El Alma en San Agustín

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Osvaldo Santana García M.

A
Seminario Conciliar de Nuestra Señora de
Guadalupe
EL ALMA
31 de marzo EN SAN AGUSTÍN
de 2023
EL ALMA EN SAN AGUSTÍN
Trabajo de investigación para la clase de Historia de la Filosofía Medieval
Osvaldo Santana García M.A
Resumen
El alma, una realidad, una substancia, quizás la más buscada, la más interpretada. San
Agustín desglosa todas sus dudas y reflexiones en torno a ella, desde su origen, que es
Dios, hasta su trascendencia, que nuevamente es Dios. No es un simple romanticismo
religioso, el doctor de la Iglesia aborda a profundidad el tema con la seriedad requerida, y
lo hace con un toque platónico, pero eso sí, con una visión mística de la Filosofía.
Es importante comprender que, la filosofía agustiniana está desarrollada con base a la
experiencia que, del mismo San Agustín, todo su proceso de vida, su antes y después de la
conversión, la cual marcó el resto de su existencia y dio origen a toda esta reflexión. Desde
esta visión, el africano nos irá desenvolviendo en su pensamiento, que tiene ciertos toques
místicos ya que el Ser es Dios.
¿Qué es el alma?
El alma es substancia racional, intelectual, creada por Dios espiritual, no de la naturaleza de
Dios, sino más bien su criatura de la nada, capaz de convertirse hacia el bien y hacia el mal.
(San Agustín de Hipona, s.f.)

Podemos decir también que el alma es una substancia, racional destinada a regir un cuerpo.
La parte racional es lo mejor del hombre y es de hecho lo que le coloca por encima de todas
las creaturas. Bien lo dijo, no es la misma naturaleza de Dios, pero el hombre es semejanza
en cuanto que lo creó con inteligencia. Por esto mismo, está llamada a regir el cuerpo, y
éste debe obedecer a los deseos de ésta.
El santo filósofo plantea un par de preguntas en el De Trinitate que son el punto de partida
de todo aquel que comienza a razonar sobre sí mismo: "¿qué es tan íntimamente conocido
como el alma? Y ¿qué realidad, sino ella, con que se percibe lo demás, percibe ser ella
misma quien existe?". Con esto, el originario de Tagaste nos dice que el alma es aquella
realidad que nos ayuda a percibir todo lo que hay en nuestro alrededor e incluso en
nosotros, sea lo tangible y lo intangible, y es lo más profundo que tiene el hombre, en otras
palabras, su esencia.
Alma y espíritu
San Agustín menciona también al espíritu, una tercera composición del hombre, pero no
debe confundirse con el alma. En cierto modo, el espíritu es inferior al alma, pero la
realidad que percibe éste es también intangible. Ahí es donde el hombre recibe la luz de
Dios, pues el santo filósofo dice que éste es un ser espiritual, es entonces Dios su luz
interior, y se puede entender muy bien con este icónico fragmento de sus Confesiones:
¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y
yo afuera, y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas
que tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti
aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían.
Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi
ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento
hambre y sed de ti; me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.

¿Cuál es el origen del alma?


Entre todo lo que buscó y trabajo a lo largo de su vida, y sobre todo después de su
conversión, fue el origen del alma, y la respuesta la encontró en Dios. En efecto, el alma
proviene de Él, pues justamente, al ser la parte más íntima del hombre, es también el puente
con la divinidad. ¿Cómo puede provenir entonces, por un medio propio? Tendría que ser el
primer motor el origen de ésta.
Agustín reconoce la preexistencia de las almas, fundamentado en la narración de la
creación, en el libro del Génesis, donde dice que el sexto día creo Dios al hombre. Con esto
nos explica que el hombre ya existe, no siendo aún tangible, tan sólo racionalmente.
Existimos en la mente de Dios, pero no somos una realidad ahí, aún, es decir, no somos
tangibles hasta que entramos en unión con la materia, esto es, el cuerpo. Podemos decir
entonces que, si existimos, es debido al pensamiento de Dios. Sin embargo, no podemos
decir que, de la creación del primer hombre, se han repetido muchas otras, no, sino más
bien, Él crea almas nuevas teniendo la primera como referencia.
¿Cómo se compone el alma?
San Agustín nos dice que el hombre consta de dos partes: alma y cuerpo. El alma es la parte
racional del hombre, y el cuerpo es el encargado de captar los sentidos. Este último no es
capaz de tener movimiento propio si no tiene a la primera. El alma es irascible y
concupiscible, lo cual le da la capacidad de apetecer y de rechazar, de amar y de odiar. Es
así como deriva en cuatro afectos, los cuales son: el gozo y la esperanza por la
concupiscibilidad, y el dolor y el miedo por la irascibilidad. Así mismo, “cuando se
establecen el amor y el odio con prudencia, con modestia, con fortaleza, y con justicia,
surgen las virtudes, que son prudencia, templanza, fortaleza y justicia, como principios y
quicios de todas las virtudes del alma” (San Agustín de Hipona, s.f.).
Cuando ha alcanzado estas virtudes, el alma comienza a tener un mayor interés, e inicia una
persecución, de las cosas eternas y superiores, ya no le interesa lo terreno e inferior. Por lo
tanto, su sensibilidad se agudiza.
Facultades del alma
El santo filósofo nos habla de tres facultades en el alma: memoria, inteligencia y voluntad.
Sobre la memoria hablar en el libro X de sus Confesiones, la muestra como un campo en el
cual se almacenan los valiosos tesoros que son los recuerdos, y que puede volver a ellos
cuando desee. Así escribe:
Heme ante los campos y anchos senos de la memoria, donde están los tesoros de
innumerables imágenes de toda clase de cosas acarreadas por los sentidos. Allí se halla
escondido cuanto pensamos, ya aumentando, ya disminuyendo, ya variando de cualquier
modo las cosas adquiridas por los sentidos, y todo cuanto se le ha encomendado y se halla
allí depositado y no ha sido aún absorbido y sepultado por el olvido.

Cuando estoy allí pido que se me presente lo que quiero, y algunas cosas preséntanse al
momento; pero otras hay que buscarlas con más tiempo y como sacarlas de unos
receptáculos abstrusos; otras, en cambio, irrumpen en tropel, y cuando uno desea y busca
otra cosa se ponen en medio, como diciendo: "¿No seremos nosotras?" más espántelas yo
del haz de mi memoria con la mano del corazón, hasta que se esclarece lo que quiero y salta
a mi vista de su escondrijo. (San Agustín de Hipona, Siglo V d.C)

La memoria es una facultad que puede remitir a uno mismo, a experiencias concretas,
incluso personas, todo conforme lo vivió la persona.
La inteligencia es una facultad que nos distingue de los animales, porque es el
razonamiento, también llamado por el santo filósofo como el entendimiento. Es por ello la
facultad con autoridad, predominante sobre las otras dos, además, comprende la verdad,
percibe todo. No sólo es un bien del hombre, también es un don de Dios, ya que el hombre
podría saber muchas cosas, pero no conocer la verdad, fundamental en la inteligencia.
Sobre la voluntad, el doctor de la Iglesia dice que las otras dos facultades se conjuntan.
¿Retienes y comprendes por tu voluntad? Esta pregunta lo resume. Las facultades se
mencionan y describen cada una, pero van juntas, no pueden pensarse separadas. Esta
última es la determinación, la capacidad de decidir, algo parecido al discernimiento (que
también lo menciona) y también muy unido al libre albedrío. Es un mundo de posibilidades
y poderes, porque tenemos la posibilidad de poder no pecar, poder no escoger el mal.
El autoconocimiento del alma
El alma se conoce a sí misma, tiene esta facultad del autoconocimiento, sin embargo, corre
el riesgo de perderse y ni siquiera conocerse porque, al buscarse fuera sí, va
desconociéndose. El alma puede ser mortal en cuanto se aleja de la voluntad de Dios y vive
la vida de pecado; puede ser inmortal en cuanto viva la redención de Cristo. El alma viene
al cuerpo por voluntad de Dios, y obrar con él, lo que Dios mismo quiere.
Agustín menciona que, en el conocimiento de Dios, nos conocemos a nosotros mismos.
Esto lo podemos ver mejor en su libro Confesiones, cuando habla sobre su proceso de
conversión y cómo la luz de Dios le iba mostrando quien realmente era él.
San Agustín distingue un “yo” como realidad indudable de la conciencia, prueba que es una
realidad pensante, no imaginaria. La independencia del yo se pone de relieve frente a sus
actos, lo distingue de estos actos. El alma se manifiesta como una sustancia real,
independiente y permanente. Escribe en su texto El espíritu y el alma:
Que la mente racional, pues, se vuelva a sí y se recoja en sí, para que sea capaz de
examinarse atentamente a sí misma sin las imágenes corpóreas, y de considerar la
naturaleza invisible de Dios omnipotente, de desechar los fantasmas de las imágenes
terrenas, y todo lo que de terreno ocurriere en la imaginación; y que interiormente se busque
y se vea tal cual ella es sin todo eso; que se considere a sí misma tal cual fue creada por
encima del cuerpo bajo el señorío de Dios. (San Agustín de Hipona, s.f.)

¿Dónde se encuentra el alma?


Agustín también plantea la espiritualidad o inmaterialidad del alma, no puede ser corporal
ni poseer extensión, pues es capaz de percibir que no son corporales. Se reconoce a sí
misma como un espíritu, es la que recuerda, a través de la memoria, la que ama, y a través
de la sustancialidad y la espiritualidad se puede demostrar la inmortalidad del alma. Lo
último nos recuerda a la reminiscencia platónica. El alma contiene en sí la inteligencia y la
voluntad, porque tiene la capacidad de recordar, de decidir, de pensar, de discernir. El alma
espiritual es principio de la vida vegetativa y animal.
Los grados del alma
El alma tiene grados, los cuales dejan entrever que no tiene corporeidad, no se le puede
contener, como bien se dijo en el punto anterior. Estos grados muestran la grandeza del
alma, lo que puede en sí misma y delante de Dios. Estos son:
1. Animación: el alma vivifica al cuerpo y lo nutre de lo hermoso, tanto para sí como
para procrear.
2. Sensación: el alma por medio del cuerpo alcanza lo hermosamente por otro cuerpo.
3. Arte: el alma, a través de las artes, habla hermosamente acerca del otro cuerpo.
4. Virtud: el alma se nutre para sí misma, y se ejercita hermosamente hacia lo
hermoso.
5. Tranquilidad: en sí misma es estable hermosamente en lo hermoso.
6. Ingreso: el alma tiende hermosamente a Dios, la Hermosura.
7. Contemplación: el alma reposa hermosamente delante de la Hermosura, Dios.
Por último, pero menos importante, cabe destacar que la grandeza del alma también reside
en la semejanza que guarda con Dios, Él es perfecto, nuestra alma imperfecta.
Más sobre el alma
¿Qué poder ejerce el alma sobre el cuerpo? Es una de las preguntas que se plantean
implícitamente. A esto respondo San Agustín que el alma es la que rige el cuerpo, éste la
obedece. Ella va a lo eterno y él hacia abajo, sin embargo, en la Parusía habrán de estar
igualmente glorificados los dos.
El alma debe tener una interioridad y una trascendencia. Interiorizar es volver a ella, para
que el corazón sea transformado por Dios, y la trascendencia es justamente buscar a Dios, ir
a Su encuentro, porque no hay otra forma de llegar a Él que por el alma.
Por último, el alma por sí misma no podría tener vida, porque, afirma el doctor, Dios es Su
vida. Es importante remarcar que Él no da vida, sino que es la vida misma de las almas.
Expresa que todos tenemos sed, sed de justicia incluso, pero esta sólo es saciada por Dios,
proveedor de todos los bienes.
Conclusiones
Ciertamente el alma es algo de lo cual todos somos conscientes. El mundo actualmente es
muy espiritual, pero sin dudas ignoran tantas cosas que comprenden al alma, y creo que la
fundamental, su origen que es Dios, la tienen bastante olvidada. San Agustín es un filósofo
que nos puede ayudar muy bien a entender la naturaleza de esta substancia, e incluso como
vivir con la conciencia de ella, porque, así como hay quienes saben de su existencia, pero la
tratan erróneamente, hay quienes la ignoran, ni si quiera han de preocuparse.
Esta investigación, breve en comparación al amplio tratado que hace el santo doctor de la
Iglesia, me ha servido mucho, y en lo particular, el alma es un tema que me gusta mucho,
siempre he sentido una atracción, y ahora entendiendo la realidad de ésta desde la visión de
San Agustín, me ha gustado más. Es hermoso pensar que esta realidad Dios nos la confía a
los futuros sacerdotes, incluso a algunos ya nos confía unas cuantas, hay que saber cómo se
comportan, para poder guiarlas al Creador de las mismas.

Bibliografía
Educatina. (8 de Marzo de 2013). San Agustín: El Alma - Filosofía - Educatina. Argentina. Obtenido
de https://www.youtube.com/watch?v=fIAVMpOjv_8

Saeteros Pérez, T. (20 de febrero de 2013). Por mi alma subiré a Dios. El concepto de alma de San
Agustín de Hipona. Obtenido de SciELO: http://www.scielo.org.co/scielo.php?
script=sci_arttext&pid=S1657-89532013000200013

San Agustín de Hipona. (s.f.). El Espíritu y el Alma. Recuperado el Marzo de 2023, de Agustinus
Hipponensis: https://www.augustinus.it/spagnolo/attribuiti_02/index2.htm

San Agustín de Hipona. (Siglo V d.C). Confesiones.

Santana García, O. (2023). Apuntes de Seminario de Santo Tomás - San Agustín. 5. Santiago de
Querétaro.

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