto una solitaria esfera
de nieve detrás de la parte trasera de la cómoda. Me arrastro hacia allá para ver cuál
sobrevivió y no sé si sonreír o fruncir el ceño a la Torre Eiffel dentro de la esfera de
vidrio.
No sé lo que eso significa o si significa algo, pero levanto el globo de nieve que
Beck me dio y lo meto en la seguridad del cajón de mi cómoda. Luego, tomo mi
teléfono de mi cama para llamar a Wynter y hacer algo completamente fuera de lo
ordinario para mí: preguntarle si puedo mudarme con ella sin un nuevo trabajo en
línea, sin tener un plan. No quiero hacerlo. No quiero saltar a algo sin saber que
puedo manejar toda la situación. Pero quedarme aquí ya no es una opción. No
después de esto.
Marco su número, sentada en mi cama, conteniendo la respiración.
—Hola —responde Wynter el teléfono alegremente—. En realidad estaba a
punto de llamarte y ver si querías ir de compras conmigo. Necesito un vestido para
esta estúpida fiesta que mis padres tendrán.
—Me encantaría ir, pero tengo que trabajar —digo, mordiéndome la uña.
—Está bien, ¿qué pasa? Sé que algo pasa cuando dices cosas como que te
encantaría ir de compras conmigo.
—Necesito un favor.
Solo tres palabras, pero se necesita toda mi fuerza para que dejen mis labios.
—Por supuesto. —Suena sorprendida—. ¿Qué pasa?
—Necesito un lugar para vivir. —La vergüenza me estrangula—. Sé que dijiste
que Luna podría mudarse, y pensé que tal vez podría rentar su habitación por poco
tiempo.
No responde de inmediato, haciendo que mi ansiedad se dispare.
—Realmente desearía que hubieras llamado hace unos días. —Su tono transmite
remordimiento—. Acabo de arrendarle la habitación a alguien más. Incluso hice que
firmara un contrato.
Mi pecho se contrae, exprimiendo cada onza de oxígeno fuera de mí.
—Está bien. —Fuerzo un tono falso y tranquilo—. Estoy segura que encontraré
otro lugar para alquilar.
—¿Quieres que vaya a buscar apartamentos contigo? —pregunta—. Podemos
comenzar visitando los lugares alrededor del campus.
—Eso está bien —miento, sabiendo que todos esos lugares están llenos—. Creo
que simplemente iré después de clases mañana.
—¿Estás segura? En verdad no me molesta ir contigo.
—Todo bien.
Estoy bien. Bien. Bien. Bien. La palabra realmente está empezando a perder todo
significado.
—De acuerdo, entonces hazme saber si cambias de parecer. —Hace una pausa—
. Aunque, podría conocer a alguien que podría alquilarte una habitación a bajo
precio.
Un destello de esperanza brilla dentro del mar de desesperación en el que me
estoy ahogando.
—¿En serio? ¿Quién?
Vacila.
—Beck.
El destello de esperanza se convierte en un fino rastro de humo.
—Creo que primero veré los apartamentos y veré cómo sale eso.
Suspira.
—Está bien, pero solo para que lo sepas, dudo que hayan muchos para alquilar
durante la mitad del año. Sería un poco más fácil si simplemente te quedas con él.
Siempre podrías mudarte al final del año cuando haya espacios disponibles.
Quiero explicarle por qué no puedo vivir con Beck, pero temo que estaré
abriendo la caja de pandora.
—Lo pensaré.
—Bien. —Parece relajarse—. Déjame saber lo que decidas.
—Lo haré.
Nos despedimos y luego terminamos la llamada. Me acuesto en mi cama y me
acurruco en una bola, deseando que la vida fuera más fácil, simple y menos
complicada.
Deseando no sentirme como si estuviera ahogándome y a punto de ser forzada
a tomar mi última respiración.
CAPÍTULO 18
Beck
Estoy trabajando en la oficina de mi papá, acomodando archivos en su
computadora, intentando no preocuparme porque Willow no me ha llamado,
cuando mi teléfono suena.
Me inclino en la silla para sacarlo de mi bolsillo, esperando que la llamada pueda
ser de Willow ya que me dijo que me llamaría. Pero el nombre de Wynter destella en
la pantalla, y dudo, inseguro de que contestar. Sí, Wynter es mi amiga y todo, pero
ella puede ser realmente un dolor en el culo algunas veces, al menos para mí. Pero
ignorarla parece un movimiento algo idiota, así que presiono el botón para hablar y
lo coloco en mi oído.
—¿Qué? —contesto, balanceando el teléfono entre mi hombro y mi oído así
puedo continuar trabajando y no prolongar mi tiempo aquí.
—Vaya, forma de saludar a una amiga —contesta—. Dios, Beck, ¿qué fue lo que
hice para molestarte?
Presiono algunas teclas.
—¿Realmente quieres que conteste a esa pregunta?
—Probablemente no —contesta con un suspiro—. Oye, ¿has hablado con
Willow hoy?
—Sí, me llamó esta mañana. —Hago una pausa mientras me topo con un
archivo etiquetado como “Negocios Personales” es un archivo que mi papá
mencionó era uno con el que no debía involucrarme. Curioso, doy doble clic y abro
el contenido. Luego mi mandíbula cae. Mierda—. Se supone que me llamará más
tarde hoy. Sí no lo hace, voy a llamarla cuando salga de trabajar.
—Bueno, creo que deberías llamarla pronto.
La urgencia en su tono hace que me enderece en la silla.
Muevo mis manos fuera del teclado y me inclino hacia atrás en la silla.
—¿Qué sucedió?
—Realmente no estoy segura. Ella me llamó hace cerca de veinte minutos,
sonando molesta y preguntándome si podía rentarle la otra habitación. Cuando le
dije que acababa de alquilarla a alguien, se molestó incluso más, sin embargo estaba
intentando esconderlo. No sé por qué siempre quiere fingir que todo está bien cuando
no es así. Es por eso que termina teniendo crisis nerviosas.
—Sí, lo sé —murmuro, golpeando los dedos contra el escritorio—. Sin embargo,
¿ella no dijo por qué estaba molesta?
—No, pero me di cuenta de que no solo tenía que ver con no poder alquilarle
una habitación. Estaba molesta antes de eso.
—Deberías haberle dicho que podría dormir en tu sofá. Ella odia pedir ayuda, y
si te buscó... —Trago saliva—, algo debe haber sucedido.
—Mierda. Ni siquiera pensé en lo del sofá. Sin embargo, le dije que debería
mudarse contigo.
—Apuesto a que salió bien.
—Sí, no parecía demasiado emocionada al respecto. ¿Por qué es eso?
—No es asunto tuyo.
—Ja, si realmente crees eso, entonces no me conoces en absoluto.
—No, te conozco —digo agotado—. Pero tenía que intentarlo.
—Bueno, deja de intentar y confiesa. —Hace una pausa—. ¿Ustedes dos hicieron
algo de nuevo?
Espero un segundo demasiado para responder.
—¡Lo hiciste! —grita—. Oh, Dios mío, le dije a Willow que esto iba a suceder.
Que tarde o temprano ustedes dos follarían como locos.
—No follamos. Solo nos... besamos.
Y tocamos. Y molimos. Y jodidamente nos besamos de nuevo.
—Oh, Dios mío, suenas tan excitado en este momento —se queja—. Es muy
desagradable.
—¿Y qué? —Ni siquiera me molesto en tratar de negarlo—. Fue un puto beso
caliente.
—Demasiada información, Beck.
—Tú fuiste quien lo mencionó.
Deja salir una exhalación exasperada.
—¿Sabes qué? Creo que obtendré los detalles de Willow. Tus detalles vienen con
demasiados ruidos que preferiría no escuchar.
—¿Por qué necesitas detalles? Realmente no es asunto tuyo.
—¿Por qué haces eso? —chasquea—. ¿Por qué actúas como si fuera una mala
persona?
—No actúo como si fueras una mala persona —respondo—. Simplemente no sé
por qué necesitas saberlo todo. Además, si le preguntas a Willow sobre el beso, ella
se enojará más.
—¿Por qué? —pregunta—. ¿No le gustó?
—No..., creo que sí lo hizo. —Me paso los dedos por el cabello y me recuesto en
la silla—. Sabes sobre su regla de no tener citas, ¿verdad?
—Sí, lo mencionó una vez, pero no pensé que hablaba en serio.
—Bueno, lo hacía, y ahora que nos besamos... —Estoy a un paso de tocarme a
mí mismo mientras las imágenes de Willow y yo besándonos inundan mis
pensamientos—. Bueno, digamos que está intentando todo lo posible para asegurarse
de que no vuelva a suceder.
—¿Pero quieres que vuelva a suceder?
—Um, sí. Pensé que era bastante obvio con los ruidos que estaba haciendo.
—Dios, eres tan asqueroso —murmura—. De todos modos, nos estamos
saliendo del tema. Llamé para contarte que Willow estaba molesta porque sabía que
querías encargarte de ella.
—He estado tratando de hacerlo. —Me inclino hacia adelante y bajo mi cabeza
hacia mi mano—. Le ofrecí dejarla mudarse conmigo una y otra vez, pero es muy
terca. Entonces, si tienes alguna idea, por favor compártela conmigo. Realmente me
gustaría sacarla de esa mierda en la que vive ahora. Ese lugar es sospechoso como la
mierda.
—Solo has lo que siempre haces —contesta en un azucarado tono dulce—.
Pestañea tus ojos azul bebé para salirte con la tuya.
—Jodidamente yo no hago eso.
—Lo haces todo el maldito tiempo, y creo que lo sabes.
—Lo que sea. —Levanto mi cabeza de mi mano y me enderezo—. Voy a colgar
así puedo llamar a Willow.
—Déjame saber cómo va todo. Me preocupo por ella.
—También yo.
Más que nada.
Después de colgar, marco el número de Willow. La llamada va directamente al
buzón de voz, y segundos después, recibo un mensaje de texto.
Willow: Hola. Estoy en el trabajo, así que no puedo hablar. No salgo hasta tarde así que
¿puedo llamarte mañana?
Yo: De hecho, ¿podemos pasar el rato mañana? Realmente necesito hablar contigo.
Willow: Seguro. ¿Todo está bien? Sonabas un poco irritado en el teléfono.
Niego con la cabeza. Dejarla que se preocupe por mí cuando ella está enterrada
hasta la barbilla en estrés.
Yo: Estoy bien. Lo juro. Solo realmente quiero verte.
Entonces, como un pensamiento tardío, agrego: Te extraño.
No responde en ese momento, así que comienzo a preocuparme que la asuste.
Entonces mi teléfono vibra con un mensaje entrante.
Willow: También te extraño. Tengo clases mañana. Salgo a las dos si quieres pasar por
ahí. Tengo trabajo después. Tal vez podamos conseguir algo para comer o algo.
La inquietud en mi pecho se relaja ya que ella está cooperando. Por otra parte,
no sabe de qué quiero hablar.
Yo: Suena bien. Si también quieres llamarme cuando salgas del trabajo, puedes
hacerlo. De hecho, desearía que lo hicieras.
Willow: Si no es demasiado tarde.
Suspiro, sabiendo que aún no estará agradecida al menos saldrá conmigo
mañana.
Yo: Siempre puedes llamarme. Cuando. Donde quiera. En cualquier momento que lo
desees.
Termino los mensajes en ese momento, luego trato de dejar de lado mis
preocupaciones por Willow por el momento y conecto mi teléfono a la computadora.
Luego copio los archivos de la carpeta de negocios personales de mi padre, archivos
que estoy seguro de que prueban que ha cometido fraude fiscal. Todavía no estoy
seguro, pero conozco a una chica muy inteligente que podría ayudarme a
comprenderlos mejor. Y aunque no sé qué haré si descubro que la información es
verdadera, no está de más tener a mano algún material de chantaje en caso de que se
niegue a dejar de chantajearme para que trabaje para él.
Una vez que descargo todos los archivos, guardo mi teléfono y busco un trozo
de papel para resolver un problema que necesita solución desesperadamente:
Convencer a Willow de que se mude conmigo.
Si bien no creo que lograr que esté de acuerdo sea fácil, podría tener una idea
para ayudarla a ver por qué vivir conmigo es mejor que vivir con su madre. Una
forma de ayudarla a comprender. Una manera que ella entiende.
Presiono el bolígrafo sobre el papel y empiezo a escribir una lista.
CAPÍTULO 19
Willow
El trabajo es pérdida de tiempo. Van sigue recordándome que pronto estaré en
el escenario, incluso llegado tan lejos de discutir que ropa debería llevar. Para el
momento de marcharme, estoy exhausta, preocupada, asustada y me siento muy
sucia. Mi miedo solo se duplica cuando me percato del Mustang en el
estacionamiento. Gracias a Dios no estoy sola y tengo a Rowan, una de las
bailarinas, caminando junto a mí hasta el auto.
—Cuando empieces en el escenario, deberías tener mucho cuidado al salir —me
dice mientras fuma un cigarrillo. Ella está llevando una chaqueta de cuero sobre unos
shorts de lentejuelas y un top de bikini, la ropa que lleva en el escenario—. Muchos
tipos van a intentar pasar tiempo contigo, pero ellos necesitan pasar por Van para
hacerlo.
Casi paro en seco.
—¿Eso pasa aquí?
Expulsa el humo de sus labios mientras me lanza una mirada obvia.
—Um, sí. ¿Para qué pensabas que era la habitación de atrás?
—No lo sé. —Subo la cremallera mi chaqueta—. Pensaba que tal vez era el
almacén.
Se ríe, apagando su cigarrillo.
—Van tiene razón. Definitivamente vas a sacudir el escenario con toda esa
inocencia.
Le ofrezco una tensa sonrisa sin molestarme en mencionar que renunciaré antes
de que eso suceda. Solo desearía encontrar un maldito trabajo para ese momento.
—Bueno, gracias por acompañarme a mi auto.
—Sí, no hay problema.
Coloca el cigarrillo entre sus labios antes de girarse y marcharse caminando.
Me atrevo a echar una mirada al interior del Mustang mientras meto mi llave en
la puerta. Dane no está dentro, afortunadamente, pero mis nervios no disminuyen
mientras abro la puerta y subo.
En el segundo en el que mi trasero golpea el asiento bajo el seguro del auto.
Entonces meto la llave en el arranque del motor y…
Glug. Glug. Glug… El maldito motor no enciende.
Pongo mi palma contra el volante, entonces deslizo mi mano en el bolsillo de mi
chaqueta para coger mi teléfono, sin saber a quién llamar debido a que nadie sabe
que trabajo aquí. Bueno, excepto mi madre, pero no sería de ayuda aunque
consiguiese comunicarme con ella.
—¿Problemas con el auto?
El sonido de la voz de Dane envía una oleada de miedo a través de mis venas.
Tragando fuerte, fijo mi atención en mi teléfono.
—Estoy bien.
Abro mis mensajes de texto, desplazándome por mis contactos, pretendiendo
estar calmada cuando estoy a un golpe en la ventana que hay junto a mí de orinarme
en los pantalones. Mi corazón únicamente late con más fuerza cuando Dane intenta
abrir la puerta.
—Vamos; déjame entrar —dice, sacudiendo la manija de la puerta—. Arrancaré
el auto por ti. Y ni siquiera te cobraré en efectivo.
—Lárgate.
Toco el claxon y él se sobresalta.
Entonces se recupera rápidamente, presionando su frente en mi ventana.
—Toca el claxon todo lo que quieras, cariño. Nadie puede escucharte aquí. E
incluso si lo hicieran, no les importaría.
Él tiene razón. Bueno, en su mayoría excepto por Everette. A él le importó.
Pero no está aquí, ¿verdad?
Y el único otro chico en tu vida que es protector contigo se encuentra a cincuenta
kilómetros de distancia y no sabe nada sobre tu pequeño y sucio trabajo secreto.
No, tendrás que lidiar con esto por tu cuenta.
Alcanzo mi spray de pimienta, y empiezo a bajar mi ventana, preparada para
rociarle en la cara. Pero me paralizo cuando un Mercedes llega junto mi auto. El terror
se azota a través de mí mientras un hombre en sus cuarenta con una camisa con
botones y jeans baja y da un paso hacia la parte frontal de mi auto.
Dios mío, voy a morir esta noche, ya sea a manos de Dane o por las del hombre
que claramente me está acechando por razones que probablemente tiene que ver con
mi madre.
Tú no vas a morir. Solo arregla el problema. Llama a Beck porque es eso o dejar que Dane
o el tipo rico acaben contigo.
Mis dedos tiemblan mientras empiezo a marcar el número de Beck, lista para
aceptar las consecuencias de mis acciones y rezando para no perderlo. Pero me
detengo cuando el tipo mayor se dirige a Dane, le golpea con sus palmas contra su
pecho, y lo empuja al suelo.
—¿Qué demonios? —grita Dane, arrastrándose con sus pies.
El hombre pone su bota encima del pecho de Dane, manteniéndolo en el suelo.
—Si te atreves a acercarte a ella nuevamente, acabaré contigo. ¿Entendido?
Mi mandíbula casi golpea mis rodillas ¿Quién demonios es ese tipo duro?
—Que te jodan viejo —escupe Dane, luchando por levantarse—. Esto no es de
tu incumbencia.
Su cara se arruga de dolor cuando el hombre apoya más de su peso en el pecho
de Dane.
—No creo que realmente estés en condiciones de decidir eso. ¿Entiendes? —
pregunta el hombre arremangándose y revelando sus musculosos y tatuados brazos—
. Ahora, moveré mi pie. Tienes exactamente cinco segundos para levantarte, meterte
en tu auto, conducir fuera de aquí y nunca jamás volver.
Con eso, retrocede, quitando su pie del pecho de Dane.
Dane se levanta, cerrando sus manos en puños.
—Vas a lamentar haber hecho esto.
—Uno.
El hombre empieza a contar sonando un poco aburrido.
Dane escupe en el suelo, como si eso probara que es un tipo duro.
—Dos —continua el hombre, y Dane ensancha los ojos de brevemente—. Tres.
Dane se da la vuelta y corre a toda velocidad a su auto. El hombre continúa
contando mientras Dane enciende el motor. Llega a cinco cuando el Mustang sale
volando del estacionamiento, dejando una nube de polvo detrás. Una vez que las
luces traseras han desaparecido de la carretera el hombre se gira hacia mí.
—¿Estas bien? —pregunta cautelosamente.
—Um… Sí…
No sé qué decir. ¿Por qué ha hecho lo que ha hecho? Si él espera algún tipo de
pago…
Él debe leer mi vacilación porque dice:
—Solo quería ayudar. Eso es todo.
—Bien… Gracias. —Miro sus ojos, que lucen sorprendentemente familiares bajo
el brillo de la farola—. ¿Te conozco?
En vez de responder, camina hacia la parte delantera del auto.
—Levanta el capo, y veré si puedo averiguar por qué no arranca.
El hecho de que sepa sobre los problemas de mi auto me pone de nuevo al límite.
—No puedo pagarte —digo—, ni con dinero ni con cualquier otra cosa.
Sus ojos se agrandan, y entonces inmediatamente sacude la cabeza.
—No quiero nada.
—¿Entonces por qué estás haciendo esto?
—Para ayudarte.
No sé si debería confiar en él, pero las puertas están bloqueadas y el spray de
pimienta está en mi mano por si lo necesito.
—Bien.
Tiro de la palanca que levanta el capo.
Él gira el pestillo por debajo y levanta el capó, desapareciendo de mi vista.
Contengo la respiración mientras trabaja, tengo mi dedo sobre el número de
contacto de Beck, preparada para llamar si lo necesito. Pasan varios minutos antes
de que el hombre se asome sobre el capó.
—Gira la llave y mira si arranca —dice.
Giro la llave y respiro libremente de nuevo mientras que el motor vuelve a la
vida.
El hombre baja el capó y camina hacia la ventanilla del conductor ahora con sus
brazos cruzados manchados de grasa.
—Creo que realmente deberías pensar en comprar un auto nuevo. Lo he
arreglado temporalmente pero el motor está a punto de caerse a pedazos.
—Gracias por el consejo —digo, moviendo mi pie hacia el acelerador, ansiosa
por largarme de aquí—. Y gracias por arreglar mi coche temporalmente.
—No hay de qué. —Baja su cabeza para poner su mirada al nivel de la mía, y
otra vez, me sorprende una extraña sensación de familiaridad—. Realmente me
gustaría ayudarte a conseguir uno.
Demasiado para una acción de buen tipo.
—Ya te dije que no soy ese tipo de chica.
—¿Qué tipo de chica piensas que creo que eres? —pregunta, formándose una
arruga entre sus cejas.
—El tipo de chica que… —Mis mejillas se calientan y las palabras no salen de
mi boca. Señalo el club—. El tipo de chica que se puede comprar.
Conmoción pasa por sus ojos mientras se sacude hacia atrás.
—Eso no tiene nada que ver con esto.
—Debe haber algo que quieras —estallo—. De lo contrario no te ofrecerías a
ayudarme a comprar un auto.
Se acerca unos centímetros, metiendo sus manos en sus bolsillos.
—En realidad hay algo que quiero.
Sacudo la cabeza, preguntándome por qué aún sigo aquí.
—Por supuesto que lo hay.
—Tu tiempo —enfatiza—. Eso es todo.
Mi mano en el volante comienza a temblar mientras la furia arde bajo mi piel.
—Solo puedo adivinar lo que haríamos mientras pasamos tiempo juntos.
—¿Puedes parar de decir esa clase de mierdas? Esto no tiene que ver con eso.
Él luce horrorizado. No, más que eso. Luce totalmente enfermo, como si
estuviera a punto de vomitar sobre la gravilla.
No sé cómo hace clic o por qué. Todo lo que sé es que en un momento estoy
mirando a un extraño que ha salvado mi trasero de Dane, y al siguiente, estoy
mirando a mi padre. Solo que es quince años mayor del él que recuerdo.
—Willow, por favor solo escúchame —dice, probablemente viendo el
reconocimiento en mi cara.
Sacudo mi cabeza, poniendo el auto en marcha.
—Aléjate de mí —grito antes de salir del estacionamiento.
Conduzco como una loca de vuelta al apartamento, comprobando el revisor a
menudo para asegurarme de que no me sigue. Él no lo hace, y no sé lo que eso
significa. ¿Intentará hablar conmigo de nuevo o se marchará? No sé cuál respuesta
me asusta más. En el momento en el que me detengo delante del apartamento, mi
piel esta húmeda por un inminente ataque de pánico.
Estaciono el auto, salgo y entro a la casa. Voy directa a la habitación de mi madre
y empiezo a buscar en cajas y cajones, buscando algo—cualquier cosa—que pudiese
probar que ese hombre no es mi padre. Que él no acaba de intentar volver a mi vida
después de dejarme con una madre que no podía cuidar de sí misma, y mucho menos
de una niña.
Cuando era pequeña, pasé noches pensando en la idea de que posiblemente
había muerto y ese era el por qué nunca regresó. Dolía pensar que él estaba muerto,
pero dolía lo mismo pensar que tal vez ya no me quería.
Después de casi desordenar la habitación, encuentro lo que estoy buscando
escondido debajo del colchón. Mi madre dijo que tiró todas las cosas de mi padre,
pero yo sabía que estaba mintiendo. Y tenía razón.
Recojo las pocas fotos con la mano y me acuesto en el suelo mientras estudio al
hombre de pie junto mi madre y a mí. Los brazos tatuados. Los ojos familiares. El
hombre del estacionamiento.
Mi pecho palpita con una vieja y dolorosa herida. Pero me niego a llorar más
por mi padre, así que reprimo la tristeza y el insoportable dolor y los encierro con el
resto de problemas con los que no estoy lista para lidiar.
Sé que solo estoy ganando tiempo. Tarde o temprano todo esto va a alcanzarme.
CAPÍTULO 20
Willow
Mi mamá no vuelve a casa esa noche, y una parte de mí está contenta. No quiero
verla ni a ella ni a mi papá todavía. Honestamente, no estoy segura de querer volver
a ver a ninguno de ellos, aunque me siento culpable y enferma por pensar cosas tan
horribles.
Considero faltar a clase de química al día siguiente para evitar otro problema con
el que no estoy lista para lidiar, pero nunca he sido una para faltar a clase, así que
conduzco a la escuela, preocupada de que mi empleo actual sea el tema de jugosos
chismes. Aparentemente, Everette no es muy chismoso, sin embargo, algo que
descubro después de clase cuando me lo encuentro en el pasillo.
Literalmente.
—Oh, Dios mío, lo siento mucho —balbuceo una disculpa, tropezando detrás
de él, sintiéndome como una idiota por chocar contra él mientras miraba mi teléfono.
Estaba distraída, revisando mi correo electrónico para ver si alguno de los empleos
que solicité me respondió.
Un par de lugares me ofrecieron un puesto, pero no pagan mucho. Aun así,
podría salir aceptando dos si es necesario.
Everette me ofrece una sonrisa comprensiva.
—Está bien. Tampoco soy muy bueno enviando mensajes de texto mientras
camino.
—Aun así, debería saberlo después de chocar con las personas varias veces.
Le devuelvo la sonrisa, el nerviosismo burbujeando en mi estómago porque sabe
mi secreto.
—Estoy seguro de que todo el mundo lo hace. —Mira por el pasillo y luego se
inclina, agarrando el libro que tiene en la mano—. Me alegro de haberme encontrado
contigo. Quería asegurarme de que estabas bien.
—Sí, estoy bien —murmuro en voz baja, la ansiedad corriendo por mis venas.
—No quiero que te sientas incómoda, y te prometo que no volveré a mencionarlo
—dice en voz baja—. Pero saliste corriendo tan rápido... Me puso nervioso que tal
vez ese tipo te lastimo o algo.
—No es por eso que me escapé. —Ajusto la correa de mi bolso más alto en mi
hombro y miro alrededor del pasillo, en su mayor parte vacío—. Me sorprendió ver
a alguien conocido allí.
Asiente en comprensión.
—No le diré nada a nadie. Todos tenemos cosas que no queremos que otras
personas sepan, ¿verdad?
Asiento, sorprendida por su sinceridad.
—Gracias. Te lo agradezco mucho.
Sonriendo, abre la boca para decir algo, pero Beck se acerca.
—Hola. —Se detiene a mi lado, de pie tan cerca que nuestros hombros de tocan.
Su mirada rebota entre Everette y yo antes de aterrizar en Everette—. ¿Qué hay de
nuevo?
—No mucho. —Everette mete el libro en el bolsillo trasero de sus descoloridos
jeans—. ¿Volverás a jugar al fútbol este fin de semana?
—Estaba pensando en ello, pero necesito comprobar algunas cosas primero.
Beck se calla y se frota la nuca.
Everette levanta la frente como ¿ya?
—Supongo que te veré allí, entonces. —Me mira—. ¿Nos vemos en clase la
siguiente semana?
Asiento, y luego se dirige hacia el pasillo, sacando el teléfono de su bolsillo.
Giro nerviosa hacia Beck. No lo he visto desde que le di la lista. Honestamente,
no sabía cómo me iba a sentir al estar cerca de él de nuevo, si lo hubiera perdido.
Pero su cercanía parece calmar un poco desastre de mierda que tengo en el pecho.
Lo observo discretamente, mordiendo mi labio. Lleva una camisa gris de manga
larga, jeans y un gorro con unas cuantas hebras de cabello que sobresalen por debajo.
Mis ojos viajan a sus labios, y me encuentro tocando los míos, recordando nuestros
besos, lo suaves que son sus labios, lo maravilloso que se siente morderlos, cómo la
vida se sintió perfecta por un momento. Completa, absoluta y maravillosamente,
sonreír todo el tiempo, revoloteo en mi corazón, el perfecto hormigueo en mi piel.
Pero eso fue solo una ilusión, algo que recordé de ayer.
Rápidamente trato de forzar a salir las imágenes mentales del beso, y mis
sentidos se descontrolan por el olor de su deliciosa colonia, su abrumadora calidez y
mi deseo de volver a tocarlo.
Me clavo las uñas en las palmas de las manos. No te atrevas a hacerlo. Ya tienes
mucho de qué preocuparte.
Beck me mira, con signos de interrogación e incertidumbre inundando sus ojos.
Me pregunto si sacará la lista o si vamos a actuar como si nada hubiera pasado, como
hicimos después del último beso.
—¿Lo conoces? —pregunta Beck, asintiendo en la dirección en la que Everette
se alejó.
—Um, sí. Está en mi clase de química. —Así que no es lo que esperaba que dijera—.
Parece agradable.
Asiente, estudiándome intensamente.
—Lo es.
La extraña y dolorosa mirada en su rostro me hace sentir pérdida.
—¿Cómo lo conoces? ¿Del fútbol?
—Sí, juega en una de las otras ligas de la ciudad, y hemos charlado un par de
veces después de los partidos. —Se remanga las mangas de la camisa, mirando el
pasillo y luego hacia mí—. ¿De qué hablaban antes de que yo llegara?
Me encojo de hombros, odiándome a mí misma por estar a punto de mentirle
una vez más.
—Nada. Solo una tarea.
Se le forma una arruga en las cejas mientras me estudia de nuevo, como si tratara
de desentrañar mis pensamientos.
—Parecía que estaban teniendo una conversación muy intensa.
—La tarea era para un final, y ya sabes cómo me pongo con los finales.
La culpa me rompe el pecho, haciendo difícil que el aire entre en mis pulmones.
No puedo decirle a Beck la verdad. No sobre esto. Lo que puedo hacer es hablar con
él sobre mi padre. No hasta que estemos solos, en caso de que pierda el control.
Vuelve a mirar por el pasillo y luego vuelve a fijarse en mí.
—Tú no estás... ¿Hay algo entre ustedes dos?
—¡Qué! —grito, llamando la atención de las personas que pasan. Me acerco más
a él y bajo la voz—. ¿Por qué pensarías eso?
Se encoge de hombros, con la mandíbula apretada.
—Porque así es como se veía con lo cerca que estaban el uno del otro. Y tenías
esa mirada en tu rostro como si estuvieras relajada.
Inténtalo más como aliviada de que Everette no fuera a contarle a nadie mi
secreto.
Aun así, no quiero que Beck piense que estoy saliendo con alguien,
especialmente después de que hice tanto alboroto por el beso y que nunca
volviéramos a engancharnos.
—Te lo prometo, no estoy viendo a nadie, incluyendo a Everette —le digo, y la
tensión en su cuerpo se afloja—. Deberías saberlo, considerando... bueno, todo.
Mi mirada se magnetiza a sus labios de nuevo mientras las imágenes de nuestros
besos se elevan a través de mis pensamientos. Mi piel se calienta como el chocolate
derretido pegajoso, el chocolate que quiero comer... saborear... y… parpadeo.
Dios mío, ¿qué diablos me pasa? He perdido todo mi autocontrol.
Aterrorizada por mis pensamientos fuera de control, cambio de tema
apresuradamente.
—Así qué ¿qué has estado haciendo durante la última semana? Siento como si
no te hubiera visto en años.
Hace exactamente siete días, desde que te di la lista. ¿Pero quién está contando?
—Sí, lo sé. Quería salir, pero he estado ocupado.
—¿Con la escuela?
Sus hombros se desploman.
—Y trabajo.
—¿Desde cuándo estás ocupado con el trabajo? Pensé que ese era el punto de
tener tu propio negocio y hacer lo que haces: Tienes tu propio horario.
—No con ese trabajo.
Suena irritado, aunque no creo que sea hacia mí.
Meto el libro de texto que estoy sosteniendo en mi bolso.
—¿Tienes otro trabajo? ¿Desde cuándo? Oh, ¿fue por eso que estabas despierto
temprano cuando te llamé ayer?
Asiente y luego me pide que lo siga.
—Vamos. Te lo explicaré mientras caminamos. —Comienza a caminar por el
pasillo y luego se detiene—. Todavía vamos a salir, ¿verdad?
Asiento.
—Por supuesto. Estaba a punto de mandarte un mensaje cuando me encontré
con Everette.
Su labio se curva con molestia al mencionar a Everette, pero cuando se da cuenta
de que lo observo, fuerza una falsa sonrisa.
—¿Quieres ir al café de la esquina? Hay algo de lo que necesito hablarte además
de mi trabajo actual, y ese lugar es bastante tranquilo.
—Suena bien para mí. —Sonrío y me inquieto al pensar en todas las cosas de las
que podría querer hablarme—. No es nada malo, ¿verdad?
Me mira distraído.
—¿Qué?
—De lo que quieres hablar conmigo.
—No, en absoluto. Al menos, no lo creo.
—¿Puedes darme una pista para que no me preocupe? —pregunto mientras
empujamos las puertas y entramos en el calor de la luz del sol.
—¿Cuál sería la diversión en eso?
Se ríe con la mirada en mi rostro y luego me pone el brazo alrededor de los
hombros.
Me tenso por un microsegundo y considero retirarme. Entonces esa sensación de
seguridad toma el control, y me apoyo en él.
Dios, necesitaba esto más de lo que pensaba.
¿Necesitaba? La palabra envía pánico y conmoción a través de mi cuerpo.
Necesidad.
Necesidad.
Necesidad.
El comienzo de la caída de mi madre.
Empiezo a alejarme.
—Relájate. —Sus labios se convierten en una adorable sonrisa sesgada que me
convence de que me quede—. El café está a solo dos minutos.
—Dos minutos enteros —bromeo—. Creo que estás sobreestimando mi
paciencia.
—Normalmente eres bastante paciente.
—No cuando me dices que necesitas hablarme de algo.
—Es solo una idea que tuve —explica mientras caminamos por el césped bajo la
sombra de los árboles.
—¿Sobre qué?
—Sobre que te ayudé a mudarte de ese apartamento.
Reduzco la velocidad hasta detenerme.
—Beck, realmente aprecio tu ayuda, pero...
Pone un dedo sobre mis labios.
—No protestes hasta que me escuches, ¿de acuerdo? Solo dame eso.
Bueno, mierda. ¿Cómo puedo decir que no a eso, especialmente mientras
pestañea esos ojos azul bebé?
Asiento a regañadientes.
—Está bien, te escucharé. —Mis labios se mueven contra su dedo, y su mirada
revolotea hacia mi boca, su lengua se desliza hacia afuera para humedecer sus
labios—. Pero solo porque eres mi mejor amigo.
Mi objetivo es un tono ligero, pero sueno sin aliento.
El deseo arde en su expresión y mi corazón tartamudea por la mirada. Gracias a
Dios que me quita la atención de la boca antes de que me derrumbe en el suelo.
—Esa es la única razón, ¿eh? —se burla—. Entonces, ¿qué significa eso? ¿Que
nunca escuchas a nadie más?
—Normalmente no —bromeo con una voz fuera de tono que me hace
estremecer—. Supongo que deberías considerarte muy afortunado.
Empezamos a caminar de nuevo, entrando a la acera y dirigiéndonos a la
esquina.
—Oh, sí —me asegura, sonriendo de oreja a oreja—, especialmente ahora
mismo.
Mis cejas se hunden.
—¿Por qué ahora?
Me guiña el ojo.
—Estoy aquí contigo.
Pongo los ojos en blanco.
—Eso fue tan cursi.
Me empuja con el hombro.
—No finjas que no te gusta.
Vuelvo a poner los ojos en blanco, pero cuando me vuelve a sonreír y mi corazón
se agita, el miedo me atraviesa. No sé si mis nervios son por el beso o si todo el estrés
que me está afectando me ha convertido en una nerviosa. Pero no me gusta estar
nerviosa cerca de él, no cuando es la única persona que me calma.
—¿En qué estás pensando? —pregunta, de repente también parece preocupado.
—Tarea —miento. Dios, apesto.
La luz del sol se refleja en sus ojos mientras me evalúa.
—¿Estás segura? Pareces... nerviosa.
—Ya deberías saber que solo soy una persona nerviosa —le recuerdo cuando
saltamos de la acera para cruzar la calle.
—Sí, pero también sé que si alguien puede calmarte, soy yo. —Sonríe con
orgullo—. ¿Qué tengo que hacer?
Bésame de nuevo.
Tócame de nuevo.
Haz que vuelva a las estrellas.
¿Qué carajo me pasa?
—Dime de qué quieres hablarme —le contesto cuando llegamos a la entrada de
la pintoresca cafetería—. Y luego tengo algunas cosas de las que hablarte.
Su ceja se eleva al mirarme.
—¿En serio?
Asiento.
—Ayer pasaron muchas cosas. —Cuando sus labios se separan, pongo mi dedo
sobre sus labios como lo hizo conmigo—. Tú hablas primero, y luego lo haré yo.
Lentamente asiente con un desconcertado y pícaro brillo en sus ojos. Pronto
descubro de dónde proviene la mirada cuando quita mi dedo y luego se aleja, dejando
mi mandíbula colgando hasta las rodillas.
Cuando llega a la puerta, la abre y me hace un gesto para que entre primero,
inclinándose como un bicho raro.
—Mi señora.
Eso me tiene riendo.
Él sonríe.
—Sabía que eso te conquistaría.
Pongo mis ojos en blanco, ignorando la tórrida emoción canalizándose alrededor
dentro de mí.
—Eres algo raro.
Entró en la cafetería, oliendo el delicioso aroma del café y de los productos
horneados.
Él deja que la puerta se cierre detrás de nosotros.
—Como si tú no lo fueras.
Me pongo en la fila, mirando el menú en la marquesina.
—No, para nada. Soy lo opuesta a rara.
Él se mueve más cerca, y me pongo rígida, conflictuada, deseando, temiendo.
Deseo. Miedo.
—Primer año en mi fiesta de fin de año escolar —susurra en mi oído—. Pasaste
toda la noche fingiendo que eras un mago y lanzando hechizos mágicos a todos.
Me toma un momento escuchar sus palabras a través de la neblina en mi cerebro.
—Estaba borracha. —Mi voz sale ronca, y rápidamente me aclaro la garganta—
. Normalmente, no hago ese tipo de cosas.
—El comienzo del segundo año —dice—. Me hiciste disfrazarme con toda esa
mierda extraña de steampunk6 que coleccionas.
—Oye, no sé por qué eso me hace rara. —Una pizca de sonrisa surge en mis
labios—. Tú eres quien se disfrazó.
Me pellizca ligeramente la cadera, y mi cuerpo se sacude, mi espalda se arquea
hacia él y mi trasero roza sus caderas. La tensión se electrifica cuando ambos nos
congelamos. Beck comienza a respirar ruidosamente. O tal vez yo lo hago. Es
realmente difícil saber cuándo estamos tan cerca.
¿Qué demonios está pasando? Es como si esos besos rompieran mi capacidad de pensar con
claridad.
—¿Qué le sirvo? —pregunta la cajera, apagando el momento.
Salto hacia adelante, respirando para calmar mi loco corazón.
Maldición. Debería haber puesto una regla de no tocar en la lista. Pero realmente
no pensé que las cosas fueran tan malas entre nosotros. Nunca lo han sido antes. Por
otra parte, nunca he apretado las caderas contra Beck hasta que me desmoroné. Una
y otra y otra vez…
—Señorita. —La cajera me mira como si fuera el bicho raro que Beck acaba de
acusarme de ser—. ¿Va a ordenar algo?
Echo un vistazo desde el menú a ella.
—Um...
—Ella tomará un café con leche. —Beck camina a mi lado, una sonrisa fantasma
bailando en sus labios—. Y yo tomaré un moca capuchino. Y ambos ordenaremos
sándwiches de jamón y pavo.
Le sonrío agradecida, y él me guiña un ojo antes de volver a la cajera.
Ella le sonríe a Beck, retorciendo un mechón de su glamuroso cabello alrededor
de su dedo, con ojos de corderito.
—¿Quieres alguna galleta para acompañar? Son dos por un dólar.
Beck me mira, parece muy divertido.
—¿Qué piensas, princesa? ¿Quieres algo dulce para picar?
Lucho contra la abrumadora necesidad de mirar su boca nuevamente.
—Por supuesto.
Sus ojos brillan de alegría mientras mira de nuevo a la cajera.
6
Steampunk: Genero de fantasía y ciencia ficción cuyas obras se remontan a un mundo donde la
principal fuente de energía es el vapor, aunque también aparecen inventos tecnológicos ficticios o
elementos de ciencia ficción. Julio Verne y H.G. Wells son algunos de los precursores con obras como
la máquina del tiempo o La guerra de los mundos
—Tomaremos dos con chispas de chocolate.
La mirada de ella baila entre nosotros dos. Luego se desenreda el cabello de su
dedo y toma la orden.
—Serán diecinueve con cincuenta y siete.
Su tono ya no es tan amigable, y sonrío para mí, aunque no tengo derecho a
hacerlo.
Balanceo mi bolso para sacar mi billetera, pero Beck aparta mi mano.
—Yo invito —dice, recuperando su cartera de sus jeans.
—Estoy pagando lo mío —le digo con firmeza, deslizando mi mano en mi bolso.
—Por favor, déjame pagar por esto. Yo sugerí que tomáramos café, de todos
modos.
Abre su cartera y saca un billete de veinte.
—¿Y qué? Yo soy quien lo va a beber. —Saco mi billetera, tomo uno de diez
porque eso es todo lo que tengo y le entrego el billete—. Voy a pagar mis propias
bebidas y alimentos, o no voy a comer y beberlos.
Duda antes de tomar el dinero y meterlo en su cartera.
—La próxima vez, voy a pagar.
Omito el comentario.
—Y no intentes volver a meterlo en mi billete cuando crees que no estoy
mirando.
La sorpresa destella en sus ojos, pero rápidamente sacude la mirada.
—No tengo idea de lo que estás hablando.
—Sí lo haces.
—No lo hago.
—Beck, estás tan lleno de...
—Oh, mira, se desocupó una mesa.
Se apresura hacia una mesa cerca de la ventana y toma asiento.
Le doy mi nombre a la cajera, luego camino alrededor de las mesas y me hundo
en la silla frente a él.
Me quito la mochila del hombro, la pongo a mis pies y descanso los brazos sobre
la mesa.
—Bien, ¿para qué necesitas hablarme sobre mi situación de vivienda?
Mi tono es formal, casual, a pesar de mi loco corazón lunático.
Él se ríe, sus ojos arrugándose en las esquinas.
—A veces eres la persona más impaciente.
Estiro mi mano a través de la mesa para darle un golpecito a su mano, pero él
deja caer su otra mano sobre la mía, atrapándola en la mesa.
—Ahora eres mi prisionera. —Me sonríe perversamente—. Y nunca te permitiré
irte.
Mi corazón pulsa por el contacto, y no necesariamente de mal manera. Intento
zafar mi mano, pero él se rehúsa a dejarla ir.
—De ninguna forma —dice—. No te estoy dejando ir hasta que escuches mi idea
por completo.
—Me estás poniendo nerviosa… si tienes que atraparme aquí para decir lo que
sea que necesitas decir.
—Solo quiero decir todo mi discurso sin interrupciones. Eso es todo.
—¿Pero tienes miedo que trate de intentar huir?
—No realmente huir sino desaparecer cuando comience a decir cosas que
probablemente no quieras escuchar.
—No hago eso —digo, aplanando mi mano en la mesa.
—Lo hace algunas veces. —Corre su pulgar a través del dorso de mi mano, y me
estremezco—. Lo hiciste en el campo.
El enorme elefante usando un tutu y zapatillas de ballet aparece junto a nosotros
y comienza a girar mientras el silencio incómodo llena el aire. Una parte de mí quiere
mantener mis labios fusionados y nunca hablar de lo que pasó, dejar que el elefante
baile y gire entre nosotros por el resto de mi vida. La otra parte de mí sabe lo molesto
que sería eso. Y querer una distracción es lo que me llevó a emborracharme el viernes
pasado, lo que me llevó a besarme con Beck.
—Entonces, ¿cuál es tu idea que ayudará a mi situación de vivienda?
Obligo al elefante a alejarse.
Sus cejas se alzan, como si medio esperaba que no dijera nada en absoluto.
—Quiero que te mudes conmigo.
Tenía la sensación de que iba a decir eso.
—No creo que…
Extiende rápidamente su mano libre sobre la mesa y la coloca suavemente sobre
mi boca.
—Por favor, solo escucha todo mi discurso antes de decir que no, ¿de acuerdo?
No es tan malo como estás pensando. Al menos, no lo creo.
Asiento vacilantemente, pese a no querer hacerlo, pero tiene esa mirada de
súplica en su rostro.
Para reducir algo de la rigidez entre nosotros, hago una broma.
—Hombre, debes estar desesperado —Mis labios se mueven contra su palma
mientras hablo, y mariposas revolotean en mi estómago—, si tienes que clavar mi
mano a la mesa y amordazarme antes de que grite.
Retira su mano, sus labios amenazando con estirarse hacia arriba.
—Bueno, tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. —Pone su otra
mano sobre la mía—. Me estás convirtiendo en un hombre desesperado, Wills.
No sé qué decir a eso, así que no digo nada en absoluto. En el interior, mi
corazón reacciona con un espástico aleteo. Maldito pequeño bicho raro. Necesita
comenzar a actuar normal de nuevo.
Sus labios se tuercen ante mi silencio mientras acaricia el dorso de mi mano con
la punta de su dedo.
—Quiero que te mudes conmigo.
Toma toda mi fuerza de voluntad no cortarlo ahí mismo.
—Y sé que no quieres caridad de mí, eso no es lo que es esto. Lo prometo. De
hecho, estaba pensando que podrías pagar algún alquiler. De esa manera, te sentirás
más cómoda. —Aspira una respiración de preparación—. Además, sé que
probablemente estás pensando en la lista y que su existencia es una buena razón para
no mudarte conmigo, pero te prometo que solo mejorará la situación porque nos da
límites. Nos mantendrá en línea así quedamos como… solo amigos.
Traga pesadamente en la última parte.
—Me encanta la oferta. —Y una parte de mí realmente lo hace—. Pero no creo
que sea una buena idea con todo lo que está sucediendo. Y además, no hay forma de
que pueda permitirme pagar el alquiler de tu casa.
—Lo sé —dice—. Y es por eso que quiero que el alquiler sea lo que sea que tú
puedas pagar. No es como que necesite el dinero, así que ni siquiera importa. Solo te
estoy dejando pagar el alquiler porque sé que no lo considerarás a menos que lo haga.
—Sé que no necesitas el dinero, pero… —Estrujo mi mente por una excusa.
Estoy asustada. Asustada de mudarme. Asustada de mudarme con un chico al que
besé. Asustada de mudarme con un chico al que quiero besar—. Entonces, ¿por qué
querrías un compañero de piso? Quiero decir, usualmente las personas buscan
compañeros de piso para dividir el costo del alquiler.
—No quiero hacer esto porque quiero un compañero de piso —subraya—.
Quiero hacer esto para eliminar algo del estrés que tu madre ha puesto en ti desde
hace años. Y sé que quieres mudarte de ese apartamento. Incluso llamaste a Wynter
para ver si podías alquilarle una habitación.
Mi cabeza se inclina hacia un lado, mis cejas fruncidas.
—¿Wynter te llamó y te dijo eso?
—Por supuesto que lo hizo. Ella estaba preocupada por ti. Se preocupa por ti. —
Toma mi mano entre las suyas—. Dijo que sonabas molesta… ¿Pasó algo?
¿Se preocupa?
Preocupa.
Preocupa.
Preocupa.
Según mi madre, nadie se preocupa por mí.
Me encojo de hombros.
—Mi mamá vino a casa, pidiendo dinero para comprar drogas. Eso es todo. Ni
siquiera sé por qué me enojé. No es como si ella nunca hubiera hecho eso antes.
—Princesa… —Toma mi mano como si fuera la cosa más preciosa del mundo—
. No estuvo bien ninguna de las veces que lo hizo y creo que en el fondo lo sabes.
Mereces mucho más, incluso si no lo crees. —Traza círculos en el dorso de mi mano
con su pulgar, mirándome, como si esperara que dijera algo. Sé que si abro la boca,
podría desmoronarme—. Déjame ayudarte, por favor. Quiero… quiero cuidarte.
—No necesito que nadie me cuide. Estoy bien.
Me ahogo con la mentira. La verdad es que quiero aceptar su oferta porque estoy
aterrorizada de no conseguir un trabajo lo suficientemente bueno, de no poder pagar
el alquiler, de vivir mi vida siempre preocupándome de si mi madre está muerta. De
convertirme en la mujer que estaba frente a mí en mi habitación, rogando por dinero
y destruyendo las esferas de nieve que mi papá me dio solo porque no se lo daría. La
mujer que le dijo a su propia hija que no le importa a nadie.
Tomo una respiración y otra, tratando de mantener la calma. He estado
cargando con el estrés y la ansiedad durante semanas ahora, y siento que estoy parada
en un acantilado, a punto de caer.
Él traza los pliegues de mis dedos.
—No estás bien. Te conozco. Te conozco lo suficiente para saber que estás
preocupada por tu madre. Justo como sé que esas bolsas bajo tus ojos son porque no
dormiste anoche, probablemente porque estabas preocupada por tu madre, las
facturas y Dios sabe qué más. Puedo ayudarte si me lo permites. —Su voz se
suaviza—. Solo di que sí, múdate conmigo y déjame eliminar algo del estrés de tu
vida.
Él ofrece demasiado.
Quiero eso demasiado.
—Ya te has ocupado de mi lamentable trasero demasiadas veces.
Froto mi mano libre sobre mi frente, sintiendo un dolor de cabeza acercándose.
Desearía poder explicarle completamente por qué no puedo aceptar su ayuda.
Explicar que odio depender de las personas. Necesito cuidar de mí misma. Odio
confiar en las personas cuando generalmente rompen esa confianza, como mi
estúpido padre que piensa que puede irse y luego volver y pensar que todo va a estar
bien. Como mi madre que me destroza cuando no hago lo que ella quiere. Quiero
explicar cómo tengo miedo todo el maldito tiempo de fracasar, de convertirme en mi
madre, de ser una persona terrible, de conseguir la perfección para luego perderla, de
perder a Beck, de romper mi corazón. Y no solo romperlo, sino que él lo rompa…
¿Qué demonios? ¿Cuándo cambió eso? ¿Cuándo dejé de preocuparme porque
me rompieran el corazón en general para solo preocuparme porque Beck rompiera
mi corazón en pedazos?
La sangre ruge en mis tímpanos mientras todos mis miedos y preocupaciones se
derraman sobre mí simultáneamente. El pánico estrangula mi garganta. Estoy a
punto de caerme de ese acantilado. Una caída que creo que había venido
avecinándose desde hace meses.
—Tranquilízate y respira hondo, Wills. Todo está bien. —Aprieta mi mano—.
Voy a soltar tu mano. Necesito sacar algo de mi bolsillo.
Obedezco, inhalando y exhalando mientras él busca en su bolsillo. Espero que
saque su teléfono, así que cuando coloca un pedazo de papel doblado sobre la mesa,
la confusión atraviesa mi tormenta de ansiedad.
—¿Qué es eso? —pregunto mientras desliza el papel sobre la mesa hacia mí—.
¿Es esa la lista que te di?
Niega con la cabeza, sus ojos fijos en mí.
—Sin embargo, es una lista de todas las razones por las que deberías mudarte
conmigo.
Cuando no levanto el papel, toma mi mano y lo pone en mi palma.
—Sabía que solo hablándote de ello probablemente no funcionaría —dice—.
Necesitas tener algo que realmente puedas mirar y pensar sobre ello.
Envuelvo mis dedos alrededor del papel mientras lágrimas amenazan con caer
de mis ojos. ¿Cómo puede conocerme tan bien? ¿Cómo puede verme?
¿Qué más puede ver?
Sostengo el papel, demasiado asustada para ver la lista, asustada de lo que hay
ahí, de qué no está. Asustada de querer lo que está ahí.
—Beck, realmente me encanta que quieras ayudarme, lo hago —digo,
intentando respirar y pesar correctamente—. Y cuidarme durante todos estos años
cuando no tenías que… No hay siquiera palabras para expresar cuán agradecida
estoy. Eres mi héroe. En serio, no sé dónde estaría sin ti… si siquiera estaría viva. Lo
cual podría sonar dramático, pero no estoy bromeando. Ha habido muchas veces
cuando me has recogido y salvado de dormir en el auto y ser acosada por traficantes
de drogas. O esa vez mi madre me dejó en la esquina de una calle cerca de una casa
de crack porque quería que yo fuera a comprarle drogas, y cuando no lo hice, se enojó
y me echó del auto. Viniste y me recogiste, y estaba tan asustada porque había
personas que intentaban convencerme de que entrara a sus casas... Y realmente pensé
que me iban a matar... —Me callo cuando las lágrimas comienzan a caer—. Pero ya
no tienes que cuidarme. Confía en mí, si supieras toda la historia, dejarías de
esforzarte tanto.
—Estás equivocada. —Me agarra la mano cuando sacudo la cabeza y empiezo
a alejarme—. Tal vez deberías contarme toda la historia y dejarme ser el juez de eso.
No puedo decirle.
No lo haré.
No me arriesgaré a perderlo.
No puedo soportar dejar que me mire de otra manera.
Quiero que siempre me mire como me está mirando a mí ahora.
Con compasión.
Y necesidad.
Deseo.
Y algo más que me da miedo de muerte, algo que estoy bastante segura podría
romper la regla número tres en la lista.
Pero, cuando mis labios se separan, todo se derrama, desagradables y feas
palabras que resumen las malas decisiones que he tomado en los últimos meses. Mi
trabajo. Las mentiras que le dije. Cuánto me odio a mí misma. Mi papá apareciendo.
Cuánto creo que podría odiarlo a él y a mi madre. Que todo lo que soy es lo que más
odio. ¿Y cómo él no puede querer algo tan feo y desordenado?
Cuando termino, solo hay silencio. Nadie se mueve. Respira. Incluso cuando mi
nombre es llamado para recibir nuestro pedido, ninguno de los dos se mueve ni dice
nada.
Realmente, ¿hay algo más que decir?
—No puedo respirar —susurro, mirando a la mesa, incapaz de mirarlo.
Quiero recuperarlo todo, pero no puedo.
Se me parte el pecho mientras el silencio continúa.
La presión se acumula dentro de mí.
Retenlo, Willow. No pierdas tu mierda.
—Wills, ni siquiera me di cuenta de que…
Es interrumpido por las patas de la silla raspando el suelo mientras me pongo de
pie.
Huyo de él como la cobarde y corro al baño, encerrándome en un cubículo.
Luego me deslizo en el suelo, apretando la lista de Beck mientras sollozo
desconsoladamente. Justo. Como. Mi. Mamá.
No sé cuánto tiempo lloro, pero para el momento en que mis lágrimas cesan, mis
ojos están hinchados y mi pecho duele. Pienso en ponerme de pie, pero moverme
significa enfrentar a Beck, no creo que todavía esté lista. Eso es, si él siquiera sigue
allí afuera.
¿Importa? Tendrás que dejar por ti misma el piso del baño eventualmente.
Tragando la vergüenza y la agonía, me estiro para tomar unos pañuelos
desechables, pero entonces noto la lista apretada en mi mano. Desenvuelvo mis
dedos de esta. ¿Me atrevo a leerla? ¿Puedo manejar lo que está en ella?
¿Sigue importando?
Sabiendo que probablemente Beck nunca volverá a hablarme. Tomo una
respiración profunda y comienzo a leer.
Todas las razones por que deberías mudarte conmigo:
Porque hará tu vida un poquito más fácil.
Porque eliminará algo de tu estrés.
Porque no tendrás que preocuparte por intentar dormir a través de ruidosas y desagradables
fiestas. De hecho, tú siempre tendrás la palabra final si alguna vez tenemos una fiesta.
Mi casa está más cerca de la escuela, lo cual significa que no tendrás que manejar mucho
en ese pedazo de mierda.
Porque me encanta tenerte alrededor.
Porque podemos tener guerra de almohadas a las dos de la mañana.
Y no te olvides de esas charlas de media noche que siempre tenemos. Solo, que en lugar de
tenerlas por teléfono, podemos acostarnos en la cama y platicar.
Porque seré el más impresionante compañero de casa de la vida.
Porque, mientras piensas que no mereces que alguien se preocupe por ti, lo mereces.
Porque te hice una promesa cuando éramos más jóvenes, y asegurarme de mantener esa
promesa es absolutamente lo más importante para mí.
Porque casa noche que estás en ese apartamento, me acuesto en la cama, preocupado por
ti.
Porque tu mamá no merece tenerte cerca.
Porque no deberías estar pagándole la renta a tu mamá cuando te trata tan mal.
Porque quieres vivir conmigo más de lo que creo te das cuenta.
Porque eres mi mejor amiga, y me preocupo por ti más que nada en el mundo.
Tengo más, pero me detendré por ahora. Si eres tan terca sobre esto, haré una lista lo
suficientemente larga que te tomará por siempre leerla, y luego estarás atascada conmigo hasta
que la termines.
Preocupar.
Preocupar.
Preocupar.
¿Él se preocupa más por mí que nada en el mundo?
Para el momento en que llego al final, no sé si llorar o reír.
—Quiero tomar de vuelta todo —susurro a través de lágrimas—. No solo las
mentiras, sino las decisiones.
Esa es la cosa. No puedo devolver las cosas, no importa cuánto quiera.
No sé cuánto tiempo me quedo en el cubículo, dejando que las lágrimas se
escapen de mis ojos, pero finalmente, logro arrastrar mi trasero del sucio piso de
baldosas.
Quitando el seguro de la puerta, abro el cubículo, salgo y de inmediato me
paralizo, parpadeo y parpadeo y parpadeo otra vez, preguntándome si el estrés
finalmente me hizo alucinar. No importa cuántas veces parpadee, Beck permanece
apoyado contra la puerta del baño con mi bolsa en la mano y una mirada en su cara
como si estuviera a punto de acercarse a un gato asustadizo.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Me froto los ojos, tratando de limpiar todas las
lágrimas—. Este es el baño de chicas.
—¿En serio? —se burla de ser sorprendido—. Menos mal que me dijiste. Estaba
a punto de orinar en uno de los lavamanos.
Sonrío, pero el movimiento duele.
—Eres un pequeño desobediente de reglas.
—Lo sé.
Su intensa mirada me hace retroceder.
Doy otro paso hacia atrás cuando él se acerca a mí, solo se detiene para evitar
chocar contra la pared.
—No te preocupes; No voy a romper tus reglas —dice, deteniéndose frente a mí.
Romper las reglas fue en realidad el último pensamiento en mi mente.
Trago saliva, rogando a mi voz que salga semi-normal.
—¿Por qué estás aquí?
—Para asegurarme de que estás bien.
Su mirada me atraviesa antes de descansar sobre mis ojos.
No puedo leerlo en absoluto, así que espero que diga algo. Todo lo que hace es
tomar mi mano, lleva la palma de mi mano a sus labios y coloca un suave beso en
mi piel.
—Déjame ayudarte, por favor —susurra—. No puedo soportar verte así... con
tanto dolor.
Me ahogo con la siguiente respiración mientras las lágrimas inundan mis ojos.
—¿Cómo puedes siquiera querer... después de lo que te dije?
Él coloca otro beso en mi palma.
—Nada de lo que dijiste cambió lo que siento por ti. En todo caso, me hace aún
más decidido a que te mudes conmigo y te alejes de esa mierda.
—Nadie me obligó a hacerlo, Beck —le digo, estremeciéndome por otro beso—
. Elegí trabajar en ese lugar porque el dinero era bueno, y estaba cansada de trabajar
en tres trabajos y apenas podía pagar las cuentas. Escogí mentir sobre eso porque era
demasiado cobarde para enfrentar mis malas decisiones.
—Todos tomamos malas decisiones. Me conoces lo suficiente como para saber
cuántas veces la he cagado.
—Solo porque tu padre cree que la cagas, no significa que realmente lo haces.
—Eso es completamente falso. Y solo tú lo ves así porque eres una buena persona
que solo quiere ver lo bueno en mí.
—No soy una buena persona.
Me ahogo.
—Sí, lo eres.
Él toca sus labios en mi palma de nuevo.
—No. No, lo soy.
Estoy perdiendo la batalla, mi voluntad, mi todo.
Otro beso. Luego otro.
—Debes dejar de pensar tan mal de ti misma y empezar a verte por lo que eres:
una chica amable, cariñosa, hermosa y fuerte que ha sobrevivido a la mano de mierda
que recibió y salió ganando. Quien se graduó, entró a la universidad y pagó por su
cuenta. Quién cuidó de su madre cuando era demasiado joven para hacerlo. A quién
le importan tanto otras personas para permitirse dividirse para preocuparse por ellas.
Solo deseo que dejes que otras personas se preocupen por ti... permíteme cuidar de
ti.
Preocupar.
Preocupar.
Preocupar.
Él se preocupa por mí.
Mi mamá estaba equivocada.
Tal vez ella estaba equivocada sobre todo. Tal vez no todos los chicos
abandonan.
Beck no ha renunciado, y me vio en mi peor momento. Y no me rompí cuando
pensé que se había ido. Me levanté del suelo del baño.
Quiero besarlo tanto que apenas puedo respirar. La única forma en que puedo
pensar para devolver el aire a mis pulmones es sellar mis labios a los suyos.
Así que lo hago.
Sus labios se separan en sorpresa, y casi me retiro, temiendo que ya no quiera
esto después de lo que le dije. Luego sus brazos se cierran alrededor de mi cintura, y
me presiona tan cerca que no queda espacio para respirar. El aire ya no parece tan
importante. Simplemente besándolo. Tocándolo. Sentirse a salvo.
Él siempre me hace sentir tan segura.
Las lágrimas me queman los ojos cuando me doy cuenta de por qué podría ser
eso.
Abrumada, me alejo lo suficiente para tomar aire. Beck apoya su frente contra la
mía, su respiración errática acaricia mis mejillas.
—¿Estás bien? —susurra, agarrando mi cintura.
Niego con la cabeza y luego asiento, tan insegura de todo.
—Realmente no sé...
Mete mi cabeza debajo de su barbilla y me levanta en sus brazos.
—Todo va a estar bien. Nosotros superaremos esto.
La parte de “nosotros” rompe algo dentro de mí, porque me hace darme cuenta
de que ya no estoy sola en esto, que estoy eligiendo no estarlo. Me aferro a él,
aferrándome si se me fuera la vida. Y él hace lo mismo, tal vez incluso aferrándose
más fuerte.
CAPÍTULO 21
Beck
No esperaba que hoy se viniera abajo como lo hizo. Claro, sabía que Willow
tenía secretos, pero la carga que llevaba era más pesada de lo que pensaba. Cómo se
las arregló para cargar toda esa mierda con ella es alucinante. Lo que es aún más
sorprendente es cuánto se culpa a sí misma. Ver el dolor conectado a ella casi me
rompe el corazón por la mitad.
Mientras me agarra como si fuera su salvavidas con sus piernas y los brazos
envueltos a mí alrededor, me aferro a ella con todo lo que tengo en mí, temeroso de
volver a bajarla. Sin embargo, cuando una mujer entra el baño y comienza a tener
un problema sobre mí estando allí, sé que es hora de irse.
Eso no significa que esté dejando que Willow vaya a ninguna parte.
—¿Volverás a mi casa conmigo? —le susurro al oído.
Ella mueve su cabeza de arriba abajo.
—B-bien.
La mujer me dispara una desagradable mirada al pasar junto a ella, dirigiéndome
a la puerta con Willow en mis brazos.
—Tienes suerte de que no traiga al gerente —dice con desprecio con las manos
en las caderas—. Es tan irrespetuoso de ti estar aquí.
—Oh, no, no al gerente.
Deslizó mi brazo debajo del trasero de Willow y la sostengo contra mí mientras
maniobro la puerta abierta.
—Pequeño vándalo —espeta la mujer—. ¿Cuál es tu nombre para que pueda ir
a reportarte?
—Es vayase-a-la-mierda-y-déje-solo. Estoy tratando de ayudar a una amiga —
replico antes de salir y dejar que la puerta se cierre.
Willow se ríe con la cara presionada contra mi hombro.
—Eso fue un poco grosero.
—No, lo que fue grosero fue que ella hizo un gran alboroto cuando estaba claro
que estaba allí ayudando a una amiga que lo está pasando muy mal.
Paso por delante de las mesas, sin tener en cuenta las miradas que recibimos.
—Sí, supongo que podrías tener razón. —Levanta la cabeza, sus músculos
tensándose—. Tal vez deberías bajarme. Las personas están mirando.
—Bueno, las personas tienen que ocuparse de sus propios asuntos —digo lo
suficientemente fuerte como para que todo el mundo escuche, luego sonrío cuando
algunos de ellos miran hacia otro lado.
Willow apoya su cabeza sobre mi hombro con el rostro hacia mi cuello.
—Sabes, siempre digo que eres mi héroe, pero realmente te sientes como uno en
este momento... sacándome de aquí así. Eso parece muy heroico.
—Eso es porque en secreto soy un héroe. Un superhéroe, en realidad.
Al llegar a las puertas delanteras, me doy la vuelta y camino hacia atrás.
Cuando salgo, me dirijo al paso de peatonal. Ninguno de nosotros habla, solo
nos aferramos el uno al otro mientras cruzo el camino y avanzamos a través de la
hierba hacia el estacionamiento. Cuando llego a mi auto, abro la puerta del pasajero
con una mano y luego la pongo en el asiento y coloco su bolsa en su regazo.
Manteniendo mis ojos en ella, cierro la puerta y luego me apresuro hacia el otro lado.
Una vez dentro y el motor encendido, retrocedo fuera del espacio del
estacionamiento y me dirijo a la carretera. Cuanto más conducimos en silencio, más
quiero decir algo. Pero no estoy seguro de qué decir, y honestamente, quiero que ella
hable primero para saber que está lista para hablar.
—Rompió mis globos de nieve —dice así que salto bruscamente.
Agarrando el volante, permito que mi corazón se asiente antes de hablar.
—¿Quién lo hizo?
Aparta la cabeza de la ventana, con los ojos vidriosos con lágrimas.
—Mi mamá. Cuando me pidió dinero ayer, los rompió... todos excepto el que
me diste, que fue completamente por accidente, pero todavía estuve tan contenta. —
Pone los ojos en blanco y suspira—. No sé por qué acabo de decir eso. De todas las
cosas que podría haber dicho, esa es mi línea de apertura.
—Me alegro de que me lo dijiste. —Extiendo la mano y enlazo nuestros dedos,
esperando que no se aleje—. Lo que no me gusta es que ella los rompió. Sé lo mucho
que significaban para ti.
Mira nuestros dedos entrelazados.
—Solo significaban algo para mí porque mi padre se había ido y pensé que nunca
lo volvería a ver. Ahora que lo tengo... Me alegro de que se rompieron. —Se limpia
los ojos con la parte posterior de la mano, sorbiendo antes de levantar la mirada a la
mía—. ¿Qué tan mala persona me hace que quiero olvidar que mi padre existe?
Niego con la cabeza.
—No te convierte en una mala persona en absoluto. Quiero olvidar que mi padre
existe, y ni siquiera me abandonó.
Inclina el cuerpo hacia la consola.
—Sí, pero te trata tan mal. Ni siquiera merece estar en tu vida.
—Y tu padre tampoco si no lo quieres —le digo, deslizando mi pulgar a lo largo
de la parte posterior de su mano—. Te ganaste el derecho de odiarlo al segundo en
que te abandonó. No le debes nada, igual que no le debes nada a tu madre. La única
persona a la que le debes algo es a ti misma.
—No estoy de acuerdo contigo —murmura—. No he hecho nada para merecer
algo.
Creo que se está refiriendo a ese trabajo otra vez. Cuando me lo dijo, quería
seguirle el rastro a su madre y gritarle por ser una madre de mierda y hacer que
Willow pensara que necesitaba hacer cualquier cosa para cuidarla, cosas que están
causando su auto-tormento. Y su padre no es mejor. Nunca debió dejarla para
empezar. Aunque, después de decirme sobre la persona siniestra que él ahuyento
anoche, me alegro de que decidiera volver a la vida de Willow. Pero mierda, el hecho
de que ella incluso estaba en esa situación me hace querer encerrarla y mantenerla a
salvo para siempre, incluso si eso me hace sonar como un imbécil controlador.
—¿Puedo preguntarte algo?
Me acerco con cautela.
—Sí... —Duda y luego asiente—. Adelante. Te debo tanto.
—No me debes nada. Quiero asegurarme de que no planeas volver a ese lugar.
La humillación brota de sus ojos.
—¿Te refieres al club?
Asiento, rozando mi dedo a lo largo de la parte posterior de su mano otra vez.
—Después de lo que me dijiste... con lo que pasó con ese tipo... y luego con tu
jefe queriendo que… —Respiro—. Solo quiero asegurarme de que no planees volver
ahí.
Sus dedos se tensan alrededor de los míos.
—Jamás planeé hacer eso... me refiero a, toda... —Sus mejillas se vuelven de
color rojo brillante—, la cosa de desnudarse. Apenas soporto estar cerca del
escenario, y mucho menos arriba.
—Así que, ¿no vas a volver?
—No... Pero tengo que volver para recibir mi último sueldo. —Sus hombros se
desploman—. Dios, estoy recogiendo mi último sueldo, y ni siquiera tengo un trabajo
en fila todavía.
Mis labios se separan.
—Está bien. Puedo…
—No, no puedes —dice ella.
Maldita sea, ella es tan terca.
—No sé por qué no puedes simplemente aceptar mi ayuda. Quiero decir, sé por
qué desde que te entiendo. Pero realmente deseo que te mudes conmigo y me dejes
ayudarte como quiero.
Ella mira nuestros dedos entrelazados de nuevo. Después de un momento o dos,
una sonrisa tira de las comisuras de sus labios. Rápidamente mira hacia otro lado
antes de que pueda entender qué la hizo sonreír.
—¿Lo decías en serio? —pregunta en voz baja.
Disminuyo la velocidad del auto para girar en mi vecindario.
—¿A qué te refieres?
—Todas esas cosas en la lista —dice, dándome una mirada tentativa.
Atrapo su mirada.
—Por supuesto que lo dije en serio. Cada maldita palabra. —Sus labios
comienzan a volverse hacia arriba nuevamente, así que sigo adelante, queriendo una
sonrisa completa—. Especialmente la parte de la pelea de almohadas. Esa fue en
realidad la parte más importante de la lista, así que asegúrate de recordarlo cuando
toque a su puerta a las dos de la mañana.
Su risa estalla, y el muro de tensión a nuestro alrededor se desmorona en polvo.
—Está bien, lo tendré en cuenta —dice—. Pero tal vez deberíamos hacer las
peleas de almohadas a las diez en punto. Realmente me gustaría comenzar a
acostarme a una hora decente.
Todavía no quiero sonreír, pero joder, se necesita mucha fuerza de voluntad para
contenerlo.
—¿Estás diciendo que vivirás conmigo? —le pregunto mientras entro en el
camino de entrada de mi casa de dos pisos.
Su pecho sube y se estrella mientras respira profusamente.
—Lo haré, al menos hasta que pueda encontrar otro lugar para vivir. Pero te voy
a pagar. —Cuando abro la boca para protestar, ella agrega—: Tengo que pagarte,
Beck. Así es como soy, y me sentiría mal si no lo hiciera.
—Entonces voy a hacer que sea a un precio bajo.
—Que sea razonable.
Me estaciono frente a la cochera y apago el motor.
—Razonable con un descuento.
—Beck…
Coloco mi dedo contra sus labios.
—Silencio. Solo déjame hacer esto. Me hará feliz y estarás menos estresada por
tus finanzas.
Permanece callada por lo que parece una eternidad antes de asentir a
regañadientes.
—Está bien, te dejaré ganar esto.
Siento que finalmente estoy llegando a alguna parte.
Entonces la preocupación pasa por su rostro.
—Creo que necesitamos hablar sobre lo que sucedió en el baño.
—¿Quieres decir cuando te abracé?
Me hago el tonto. Pero eso es pretender que no sé de qué está hablando o verla
sacar un trozo de papel para agregar más reglas.
Y no quiero más reglas. No quiero reglas. Nada entre ella y yo. Nunca.
—No el abrazo... el beso... —Sus ojos descienden a mis labios y luego a su
regazo—. Ya no puedo hacer esto —murmura—. Dios, ¿cómo se hizo tan
complicada nuestra amistad?
—No tiene que ser complicada —digo, sabiendo que estoy pisando hielo
delgado. Pero ya no quiero luchar contra mis sentimientos. Y con cuánto nos hemos
estado besando últimamente, sé que tiene que sentir algo más que amistad—. Si
simplemente dejaras de luchar contra lo que realmente quieres y te permitas tener lo
que quieres.
Mete un mechón de cabello detrás de la oreja y me mira.
—Ese es el problema. Mi madre quería algo todo el tiempo, y lo buscaba en el
cantinero o en el vecino de al lado. Incluso mi maestro una vez.
—¿De verdad? ¿Cuál?
—El señor Deliebufey.
No sé qué tipo de cara pongo, pero hace que se ría.
Ella se cubre la boca con la mano.
—Realmente no debería reírme de eso.
—No, definitivamente deberías. —Sonrío, sobre todo porque ella está
sonriendo—. Deberíamos habernos reído de eso en quinto grado cuando sucedió.
¿Por qué nunca me lo dijiste?
Ella baja la mano de su boca y se encoge de hombros.
—Porque estaba avergonzada. Quiero decir, él era nuestro maestro, y llevaba ese
burdo tupé que parecía un gato muerto.
—Oh, Dios mío, me olvidé del tupé. —Hago una mueca—. Está bien, no soy
fanático de tu madre, pero ella en serio se desprestigio saliendo con él.
—Ese era mi punto de vista. Ella siempre salía con esos degenerados porque
estaba desesperada y no quería estar sola. Luego le romperían el corazón y ella se
desmoronaría hasta que conociera a alguien nuevo y luego tratara de corregir sus
errores. Al menos, así solía ser. Luego comenzó a salir con drogadictos y drogarse
todo el tiempo. —Suspira y sus hombros se encorvan hacia adentro—. No quiero
acabar como ella. Realmente no.
La miro boquiabierto.
—Espera, ¿crees que vas terminar como tu mamá?
Ella levanta un hombro.
—A veces, me pregunto si lo haré. Y luego comencé a trabajar en ese lugar donde
ella trabajó una vez... y luego todo ese asunto contigo...
Se queda callada, mirando por la ventana.
—¿Qué con todo ese asunto conmigo? —pregunto en voz baja, mi corazón
martilleando en mi pecho.
Sus hombros suben y bajan mientras inhala y exhala. Entonces vuelve la cabeza
hacia mí. Sus ojos están llenos de lágrimas, irradiando su miedo.
—Siempre me has cuidado y siempre me ha encantado más de lo que quería
admitir. Recuerdo esa vez cuando tenía catorce años y tú viniste y me recogiste de
mi casa. Cuando me abrazaste, nunca me sentí más segura en toda mi vida. Y cuando
me hiciste esa promesa... lo quería tanto. Pero querer algo así de otra persona... ser
consumida tanto por alguien... es lo que destruye a mi madre una y otra vez. Ella
nunca ha sido capaz de soportar estar sola a menos que esté drogada o borracha...
Quiero poder decir que estaría bien si me dejaras, pero incluso solo pensar en que me
dejes me duele el corazón.
Está respirando ferozmente al final, como si sus palabras la hubieran
conmocionado hasta la muerte.
Mi reacción refleja la de ella. Nunca imaginé que siente lo mismo por mí que yo
por ella. No tengo ni idea de cómo manejar su miedo. Y todo se debe a que piensa
que le romperé el corazón y se irá al fondo como su madre.
—¿Quieres saber la primera vez que me di cuenta de que me gustabas más que
como amiga? —pregunto y luego contengo la respiración, preocupado de que diga
que no.
Ella duda de lo que parece el fin del mundo antes de dar un inestable
asentimiento.
—Fue cuando llegué a casa de ese viaje desde París, cuando te di la esfera de
nieve. —Siento que estoy a punto de sacarme el corazón, lo extenderé hacia ella y
espero que lo tome, así parece cuando lo pienso—. Te veías muy diferente, y recuerdo
haberlo notado. Pensé que estaba siendo raro después de no verte por tres meses y
realmente te extrañé. Pero luego, Levi, este tipo con el que salía a veces, vino y me
preguntó si tenías novio, y me puse realmente celoso y le dije que sí.
—¿Lo hiciste? —pregunta ella, sorprendida.
Asiento.
—Lo hice totalmente. Entonces me sentí mal porque confiabas tanto en mí, y
nunca quise romper esa confianza. Te lo dije en el almuerzo. Entonces Wynter
comenzó a molestarte por estar enamorada de otra persona, y pensé, bueno,
esperaba, que fuera yo. Cuando descubrí que no era así, mi corazón se aplastó un
poco.
Ella levanta las cejas.
—¿Tu corazón se aplastó cuando tenías catorce años?
Asiento, estirando la mano y ahuecando su mejilla.
—Lo hizo. Y cuando tenía quince años. Y dieciséis. Y diecisiete. Y dieciocho. Y
hace una semana. Hace un día. Cada vez que recuerdo que no puedo estar contigo
como quiero. Nunca sentí que mi corazón se rompiera tanto como cuando te vi
romperte por la culpa que nunca deberías sentir. Me mata verte con tanto dolor. Y
nunca, nunca haría nada para causarte ese tipo de dolor, lo creas o no. —Le paso un
dedo por el pómulo—. Y si me crees o no, sé que nunca te convertirás en tu madre.
Tu padre y madre te han aplastado el corazón, y aun así, cuidaste de tu madre cada
vez que se desmoronaba.
»Eres tan jodidamente fuerte, Wills. Todos a tu alrededor lo saben. Tu madre lo
sabe, aunque nunca lo admitirá. Y sé que eres más que todos porque, lo creas o no,
te conozco mejor que nadie.
—Sé que lo haces. —Las lágrimas inundan sus ojos—. Siempre has estado ahí
para mí. Incluso cuando traté de alejarte, siempre volviste.
Nos miramos el uno al otro, nuestros corazones erráticamente latiendo, y luego
ambos nos inclinamos. Ni siquiera sé quién se mueve primero. No importa. Lo único
que importa es que nuestros labios se encuentren en el medio, y ella no se aleja.
Sus dedos se enredan en mi cabello mientras me acerca. Nos besamos
ferozmente, agarrándonos el uno al otro, jadeando por aire pero negándonos a
romper la conexión para respirar.
No sé cuánto tiempo nos quedamos besándonos en el auto, pero cuando el sol
comienza a ponerse, nos separamos y nos dirigimos a la casa. En el segundo en que
cruzamos el umbral, nuestros labios vuelven a chocar.
Agarrándola por los muslos, la levanto en mis brazos y ella pasa sus piernas por
mi cintura. Gimo, recordando la última vez que hizo esto: cómo me balanceé contra
ella, cómo gimió.
Quiero más esta vez.
Tanto como ella me dará.
Llevándola a ciegas por la casa, me tropiezo por el pasillo y llego a mi
dormitorio. Cuando se aleja para ver dónde estamos, creo que podría entrar en
pánico. En cambio, sella sus labios con los míos y muerde mi labio. Mi cuerpo se
estremece y casi me caigo al suelo, pero me las arreglo para tropezar hacia la cama.
Dejándola sobre el colchón, cubro su cuerpo con el mío y la beso lentamente,
deliberadamente, haciéndole saber que me tomaré mi tiempo.
—No tenemos que hacer nada en este momento —le susurro irregularmente
contra sus labios.
—¿Qué pasa si quiero? —gruñe, y luego sus ojos se abren.
Casi me río. Willow nunca ha sido buena hablando de nada sexual. Al
escucharla hablar sobre su pasado, puedo entender por qué. Dios sabe lo que vio
viviendo en esa casa con su madre e innumerables novios. Probablemente se sintió
incómoda todo el maldito tiempo.
Me apoyo sobre los codos para mirarla.
—No quiero que te sientas incómoda cuando estés conmigo.
Ella apoya su palma en mi pecho y mi corazón golpea contra su mano.
—Realmente no creo que alguna vez lo haya hecho.
Luego acuna su mano detrás de mi cabeza y me trae para otro beso mientras se
arquea contra mí.
Gimo, bajando mis caderas contra las de ella, provocando un jadeo de sus labios.
Una y otra vez, nos movemos juntos, sin romper el beso. Su mano vaga por mi pecho
como lo hizo esa noche en su cama. Cuando sus dedos encuentran el borde de mi
camisa, retrocedo para quitarla y tirarla al suelo. Luego bajo mi boca a la de ella otra
vez. Su sabor me está volviendo loco, y cuando pasa sus dedos por mi pecho, casi
pierdo todo mi autocontrol. De repente, el lento beso se vuelve imprudente, nuestras
lenguas se enredan, nuestros cuerpos se mueven.
—¿Está bien? —pregunto mientras agarro la parte inferior de su blusa.
Ella mueve la cabeza de arriba y abajo, y todas mis reservas se desmoronan
cuando le quito la blusa. Pronto le sigue el sujetador, y me empujo hacia atrás y la
miro. Su cabello castaño es un halo alrededor de su cabeza, sus grandes ojos que
nunca se han visto más hermosos, y su pecho se levanta y se estrella con cada
respiración. Cuando mis ojos descienden al brillante diamante sobre su ombligo,
contengo un gemido.
Mierda.
Deslizo mis dedos sobre él, y mi polla se pone dura como el infierno mientras
ella se estremece.
—¿Cuándo conseguiste esto? —pregunto, trazando un camino por su estómago.
—Hace aproximadamente un año... Wynter me convenció. —Se muerde el labio
inferior, agarrando las mantas cuando llego a la cintura de sus jeans—. Oh, Dios
mío, Beck, eso se siente tan bien.
Estoy a punto de perderlo allí mismo.
—Joder, eres tan hermosa.
Deslizo mis dedos por la parte delantera de sus pantalones y presiono mis labios
con los de ella.
Perfecto.
De eso se trata este momento.
Tal vez, si nunca volvemos a tomar aire, podemos quedarnos así para siempre.
CAPÍTULO 22
Willow
No puedo creer que esto esté pasando. Está bien, tal vez puedo. Muy en el fondo,
creo que podría haberlo sabido todo el tiempo que un pedazo de papel no podía
detener hacia donde Beck y yo nos dirigíamos. Solo estaba postergando lo inevitable.
Podría haber luchado por más tiempo… Tal vez. Pero cuando él dijo todas esas
cosas, esas maravillosas cosas que hicieron que mi corazón palpitara en mi pecho e
hizo que esa grieta en mi corazón sanara un poco, ya no quería luchar más. Quería
tenerlo. Necesitaba tenerlo. La necesidad me asustaba porque querer y necesitar son
dos cosas diferentes. El querer, puedes vivir sin él. La necesidad, es como el aire. No
se puede vivir sin eso.
No quiero vivir una vida sin Beck.
Lo quiero.
Quiero sentirme a segura.
Segura.
Segura.
Segura.
Ese pensamiento corre por mi mente una y otra vez mientras él me besa
apasionadamente con nuestros pechos presionados juntos. Sus dedos están dentro de
mí, empujándome a ese lugar estrellado de nuevo. Había perdido todo el control, y
no sabía que hacer al respecto, excepto disfrutar este momento. Cuando se acabe,
entonces me enfocaré en lo siguiente. Y así sucesivamente. Claro, la incertidumbre
de mi vida asusta la mierda fuera de mí, pero saber que no estoy sola lo hace un poco
más fácil. No solo tengo a Beck. Tengo a mis amigos.
No estoy sola.
Las personas se preocupan por mí.
Y yo me preocupo por ellos.
Me preocupo por Beck.
Me preocupo mucho por él.
Más. Que. Nada.
Mi pulso se acelera con el pensamiento, pero lucho contra el pánico y me enfoco
en esas estrellas de nuevo. Esas maravillosas, dichosas, y malditamente increíbles
estrellas.
Sus dedos comienzan a ralentizar cuando regreso a la realidad, sus labios sin
prisa moviéndose contra los míos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.
Cuando sus labios finalmente rompen contacto, él toca su frente con la mía con los
ojos cerrados.
—¿Estás bien? —susurra.
Trazo un camino arriba y abajo por su espina dorsal.
—Estoy perfecta.
Sus labios se contraen en una sonrisa.
—Es agradable que finalmente te des cuenta.
Negando con la cabeza, le pellizco ligeramente el costado. Él ni siquiera se
encoge. Hago el movimiento de nuevo, haciendo un poco de cosquillas, y permanece
imperturbable.
—Intenta todo lo que quieras —me dice con una sonrisa engreída—, pero no me
vas a tener.
—¿Quieres apostar? —le pregunto con una ceja levantada.
Él se recuesta con las manos a los lados.
—Sigue adelante e inténtalo.
—Bien. Lo haré.
Sonriendo, me siento, lo empujo contra el colchón, y me pongo a horcajadas
sobre su cintura. Entonces le hago cosquillas por todas partes. Bueno, casi en todas
partes.
Me mira fijamente con sus manos escondidas debajo de su cabeza y una sonrisa
perezosa en su rostro.
—Te faltó un lugar.
No cree que lo haré. En realidad no quiero hacerlo… bueno, algo así. Está bien,
como que sí quiero. Solo me siento un poco tímida acerca de eso.
Me siento, mirándolo fijamente.
—¿No crees que lo haré?
Él se ríe, sonriendo con cariño.
—No, no creo, pero la mirada de determinación en tus ojos es jodidamente
adorable.
Pienso en todas esas veces en que me hizo cosquillas, especialmente las veces
que casi me hizo orinar en mis pantalones, y de repente, realmente quiero probarle
que está equivocado. No sé qué me empuja a llevarlo a cabo, si todos los besos me
hicieron perder la cordura, o tal vez Beck solo me hace sentir lo suficientemente
cómoda como para hacerlo. Sin embargo, de alguna forma encuentro el valor
suficiente para deslizar mis manos en sus pantalones.
—Mieeeeerrrda.
Deja escapar un gruñido, su espalda arqueándose cuando mis dedos lo tocan.
Definitivamente no una reacción de cosquillas, pero repito el movimiento, de
todas maneras. Él gime de nuevo luego se levanta y acerca mis labios a los suyos. Lo
sigo tocando mientras su lengua se profundiza en mis labios y explora mi boca hasta
que gime mi nombre, hasta que pierde completamente el control, sus ojos se cierran,
sus manos agarran mis caderas.
—Eso no es muy justo —le digo, removiendo mis manos de sus pantalones—.
Creo que lo disfrutas demasiado cuando quiero regresarte todas esas veces que me
hiciste cosquillas.
Se ríe, sonando exhausto pero contenido.
—¿Quieres que te muestre el lugar secreto?
—He tratado en todas partes.
Hago puchero.
—No en todas.
Cuando mis cejas bajan en confusión, él se sienta, me desliza de su regazo, luego
se inclina para desatar su bota. Después de que lo logra, se quita el calcetín, agarra
mi mano, y traza mis dedos arriba y abajo por parte inferior de su pie. Entonces deja
salir la mayor risita de niñita que he escuchado. Trazo mis dedos arriba del arco de
su pie una y otra vez hasta que ruega por misericordia.
Después de que terminamos de tontear, se cambia a sus pijamas mientras yo me
pongo unas de sus camisetas. Luego nos acostamos en su cama juntos con sus brazos
a mi alrededor, nuestras piernas enredadas.
Segura.
Segura.
Segura.
Sigo recordándome esto mientras mis pensamientos tratan de desviarme a mi
futuro. A mí pasado. A mí ahora. Todo lo que sabe Beck.
Él me conoce y no huyó. Vio lo feo y aun así lo quiere.
Pensé que lo había perdido, y aunque dolió, todavía elegí levantarme.
Todo estará bien.
Un paso a la vez. No te asustes.
—Solo respira, princesa —susurra, sus labios rozando la cima de mi cabeza—.
Todo va a salir bien.
—Siento que tengo que levantarme y hacer algo —admito—. Resolver los
problemas.
—Nosotros lo haremos —dice—. Mañana.
Ahí va con el “nosotros” de nuevo.
Me gusta como suena.
Probablemente demasiado.
Tal vez no sea tan malo mientras que siga estando un yo y un él entre el nosotros.
Tomo una respiración profunda, luego otra.
—¿Qué vamos a hacer ahora?
—Ahora, dormimos un poco —dice, acercándome.
Estoy un poco aterrada de cerrar los ojos, sabiendo que mañana tendré que
enfrentar todo: mudarme, encontrar un nuevo trabajo, averiguar un nuevo plan. Pero
cuando me acuesto en sus brazos con él acariciándome con sus dedos arriba y abajo
de mi espalda, la calma me supera lo suficiente que mis ojos se cierran.
Me quedo dormida más rápido de lo que he hecho en años.
CAPÍTULO 23
Beck
Me despierto a la mañana siguiente con la cabeza de Willow apoyada en mi
pecho, mi rodilla metida entre sus piernas y mi teléfono sonando como loco. No hago
ningún movimiento para responder, no quiero arruinar este momento de paz que se
las arregló para soportar toda la noche anterior.
Cuando la maldita cosa se niega a silenciarse, me doy por vencido y lo tomo de
mi mesa de noche. Cuando Papá parpadea en la pantalla, hago una mueca.
—¿Quién es? —pregunta Willow, mirándome.
—Mi papá.
Rechazo la llamada, arrojo el teléfono y la acerco hasta que su cuerpo está al ras
con el mío.
—¿Qué crees que quiera? —pregunta a través de un bostezo.
Que yo vaya a la oficina. Dudo en decírselo, sabiendo que se preocupará, y eso es
lo último que necesita en este momento.
Sintiendo mi tensión, levanta la cabeza y parpadea hacia mí, su cabello
haciéndome cosquillas en la cara.
—¿Qué hizo?
Deslizo mis manos alrededor de su cintura, urgiéndola a recostarse.
—Nada que no haya hecho antes.
—Beck... —advierte—. Sé cuándo estás mintiendo.
—Oh, lo haces, ¿verdad? Entonces dime si estoy mintiendo en este momento —
digo, dejando que mis dedos se metan debajo de la camiseta que está usando—.
Quiero poner mis dedos dentro de ti otra vez y verte gemir.
Sus mejillas se enrojecen, pero su mirada nunca vacila en la mía.
—No trates de distraerme. Dime lo que hizo.
Trazo mis dedos de un lado a otro a través de su cintura, prestando especial
atención al diamante en su ombligo.
—¿Realmente quieres que te diga en lugar de hacer esto?
Sus labios se separan, pero no hay palabras que salgan de su boca mientras
arrastro mis dedos hacia abajo entre sus piernas. Justo cuando estoy a punto de
deslizarlos dentro, captura mi mano.
—Podemos hacer eso más tarde —dice sin aliento—. En este momento, quiero
saber qué te hizo tu papá. Puedo decir que ha hecho algo.
—Oh, está bien —digo haciendo un pequeño puchero, esperando que eso la
convenza, pero al parecer, mis encantadores ojos azul bebé no funcionan en ella.
Todo lo que hace es darme una mirada tolerante—. Me chantajeó para que trabajara
en su firma.
Ella se empuja hacia atrás para mirarme.
—¿Chantajeó?
Suspiro y le hago un resumen de lo que pasó. También le cuento sobre los
archivos que encontré en su computadora. Cuando pregunta si puede ver los
archivos, le entrego mi teléfono.
Se desliza fuera de las mantas y me da una gran vista de sus largas piernas
mientras se estira y descansa contra la cabecera. Comienza a buscar en los archivos,
cada vez más intrigada con cada uno.
—Estoy muy segura de que está cometiendo un fraude fiscal —comenta,
examinando la pantalla de cerca—. Al menos, lo hizo este año.
—¿De verdad? —pregunto—. No estaba muy seguro.
—Bueno, tomé algunas clases de contabilidad para poder ayudar al dueño de la
tienda de comestibles en la que trabajé durante el último año, y aprendí lo suficiente
para saber que no todos estos números coinciden en algunos de los documentos.
Además, estoy bastante segura de que algunas de estas cuentas no existen a menos
que tu padre sea propietario de un club de baile en Hawai, lo cual estoy bastante
segura de que no es así.
—No —digo, estirándome a su lado.
—Eso es lo que pensé. —Me mira y me da mi teléfono—. ¿Qué vas a hacer al
respecto?
—Todavía no lo sé.
Me rasco el pecho.
Me quité la camisa anoche, pero me puse un par de pantalones de pijama con
cordón. Por lo general duermo desnudo. Pero no quería hacerla sentir incómoda en
su primera noche aquí. Guardaré la desnudez para más adelante cuando ella quiera
desnudarse conmigo. Bueno, siempre que ella no enloquezca de nuevo y nos ponga
fin, algo de lo que todavía estoy un poco preocupado.
—¿Qué crees que debería hacer? Honestamente, quiero chantajearlo, pero me
gustaría la opinión de un pensador más sensato.
—¿Crees que soy una pensadora sensata? —pregunta, abrazando sus rodillas
contra su pecho.
Jalo un mechón de su cabello.
—Me convenciste de que no estábamos viviendo en un lienzo, ¿no?
—Casi olvido eso... pero no estoy segura de si debo decirte qué hacer con esto.
—Apoya la barbilla sobre las rodillas—. Sin embargo, si quieres mi opinión, te la
daré.
Asiento, moviéndome delante de ella.
—Quiero tu opinión más que la de cualquier otra persona.
Otra sonrisa. Otro premio que siento que he ganado.
Ella estira sus piernas, colocando una a cada lado de mí antes de acercarse más
a mí.
—Bueno, creo que probablemente pueda darte el mismo discurso que me has
estado dando durante los últimos meses, solo cambia mamá por papá. Así que aquí
va. —Se aclara la garganta—. Necesitas alejarte de tu papá. Él nunca ha sido bueno
contigo, y que esté tratando de controlar lo que haces no está bien.
—Sí, pero ¿y si tiene razón? ¿Qué pasa si necesito dirección en mi vida?
—Compraste tu primera casa cuando tenías dieciocho años. Estoy bastante
segura de que estás en el camino correcto.
Vacilo.
—O simplemente soy otro niño rico mimado.
—Créeme; no lo eres de ningún modo, aspecto o sentido como Titzi. —Se
desliza más cerca hasta que su culo está entre mis piernas y sus manos están sobre
mis hombros—. Esa chica es estúpida. Tu padre es estúpido. Cualquiera que haya
dudado de ti es simplemente estúpido.
Y ahí está, la razón por la que me enamoré de ella.
Ruedo mi lengua en mi boca.
—Bien. Entiendo lo que dices, pero solo tengo una pregunta más.
—Bueno. ¿Qué?
—¿Puedo tenerte, como, para siempre?
Sus ojos se ensanchan.
—Beck...
—¿Qué? —Le doy mi mejor mirada inocente—. Es una pregunta razonable,
especialmente cuando eres tan valiosa. ¿Por qué querría dejarte?
Ella pone los ojos en blanco.
—Ahora solo estás siendo cursi.
—Admítelo. Te gusta mi lado cursi.
—Quizá solo un poco.
Ambos estamos sonriendo como idiotas, pero pongo un alto a la tontería cuando
voy por un beso, arrastrándola a mi regazo.
Cuando nuestros labios se separan de nuevo, mi padre ha intentado llamarme
diecisiete veces.
—¿Quieres hacer los honores? —le pregunto a Willow con mi teléfono en la
mano—. ¿O debería hacerlo yo?
—Creo que esto es algo que debes hacer tú. Será terapéutico después de todos
esos años que te ha tratado como lo ha hecho.
Me siento inquieto al mirar el nombre de mi padre en mi lista de contactos.
—Estarás bien —insiste, arrodillándose en la cama frente a mí—. Solo llámalo
y dile que tienes algunos de sus archivos que realmente te gustaría que viera. Y hazlo
con tu mejor voz de mafioso.
Asintiendo, presiono mi dedo sobre su nombre y luego pongo el teléfono en mi
oído. Él responde después de dos timbres e inmediatamente comienza a gritar que se
supone que debo estar en la oficina. Cuando finalmente toma una respiración, le digo
lo que necesito y, por primera vez en mi vida, escucha.
En medio de la conversación, Willow se levanta de la cama y se dirige a al otro
lado de mi habitación hacia la puerta. La preocupación se acumula en mi pecho de
que ella saldrá y nunca regresará o que volverá con una lista. Y estos últimos cinco
años que nos llevaron a este punto serán destruidos. Sin embargo, cuando llega a la
puerta, se da la vuelta y sonríe.
—Vuelvo enseguida. Voy a ir a hacer el desayuno mientras terminas de romper
con tu padre.
Se ríe, divertida con ella misma.
La presión en mi pecho se quiebra cuando me doy cuenta de que ella podría estar
bien.
Yo podría estar bien.
Nosotros podríamos estar bien.
CAPÍTULO 24
Willow
Estoy tan feliz que Beck decidiera dejar de trabajar con su padre. Seguro,
chantajearlo podría no ser la mejor manera, pero honestamente, creo que es la única
manera aparte de Beck vendiendo su casa.
Mientras Beck habla por teléfono con su padre y le explica lo que descubrió, voy
a la cocina para hacer algo de desayuno. Me siento tan bien descansada que ni
siquiera sé que hacer conmigo misma aparte de sonreír, sonreír, sonreír y mostrar
regocijo aparentemente. Honestamente, me siento tan feliz como un personaje de
caricatura mientras bailo mi camino a través de la espaciosa cocina.
Pero en el medio de mi mejor movimiento robótico, me detengo abruptamente,
mi mandíbula golpea mis rodillas.
—¿Qué demonios es esto? —murmuro, tirando del trozo de papel pegado al
refrigerador por un imán.
Tarea #1: Sacar a Willow de esa casa.
Tarea #2: Demostrarle que no voy a destruirla.
Tarea #3: Decirle que la amo.
Las letras están escritas con la letra de Beck debajo de la lista de reglas que le di,
solo, que mi lista ha sido garabateada.
Decirle que la amo.
¿Decirle que la amo?
—¿Beck me ama? —susurro, casi soltando la lista.
El latido de mi corazón se acelera. Mis palmas empiezan a humedecerse. Mi
cerebro está nervioso, disparándose a un millón de kilómetros por minuto. Pensaría
que estoy teniendo un ataque de pánico, excepto por dos cosas: una, esos malditos
aleteos se vuelven eufóricamente locos. Y dos, no quiero correr hacia la puerta
principal. Quiero volver a la habitación. Así que, eso es lo que hago con mi lista
apretada en mi mano.
Beck deja de hablar por teléfono cuando entro, pareciendo tanto aterrorizado
como aliviado.
—Bueno, la buena noticia es que me ve a entregar la casa —dice, lanzando su
teléfono a la cama.
Camino hacia él.
—¿Y la mala noticia?
Coloca sus codos en las rodillas y masajea sus sienes con las yemas de sus dedos.
—Probablemente ya no sea bienvenido en las cenas familiares.
—Ah, Beck, lo lamento tanto. —Otro paso hacia él y mis dedos se aprietan
alrededor de la lista—. ¿Vas a estar bien?
—Estaré bien. Las cenas familiares apestan, de todos modos.
Me hace un gesto con la mano minimizando el hecho, pero puedo ver un poco
de dolor en sus ojos.
—¿Qué puedo hacer para hacerte sentir mejor? —pregunto, deteniéndome frente
de él.
Se inclina hacia atrás sobre sus brazos y sube su cabeza.
—Bueno, si estás ofreciéndote…
Sus labios se curvan en una sonrisa traviesa.
Golpeo mi dedo contra mis labios.
—¿Quieres que vuelva a hacerle cosquillas a tus pies?
Me da una mirada tolerante.
—No estaba pensando exactamente que podrías hacerme cosquillas. Tal vez
deberías subir un poco más arriba.
—¿Qué? ¿A tu tobillo?
Niega con la cabeza, sostiene mis caderas sin titubear, me levanta, y me deja caer
en la cama.
Se me escapa una carcajada cuando reboto contra la cama y luego chillo cuando
rueda encima de mí y hace cosquillas en mis costados.
—Solo por eso, voy a hacer que te orines en tus pantalones —bromea, moviendo
sus dedos de arriba abajo en mis costados.
—¡Por favor, no! —chillo, luchando para salir debajo de él.
Riendo, se pone a ahorcajadas sobre mí, toma mis muñecas, y sostiene mis
brazos sobre mi cabeza.
—Vas a caer… espera, ¿qué hay en tu mano? —Su mirada se mueve a mí, y su
manzana de adán sube y baja cuando traga—. ¿Dónde encontraste eso?
—En tu refrigerador —susurro, batallando para hacer llegar oxígeno a mis
pulmones. Respira. Solo respira—. ¿Es cierto…? ¿La tarea número tres?
Los músculos de su garganta se mueven cuando traga con fuerza.
—Lo es, pero no quiero que entres en pánico. Simplemente es como me siento,
pero no lo diré en voz alta. Sé que todavía no sientes eso, así que podemos esperar
por ahora. No quiero abrumarte o hacerte sentir incómoda mientras vivas conmigo.
Ya has pasado demasiado tiempo de tu vida sintiéndote incómoda en tu propia casa.
Nunca quisiera hacerte sentir de esa manera.
El silencio se alarga, llenándose con nuestras pesadas respiraciones.
—Princesa, por favor, di algo —suplica, todavía sosteniendo mis muñecas.
—Me haces sentir segura —digo, insegura de qué más decir a parte de la
verdad—. Todo el tiempo. Eres el único que siempre lo ha hecho.
—Bien. —Se relaja, moviendo un dedo por el interior de mi muñeca a lo largo
donde está mi pulso—. Eso es lo que siempre he querido. Asegurarme que sientas
que estás a salvo. Desde la primera vez que viniste a casa conmigo y te quedaste a
pasar la noche.
—Bueno, has tenido éxito completamente y al cien por ciento. —Me propongo
decirlo con un tono ligero sin embargo suena incontrolablemente sin aliento.
—Ahora que te saqué de esa casa, lo hice.
Luego él se inclina para besarme.
—Beck —susurro justo antes que sus labios toquen los míos.
Se detiene, sus parpados abriéndose.
—¿Sí?
—¿P-puedo escucharte decirlo? —susurro—. Nunca he escuchado a nadie
decírmelo sin un significado manipulador detrás.
Asiente, tragando con fuerza.
—Willow, te amo.
Lo dice tan fácilmente, sin ningún esfuerzo, sin querer nada a cambio.
A menudo me he preguntado lo que sería escuchar la palabra amor y no
estremecerse. Cuando era más joven, solía suceder, pero solo porque era tan ingenua.
Quizás estaba siendo ingenua todavía, pero en realidad no lo creo. Y no me
estremezco. No corro. No pienso en las listas, trabajos y clases. Pienso en Beck y en
todo lo que ha hecho por mí: cuando me salvó de dormir en mi auto, cuando me
consoló durante los días más difíciles, cuando no me juzgó por las malas decisiones
que tomé, cuando me hizo reír, incluso cuando casi me hizo orinarme en mis
pantalones.
Entonces, contengo la respiración y dejo que cada maldita sílaba se hunda en mi
corazón.
—También te amo —susurro—. Creo que lo he hecho por un tiempo.
Sus ojos se agrandan, pero esa mirada solo dura un latido. Luego sus labios están
sobre los míos. Sus manos pronto encuentran mi cuerpo, deslizándose debajo de mi
camiseta. Sus dedos acarician mis pezones, y mi espalda se inclina hacia arriba, mis
rodillas presionándose contra sus caderas. Repite el movimiento otra vez, susurrando
que puede detenerse si quiero que lo haga. Sin embargo, no quiero que se detenga.
Nunca.
Y eso es exactamente lo que le digo.
Me quita la camiseta, y bajo su pantalón de pijama y calzoncillos. Luego me
acuesta de nuevo en la cama y desliza sus dedos dentro de mí cuando su lengua
separa mis labios. Me siente hasta que no puedo respirar. Me besa hasta que no puedo
pensar correctamente. Me ama hasta que todo parece estar bien y nada parece estar
mal.
Nunca quiero que me deje ir.
Sus pensamientos parecen coincidir con los míos cuando únicamente se aleja
para ponerse un condón. Luego coloca su cuerpo sobre el mío, besándome
lentamente, como si memorizara cada uno de los roces de nuestros labios.
—¿Estás segura que quieres hacer esto? —pregunta, mirándome a los ojos.
Asiento con un rastro de nervios desarrollándose. Pero alejo la sensación y
envuelvo mis piernas alrededor de su cintura, realmente queriendo hacer esto.
—Te amo —digo.
—También te amo —promete.
Luego me besa mientras se desliza dentro, y me aferro a él, nunca queriendo
dejarlo ir.
Podría no ser perfecto, pero creo que definitivamente está cerca.
CAPÍTULO 25
Willow
Los siguientes días pasan lentamente, pero en la mejor manera posible. Beck y
yo pasamos mucho tiempo tonteando, riendo, y quemando la cena porque
aparentemente soy malísima cocinando comida que no fuera procesada y en una
caja. Beck encontró mis pésimas habilidades culinarias bastante divertidas, incluso
cuando encendí todas las alarmas de incendio en la casa, y su risa hizo que no sintiera
pánico un poco más fácil.
Para aliviar incluso más mi estrés, decidí aceptar el trabajo en la biblioteca y un
trabajo de tutor en la universidad. Beck intenta convencerme de no tomar los dos,
pero quiero ser capaz de pagar todo por mi cuenta, incluso un razonable precio de
alquiler con descuento. También decido que Van me envié por correo mi último
cheque de pago en vez de ir por él, nunca queriendo regresar a ese lugar otra vez.
Van no parece muy feliz porque haya renunciado, pero yo sí. Y realmente
empiezo a sentirme como yo misma otra vez: La organizadora, la que toma buenas
decisiones, la chica que ama pasar tiempo con su mejor amigo, bueno, supongo que
ahora es novio, lo que es nuevo para mí y completamente no planeado. Eso está bien.
Estoy empezando a darme cuenta que las cosas no planeadas a veces resultan ser
maravillosas.
Todo parece ir bien hasta que finalmente tengo que aceptar que ya no puedo
seguir lavando mi ropa y volviéndola a usar. Tengo que regresar al apartamento para
recoger mis cosas y mi auto. Así que, muy temprano en una mañana de viernes, Beck
y yo subimos a su auto y conducimos de vuelta al lugar que espero no volver a ver
jamás.
Solo estar ahí me pone de mal humor, y me pregunto si así es como he estado
por años: Con mal temperamento. Decido preguntarle a Beck ya que parece
conocerme bastante bien.
—No eres de mal temperamento. —Pone sus ojos en blanco mientras quita las
mantas de mi cama y las mete en una caja—. Ni siquiera estás de mal humor en este
momento. Simplemente estás triste porque este lugar te recuerda demasiados
momentos malos.
—Sí, probablemente tienes razón.
Abro el cajón superior de mi cómoda para sacar mi ropa, encontrando la esfera
de nieve que Beck me dio. Sonrío mientras lo levanto.
—¿Qué estás viendo? —pregunta Beck, poniéndose a mi lado.
Lleva unos pantalones de mezclilla que están cubiertos de polvo por mover
muebles, con las mangas enrolladas de una camisa gris, y mechones de su cabello
están torcidos. Se ven tan sexy. No puedo averiguar cómo demonios logré mantener
mis manos lejos de él por tanto tiempo.
Habla sobre demasiado autocontrol.
—La esfera de nieve que me diste.
La sostengo en alto y le doy una pequeña sacudida.
Sonríe ante la nieve falsa agitándose en el agua.
—Sabes, estaba verdaderamente nervioso cuando escogí eso.
—¿En serio? —pregunto, y asiente—. ¿Por qué?
Se encoge de hombros.
—Creo que era porque era el primer obsequio que te daba.
Mis dedos se envuelven alrededor de la esfera de nieve.
—No fue el primer obsequio que me diste.
Su frente se arruga.
—¿De verdad? ¿Qué más te di?
—Lo que nadie más me dio. —Extiendo mi mano y entrelazo mis dedos con los
suyos—. Seguridad.
En sus labios aparece una sonrisa, una triste sonrisa.
—Sin embargo, eso no es realmente un obsequio, princesa. Bueno, no debería
serlo. Solo debería ser algo que simplemente es.
—Lo fue para mí. Cuando era más joven, pensaba mucho en eso en realidad,
tener alguien en mi vida que me hiciera sentir tranquila en vez de tan asustada todo
el tiempo. —Miro el globo de nieve, inclinándolo de ida y vuelta—. Simplemente
nunca pensé que pasaría. Luego apareciste y cambiaste todo. En ocasiones, me
pregunto si tal vez salí de este lugar sin convertirme en mi madre porque siempre
estuviste ahí.
Coloca su dedo debajo de mi barbilla y me incita a mirarlo. Cuando nuestros
ojos se encuentran, moja sus labios.
—Realmente no creo que puedo tomar todo el crédito por esto. Creo que saliste
de este lugar bien porque eres jodidamente fuerte.
Sonrío y luego me muevo para besarlo. Justo cuando nuestros labios se conectan,
se escuchan voces elevándose desde el interior de la casa.
—¡Dónde están chicos! —grita Wynter a través de una risita—. ¿Y qué están
haciendo? Porque están realmente, pero realmente en silencio.
Escucho a Luna y a Grey decir algo, y luego Ari ríe.
Niego con la cabeza, mis mejillas calentándose. Si bien no le he contado que
Beck y yo tuvimos sexo, ella expresó sus sospechas por teléfono. Evidentemente, mi
voz tiene un brillo que no tenía hace una semana, lo que sea que eso significa.
—Tan molesta como es, me gusta que te haya hecho ruborizar —dice Beck,
sonriendo mientras acaricia ligeramente mi mejilla.
Sonrío, pero luego mi felicidad rápidamente se debilita.
—Espera. ¿Qué vamos a decirles?
—¿Sobre qué?
Se hace el tonto, sus cejas elevándose.
—Tú sabes qué. Tú y yo.
Coloco mi mano en su pecho y juguetonamente lo empujo, pero atrapa mi
muñeca y me atrae hacia él, nuestros pechos colisionando.
Apoya sus manos en mi cintura.
—Estoy bastante seguro que ya lo saben.
—¿Cómo?
—Porque han pasado cuatro años en el proceso, y ellos han tenido ojos en esos
cuatro años.
—Sí, tal vez…
Froto mis labios, insegura qué hacer.
—¿Por qué pareces tan asustada de que lo descubran? —pregunta, tratando de
ocultar su dolor, sin embargo sus ojos revelan la verdad.
—En realidad no estoy asustada que se enteren —admito—. Solo tengo miedo
que, cuando lo hagan, todo se vuelva tan real. Y será mucho más difícil el perder lo
que tenemos.
—No voy a ningún lado —me asegura, colocando un ligero beso en mis labios—
. Deja de pensar demasiado y solo acepta que tú y yo debemos estar juntos. Somos
reales y no vas a perderme. Me quieres y yo te quiero.
Asiento, nervios arrastrándose sobre mí cuando Wynter entra a mi habitación.
Está usando un vestido morado oscuro, su cabello está rizado, su maquillaje
perfecto, y está usando tacones.
—Pensé que te dije que usaras algo cómodo —le digo, dándome cuenta
demasiado tarde que las manos de Beck todavía están en mi cintura. Considero dar
un paso atrás pero decido quedarme donde estoy y aceptar lo que quiero como Beck
me dijo.
Sus ojos se mueven a las manos de Beck, y una sonrisa maliciosa se extiende
sobre su rostro.
—Sabía que sonabas radiante en el teléfono.
—¿Qué significa eso? —pregunta Ari cuando entra a mi habitación. A diferencia
de Wynter él tomó mi consejo sobre el atuendo y lleva puesto una vieja camiseta y
jeans con agujeros. Nos mira a Beck y a mí, y alivio pasa sobre su rostro—. Gracias
a Dios. ¡Ya era hora, carajo!
Beck sonríe orgullosamente, mientras me siento extremadamente confundida.
—Espera un segundo —digo, caminando hacia Ari—. No pareces sorprendido
por esto.
Ari retrocede con una mirada culpable en su cara.
—Mira, sé a lo que te refieres, y solo quiero decir que pensé que estaba facilitando
las cosas.
Cruzo mis brazos.
—¿Cómo es que decirme que Beck y Wynter se gustan hace las cosas más fáciles
para mí?
—Espera, ¿qué? —Wynter gira hacia Ari—. ¿Le dijiste eso?
Ari se encoge de hombros.
—Ella siempre estaba enloqueciendo cuando Beck intentaba coquetearle o
besarla, así que pensé que sería más fácil para ella y le hice pensar que a Beck le
gustaba alguien más. De esa manera, no tendría que estresarse cada vez que todos
estuviéramos juntos.
—Tu lógica es distorsionada, pero lo aprecio.
Para probarlo, le doy un abrazo.
—Solo quiero que todos sean felices —dice Ari, abrazándome—. Y que nos
llevemos bien.
—Eres tan tonto —lo molesta Wynter—. Pero eso está bien. Es por eso que te
amamos.
Ari pones sus ojos en blanco cuando nos alejamos.
—¿Yo soy el tonto? Tú eres la que siempre está llorando durante las películas. Y
mientras lees libros. Y cuando ves cachorros.
—Oye, los cachorros son realmente lindos —discute Wynter con sus manos en
sus caderas.
Continúan discutiendo cuando Luna y Grey entran a la habitación. Los seis
terminamos de empacar mis cosas y cargamos las cajas en nuestros autos. No me
llevo los muebles ni nada más de la casa, no por el beneficio de mamá, sino para
tener un nuevo comienzo.
Si bien es posible que no pueda volver a hacer las cosas, puedo elegir dejar el
pasado y seguir adelante con un nuevo futuro menos estresante.
—¿Crees que lo tienes todo? —pregunta Beck mientras inspecciona mi
habitación por última vez.
Wynter, Ari, Luna y Grey se han ido para llevar algunas de mis cosas a la casa
de Beck.
Asiento, agarrando un cuaderno y una hoja de papel.
—Solo necesito hacer una cosa más.
Se mueve a mi lado mientras me inclino sobre la cómoda para escribir.
—¿Qué estás haciendo?
Coloco la punta de la pluma en la hoja de papel.
—Escribirle a mi madre una nota para hacerle saber dónde estoy.
—Willow, ¿crees que es una buena idea? —Su tono está lleno de cautela—. ¿Qué
pasa si trata de seguirte y conseguir dinero de ti o algo así?
—No le digo dónde estaré físicamente —le explico—. Le estoy diciendo dónde
estoy mentalmente.
—Oh. —Ya no discute, solo se mueve detrás de mí y masajea mis hombros,
dándome esa sensación reconfortante que tanto me gusta—. Adelante entonces.
Invoco una respiración profunda y luego escribo.
Mamá, no estoy segura de cuánto tiempo te llevará darte cuenta de que ya no vivo aquí, y
lo lamento mucho. Lamento mucho que hayas llegado a un punto tan horrible que ya no te
importa si me ves o no. Si bien realmente duele que no te importe, ya no puedo dejar que ese
dolor me controle. He pasado tantas noches preocupándome por ti, preguntándome dónde estás,
si volverás, si me amas, y temiendo todas las respuestas. Pero estoy cansada de preguntarme,
esperar, esperar y temer. He pasado gran parte de mi vida asustada de esta casa, tus novios, tú,
de volverme como tú, lo que sé que suena duro y tal vez lo sea, pero te digo esto con la esperanza
de que tal vez cambies. Tal vez obtendrás la ayuda que deberías haber recibido hace mucho
tiempo ya que ya no voy a estar cerca para hacer eso por ti. Ya no voy a ser una facilitadora.
Voy a ser quien debería haber sido todo el tiempo: una adolescente que va a la universidad y
que es feliz a veces, triste a veces, perdida a veces, asustada a veces, pero solo por sus propias
elecciones de vida. Y aunque tengo miedo de alejarme, sé que es lo mejor. Solo quiero que sepas
que, si decides buscar ayuda y curarte, siempre puedes llamarme. Dejaré mi número de teléfono
en la parte inferior. Solo llámame si eres mi madre de nuevo y no la mujer con la que he estado
viviendo durante los últimos trece años. Realmente la extraño.
Te amo, Willow.
Cuando termino, bajo el bolígrafo y dejo la nota en la mesa de la cocina. Beck se
queda a mi lado todo el tiempo, tomándome de la mano y asegurándome que no
estoy sola en esto.
Es un sentimiento muy nuevo para mí, uno que tomaré.
Cuando salimos de la casa, me doy cuenta de que tengo un último problema que
resolver.
—Y el Mercedes regresa —murmuro con el ceño fruncido cuando la puerta se abre
y mi papá sale.
Beck sigue mi mirada, y luego su mano aprieta la mía.
—Subamos al auto. No tienes que hablar con él si no quieres.
Realmente no quiero. Al mismo tiempo, sé que la falta de cierre me devorará.
—Solo voy a decirle que quiero que me deje en paz.
Empiezo a ir hacia mi papá, tirando de Beck conmigo, y él me sigue sin esfuerzo.
—Hola —dice cuando llego a él—. Estoy muy contento de que te encontré. Sé
que quieres que te deje en paz, pero realmente me gustaría hablar contigo.
Lleva una camisa de vestir con las mangas enrolladas, pantalones y zapatos
brillantes como el infierno. Me pregunto si acaba de salir del trabajo. Me pregunto
dónde trabaja. Me pregunto muchas cosas, sin saber nada sobre él aparte que dejó a
su familia sin mirar atrás.
—Solo quiero decirte que nunca quiero hablar contigo —le digo, relajándome un
poco mientras Beck pasa el dedo por el interior de mi muñeca.
—Respiraciones profundas —susurra Beck, haciéndome consciente de mi
respiración en pánico.
Hago lo que dice. Aire adentro. Aire afuera.
—Willow, por favor, solo dame unos minutos —me ruega mi padre, dando un
paso hacia mí.
Doy un paso atrás, chocando con Beck.
—No mereces unos minutos —le digo—. Y si quisieras esos minutos, deberías
haberlos conseguido hace trece años.
—Lo sé —dice, jugueteando nerviosamente con las mangas—. Sé que me
equivoqué. Realmente lo sé. Pero el tipo que era en aquel entonces... ya no lo soy.
—¿Entonces, quién eres? Porque todo lo que conozco es el hombre que me dejó
con una madre horrible.
Él se pasa la mano por la frente, sin palabras.
—Hasta hace un par de semanas, no me había dado cuenta de lo mal que tu
madre ha estado. Y hasta hace un par de años, nunca pensé en ti o en tu madre,
demasiado borracho para preocuparme. Entonces, me sucedió algo que fue una
verdadera revelación, así que me puse sobrio y me di cuenta... —Deja salir una
respiración temblorosa—, me di cuenta de lo mucho que arruiné mi vida en las
últimas dos décadas. Y no solo mi vida, sino la de mi hija.
—Si eso es cierto, ¿por qué te tomó dos años encontrarme? —le espeté,
conteniendo las lágrimas.
—Porque quería organizar mi vida. —Se acerca a mí y mete las manos en los
bolsillos—. Además, sabía que ya serías una adulta ahora y probablemente no
agradecerías mi regreso.
Algunas lágrimas escapan de mis ojos, pero rápidamente las limpio.
—Entonces, ¿por qué intentarlo?
—Porque quiero verte. —Saca la mano del bolsillo y se pasa los dedos por el
cabello—. Si eso me hace egoísta o no, decidí intentarlo.
—Entonces, ¿por qué no lo intentaste en lugar de seguirme o vigilar la casa?
—Porque estaba asustado —admite—. Porque sabía que así es como ibas a
reaccionar.
—Merezco actuar de esta manera.
—Sé que así es.
—¿Te sientes mal por lo que hiciste?
Mi voz se quiebra.
Sus ojos se agrandan y comienza a estirar la mano, pero retrocedo.
—Por supuesto que me siento mal por lo que hice —susurra, a punto de llorar—
. Me persigue cada hora de cada día. Desearía poder recuperar lo que hice, pero no
puedo. Lo que puedo hacer es pedir: rogar por otra oportunidad. Incluso si solo son
unos minutos de tu tiempo. Por favor, Willow, déjame tener eso.
Mis piernas comienzan a temblar cuando la ansiedad bombea por mis venas.
Debería irme, huir de este hombre, pero no puedo mover mis pies.
Beck pone sus manos sobre mis hombros y masajea los músculos, intentando
que me tranquilice.
—¿Quieres irte? —susurra en mi oído.
Asiento.
—Realmente lo quiero.
Beck retira sus manos de mis hombros, toma mi mano y me lleva hacia el auto.
Mi padre mira en pánico mientras me alejo de él. No sé si eso es lo que me llega, el
pánico, o tal vez en el fondo, solo quiero hablar con mi papá por unos minutos. Sea
lo que sea, me detengo cerca de la puerta del pasajero y retrocedo.
—¿Tienes una tarjeta con tu número de teléfono?
Él asiente rápidamente y luego busca en su bolsillo su billetera.
—Sí, realmente lo hago. —Saca una tarjeta y me la entrega—. Es el celular de
mi trabajo, pero puedes llamarme en cualquier momento.
Me pregunto qué hace para trabajar... quién es ahora... si alguna vez podremos
superar el pasado. No estoy muy segura. Sin embargo, si he aprendido algo en los
últimos meses, es que no debería huir de todo simplemente porque tengo miedo. Y
aunque mi padre realmente no se ha ganado la oportunidad de hablar conmigo, en
cierto modo la tengo con él.
—No sé con certeza si te llamaré —le digo, metiendo la tarjeta en el bolsillo de
mis jeans—. Pero lo pensaré.
—Eso es todo lo que pido —dice rápidamente—. ¿Puedo hacerte una pregunta?
No quiero darle nada, pero asiento, de todos modos.
—Ya no estás viviendo en este lugar, ¿verdad? —pregunta con preocupación—.
Parece que te mudas... a un lugar mejor, espero.
No puedo evitar sonreír mientras miro a Beck, que está de pie a mi lado,
sosteniendo mi mano.
—Sí, realmente lo hago... a un lugar mucho, mucho mejor.
EPÍLOGO
Willow
Después de mudarme de ese apartamento y renunciar a ese horrible trabajo, mi
vida se vuelve mucho más fácil. Todavía paso mucho tiempo haciendo tarea,
trabajando en mis dos trabajos, y probablemente estresándome más de lo que
necesito. Estoy comenzando a darme cuenta que podría ser siempre una preocupona,
pero estaré bien mientras trate con las preocupaciones en lugar de embotellarlas. Así
que lo hago. Trato con ello por mí misma y algunas veces con la ayuda de Wynter,
Ari, Luna y por supuesto de Beck.
Me gustaría decir que el nombre de mi mamá estaba en esa lista, pero
desafortunadamente, no escuchado de ella en dos meses, no desde que rompió todas
mis esferas de nieve y se fue. Conduje hacia el apartamento una vez cuando estaba
pasando por el pueblo. Sin embargo, no me detuve, demasiado temerosa de lo que
encontraría o no. El lugar parecía vacío; las luces apagadas, la oscuridad acechando
cada ventana. Honestamente, algo así como siempre lució.
Por el lado positivo, mi papá no resultó ser tan horrible como cuando tenía seis.
Hace un par de semanas, me encontré con él por una hora, y me explicó que luchó
contra el alcoholismo desde antes de que yo naciera y se fue porque estaba
estúpidamente borracho para importarle algo más que el alcohol que cualquier otra
cosa. Él también me dijo que nunca se odió más a sí mismo que cuando descubrió lo
que pasé con mi mamá. Después de pasar tanto tiempo odiándome, le dije que no
quería que se sintiera de esa manera. Él podía sentirse mal, pero no odiarse.
Terminamos nuestra conversación con un incómodo apretón de manos y la promesa
de volver a cenar juntos en el momento en que yo estuviera lista. Mientras aún no he
decidido cuando será eso, no siento como si tuviera que apresurar esa decisión.
Un paso a la vez, siempre me está diciendo Beck.
No sé qué haría sin él. Y aunque todavía temo que algún día me vea obligada a
descubrirlo, trato de no pensar demasiado en eso, centrándome en los momentos que
consigo con él.
Los momentos maravillosos, asombrosos y sin aliento.
Momentos que casi no tuve porque tenía mucho miedo.
Pero no tengo miedo en este momento.
De hecho, estoy muy emocionada.
—Son las diez en punto —anuncio cuando entro en su dormitorio con las manos
en la espalda—. ¿Y sabes lo que eso significa?
Está sentado en la cama, mirando su computadora portátil sin camisa, usando
nada más que jeans. Tengo el más fuerte impulso de correr hacia él y tocarlo. Y lo
haré. Pero primero, necesito darle algo.
Levanta la vista de su computadora portátil, sus ojos parpadean divertidos
mientras examina mis pantalones cortos a cuadros y mi camiseta sin mangas.
—Pensé que había declarado que la próxima pelea de almohadas sería desnuda.
—Lo sé. Y planeo hacerlo en solo un segundo. —Me acerco a la cama—. Quiero
darte algo primero.
Desliza la computadora portátil de su regazo y se mueve hasta el borde de la
cama.
—¿Qué es?
Mantengo mis manos en la espalda.
—Un regalo.
—¿De verdad? ¿Tiene encaje y lazos y muestra el sexy anillo en tu vientre?
Corre sus nudillos por mi cintura, sonriendo cuando me estremezco.
Sí, incluso después de tres meses, todavía me estremezco, me sonrojo y me siento
toda hormigueante cada vez que me toca. Eso está bien, sin embargo. Las
sensaciones son realmente agradables cuando no estoy luchando contra él.
—Lo siento, pero no tiene ningún encaje. —Me río mientras su labio sobresale—
. Sin embargo, prometo que sigue siendo un buen regalo. Al menos, creo que lo es.
—Muy bien, veamos lo que tienes —dice, frotándose las manos con entusiasmo.
Sonriendo, saco mi mano de detrás de mi espalda y le paso el pedazo de papel.
Él frunce el ceño al instante.
—Es una buena lista, lo prometo. —Trato de tranquilizarlo.
Todo lo que hace es presionar sus labios, negándose a tomarlo.
Suspirando, me siento a su lado y abro el papel. Luego leo en voz alta lo que
quería decirle durante años, pero he tenido demasiado miedo de decirlo.
Todas las razones por las que te amo:
Porque me diste la esfera de nieve más genial de la historia.
Porque no pensaste que era un bicho raro la primera vez que viniste a mi casa.
Porque me abrazas todo el tiempo.
Porque crees en mí.
Porque eres el chico más amable que he conocido y que conoceré.
Porque me haces sentir segura incluso en los momentos más aterradores.
Porque puedo hablar contigo sobre sexo y no sonrojarme... Bueno, a veces, a menos que
hablemos de algo realmente sucio.
Porque me haces reír.
Porque me haces sonreír.
Porque sabías que me haría una lista.
Porque te negaste a renunciar a mí incluso cuando luché tanto.
Porque eres mi mejor amigo.
Porque me hiciste ver quién realmente soy.
Porque todavía te preocupaste por mí, incluso cuando te mostré lo peor.
Porque todavía me querías incluso cuando estaba en mi peor momento.
Porque eres increíble, maravilloso, amable, cariñoso, dulce, divertido y un bicho raro. Pero
seamos sinceros, yo también.
Porque me enseñaste como amar no solo a ti, sino a mí misma.
Mi voz está temblando con nervios para el final, y rápidamente me aclaro la
garganta.
—Solo quería que supieras todo es, que supieras cuán importante eres para mí.
Su expresión está en blanco, y me pregunto si tal vez me sobrepase en lo cursi.
Pero entonces sonríe, y de repente, está acunando mi nuca y acercándome por un
beso. Y justo así, la fracción de momento de preocupación se aleja.
—También te amo —susurra entre besos—. Pero omitiste una cosa.
Me retiro ligeramente y lo miro a los ojos.
—¿Lo hice?
Asiente.
—Olvidaste decir que me amas porque tenemos una impresionante guerra de
almohadas desnudos.
Me rio, negando con la cabeza. Pero el humor se desvanece mientras él se pone
serio de nuevo.
—Realmente te amo —dice—. Más que nada.
—Lo sé —le digo antes de sellar mis labios en los suyos.
Y es la verdad. Sé que me ama. Siempre lo he sabido. Solo estaba demasiado
asustada para admitirlo. Demasiado asustada para aceptarlo. Demasiado asustada
de cosas que no puedo controlar.
Demasiado asustada.
Demasiado asustada.
Demasiado asustada.
Casi dejo que el miedo arruine mi vida, casi le permito controlarme. Y casi me
pierdo los perfectos momentos como este. Porque, mientras la vida está llena con
imperfecciones, la perfección existe en momentos raros y hermosos. Momentos raros
y hermosos hacen que la vida realmente valga la pena de ser vivida. Y estoy feliz que
ya no esté tan asustada de los malos momentos que me pierdo los buenos. De hecho,
creo que esa va a ser mi regla número dos en la vida, justo después de amar a Beck.
~Fin~
SIGUIENTE LIBRO
Es sorprendente cómo una sola respiración, un
instante, un momento puede cambiar tu vida...
Sé muy bien qué tan rápido puede cambiar la
vida. La vida nunca ha sido perfecta para mí, pero
tampoco fue terrible. Ahora, estoy consumido por
un deseo, una obsesión, de vengarme de quienes
me destruyeron. No tengo espacio para nada más,
especialmente una relación.
Es por eso que cuando Everette se estrella
contra mi vida, no quiero tener nada que ver con
él. Pero luego tengo un colapso, y Everette está allí
para rescatarme. Y estoy agradecida por ello.
Realmente lo estoy.
Pero mi historia no es necesariamente sobre mí
y Everette. Se trata de que no quiero que me
rescaten. Se trata de querer poder salvarme a mí
misma y evitar que otros se derrumben por los
secretos que llevan, porque alguien decidió
lastimarlos. Lo que quiero es ayudar a las mujeres cuyos nombres están en la lista
que descubrí.
Odio pensarlo, pero estoy bastante segura de que las personas que me
destruyeron también pueden haber destruido a estas mujeres. Y no puedo sacar sus
nombres de mi cabeza. Tengo que hacer algo para ayudarlas y encontrar una manera
de poner fin a otra lista que se haya hecho.
Rebels & Misfits #3
Revange Inc #1
SOBRE LA AUTORA
Jessica Sorensen es una autora bestselling del New York
Times y del USA de las montañas de Wyoming. Cuando no está
escribiendo, ella pasa su tiempo leyendo y con su familia.
Puedes encontrarla en sus redes sociales
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