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Naciones Unidas A/58/330

Asamblea General Distr. general


28 de agosto de 2003
Español
Original: inglés

Quincuagésimo octavo período de sesiones Comentario [Start1]: <<O


DS JOB
Tema 119 (b) del programa provisional* NO>>N0348419S<<ODS JOB
Cuestiones relativas a los derechos hum anos: cuestiones NO>>
relativas a los derechos hum anos, incluidos distintos <<ODS DOC
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criterios para m ejorar el goce efectivo de los derechos DOC SYMBOL1>>
hum anos y las libertades fundam entales <<ODS DOC
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El derecho a la alimentación
Nota del Secretario General**

El Secretario General tiene el honor de transmitir a la Asamblea General el in-


forme sobre el derecho a la alimentación preparado por el Relator Especial de la
Comisión de Derechos Humanos, Sr. Jean Ziegler, de conformidad con la resolución
57/226 de la Asamblea General.

* A/58/150.
** El informe se presentó con retraso debido a las difíciles circunstancias por las que pasa
actualmente la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos, que ralentizaron el proceso de aprobación del documento.

03-48419 (S) 300903 091003


*0348419*

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A/58/330

Resumen
El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación
presenta su tercer informe anual a la Asamblea General.
El Relator Especial desearía reiterar a la Asamblea General la importancia del
derecho a la alimentación como derecho humano, que es preciso hacer efectivo si se
pretende erradicar el hambre del mundo. El Relator Especial dice que poco se está
logrado para reducir el hambre, pese a las promesas hechas por los gobiernos en la
Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después de reducir a la mitad pa-
ra el año 2015 el número de víctimas del hambre. De hecho, según la Organización
de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, en 2002 el número de
personas desnutridas que habían en el mundo aumentó a 840 millones, a partir de
815 millones en 2001. Es escandaloso que el hambre persista en un mundo donde se
producen alimentos más que suficientes para dar de comer a toda la población. Ya es
hora de reconocer que el modelo económico neoliberal está produciendo mucha ri-
queza pero, al mismo tiempo, hay muchos que quedan en la miseria y a duras penas
consiguen alimentarse.
El presente informe comienza con una introducción y una visión general de las
actividades realizadas por el Relator Especial el año pasado, para continuar con dos
capítulos conceptuales, cuyo objetivo es desarrollar el marco conceptual y abordar
dos cuestiones difíciles y apremiantes relacionadas con el derecho a la alimentación:
el género y el derecho a la alimentación, y las empresas transnacionales y el derecho
a la alimentación. En otro capítulo se examinan otros ejemplos de buenas prácticas y
acontecimientos positivos relacionados con el derecho a la alimentación en todo el
mundo.
En el capítulo sobre las cuestiones relacionadas con el género se analizan las re-
laciones entre los sexos que pueden tener repercusiones negativas sobre el derecho a
la alimentación. A pesar de los importantes avances en el marco jurídico para la pro-
tección de la mujer, subsisten pautas discriminatorias que impiden la plena realización
del derecho de la mujer a la alimentación, como por ejemplo, la tradición de que las
mujeres deben comer menos que los varones de la familia, costumbre que puede pro-
vocar importantes diferencias en el nivel de malnutrición de uno y otro sexo.
El capítulo relativo a las empresas transnacionales y el derecho a la alimentación
toma como punto de partida el hecho de que, en muchos aspectos y en muchas regio-
nes del mundo, estas empresas controlan como nunca antes el sistema alimentario, pe-
se a lo cual no hay un sistema coherente de rendición de cuentas para que no abusen
de ese poder. Al igual que inicialmente los derechos humanos se concibieron para fre-
nar los abusos de poder por parte de los Estados, ahora deben desarrollarse para limi-
tar los abusos de poder de las empresas. Por ello, en este capítulo se describe de ma-
nera general el marco jurídico por el que se intenta imponer a las empresas la obliga-
ción de respetar los derechos humanos, en particular el derecho a la alimentación.
En el último capítulo se describen acontecimientos positivos en dos países, el
Brasil y Sierra Leona, antes de terminar con las conclusiones y recomendaciones del
Relator Especial.

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Índice
Párrafos Página

I. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1–11 4
II. El género y el derecho a la alimentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12–26 7
III. Las empresas transnacionales y el derecho a la alimentación . . . . . . . . . . . . . . 27–51 11
IV. Acontecimientos positivos en la promoción del derecho a la alimentación . . . 52–61 19
A. Brasil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 52–56 19
B. Sierra Leona . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57–61 20
V. Conclusiones y recomendaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 62–63 22

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I. Introducción
1. El Relator Especial sobre el derecho a la alimentación tiene el honor de pre-
sentar a la Asamblea General su tercer informe de conformidad con la resolución
57/226 y con la resolución 2003/25 de la Comisión de Derechos Humanos.
2. El mandato del Relator Especial sobre el derecho a la alimentación figura en
las resoluciones 2000/10 y 2001/25 de las Comisión de Derechos Humanos. Este
año, la Comisión decidió prorrogar el mandato del Relator Especial por un período
adicional de tres años, medida que el Consejo Económico y Social hizo suya en su
decisión 2003/244.
3. El derecho a la alimentación es un derecho humano, protegido por el derecho
internacional humanitario y la normativa de derechos humanos. En la observación
general No. 12 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales se defi-
nió de la siguiente forma: “el derecho a la alimentación adecuada se ejerce cuando
todo hombre, mujer o niño, ya sea solo o en común con otros, tiene acceso físico y
económico, en todo momento, a la alimentación adecuada o a los medios para obte-
nerla (párr. 6)”. Inspirándose en la observación general, el Relator Especial ha adop-
tado la siguiente definición práctica del derecho a la alimentación:
“El derecho a la alimentación es el derecho a tener acceso, de manera regular,
permanente y libre, sea directamente, sea mediante compra en dinero, a una
alimentación cuantitativa y cualitativamente adecuada y suficiente, que corres-
ponda a las tradiciones culturales de la población a que pertenece el consumi-
dor y que garantice una vida psíquica y física, individual y colectiva, libre de
angustias, satisfactoria y digna” (E/CN.4/2001/53, párr. 14).
4. Pese a los numerosos compromisos contraídos por los gobiernos para erradicar
el hambre y hacer efectivo el derecho a la alimentación, persisten en todo el mundo,
tanto en el Norte como en el Sur, hambre, inseguridad alimentaria, desnutrición y
violaciones de la obligación de respetar, proteger y hacer efectivo el derecho a la
alimentación. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO), las medidas para reducir el hambre casi se han estancado1. Las
promesas hechas en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de reducir a la mitad
el número de personas desnutridas no se han materializado pues son pocos los países
que han conseguido reducir el número de víctimas del hambre2. En 2002, el número
de personas desnutridas que había en el mundo aumentó a 840 millones: 799 millo-
nes en los países en desarrollo, 30 millones en los países en transición y 11 millones
en los países industrializados3. Cada siete segundos muere en alguna parte del mun-
do un niño menor de 10 años, como resultado directo o indirecto del hambre4. Más
de 2.000 millones de personas sufren de “hambre oculta” o insuficiencia de micro-
nutrientes, que tiene efectos que no siempre son inmediatamente visibles: impide
que los niños crezcan y se desarrollen con normalidad, hace que su cuerpo quede
atrofiado y, a veces, deforme, y además, reduce su capacidad intelectual y su siste-
ma inmunitario, lo que les condena a una existencia marginal. El hambre también
tiene repercusiones de una generación a la siguiente, ya que las madres desnutridas
dan a luz a niños que nunca se desarrollarán plenamente, condenando a países ente-
ros al subdesarrollo. Todo esto sucede en un mundo que, según la FAO, ya produce
alimentos más que suficientes para alimentar a toda la población.

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5. En la presente introducción, el Relator Especial aprovechará la oportunidad


para informar de sus actividades por promover y supervisar el derecho a la alimen-
tación. Durante el año anterior, el Relator Especial participó en muchas actividades
relacionadas con su mandato. Efectuó dos misiones, una a Bangladesh (del 24 de oc-
tubre al 4 de noviembre de 2002) y otra a los territorios palestinos ocupados (del 3
al 12 de julio de 2003). El Relator Especial también presentó un informe a la Comi-
sión de Derechos Humanos en abril de 2003 (E/CN.4/2003/54 y Add.1 y 2) en el que
examinó nuevas iniciativas internacionales relativas al desarrollo de la protección
del derecho a la alimentación (las directrices voluntarias relativas al derecho a la
alimentación) y el derecho al agua (observación general No. 15 sobre el derecho al
agua aprobada por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales). De
conformidad con la resolución de la Comisión de Derechos Humanos, donde ésta
pidió al Gobierno de la República Popular Democrática de Corea que cooperara con
los procedimientos temáticos, en particular con el Relator Especial sobre el derecho
a la alimentación (resolución 2003/10, inciso e) del párrafo 2), el Relator Especial
pidió al Gobierno que le autorizara a efectuar una misión a ese país y, en vista de la
urgencia de la situación en Myanmar, también ha pedido que se le invite a visitar el
país. El Relator Especial pide encarecidamente a los Gobiernos de la República Po-
pular Democrática de Corea y de Myanmar que respondan a sus solicitudes y autori-
cen las misiones.
6. A lo largo del año y de conformidad con su mandato, el Relator Especial tam-
bién ha contribuido al seguimiento de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación:
cinco años después, asistiendo, en marzo de 2003, a la primera reunión del grupo de
trabajo intergubernamental que desarrollará las directrices voluntarias internaciona-
les relativas al derecho a la alimentación. Ya se han enviado a la FAO dos documen-
tos sobre la forma y el contenido de las directrices. Es fundamental que éstas pro-
porcionen asesoramiento concreto y práctico sobre la forma de aplicar el derecho a
la alimentación y que refuercen la actual protección jurídica de ese derecho, en vez
de debilitarla. En febrero de 2003, también participó en una consulta de expertos or-
ganizada por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los De-
rechos Humanos (ACNUDH) a fin de preparar el envío de las directrices voluntarias
al grupo de trabajo intergubernamental, y su equipo de investigación ha participado
en diversas reuniones con organizaciones no gubernamentales para sensibilizar a la
sociedad civil y fomentar su participación en la elaboración de las directrices.
7. El Relator Especial y su equipo también han procurado aumentar la concien-
ciación mediante un seminario en el Instituto Superior de Estudios sobre el Desarro-
llo de la Universidad de Ginebra sobre teoría y práctica de la defensa de los dere-
chos económicos, sociales y culturales. Diversas personalidades académicas del ám-
bito de los derechos humanos participaron en el seminario con presentaciones sobre
sus especialidades, por ejemplo, el Dr. Dzidek Kedzia, jefe de la Subdivisión de In-
vestigación y del Derecho al Desarrollo del ACNUDH, el Dr. Giorgio Malinverni,
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Ginebra, el Dr. Andrew
Clapham, Catedrático de Derecho Internacional en el Instituto Universitario de Al-
tos Estudios Internacionales de Ginebra y el Sr. Jean-Daniel Vigny, Ministro en la
Misión Permanente de Suiza ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra.
8. Asimismo, el Relator Especial viene supervisando y registrando las violacio-
nes del derecho a la alimentación que se cometen en todo el mundo e insta a los go-
biernos a que respondan prontamente a sus llamamientos. Hace poco envió cartas a
los Gobiernos de Colombia, la India y la Argentina y espera recibir sus respuestas.

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También ha intervenido varias veces en el Brasil, en relación con presuntas viola-


ciones de los derechos humanos en el ingenio azucarero Usina Aliança, en Pernam-
buco, donde comunidades de campesinos luchan por sus derechos sobre tierras que
está previsto expropiar. El Relator Especial ha colaborado en este caso con el Rela-
tor Especial nacional brasileño y pide encarecidamente a las autoridades del país
que examinen la situación, protejan a esas comunidades de violaciones de los dere-
chos humanos y faciliten su acceso a las tierras. También ha escrito al Gobierno del
Brasil para plantear la terrible situación en los calabozos de la comisaría de policía
de São Paulo (44ª delegacia), pero aún espera respuesta formal. Asimismo, colaboró
con el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales cuando examinó el
informe presentado por el Brasil de conformidad con el Pacto Internacional de De-
rechos Económicos, Sociales y Culturales.
9. Al tiempo que supervisaba esas presuntas violaciones, el Relator Especial se
ocupó de los acontecimientos positivos relacionados con el derecho a la alimenta-
ción en distintos contextos nacionales, entre otros los relativos al programa “Fome
Zero” (“Hambre Cero”) del Brasil y los nuevos acontecimientos en Sierra Leona.
Durante el seguimiento de su misión al Brasil, el Relator Especial se mantuvo en es-
trecho contacto con las autoridades brasileñas. Tuvo el honor de ser invitado a la in-
auguración del mandato del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva en enero de 2003 y
participó con él y con sus principales ministros y consejeros en un largo debate so-
bre el derecho a la alimentación en el Brasil. Instó al Presidente a que adopte un en-
foque basado en los derechos para su programa “Hambre Cero”. Se ha seguido ocu-
pando de los acontecimientos positivos en Sierra Leona y un miembro de su equipo
participó en el Simposio para llevar a la práctica el derecho a la alimentación en
Sierra Leona (Symposium to operationalize the right to food in Sierra Leone), cele-
brado en Freetown en mayo de 2003. En el capítulo IV se informa de la situación en
el Brasil y Sierra Leona.
10. El Relator Especial y su equipo también han asistido a otras muchas reuniones
para promover el derecho a la alimentación, como el Foro Mundial sobre el Desarro-
llo Social de Porto Alegre (Brasil) en enero de 2003, presentando ponencias y parti-
cipando en programas y cursos de capacitación de Action contre la faim en París, en
marzo y mayo de 2003, y asistiendo a la conferencia inaugural de una red de organi-
zaciones dedicadas a los derechos económicos, sociales y culturales en Tailandia en
mayo de 2003. El Relator Especial también tuvo el honor de ser invitado a hablar en
ocasión de la mesa redonda sobre derechos humanos organizada por el Gobierno de
Suiza en mayo de 2003. Además, se ha mantenido en contacto con muchas organiza-
ciones gubernamentales y no gubernamentales y con organismos de las Naciones
Unidas. El Relator Especial también ha publicado un breve libro sobre el derecho a
la alimentación5.
11. El Relator Especial ha seguido desarrollando la base conceptual para su labor
sobre el derecho a la alimentación, creando un conjunto de informes en que se tie-
nen en cuenta los informes anteriores. En el presente informe introduce dos temas
nuevos: el género y el derecho a la alimentación, y las empresas transnacionales y el
derecho a la alimentación. En los capítulos correspondientes se esbozan los marcos
jurídicos en proceso de elaboración, al tiempo que se destacan algunos de los pro-
blemas relativos a esos aspectos del derecho a la alimentación. En otro capítulo, el
Relator Especial informa de los acontecimientos positivos que se están produciendo
en relación con el derecho a la alimentación en el Brasil y Sierra Leona, antes de re-
dactar sus conclusiones y recomendaciones finales.

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II. El género y el derecho a la alimentación


12. En su resolución 2001/25, la Comisión de Derechos Humanos alentó al Relator
Especial a que incorporara una perspectiva de género en su labor. En respuesta a esa
solicitud, ha examinado las relaciones entre los sexos y los problemas específicos
que afectan a las mujeres en relación con el derecho a la alimentación, en particular
durante sus misiones a los países. En el presente capítulo, se ha procurado hacer al-
gunas observaciones preliminares sobre la relación entre el género y el derecho a la
alimentación.
13. Las mujeres se ven desproporcionadamente afectadas por el hambre, la insegu-
ridad alimentaria y la pobreza, en gran parte como resultado de las desigualdades
entre los sexos y su falta de poder social, económico y político. En muchos países,
las niñas tienen el doble de posibilidades que los niños de morir de desnutrición y de
enfermedades infantiles prevenibles y se calcula que casi el doble de mujeres que
hombres sufren desnutrición. Sin embargo, es lamentable que todavía no haya esta-
dísticas mundiales sobre las tasas de desnutrición o subnutrición correspondientes a
hombres y mujeres.
14. No obstante, las mujeres son fundamentales para la seguridad alimentaria. De-
sempeñan un papel vital en la producción y preparación de los alimentos, en la agri-
cultura, en la obtención de ingresos para alimentar a su familia y si se las educa co-
mo mediadoras de la educación nutricional dentro de la familia. Cada vez se reco-
noce más que la salud de las mujeres es crucial para la salud de la sociedad en gene-
ral, ya que una mujer desnutrida tiene más probabilidades de dar a luz niños desnu-
tridos y con problemas de crecimiento. En los países en que muere un elevado por-
centaje de los niños menores de 5 años, cada vez se relaciona más esa mortalidad
con la desnutrición materna. Los nuevos estudios científicos sobre nutrición propo-
nen un enfoque de “ciclo vital”, que reconozca los vínculos entre generaciones por
lo que hace a la situación nutricional6. Es más probable que las madres con peso in-
ferior al normal y desnutridas tengan niños de peso inferior al normal, cuya capaci-
dad física y mental puede quedar gravemente atrofiada. Régis Debray dijo que a es-
tos niños se les “crucifica al nacer”.

Instrum entos internacionales que protegen el derecho de la m ujer


a la alimentación
15. En los últimos años se han logrado enormes progresos en todo el mundo en la
elaboración de instrumentos jurídicos contra la discriminación y en favor de la mu-
jer. En la presente sección se examinan algunos de los instrumentos internacionales
que protegen el derecho de la mujer a la alimentación, insistiendo en los artículos
que se pueden utilizar para mejorar esa protección. No obstante, en la sección si-
guiente se examinan las persistentes dificultades en relación con el género y el dere-
cho a la alimentación.
16. El derecho de la mujer a la alimentación está protegido, explícita e implícita-
mente, en muchos instrumentos internacionales y regionales de derechos humanos.
El instrumento en que se prevé una protección más fuerte del derecho a la alimenta-
ción es el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (pá-
rrafo 2 del artículo 2 y artículo 3) que también contiene garantías de no discrimina-
ción e igualdad de la mujer en el disfrute de estos derechos. Los gobiernos deben
respetar, proteger y hacer efectivo el derecho a la alimentación de sus ciudadanos y

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una interpretación basada en el género debe reconocer que esto puede implicar la
aplicación de medidas específicas y diferentes para las mujeres. En la observación
general No. 12 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que con-
tiene la definición aceptada del derecho a la alimentación, también se indica que la
política de los gobiernos para realizar este derecho:
“debe prestar una atención especial a la necesidad de prevenir la discrimina-
ción en el acceso a los alimentos o a los recursos destinados a alimentos. Esto
debe incluir los siguientes elementos: garantías de un acceso completo y equi-
tativo a los recursos económicos, especialmente para las mujeres, incluido el
derecho a heredar y a poseer tierras y otros bienes, y de acceso al crédito, a los
recursos naturales y a una tecnología adecuada; medidas para respetar y prote-
ger el trabajo por cuenta propia y los trabajos remunerados de modo que ase-
guren una vida digna para los asalariados y sus familias (como estipula el inci-
so ii) del párrafo a) del artículo 7 del Pacto); mantener registros sobre los de-
rechos a la tierra (incluidos los bosques)” (párr. 26).
17. El instrumento que ofrece mayor protección de los derechos de la mujer es la
Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la
mujer. Aunque en la Convención no se hace referencia explícita al derecho a la ali-
mentación como tal, sí se protege la igualdad de acceso de la mujer a la tierra, el
crédito, los ingresos y la seguridad social o a redes de protección social, que son
elementos esenciales de ese derecho. Por ejemplo, en el inciso g) del artículo 14 se
prohíbe la discriminación y se exige igualdad de trato en el acceso a la tierra y en
los planes de reforma agraria. El inciso h) del artículo 16 también garantiza los
mismos derechos en materia de propiedad de los bienes. Un buen instrumento res-
pecto de los derechos de la mujer a la tierra y otros recursos es el documento publi-
cado por la FAO Gender and Law – Women’s Rights in Agriculture7, que ofrece una
visión completa de los distintos derechos de la mujer en diversos ordenamientos ju-
rídicos de todo el mundo, a escala nacional e internacional. En situaciones de con-
flicto armado, el derecho humanitario internacional también concede especial pro-
tección a la mujer y prevé su derecho a la asistencia, incluida la alimentación (véase
E/CN.4/2002/58, párrs. 72 a 106).
18. Los derechos de la mujer también están muy protegidos en virtud de las dispo-
siciones sobre igualdad y no discriminación de numerosos instrumentos jurídicos in-
ternacionales, incluidos los convenios de la Organización Internacional del Trabajo8 .
Además, en el ámbito nacional, hay muchas leyes por las que se prohíbe la discri-
minación y se establece la igualdad de la mujer, y se exige a los Estados que actúen
con la debida diligencia para impedir, investigar y castigar la discriminación y los
actos de violencia cometidos contra la mujer por el Estado o por agentes privados9 .
Es preciso reconocer que, en el contexto de los derechos económicos, sociales y cul-
turales, incluido el derecho a la alimentación, la obligación de no discriminación es
una obligación inmediata, por lo que no se ve limitada por la disposición relativa a
la realización progresiva que se aplica a otras obligaciones resultantes del Pacto In-
ternacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (párrafo 2 del artículo
2), sino que debe aplicarse de inmediato.

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Aspectos del derecho a la alim entación relacionados con el género:


observaciones prelim inares
19. Aunque se han logrado avances significativos en el desarrollo de la protección
jurídica de la mujer, incluida la del derecho a la alimentación, en muchos aspectos y
en todo el mundo sigue habiendo una gran diferencia entre la teoría y la práctica.
Incluso cuando hay leyes, las mujeres no siempre tienen acceso a la justicia o puede
que las leyes no se apliquen, y la igualdad jurídica no siempre es una igualdad sus-
tantiva. Los avances logrados por lo que hace a los derechos formales de la mujer no
siempre han ido acompañados de la atención adecuada para que esos derechos sean
significativos y sustantivos; así, la influencia real de los instrumentos internaciona-
les en la vida de las mujeres sigue siendo limitada. Las mujeres continúan sufriendo
discriminación de hecho en lo relativo al acceso y el control de la alimentación, la
tierra, los ingresos y otros recursos.
20. La discriminación en el hogar por lo que se refiere a la distribución de alimen-
tos e ingresos puede tener serias repercusiones en el derecho de la mujer a la ali-
mentación. Como demostró tan gráficamente Amartya Sen en su artículo “More than
100 million women are missing”, la discriminación contra las niñas puede provocar
un alto grado de desnutrición infantil y elevadas tasas de mortalidad entre las niñas
por desnutrición y negligencia10. El Relator Especial, en su misión a Bangladesh,
comprobó que hay notables diferencias en los niveles de desnutrición por sexos: hay
muchas más niñas que pesan menos de lo normal y que sufren de raquitismo. En
muchas regiones del país, las costumbres sociales y culturales exigen que las muje-
res sean las últimas en comer, después de los hombres de la familia, por lo que con
frecuencia, son las que menos comen, lo que contribuye a la elevada tasa de morta-
lidad femenina. En Bangladesh, la discriminación y devaluación de la mujer se ex-
presa a veces de manera muy violenta, por ejemplo, tirándoles ácido para desfigu-
rarlas como acto de venganza, lo que a menudo hace que no puedan casarse y que
les resulte muy difícil encontrar trabajo para alimentarse. En los casos en que el ám-
bito en que con más frecuencia se dan la discriminación por sexo y la subordina-
ción, es en la esfera privada y se considera que la familia entra en el ámbito de lo
privado, por lo que no está al alcance del Estado ni es de su responsabilidad para
tomar medidas concretas contra la discriminación a fin de cambiar la idea que se
tiene de las relaciones entre los sexos en el ámbito privado, es preciso superar la di-
cotomía entre lo público y lo privado.
21. La persistencia de la discriminación en el lugar de trabajo también significa
que los ingresos de las mujeres siguen siendo inferiores a los de los hombres, por lo
que tienen menos capacidad para alimentarse a sí mismas y a su familia, en particu-
lar en los hogares donde el cabeza de familia es una mujer. Aunque la incorporación
de la mujer al mercado laboral es cada vez mayor, con frecuencia se hace en condi-
ciones de explotación, especialmente en los sectores de la mano de obra poco cuali-
ficada y salario más bajo. La creciente liberalización y la relajación de las leyes la-
borales como parte de estrategias políticas neoliberales también hacen que a la mu-
jer le sea más difícil pedir salarios y condiciones de trabajo mejores, lo que viene a
agravar la feminización de la pobreza. Al otro extremo, sigue sin reconocerse como
actividad productiva gran parte del trabajo que efectúa la mujer en el hogar y en la
agricultura y este trabajo invisible rara vez es remunerado. Como resultado de ello,
es frecuente que la mujer dependa económicamente del hombre, lo que refuerza su
falta de poder y suele ser el motivo de que no se denuncien distintas formas de vio-
lencia contra la mujer. Durante la visita del Relator Especial al Brasil (véase

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E/CN.4/2003/54/Add.1), también observó que a menudo la discriminación por sexo


va acompañada de otras formas de discriminación, como la raza. Por ejemplo, en el
Brasil, la pobreza y el hambre son predominantemente negros11. El nivel de pobreza
entre los afrobrasileños es el doble del de los blancos y en promedio los afrobrasile-
ños ganan menos del 42% del sueldo de los brasileños blancos. Además, el sueldo
de las afrobrasileñas es aún más bajo, ya que son víctimas de doble discriminación,
por sexo y por raza (véase E/CN.4/1996/72/Add.1).
22. La mujer también tiene grandes dificultades para obtener la seguridad de acceso
a otros recursos, como la tierra, el agua y el crédito, y control sobre ellos, pues con
frecuencia no se la considera como productora ni como igual desde el punto de vista
jurídico. Con frecuencia se le niega el acceso al crédito y a la tenencia segura de tie-
rras porque las autoridades no la reconocen como productora de alimentos ni como
trabajadora agrícola. Sin acceso a los recursos productivos, la independencia econó-
mica de la mujer y su capacidad para alimentarse son limitadas. Según la FAO, aun-
que la proporción de mujeres que son cabeza de familia en las zonas rurales sigue au-
mentando y en algunos países en desarrollo es de más del 30%, menos del 2% de las tie-
rras son propiedad de mujeres12. En muchas partes del mundo las costumbres y tradicio-
nes limitan la igualdad de acceso de la mujer a los recursos productivos. Sin embargo,
en algunos países, esta discriminación está codificada en el derecho consuetudinario.
23. Durante su misión al Níger (véase E/CN.4/2002/58/Add.1), el Relator Especial
observó que coexisten tres complejos sistemas jurídicos: el derecho moderno, el dere-
cho consuetudinario y el derecho islámico. Este sistema pluralista denota el rico lega-
do jurídico del país, pero también plantea problemas en relación con el derecho de la
mujer a la alimentación. El derecho consuetudinario, combinado de manera sincrética
con el islámico, tiende a aplicarse a escala comunitaria y familiar, lo que da a las mu-
jeres muchos menos derechos que el derecho moderno, especialmente en relación con
los derechos de herencia. Por ejemplo, la costumbre permite el matrimonio de las ni-
ñas de corta edad, lo que, si el matrimonio se consuma demasiado pronto, puede tener
graves consecuencias para su salud, como el desgarro de los órganos internos que
puede dar lugar a una enfermedad llamada fístula, que provoca incontinencia. Esto
hace que el marido las repudie, lo que las deja con escasos medios de supervivencia,
con frecuencia incapaces de alimentarse. Al Relator Especial también le preocupó el
elevado número de reservas que expresó el Gobierno al adherirse a la Convención so-
bre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer por motivos
de cultura y costumbres, pero que en la práctica anulan gran parte de la protección que
brinda la Convención. Es evidente que es preciso proteger la cultura y las diferencias,
pero eso no debería contribuir a que persista la discriminación contra la mujer.
24. El hecho de que al adoptar las políticas no se tengan en cuenta las cuestiones
relacionadas con el género también puede contribuir a la persistencia de la desigual-
dad de la mujer e influir sobremanera en su derecho a la alimentación. Las políticas
de ajuste estructural, liberalización y privatización no suelen parecer sexistas, pero
sus consecuencias para hombres y mujeres son muy distintas. Por ejemplo, el costo
de la reestructuración económica suele recaer de forma desproporcionada en la mu-
jer. Es fundamental examinar los efectos que tiene sobre uno y otro sexo la reestruc-
turación económica conforme al modelo económico que predomina y que cuenta con
el apoyo del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización
Mundial del Comercio, que pretende reducir la responsabilidad del Estado por la po-
lítica social. Antes, la política social giraba en torno a cuestiones de redistribución,
prestación universal y reducción de los niveles de desigualdad, pero ahora se centra

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en “los más pobres de los pobres”, con el objetivo de reducir la pobreza y la indi-
gencia, pero sin preocuparse por la distribución general de los ingresos y la riqueza
dentro de la sociedad13. Como han señalado numerosos defensores de los derechos
de la mujer, nunca se alcanzará una igualdad sustantiva de la mujer a menos que el
Estado adopte medidas positivas concretas para mejorar su situación con respecto al
hombre. No basta con una igualdad formal de derechos humanos; de hecho, la
igualdad de derechos formal provocará desigualdades si no se tienen en cuenta el
punto de partida y las diferentes desventajas que afectan a hombres y mujeres.
Al reducir la responsabilidad del Estado se limita su capacidad para tomar medidas
positivas, pese a que la mayoría de los gobiernos han firmado tratados internaciona-
les de derechos humanos por los que se han comprometido a respetar, proteger y
hacer efectivo el derecho de la mujer a la alimentación, es decir, a adoptar medidas
positivas concretas para resolver los problemas de discriminación con que se enfren-
ta la mujer y garantizar su igualdad sustantiva.

Observaciones prelim inares


25. El Estado tiene la obligación de respetar, proteger y hacer efectivo el derecho a
la alimentación. El cumplimiento de esta obligación debe entenderse de forma que
se respeten las diferencias entre los sexos, se tengan en cuenta los actuales obstácu-
los con que se enfrenta la mujer y se procure mejorar la situación. La obligación de
respetar el derecho de la mujer a la alimentación significa que el Estado debe abste-
nerse de tomar toda medida que impida el acceso de la mujer a los alimentos, el
agua, la tierra, los ingresos o a otros recursos. La obligación de proteger este dere-
cho significa que el Estado está obligado a proteger a la mujer contra todas las for-
mas de discriminación por parte de agentes no estatales, lo que incluye la discrimi-
nación en el lugar de trabajo, en la esfera privada y en lo relativo al acceso a los re-
cursos. La obligación de hacer efectivo el derecho de la mujer a la alimentación sig-
nifica que los gobiernos tienen una obligación positiva de crear un entorno que ga-
rantice a la mujer un acceso suficiente a los recursos necesarios para alimentarse y,
en última instancia, de apoyar a la mujer que, por motivos ajenos a su control, no
pueda alimentarse. Esta obligación positiva significa que el Estado debe adoptar
medidas positivas concretas para mejorar la igualdad sustantiva de la mujer e im-
pugnar las normas, tradiciones y leyes consuetudinarias que legitimizan la discrimi-
nación y la violencia contra la mujer, incluso dentro de la familia y en el hogar, es-
pecialmente en lo relativo a la distribución de los alimentos.
26. En el presente capítulo, el Relator Especial ha procurado exponer sus observa-
ciones preliminares basándose en la información que ha obtenido durante las misio-
nes que ha llevado a cabo hasta la fecha. No obstante, también será importante efec-
tuar un estudio más detallado sobre el género y el derecho a la alimentación en el
futuro para ver si se ha avanzado, en particular en la jurisprudencia y la aplicación
de estrategias de igualdad entre los sexos a nivel nacional y regional, sobre todo en
el contexto del derecho a la alimentación.

III. Las empresas transnacionales y el derecho a


la alimentación
27. Conforme al mandato de la Comisión de Derechos Humanos se encomendó al
Relator Especial la tarea de identificar “los problemas nuevos relacionados con el

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derecho a la alimentación que se planteen en todo el mundo” (inciso c) del párrafo 10


de la resolución 2000/10). En el presente capítulo se examina una cuestión que co-
bra cada vez mayor importancia para el ejercicio efectivo del derecho a la alimenta-
ción: las obligaciones de las empresas transnacionales en materia de derechos
humanos en vista de que éstas ejercen un control cada vez mayor sobre la produc-
ción y distribución de alimentos y de agua. Dado este creciente control sobre el sis-
tema alimentario, se considera que estas empresas tienen obligaciones y deben asu-
mir responsabilidad por garantizar el respeto de los derechos humanos, entre ellos el
derecho a la alimentación. El presente capítulo trata de las obligaciones de las em-
presas transnacionales en relación con el derecho a la alimentación en virtud de la
normativa internacional de derechos humanos.
28. Como señaló el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
“las empresas de alcance mundial pueden tener efectos enormes sobre los derechos
humanos en sus prácticas de empleo, en sus efectos ambientales, en el apoyo que
prestan a regímenes corruptos o en su defensa de cambios normativos”14. Hoy en
día, las empresas transnacionales con frecuencia tienen ingresos que superan con
creces los ingresos del gobierno de los países en que operan. Según la Conferencia
de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) 29 de las 100 ma-
yores entidades económicas del mundo son empresas transnacionales15. Se calcula
que las 200 empresas mayores controlan una cuarta parte de los activos productivos
del mundo16. Las empresas, como grupos de presión de gran poder financiero, tam-
bién pueden ejercer un fuerte control sobre las leyes, las políticas y las normas que
se aplican en su respectivo sector, lo que puede dar lugar a una normativa menos es-
tricta y tener repercusiones negativas para la salud, la seguridad y el precio y la ca-
lidad de los alimentos.
29. El Relator Especial ha recibido repetidos llamamientos de organizaciones no
gubernamentales (ONG) para que examine las obligaciones de las empresas transna-
cionales en relación con los derechos humanos en el contexto del creciente control
que ejercen en el sector alimentario, desde la producción hasta la elaboración y co-
mercialización de los alimentos. Por ejemplo, muchos miembros de las más de
400 ONG y organizaciones de la sociedad civil que asistieron al Foro paralelo de
ONG/PEN sobre soberanía alimentaria, celebrado en Roma en 2002, expresaron su
preocupación por la creciente concentración y control monopolista sobre el mercado
mundial de las semillas agrícolas, en concreto el mercado de las semillas genética-
mente modificadas, dominado por la empresa Monsanto. Aunque se suele aceptar
que, en ciertas condiciones, las semillas transgénicas pueden aumentar la produc-
ción, a las ONG les preocupa que el creciente control que ejercen unas cuantas em-
presas agroalimentarias sobre las semillas reduzca la competencia en el futuro, así
como las posibilidades de elegir, lo que provocaría un aumento de los precios. Mu-
chas organizaciones, incluida la FAO, también están preocupadas por que la investi-
gación en biotecnología se rige en la actualidad por imperativos comerciales y no se
centra en las necesidades de seguridad alimentaria de los más pobres17. En general
se acepta que el hambre persiste, no por escasez en el suministro de alimentos, sino
por los bajísimos niveles de ingresos y por las desigualdades en el acceso a la tierra,
el agua, el crédito y los mercados. Las ONG y los agricultores están especialmente
preocupados por las tecnologías que impiden la regeneración de las semillas y por el
uso de derechos de propiedad intelectual sobre ellas, lo que obliga a los agricultores
a comprar semillas nuevas cada año, amenazando así su independencia y su capaci-
dad para generar sus propias reservas de semillas. Aunque es evidente que hay que

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proteger los derechos de patente de las empresas, también hay que proteger los de-
rechos de los pequeños agricultores18. Además, como señaló Oxfam, es preciso pro-
teger al mismo tiempo los derechos de los consumidores mediante reglamentación,
etiquetado, el criterio de precaución y legislación sobre responsabilidad de las empre-
sas por los posibles efectos perjudiciales sobre la población o el medio ambiente19.
30. Otro ejemplo es el de varias ONG que se mostraron preocupadas porque, Nes-
tlé al ser una de la mayores empresas de elaboración de alimentos del mundo, domi-
na el mercado de los sucedáneos de la leche materna en muchos países del mundo, y
sus prácticas de comercialización violan el Código Internacional de Comercializa-
ción de Sucedáneos de la Leche Materna, acordado internacionalmente. Dicen que
se ha comprobado que, en su propaganda, Nestlé desaconseja la lactancia materna y
fomenta la artificial, lo que va en contra del Código20. Los organismos de las Nacio-
nes Unidas, incluido el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF),
han expresado preocupaciones parecidas21.
31. A menudo se supone que las empresas son proveedores neutrales de bienes y
servicios y que las fuerzas del mercado satisfacen los intereses de todos. Sin embar-
go, está cada vez más claro que el control monopolístico del sistema alimentario por
las empresas transnacionales puede tener por finalidad obtener ganancias en régi-
men de monopolio que benefician a las empresas más que al consumidor. Las acti-
vidades de las empresas transnacionales a veces pueden violar directamente las
normas de derechos humanos, incluido el derecho a la alimentación. A pesar de que
esas empresas ejercen un control cada vez mayor sobre nuestro sistema alimentario,
todavía hay relativamente pocos mecanismos para garantizar que respeten las nor-
mas y que no violen los derechos humanos. Como afirmó en 1996 el anterior Secre-
tario General Boutros Boutros-Ghali, “no existe un sistema mundial coherente de
rendición de cuentas que corresponda al ámbito mundial de las empresas transna-
cionales”. No existe un “contrato social” entre los particulares y las empresas trans-
nacionales. A lo largo de los siglos, se elaboraron normas de derechos humanos para
que los gobiernos no abusaran de su poder pero en una época en que las empresas
son más poderosas que los gobiernos, es imprescindible ampliar el ámbito de apli-
cación de las normas de derechos humanos para que no abusen de la posición de
poder que han adquirido.
32. Según la forma en que se ha aplicado la normativa de derechos humanos, nor-
malmente sólo se puede responsabilizar de violaciones de los derechos humanos a
un gobierno. Todavía no se entiende bien cómo se puede exigir responsabilidad a
una empresa por ese tipo de violaciones. No obstante, se están haciendo nuevos
avances en el estudio de los derechos humanos y cada vez se comprende mejor que
hay dos formas de exigir a las empresas que respeten los derechos humanos, una in-
directa y otra directa. La primera es resultado de la obligación que incumbe a los
gobiernos de proteger a la población de los efectos negativos que las actividades de
las empresas transnacionales puedan tener en el derecho a la alimentación, lo que
significa que los gobiernos deben vigilar y regular sus actividades, dentro del país y
fuera de él. La segunda consiste en imponer obligaciones directas a las empresas
mediante la elaboración de obligaciones directas en relación con los derechos huma-
nos, de instrumentos intergubernamentales y de compromisos voluntarios.

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Obligación del E stado de proteger (obligaciones indirectas)


33. El derecho a la alimentación impone al Estado obligaciones a tres niveles: la
obligación de respetar, la de proteger y la de hacer efectivo el derecho a la alimenta-
ción. La obligación de proteger el derecho a la alimentación, de garantizarlo, es la
más importante en este contexto, porque supone que los gobiernos deben reglamen-
tar las actividades de las empresas para que éstas no cometan violaciones de los de-
rechos humanos.
34. Cabe, pues, preguntarse ¿qué significa la obligación de proteger. Según las di-
rectrices de Maastricht (véase E/C.12/2000/13):
“Dentro de la obligación de garantizar queda comprendida la responsabilidad
de conseguir que las entidades privadas o las personas particulares, así como
las empresas transnacionales sujetas a la jurisdicción del Estado no priven a
nadie de sus derechos económicos, sociales y culturales. Los Estados son res-
ponsables de las violaciones de los derechos económicos, sociales y culturales
que se deban a la omisión de la diligencia debida para corregir el comporta-
miento de actores no estatales” (párr. 18).
35. En su observación general No. 12 sobre el derecho a la alimentación el Comité
de Derechos Económicos, Sociales y Culturales subrayó que “la obligación de pro-
teger requiere que el Estado Parte adopte medidas para velar por que las empresas o
los particulares no priven a las personas del acceso a una alimentación adecuada”
(párr. 15). Como “un componente de su obligación de proteger los recursos alimen-
tarios básicos para el pueblo, deben adoptar medidas adecuadas tendentes a garanti-
zar que las actividades del sector privado y de la sociedad civil sean conformes con
el derecho a la alimentación” (párr. 27). En relación con el agua, que está intrínse-
camente vinculada al derecho a la alimentación (véase E/CN.4/2003/54, párrs. 36 a
51), el Comité aclara en la observación general No. 15 que la obligación de proteger
comprende “la adopción de las medidas legislativas o de otra índole que sean nece-
sarias y efectivas para impedir, por ejemplo, que terceros denieguen el acceso al
agua potable en condiciones de igualdad y contaminen o exploten en forma no equi-
tativa los recursos de agua, con inclusión de las fuentes naturales, los pozos y otros
sistemas de distribución de agua” (párr. 23). En opinión del Comité, el agua es un
bien público fundamental para la vida y la salud (párr. 1). Por tanto, cuando los ser-
vicios de suministros de agua (como las redes de canalización, las cisternas y los ac-
cesos a ríos y pozos) sean explotados o estén controlados por terceros, debe estable-
cerse un sistema normativo eficaz que prevea una supervisión independiente, una
auténtica participación pública y la imposición de multas por incumplimiento
(párr. 24).
36. En el ya tristemente célebre caso de Cochabamba (Bolivia), en 1999 el Go-
bierno vendió el agua pública a Aguas del Tunari, una filial de la transnacional
Bechtel. La empresa anunció inmediatamente un aumento del precio del agua de
hasta el 35%, lo que para muchos bolivianos significaba que el agua ya no era ase-
quible (véase E/CN.4/Sub.2/2003/9). Hubo una protesta pública que desembocó en
disturbios más generalizados y el Gobierno decretó la ley marcial para controlarlos,
pero finalmente revocó la ley por la que privatizaba el agua.
37. El modo más importante de garantizar el respeto a los derechos de la alimenta-
ción y al agua es promulgar una legislación interna eficaz para proteger a la pobla-
ción de las violaciones de terceros, incluidas las empresas transnacionales (leyes y

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reglamentos que protejan el acceso a la tierra, al agua potable, al agua para el riego
y a unos ingresos mínimos y que prohíban la injerencia en los medios de subsisten-
cia de una familia o una comunidad) y proporcionar recursos administrativos y judi-
ciales efectivos.
38. A nivel nacional y regional, la obligación de proteger los derechos humanos
está claramente establecida en la jurisprudencia22. Por ejemplo, en una decisión fun-
damental para el derecho a la alimentación emitida en 2001, la Comisión Africana
de Derechos Humanos y de los Pueblos examinó una reclamación relativa al com-
portamiento en Nigeria de un consorcio petrolero entre la empresa petrolera estatal y
Shell. En ese caso, la Comisión comprobó que se habían violado diversos aspectos
de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, pero se refirió en par-
ticular a las obligaciones de los Estados en relación con los agentes privados en el
ámbito del derecho a la alimentación. A juicio de la Comisión Africana, la Carta
Africana y el derecho internacional exigen y obligan a Nigeria a proteger y mejorar
las fuentes de alimentos existentes y a garantizar el acceso de todos los ciudadanos a
una alimentación adecuada. Sin hablar de la obligación de aumentar la producción
de alimentos y garantizar el acceso a ellos, el mínimo esencial del derecho a la ali-
mentación exige que el Gobierno de Nigeria no destruya ni contamine las fuentes de
alimentos. No debería permitir que agentes privados destruyeran o contaminaran
esas fuentes o impidieran que las personas intentaran alimentarse23. Esa valiente de-
cisión debe aplicarse y debe considerarse un ejemplo a seguir en otros casos simila-
res. A nivel nacional también hay jurisprudencia, incluso en Sudáfrica donde la
Constitución (arts. 7 y 27) obliga al Estado a proteger el derecho a la alimentación,
y en la India donde el Tribunal Supremo afirmó que la Unión y todos los gobiernos
estatales debían proteger el derecho de los trabajadores a tener acceso a servicios
médicos y agua potable24.
39. Los Estados disponen de otros medios para proteger el derecho de sus ciuda-
danos a la alimentación. Por ejemplo, algunos Estados han adoptado medidas para
garantizar que su legislación nacional impone a las empresas transnacionales obli-
gaciones relativas a los derechos humanos. Asimismo, se está creando una jurispru-
dencia que demuestra que es posible exigir responsabilidades a las empresas por las
violaciones de los derechos humanos, incluido el derecho a la alimentación. En Su-
dáfrica, en virtud de lo dispuesto en el artículo 8 de la Constitución, la Declaración
de Derechos y Garantías Fundamentales se aplica a las personas físicas o jurídicas,
lo que significa que se puede responsabilizar a una empresa transnacional de violar
el derecho a la alimentación. En Uganda y Namibia la privatización ha ido acompa-
ñada de una ampliación del ámbito de acción de la Oficina del Ombudsman y de la
Comisión de Derechos Humanos, respectivamente, para que incluya la supervisión
de las actividades de las entidades privatizadas25. En la India, hubo empresas a las
que el Tribunal Supremo consideró responsables de violaciones de los derechos hu-
manos, incluido el derecho al agua26. El Código Internacional de Comercialización
de Sucedáneos de la Leche Materna —que es aplicable al comportamiento de las
empresas transnacionales— se ha aplicado en 25 países27.
40. Los gobiernos también tienen la responsabilidad de supervisar y regular las ac-
tividades de sus empresas transnacionales en el extranjero. Esto significa que los Es-
tados “de origen” deben adoptar reglamentaciones internas y mecanismos de super-
visión eficaces y proporcionar recursos efectivos en caso de que se produzcan viola-
ciones del derecho a la alimentación. En la observación general No. 15 se afirma
que “los Estados partes deben adoptar medidas para impedir que sus propios ciuda-

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danos y empresas violen el derecho al agua potable de las personas y comunidades


de otros países” (párr. 33). Sirvan de ejemplo de formas de proteger los derechos
humanos en otros países los asuntos relacionados con la “responsabilidad civil por
actos cometidos en el exterior que se han presentado” en Australia28, el Canadá29 y
el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte30, acusando a empresas transna-
cionales en la jurisdicción de su Estado de origen (conforme a la legislación en ma-
teria de responsabilidad civil) por violaciones de los derechos humanos en otros paí-
ses. Otro ejemplo interesante es el de la Ley de los Estados Unidos de América, de
reclamaciones de extranjeros en materia de responsabilidad civil, por la que cual-
quier empresa transnacional (no sólo las que tienen sede en el país) puede ser acusa-
da de complicidad en violaciones de los derechos humanos en otros países31. Los
parlamentos de Europa y Australia, que han pedido que se regulen las actividades
de sus empresas transnacionales en otros países, también han tenido en cuenta esa
obligación32.
41. Por último, los Estados de origen tienen la obligación de no ejercer presión so-
bre el Estado de acogida para que no regule las actividades de las empresas transna-
cionales. Esto se ha tenido en cuenta, por ejemplo, en las Directrices de la Organi-
zación de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) para las empresas multi-
nacionales en las que los Estados miembros de la OCDE acordaron que las empresas
debían “respetar los derechos humanos de las personas afectadas por sus actividades
de conformidad con las obligaciones y compromisos internacionales del gobierno de
acogida (párr. II.2)” y que “los gobiernos tienen derecho de establecer las condicio-
nes con arreglo a las cuales las empresas multinacionales ejercen su actividad en sus
respectivas jurisdicciones, con sujeción al derecho internacional” (párr. I.7). En vir-
tud de ese acuerdo, los Estados miembros de la OCDE deben utilizar su influencia
para proteger los derechos humanos, incluido el derecho a la alimentación, por lo
que respecta a las actividades de las empresas transnacionales en los Estados de
acogida.

Obligaciones directas de las empresas transnacionales en el derecho


y las norm as internacionales de los derechos hum anos
42. Los Estados tienen la responsabilidad primordial de promover y proteger los
derechos humanos y, como dijo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, un Es-
tado no puede evadir su propia responsabilidad delegando sus obligaciones en órga-
nos privados o individuos33. No obstante, se debería obligar a las empresas transna-
cionales a respetar la legislación nacional del Estado en que funcionan y del Estado
de origen en el que tienen su sede. Asimismo, resulta cada vez más evidente que,
conforme al derecho internacional, los instrumentos de las organizaciones intergu-
bernamentales y los compromisos voluntarios, se puede responsabilizar a las empre-
sas transnacionales de promover y garantizar los derechos humanos.
43. En la Declaración Universal de Derechos Humanos se proclama que la obliga-
ción de promover el respeto a los derechos humanos y de garantizar su observancia
y reconocimiento efectivos no incumbe sólo a los Estados sino también tanto a los
individuos como a las instituciones. Aquí se debe incluir a las empresas transnacio-
nales. Esta interpretación fue confirmada por la Asamblea General (véase la resolu-
ción 42/115) y por la Comisión de Derechos Humanos (véase la resolución 1987/18,
párr. 4), en que se instó a las empresas transnacionales a garantizar que sus activida-
des no tuvieran efectos adversos en el proceso de realización de los derechos huma-
nos en los países en desarrollo.

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44. Las empresas transnacionales también deberían tener en cuenta en sus activi-
dades el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Como
afirma el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en su observación
general No. 12 sobre el derecho a la alimentación:
“Aunque solamente los Estados son partes en el Pacto y son, por lo tanto, los
responsables últimos del cumplimiento de éste, todos los miembros de la so-
ciedad —los particulares, las familias, las comunidades locales, las organiza-
ciones no gubernamentales, las organizaciones de la sociedad civil y el sector
empresarial privado— son responsables de la realización del derecho a una
alimentación adecuada” (párr. 20).
45. También ha habido importantes iniciativas para elaborar la base normativa de
las obligaciones directas de las empresas. Por ejemplo, la Subcomisión de Promo-
ción y Protección de los Derechos Humanos y su Grupo de Trabajo sobre las empre-
sas transnacionales aprobaron las “Normas sobre las responsabilidades de las em-
presas transnacionales y otras empresas comerciales en la esfera de los derechos
humanos” (E/CN.4/Sub.2/2003/12/Rev.2), basadas en los instrumentos internaciona-
les de derechos humanos vigentes. En este importante documento se afirma que
“dentro de sus respectivas esferas de actividad e influencia, las empresas transna-
cionales y otras empresas comerciales tienen la obligación de promover y proteger
los derechos humanos consagrados en el derecho internacional y en la legislación
nacional (...) asegurar que se cumplan, respetarlos y hacerlos respetar” (párr. 1). Se-
gún lo dispuesto en las Normas, las empresas transnacionales “respetarán los dere-
chos económicos, sociales y culturales, así como los derechos civiles y políticos, y
contribuirán a que se ejerzan, en particular los derechos ... a una alimentación ...
adecuada” y agua potable; “y se abstendrán de todo acto que impida el ejercicio de
esos derechos” (párr. 12). Se trata de un intento importante por ampliar el alcance de
los derechos humanos, incluido el derecho a la alimentación, trascendiendo el mode-
lo centrado en el Estado. Se intentó asimismo ampliar las obligaciones más allá de
la empresa matriz para incluir a todos los proveedores y evitar que las empresas
puedan eludir sus obligaciones alegando que no funcionan directamente sino que
han subcontratado gran parte de su producción o de sus actividades a proveedores
locales (párr. 15). La Subcomisión decidió transmitir las Normas a la Comisión de
Derechos Humanos para su examen y aprobación (resolución 2003/16).
46. Entre otras iniciativas se cuentan las declaraciones y directrices aprobadas por
órganos intergubernamentales, que constituyen instrumentos útiles para evaluar las
actividades de las empresas transnacionales, a pesar de que no son de carácter vin-
culante. Las más importantes son las Directrices de la OCDE para las empresas mul-
tinacionales (revisadas en 2000) y la Declaración Tripartita de Principios sobre las
Empresas Multinacionales y la Política Social de la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) de 1977, que se aplican a los Estados y las empresas multinacionales.
Según la Declaración Tripartita de la OIT, las empresas multinacionales “deberían
respetar los derechos soberanos de los Estados, observar las leyes y reglamentos na-
cionales, tener debidamente en cuenta las prácticas locales y respetar las normas in-
ternacionales aplicables. Deberían también respetar la Declaración Universal de De-
rechos Humanos y los correspondientes Pactos Internacionales adoptados por la
Asamblea General de las Naciones Unidas, así como la Constitución de la Organiza-
ción Internacional del Trabajo y sus principios ...” (párr. 8).

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47. Según las Directrices de la OCDE, todos los gobiernos que se han adherido
(los Estados de la OCDE, la Argentina, el Brasil y Chile) están obligados a estable-
cer puntos de contacto nacionales que deben difundir información sobre las Direc-
trices y pueden conocer de una reclamación sobre violaciones cometidas por una
empresa multinacional. En distintas ocasiones, organizaciones no gubernamentales
han presentado casos al mecanismo de reclamaciones de la OCDE en los que una
empresa había violado derechos humanos.
48. Entre los instrumentos intergubernamentales importantes que se aplican a las
actividades de las empresas transnacionales cabe señalar el Código Internacional de
Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna, aprobado por la Organiza-
ción Mundial de la Salud (OMS) y el UNICEF, y el Código de ética para el comer-
cio internacional de alimentos, aprobado por la Comisión del Códex Alimentarius.
La Iniciativa del Pacto Mundial del Secretario General, por la que las empresas
transnacionales se comprometen a “apoyar y respetar la protección de los derechos
humanos reconocidos internacionalmente dentro de su ámbito de influencia y asegu-
rarse de no ser cómplices de violaciones de los derechos humanos”, también es un
proyecto importante y puede constituir un mecanismo eficaz para lograr la rendición
de cuentas si se pueden establecer mecanismos de supervisión.
49. También hay muchas empresas que han adoptado sus propias políticas o prác-
ticas, por las que reconocen la importancia de respetar los derechos humanos. Entre
esas iniciativas cabe mencionar la firma de códigos de conducta. En 1999, la OCDE
preparó un inventario de 233 códigos elaborados en su mayor parte por empresas34 .
Varias empresas cuentan actualmente con su propia política de derechos humanos.
Por ejemplo, la empresa Shell tiene una política sobre el modo de proteger los dere-
chos humanos y el momento en que hay que hablar de violaciones de esos derechos.
Reebok tiene una política sobre el trabajo infantil y Nestlé ha incorporado a sus
principios comerciales las normas establecidas en los convenios de la OIT, los prin-
cipios del Pacto Mundial y el Código Internacional de Comercialización de Sucedá-
neos de la Leche Materna. Aunque muchas de esas políticas sólo sirven para mejorar
su imagen pública, en algunos casos las empresas están tomando verdaderamente
medidas para que se respeten los derechos humanos. La sociedad civil también pue-
de ayudar a que se hagan cumplir y se apliquen en mayor medida los principios que
las empresas han suscrito, cerciorándose de que se atienen a los principios de dere-
chos humanos. Las nuevas directrices voluntarias internacionales para la realización
del derecho a la alimentación, que se están elaborando como parte del seguimiento
de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después, también deberían
servir para fortalecer el marco que rige las responsabilidades de las empresas con
respecto al derecho a la alimentación.

Recom endaciones
50. De conform idad con la legislación internacional en m ateria de derechos
hum anos y los comprom isos contraídos en virtud de instrum entos interguber-
namentales, tanto el Estado de acogida como el de origen tienen la obligación
de proteger a las personas de los efectos negativos que las actividades de las
em presas transnacionales pueden tener en el derecho a la alim entación. Esas
em presas tam bién tienen obligaciones directas con respecto al derecho a la ali-
m entación según lo dispuesto en la normativa internacional de derechos huma-
nos, así com o en la legislación nacional, los instrum entos intergubernam entales
y los códigos de conducta voluntarios.

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51. L as em presas transnacionales deben respetar los tratados internacionales


de derechos hum anos, la legislación nacional y los instrum entos interguberna-
m entales y adherirse a los códigos de conducta que se han com prom etido a
cum plir. No obstante, es im portante admitir que los m ecanism os de supervisión
siguen siendo limitados y todavía es raro que se inspeccione si las em presas
transnacionales respetan los derechos humanos. Por tanto, es esencial fortalecer
los m ecanism os de supervisión. Las organizaciones no gubernamentales deberí-
an desempeñar un papel fundam ental para ayudar a los Estados, los mecanis-
m os de derechos hum anos y las propias em presas transnacionales a garantizar
el disfrute de todos los derechos hum anos, incluido el derecho a la alimenta-
ción. Los relatores especiales tam bién pueden desempeñar una función impor-
tante en la supervisión de las actividades de esas em presas. Esto podría consti-
tuir un im portante m ecanismo de vigilancia que ayudaría a las em presas a
cum plir con sus obligaciones en m ateria de derechos humanos.

IV. Acontecimientos positivos en la promoción del derecho


a la alimentación
A. Brasil

52. En el Brasil, país lleno de vitalidad dinámico y relativamente rico, en enero de


2003 asumió el poder un nuevo Presidente, cuya principal prioridad es erradicar el
hambre mediante su programa “Hambre Cero”, un buen ejemplo a seguir para ha-
cer efectivo el derecho a la alimentación. Gracias a este programa, el Presidente
da Silva espera erradicar el hambre y la malnutrición en el Brasil en los próximos
cuatro años.
53. Como pudo observar el Relator Especial durante su misión en marzo de 2002
(véase E/CN.4/2008/54/Add.1), el país ocupa actualmente el décimo lugar en el
mundo por lo que respecta al volumen de su economía y es uno de los mayores ex-
portadores mundiales de alimentos, pese a lo cual sigue sin poder alimentar a sus
propios habitantes. Millones de brasileños siguen sufriendo hambre y malnutrición.
Unos 54 millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza y 22 millones
de personas en el Brasil viven por debajo del nivel de pobreza extrema, lo que signi-
fica que no pueden comprar una cesta de alimentos que proporcione el aporte de ca-
lorías mínimo que necesita una persona diariamente. La inseguridad alimentaria se
debe en gran parte a la pobreza, así como a la falta de acceso a los recursos, incluida
la tierra, y la falta de control sobre ellos. Se siguen produciendo muchas violaciones
del derecho a la alimentación, ya que el persistente clientelismo y las grandes des-
igualdades en el acceso a los recursos limitan la capacidad de alimentarse de los más
pobres. Erradicar el hambre y reducir los niveles extremos de desigualdad social en
el Brasil será fundamental para la estabilidad social y el desarrollo del país.
54. El programa “Hambre Cero” del Presidente da Silva consiste en una serie de
41 medidas, que abordan las causas estructurales del hambre y tratan de reducirla
inmediatamente en el caso de los más vulnerables proporcionando redes de seguri-
dad y apoyo, asegurando que se adopten medidas locales específicas, adaptadas a las
circunstancias locales y a los diferentes modelos de subsistencia de las zonas rurales
y urbanas. Se ha reinstaurado el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria, en el que
estarán representados 11 ministros de los ministerios pertinentes y representantes de

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la sociedad civil y de los organismos de las Naciones Unidas. El Consejo seleccio-


nará los grupos más vulnerables, hará frente a la discriminación y establecerá un
mecanismo de coordinación que sea representativo y participativo. En el programa
se fijan plazos y se delimita las responsabilidades de los diferentes participantes.
55. El Relator Especial recomienda que se incorporen al programa “Hambre Cero”
otras iniciativas importantes sobre el derecho a la alimentación en el Brasil:
a) Durante la visita que realizó el Relator Especial al Brasil, el entonces Pre-
sidente del Gobierno Fernando Henrique Cardoso anunció la creación en el Ministerio
de Justicia de un nuevo consejo nacional para la promoción del derecho humano a la
alimentación en el Brasil (CNPDA). Se trata de una iniciativa importante y el consejo
debería constituirse para desempeñar una importante función en la supervisión de la
realización del derecho a la alimentación, así como de las violaciones de ese derecho.
Un miembro del consejo debería formar parte del Consejo Nacional de Seguridad
Alimentaria para que el programa se centre en los derechos humanos;
b) Por iniciativa de organizaciones no gubernamentales brasileñas, se creó
el cargo de “Relator Especial Nacional” sobre el derecho a la alimentación, basado
en el modelo de las Naciones Unidas, pero que actúa en el ámbito nacional. La so-
ciedad civil nombró al Dr. Flavio Valente para ocupar el cargo durante tres años. Es-
ta iniciativa puede servir de modelo para otros países del mundo entero y el nuevo
Gobierno debería apoyarla. También convendría que el Relator Especial Nacional
desempeñara una función en el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y en el
Programa “Hambre Cero”.
56. El Relator Especial se seguirá ocupando de los acontecimientos positivos que
se produzcan en el Brasil en relación con el derecho a la alimentación. Asimismo,
insta a la comunidad internacional, en particular a las instituciones financieras inter-
nacionales, a que apoyen el programa del Presidente da Silva. En concreto, las insti-
tuciones financieras deberían garantizar que las condiciones de reembolso de la
desmesurada deuda externa del Brasil, que asciende a 235.000 millones de dólares,
no impidan la ejecución de ese programa. En un país tan rico y productivo como el
Brasil, debe llevarse a la práctica el programa “Hambre Cero” para que no persista
el hambre. El Relator Especial insiste en que las obligaciones relativas a los dere-
chos humanos deben anteponerse a todas las demás, incluidas las contraídas en vir-
tud de acuerdos comerciales internacionales o acuerdos relativos a la amortización
de la deuda.

B. Sierra Leona

57. Sierra Leona, país devastado por la guerra durante los 10 últimos años, avanza
por fin hacia la paz y ha contraído un compromiso importante para hacer efectivo el
derecho a la alimentación. Como parte de las actividades de reconstrucción del país,
el Gobierno considera indispensable realizar el derecho a la alimentación y a la se-
guridad alimentaria, esfuerzo que la comunidad internacional debe apoyar plena-
mente. El Presidente Kabbah, en el discurso inaugural que pronunció en 2002 al ser
reelegido, lo dejó muy claro:
“Conciudadanos sierraleoneses, mi principal objetivo en la segunda etapa
del viaje que realizamos juntos se centra en un derecho básico, el derecho a la
alimentación. Así pues, hoy, con el nuevo mandato que me habéis otorgado,

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haré otra promesa. Esta vez prometo trabajar aún más y con más determina-
ción, y hacer cuanto me sea posible para lograr que en los próximos cinco años
ningún habitante de Sierra Leona se vaya a la cama con hambre.”
58. El derecho a la alimentación debe constituir una prioridad en Sierra Leona.
Antes de la guerra, en 1990 se calculaba que más del 80% de los habitantes del país
vivían por debajo del umbral de pobreza, fijado en 1 dólar diario, y los ingresos me-
dios de los pobres no bastaban para cubrir siquiera el 50% de las necesidades ali-
mentarias mínimas de la familia. Actualmente, como consecuencia de la guerra, la
pobreza se ha agravado y los niveles de malnutrición siguen siendo terriblemente al-
tos, al igual que los niveles de mortalidad infantil y materna35.
59. La guerra en Sierra Leona también se caracterizó por la gravedad de las viola-
ciones de derechos humanos. Muchas de las que se produjeron durante el conflicto
eran claramente violaciones de los derechos económicos, sociales y culturales, in-
cluido el derecho a la alimentación, por ejemplo, la destrucción y el saqueo sistemá-
ticos de granjas, cultivos y ganado y el desplazamiento forzoso de personas de sus
hogares, propiedades agrícolas y fuentes de subsistencia. El Frente Revolucionario
Unido (FRU) amputaba manos y pies a los civiles, lo que limitaba considerablemen-
te su capacidad para satisfacer sus necesidades alimentarias, no sólo a corto plazo
sino durante el resto de su vida. Se trata de violaciones evidentes del derecho a la
alimentación, del mismo modo que la destrucción deliberada de escuelas y de pues-
tos de salud en muchas regiones constituye una clara violación de los derechos a la
enseñanza y a la salud.
60. En mayo de 2003, el Gobierno de Sierra Leona, en colaboración con la FAO,
organizó en Freetown un simposio sobre la realización del derecho a la alimentación
en Sierra Leona, al que asistió un representante del Relator Especial. Este simposio
constituyó un primer paso importante hacia la realización de la promesa hecha por
el Presidente, contribuyendo a que se comprendiera mejor el derecho a la alimenta-
ción en Sierra Leona. Se han formulado al Gobierno las siguientes recomendaciones
preliminares:
a) Debería crearse en el Ministerio de Agricultura una secretaría nacional de
seguridad alimentaria para formular una política y un plan de acción que garanticen
el derecho a la alimentación a todos los habitantes de Sierra Leona para el año 2007;
b) El plan de acción debería abordar distintas cuestiones, entre ellas la dis-
criminación contra la mujer, el acceso a la tierra y al crédito, las normas alimenta-
rias y el uso adecuado de la ayuda alimentaria;
c) Debería instituirse un mecanismo de supervisión independiente (de
acuerdo con los Principios de París) para supervisar la progresiva realización del de-
recho a la alimentación, vigilar las violaciones de ese derecho y atender a las recla-
maciones y quejas. También estaría facultado para resolver las violaciones del dere-
cho a la alimentación.
61. El Relator Especial celebra esos avances hacia la realización del derecho a la
alimentación en Sierra Leona. Al país le será difícil poner en práctica la promesa del
Presidente, pero se ha dado un paso importante. Sierra Leona es un país rico en re-
cursos (diamantes, oro y suelo fértil), pero esos recursos deben aprovecharse para
conseguir la seguridad alimentaria y es evidente que se necesitará el apoyo de la
comunidad internacional. El Relator Especial seguirá vigilando los acontecimientos

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que se produzcan en Sierra Leona e insta a la comunidad internacional a que colabo-


re con el Gobierno para garantizar el derecho a la alimentación.

V. Conclusiones y recomendaciones
62. E l Relator Especial insta a los gobiernos a que respeten, garanticen y ha-
gan efectivo el derecho a la alim entación de conform idad con sus obligaciones
en m ateria de derechos hum anos. Es evidente que, a pesar de los progresos lo-
grados en la m ejora de la protección legal del derecho a la alim entación, espe-
cialmente para las m ujeres, queda mucho por hacer para reducir la diferencia
que hay entre las norm as prom ovidas y la realidad. Persisten distintas form as
de discrim inación por m otivos de sexo que tienen graves consecuencias en el
derecho a la alim entación de las m ujeres. Del mism o modo, las actividades de
las em presas transnacionales pueden tener serias repercusiones sobre el dere-
cho a la alim entación. El creciente poder de esas em presas y la ampliación del
ámbito en que tienen una posición dominante com o resultado de la privatiza-
ción, la desregulación y la reducción de la intervención del Estado significa que
ha llegado la hora de elaborar norm as legales de carácter vinculante que obli-
guen a las em presas a respetar las norm as de derechos hum anos y limiten sus
posibilidades de abusar de su posición de poder.
63. E l Relator E special recom ienda que:
a) Todos los gobiernos adopten inm ediatam ente medidas para hacer
frente a la discrim inación contra la m ujer, especialm ente cuando contribuye a
la m alnutrición de las m ujeres y las niñas. L as tradiciones sociales que im ponen
que las m ujeres coman en últim o lugar deben entenderse com o una form a de
violencia contra la m ujer, especialmente porque esto contribuye a las elevadas
tasas de m ortalidad fem enina en algunas regiones del mundo;
b) Todos los gobiernos deben aplicar y hacer cum plir en mayor m edida
la legislación vigente elaborada para proteger a las mujeres. Esto debe incluir
el respeto del derecho de las m ujeres a la alim entación y la garantía de que és-
tas tendrán acceso a los recursos en condiciones de igualdad, incluidos los in-
gresos, la tierra y el agua, a fin de que puedan alimentarse;
c) Los gobiernos tam bién deberían adoptar medidas concretas para m e-
jorar la condición de la mujer a fin de que la igualdad legal se traduzca en
igualdad sustantiva, teniendo en cuenta los diferentes puntos de partida de
hombres y mujeres;
d) Las instituciones financieras internacionales deberían reconsiderar
los programas de reestructuración económ ica para ver los efectos que esos pro-
gram as tienen sobre uno y otro sexo, reconociendo la importante función que el
Estado debe desem peñar en la reducción de la desigualdad;
e) Los gobiernos tam bién deberían regular las actividades de las em pre-
sas transnacionales en el sistema alim entario con miras a cum plir su obligación
de proteger a sus ciudadanos y a los de otros países. Los gobiernos tam bién de-
berían aplicar las Normas sobre las responsabilidades de las empresas transna-
cionales y otras empresas com erciales en la esfera de los derechos hum anos
y utilizarlas de m odelo para form ular leyes y disposiciones adm inistrativas

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destinadas a esas em presas, y los tribunales nacionales deberían determ inar


responsabilidades en caso de violaciones del derecho a la alim entación;
f) Las em presas transnacionales deberían respetar las obligaciones in-
ternacionales de derechos hum anos, los acuerdos intergubernam entales y la le-
gislación nacional por lo que se refiere a la seguridad alim entaria, las norm as
relativas a la alim entación y el derecho a la alim entación. Deberían alentar la
supervisión independiente de sus actividades, especialmente por lo que respecta
a los códigos de conducta voluntarios que se han comprom etido a cum plir;
g) Deberían establecerse recursos judiciales y administrativos adecua-
dos en relación con las violaciones del derecho a la alim entación, incluidas
las com etidas por agentes privados contra las m ujeres y las de las em presas
transnacionales;
h) Los gobiernos deberían tom ar nota de los ejemplos positivos propor-
cionados por diferentes países con respecto al derecho a la alimentación, espe-
cialmente el comprom iso contraído y las medidas adoptadas por los Gobiernos
del Brasil y Sierra Leona. Tam bién deberían contribuir de form a activa y posi-
tiva a la elaboración de proyectos internacionales, com o las directrices volunta-
rias sobre el derecho a la alim entación.
Morir de ham bre en un mundo que nada en la abundancia es una atrocidad y
un crim en. Se debe poner fin a la m atanza diaria y silenciosa de decenas de mi-
les de víctimas del ham bre en este planeta.

Notas
1
FAO, El estad o de la insegurid ad alimentaria en el mund o, 2002.
2
FAO, Comité de Seguridad Ali mentaria Mundial, 27° período de sesiones (Roma, 21 de mayo a
1° de junio de 2001), Reforzar la voluntad política para combatir el hambre, 2001.
3
FAO, op. cit. en la nota 1.
4
Programa M undial de Alimentos (PM A), World Hunger Map.
5
Jean Ziegler, Le droit à l´alimentation, Editions Fayard, Mille et Une Nuits, 2003.
6
Subco mité de Nutrición del Co mité Administrativo de Coordinación de las Naciones Unidas
(CAC/SCN), 4th Report on the World Nutrition Situation: Nutrition Throughout the Life Cycle,
Ginebra, 20 00.
7
Gender and Law – Women´s Rights in Agriculture, Lorenzo Cotula para la Oficina Jurídica de la
FAO, FAO Legislative Study 76, Ro ma, FAO, 2002.
8
Véase, por ejemplo, el Convenio (No. 111) relativo a la discri minación en materia de empl eo y
ocupación de 1958 y el Convenio (No. 100) relativo a la igualdad de remuneración entre la
mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un trabajo de igual valor de 1951.
9
Párrafo 9 de la reco mendación general No. 19 del Comité para la Eli mi nación de la
Discri minación contra la Mujer.
10
A. Sen, “More than 100 million women are missing”; New York Review of Books, vol. 37,
No. 20; 20 de diciembre de 1990.
11
Ricardo Henriques, Desiguald ad e Racial no Brasil: Evolução d as Cond ições de Vid a na Decad a
de 90, Instituto de In vestigación Econó mica Aplicada (IPEA), Brasilia, 2001.
12
http:// www.fao.org/News/2002/020302-e.htm.

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13
Gender Justice, Development and Rights, M. Molyneu x y S. Razavi (eds.), Instituto de
Investi gaciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social, Oxford, Oxford Uni versity
Press, 2003.
14
PNUD, Informe sobre el desarrollo humano 2002, pág. 10.
15
UNC TAD, co municado de prensa TAD/INF/PR/47, 12 de agosto de 2002.
16
PNUD, op. cit.
17
Genetically modified organisms in food and agriculture: Where are we? Where are we going?;
discurso de Louise O. Fresco, Subdirectora General, Departamento de Agricultura de la FAO, en
la Conferencia sobre “Crop and Forest Biotechnology for the Future”, Royal Swedish Academy
of Agriculture and Forestry, septiembre de 2001.
18
El caso del agricultor canadiense Percy Sch meiser plantea cuestiones inquietantes. Véase Percy
Schmeiser, Who owns the seeds? Editorial, San Francisco Chronicle, 20 de junio de 2003.
19
Oxfam; “Genetically Modified Crops, World Trade and Food Security”, docu mento de políticas,
1999.
20
Centro Europa-Tercer Mund o “Transnational Corporation and Huma n Rights” Ginebra, 2000.
21
Véase Stephen Lewis, “Malnutrition as a human ri ghts violation” Acc/SNC, SCN News, No. 18,
julio 1999.
22
Corte Intera mericana de Derechos Hu manos, Velázquez Rodríguez contra Hond uras (1989);
Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Guerra contra Italia (1998); Comité de Derechos
Humanos, Kitok contra Suecia (1985).
23
Social and Econo mic Rights Action Center y Center for Econo mic and Social Rights, Ni geria,
decisión relati va a la co municación No. 155/96, octubre 2001, párr. 65.
24
Consumer Education and Research Centre contra Union of India. AIR 1995 Tribunal
Supremo 922, párrs. 26 a 33.
25
P. T. Muchlinski, “Hu man rights and multinationals: is there a problem?”, International Affairs,
vol. 77, No. I, 2001, pág. 37.
26
Consumer Ed ucation and Research Centre contra Union of India, op. cit.
27
J. Richter, “ We the peoples” or “ we the corporation”: critical reflections on UN-business
partnerships, Red Internacional de grupos pro alimentación infantil de Ginebra y Asociación
para la alimentación infantil de Ginebra, 2001, pág. 5.
28
Litigio contra Broken Hill Propietary entablad o por las personas que vi vían en los alrededores
del río Ok Tedi Ri ver en Papua Nueva Guinea.
29
RIQ contra Cambior, pleiteado en Quebec.
30
Sithole y otros contra Chemicals Hold ings Ltd. y otros (1999, 2000).
31
Se aplica a normas del derecho internacional consuetudinario, como la prohibición de la
esclavitud, el genocidio, la tortura, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra.
Wi wa contra Royal Dutch Petroleum (Shell); Bowoto contra Chevron Texaco); Doe contra
Unocal.
32
Resolución sobre la adopción de normas por la Unión Europea para las e mpresas europeas que
operan en países en desarrollo: Hacia un código de conducta europeo (1998), Parlamento de
Australia, Ley sobre el Código de Conducta para empresas (2000).
33
Costello-Roberts contra el Reino Unid o d e Gran Bretaña e Irlanda d el Norte (1993).
34
Grupo de Trabajo del Comité de intercambios co merciales de la OCDE, Cod es of corporate
conduct: an inventory, 199 9.
35
Alan Doss, Representante Especial Adjunto del Secretario General en Sierra Leona y
Representante Residente del PNUD, discurso pronunciado en el Simposio sobre la realización
del derecho a la ali mentación en Sierra Leo na, 2003.

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