Esi Clase 8

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Dimensión psicológica de la sexualidad

Hoy iniciamos con el Nudo 3 del programa, la dimensión psicológica de la sexualidad. Sabemos
que en materia de Educación Sexual, esta dimensión no ha sido la más valorada y desarrollada
por los programas de educación sexual, sino hasta hace pocos años. Las consideraciones
respecto a esta dimensión tal vez rondaban en cuestiones como el amor, el enamoramiento,
las funciones paternas y maternas... Hoy se reconoce el papel central que cumple la vida
psíquica/emocional en la expresión de la sexualidad, el cuidado del cuerpo, la salud sexual y
reproductiva... Decíamos en una clase anterior que "enseñar a los niños la forma correcta de
nombrar las partes de su cuerpo; no asegura que éstos las aprendan y las utilicen; tampoco
dice nada sobre el sentir de estas partes; o la vergüenza que ocasiona la mención de los
genitales". Lo mismo podríamos decir respecto a los métodos de control de la natalidad. Existe
una creencia generalizada que con la simple información acerca de los métodos de control de
la natalidad, los seres humanos comenzarán a utilizarnos y podrán decidir racionalmente
cuándo tendrán o no descendencia. Algunos estudios muestran que pese a que las personas
conocen y tienen acceso a métodos de protección y control no lo usan; ¿por qué?, la respuesta
se encuentra entre estas páginas.
Para el abordaje de la dimensión psicológica establecimos los siguientes
contenidos/aprendizajes:

La sexualidad humana desde la perspectiva psicoanalítica. Del


autoerotismo a la genitalidad adulta. Identidad y orientación sexual.
Consideraciones respecto a la homosexualidad, la bisexualidad, la
transexualidad y la asexualidad. La construcción de la identidad de
género (constancia de género). Infancia y desórdenes de la
identidad de género. Sexualidad y afectividad. La perspectiva de
cuidado. La emocionalidad en el aula. Maltrato y abuso infantil,
elementos para identificarlos.

Comenzaremos nuestro nudo temático con un extracto del texto Freud de Rivelis (2009); dado
que fue el propio Freud el que advirtió que la sexualidad era una dimensión humana que no
estaba limitada a la reproducción. Al reconocer la sexualidad infantil, y el placer desligado del
coito; establece claras diferencias entre sexualidad y genitalidad. Freud sostendrá la existencia
de una energía sexual (libido) que encontrará asiento y fuentes de placer en diversas zonas
erógenas (partes del cuerpo: boca, ano, genitales), a lo largo de la infancia durante el
desarrollo sexual. Al paso de la libido por las diferentes zonas erógenas lo definirá como fases
libidinares, y quedarán establecidas del siguiente modo:

1. Oral (0 a 2 años)
2. Anal (2 a 4 años)
3. Fálica - Complejo de Edipo - Complejo de castración (4 a 6 años)
4. Latencia (6 a 11 años)
5. Etapa genital - Organización genital adulta (11 años en adelante)
Para la lectura del texto citado deberemos definir de antemano algunos términos:

Objeto sexual. Lo definiremos como "aquello en lo cual y mediante lo cual la pulsión busca
alcanzar su fin, es decir, cierto tipo de satisfacción. Puede tratarse de una persona o de un
objeto parcial, de un objeto real o de un objeto fantaseado" (Diccionario de psicoanálisis,
Laplanche y Pontalis, 2004, p. 282). Un objeto sexual será entonces aquello (una persona, el
propio cuerpo, un objeto, etc.) que me permitirá obtener placer. Así, Freud considerará que
existen pacientes en donde la elección de objeto se encuentra invertida (homosexualidad
femenina o masculina), respecto al desarrollo sexual observado de forma general. Por otra
parte, establecerá que durante la infancia el objeto será autoerótico; no existirá una búsqueda
de objeto fuera del cuerpo propio; en contraposición a la adultez, en donde se elegirá un
objeto sexual externo (un otro).

Meta sexual. Acciones que me permiten lograr la satisfacción sexual; en el desarrollo sexual
general la meta será el coito. En algunos casos la meta sexual se encontrará inhibida, por
ejemplo en la maternidad o en la amistad, por lo que la meta pasará por caricias, abrazos...
Freud identificará otros casos en que la meta se encuentra desviada; por ejemplo, el
fetichismo, sadismo, voyeurismo...

Debemos considerar que Freud estableció un desarrollo general ("normal") por el que pasarán
la mayoría de las personas; y a partir de allí realizará consideraciones sobre situaciones en las
que este desarrollo seguirá otro camino. Sin embargo, no todas las "desviaciones" implicarán
para Freud patología.

Les propongo la lectura de Rivelis (2009); teniendo en cuenta que algunos desarrollos
freudianos se encuentran en la actualidad en completa revisión. Consideremos por ejemplo el
par fálico-castrado que se menciona en el texto. Actualmente, algunas posiciones consideran
que este concepto es uno de los que más se ha visto influido por concepciones de la época
Victoriana en la cual se desarrollaron. En la teoría freudiana el complejo de castración y la
envidia del pene en la niña son conceptos que entorpecen la construcción de la feminidad. Por
otra parte, la centralidad de la posesión o no de falo, deja cuestiones evidentes por fuera: ¿si
la niña envidia el pene, por qué el niño no envidiaría la capacidad de gestación de ésta? (tal
como sostuvo Karen Horney a principios de 1900). Lo que ponen en evidencia estas
consideraciones es nada más y nada menos que la influencia de las concepciones de cada
tiempo y espacio en la construcción de teorías. Lo mismo vale para la época en la cual estamos
viviendo, probablemente en unos cuantos años podramos "tomar distancia" y leer con mayor
objetividad aquello que nos encontramos produciendo actualmente.

Para finalizar, lo que resulta central de la lectura de la obra freudiana, y de las teorías
psicoanalíticas, es la comprensión de la vasta experiencia humana que implica la sexualidad.

Consideraciones respecto a la bisexualidad, la transexualidad y la


asexualidad
En el aparato anterior hemos podido observar que Freud consideró de manera extensa la
elección de objeto heterosexual y homosexual. Sostuvo que en la elección de objeto
heterosexual la identificación del sujeto se realizaba con la figura paterna del mismo sexo, y la
elección de objeto recaía sobre el progenitor del sexo opuesto. Así finalizaba el Complejo de
Edipo positivo (o afirmativo). En el caso de la homosexualidad, el sujeto elegía como objeto de
amor y como objeto de identificación al progenitor del mismo sexo. De este modo, el niño
heterosexual se identificaría con su padre y elegía a su madre como objeto de amor; en tanto
el niño homosexual se identificaría con su padre y elegía a este mismo como objeto de amor.
Esto último es a lo que Freud llamó Complejo de Edipo invertido o negativo.

Ahora bien, ¿qué sucede con la bisexualidad? Para referirme a la bisexualidad tomaré algunos
extractos de la ponencia de Montero (psicoanalista argentina dedicada a los estudios de
género), en el XXVI Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, titulada Freud y los debates
actuales, Aproximaciones a la bisexualidad (2006).

La Bisexualidad, entendida como la convivencia de atributos femeninos y masculinos en la


psique de todas las personas, es un concepto que nos acerca a la reflexión sobre la elección de
objeto, los procesos de identificación con los padres, los roles masculinos y femeninos y la
manera como va cambiando la concepción de ellos a través del tiempo y de las diferentes
culturas. Son temas actuales sobre los cuales el pensamiento Freudiano mantiene vigencia (...)
El concepto de Bisexualidad es central en la doctrina Psicoanalítica, atraviesa toda la obra
Freudiana (...) Vemos que el interés de Freud por el tema de la bisexualidad surge a partir de
su intento por explicar la elección de objeto en los invertidos masculinos. Así nos propone,
que el objeto elegido en ese caso, no es del sexo igual solamente, sino que reúne en un mismo
objeto las características de los dos caracteres sexuales (...) En “El Yo y el Ello” de 1923, expone
Freud su comprensión acerca del Complejo de Edipo y recurre nuevamente al concepto de
Bisexualidad para explicar la manera como este complejo se resuelve. (...) el niño no presenta
tan sólo una actitud ambivalente con respecto al padre y una elección de objeto con respecto
a la madre, sino que se conduce al mismo tiempo como una niña, presentando la actitud
cariñosa femenina para con su padre y la actitud correlativa hostil, para con su madre (...) la
investigación psicoanalítica nos muestra que en un gran número de casos desaparece uno de
los componentes de dicho complejo, quedando de él sólo huellas apenas visibles. Queda así
establecida una serie, en uno de cuyos extremos se halla el complejo de Edipo normal,
positivo, y en el otro, el invertido negativo. Habrá también miembros intermedios que nos
revelan la forma completa de dicho complejo, con distinta participación de sus dos
componentes (...) en Análisis Terminable e Interminable de 1937 Freud deja abierta la
interrogante acerca de las causas que definen que un individuo pueda tomar como objeto
sexual a miembros de su propio sexo lo mismo que del opuesto (...) Para Minsky (2000) (...) las
identidades binarias, puras de la “masculinidad” y la “feminidad” son inexistentes porque los
niños de ambos sexos son bisexuales. Desean a ambos progenitores y se identifican con los
dos, en diferentes grados según la particular dinámica familiar y según su medio expresará o
reprimirá esos deseos o identificaciones como adultos en su cultura. Cada sexo reprime la
dimensión culturalmente inaceptable de su identidad, que forma así la base de su inconsciente
(...) Sigue Minsky diciendo que el concepto de bisexualidad de Freud nos permite explicar las
diferencias entre hombres y mujeres (...) Las personas no consiguen reprimir toda su
sexualidad culturalmente inaceptable, de manera que acaban siendo complejas y variadas
amalgamas de lo que las sociedades patriarcales designan como “masculinidad” y “feminidad”
(...) nos dice dice Chodorow: “Los sentidos de la femineidad o la masculinidad no procede
directamente del padre o de la madre que son un hombre y una mujer respectivamente. Las
hijas y los hijos pueden también experimentar la “femineidad” del padre o la “masculinad” de
la madre y la experiencia misma puede adoptar muchas formas diferentes. Chodorow sostiene
que “el sentido que cada persona le da al género es una creación individual, de modo tal que

hay muchas masculinidades y muchas femineidades. La identidad de género de cada persona


proviene entonces de una fusión de la significación personal y cultural" (...) “Una vez que se
indagan las fantasías inconscientes y las múltiples identificaciones sexuales se observa que
nadie tiene una única orientación sexual” (Montero, 2006).

Hasta acá hemos podido comprender que la bisexualidad es constitutiva de la biología y la


psiquis humana; y que la elección de objeto puede ser: hetero, homo o bisexual. Esta elección
recae entonces en una serie de identificaciones con los progenitores y presiones culturales.

¿Y la transexualidad?

En la transexualidad lo que sucede es una identificación con el progenitor del sexo opuesto y
una elección de objeto según sea la de éste progenitor; es decir que la elección de objeto en
las personas trans es, en la mayoría de los casos, heterosexual. El niño se identificaría con el
progenitor del sexo opuesto y tomaría como objeto de amor al progenitor de su mismo sexo,
pero no como una elección homosexual, dado que la identificación se ha realizado con el
progenitor del sexo contrario. En el apartado siguiente presentaré algunos desarrollos
vinculados a las consideraciones respecto al carácter patológico o no de esta configuración.

Un caso particular lo conforma la asexualidad, expresión de la sexualidad que en la actualidad


cada vez se hace más notoria.

Veamos ahora algunas consideraciones respecto a la asexualidad. Destacando en primera


instancia que no es un tipo de elección de objeto; sino que estaría vinculado a una meta sexual
inhibida o carente. Las personas que se auto perciben como asexuales realizan una elección de
objeto (hetero, homo o bisexual); sin embargo, lo que no se evidencia es el deseo sexual hacia
el objeto. Esta expresión de la sexualidad, tradicionalmente se la ha asociado a lo patológico;
sin embargo, quienes "lo padecen" afirman que no existe en ellos tal componente. En la
actualidad la temática de la asexualidad está siendo investigada. Tomemos para abordar el
tema un extracto de la presentación de la investigación de Barreiro y Otros, titulada
Asexualidad: Aportes psicológicos para su investigación (Universidad Nacional de la Plata),
2009.

(...) El objeto de estudio son personas mayores de 18 años de distinta nacionalidad y de habla
hispana, que se autodenominan “asexuales”, y que declaran poseer muy escaso o ningún
deseo sexual hacia personas de cualquier sexo, aún cuando tengan pareja o sentimientos
meramente románticos hacia otras personas sin que este hecho les genere angustia por sí
mismo (aunque sí les pueda resultar angustiante el rechazo social que esta condición pueda
significar). El concepto sexualidad es utilizado aquí, no en la forma en la que la define el
psicoanálisis, ya que para esta teoría, la asexualidad no existe por ser la pulsión sexual
inherente a la persona humana viva, sino en un sentido más restringido, que podemos
equiparar al ejercicio adulto de la genitalidad (...) Mediante la administración y evaluación [de
ciertos instrumentos] (...) se observan indicadores de trastornos depresivos o su contracara
hipomaníaca, trastornos por estrés post traumático, introversión social, baja autoestima y
desavenencias conyugales, acerca del trabajo, la familia y la universidad (Psiquiatría). Las
escalas que evalúan la ansiedad, los miedos, la obsesividad, la represión, los roles de género y
la fortaleza yoica (alta o baja habla de las defensas del sujeto), muestran puntajes mayormente
elevados, lo que parece indicar que se trataría de defensas neuróticas que llevarían a
obstaculizar el ejercicio de la sexualidad y la expresión del deseo, en favor de su desviación
hacia vías sintomáticas sin desarrollo angustioso (Teoría Psicoanalítica) (...) no parece, de
acuerdo a los resultados de esta investigación, una orientación sexual diferenciada sino
producto de respuestas defensivas y sintomáticas antes la dificultades del ejercicio de la
sexualidad y la relación de pareja con un otro (Barreiro y otros, 2009).
De acuerdo a estos hallazgos la asexualidad estaría asociada a la presencia de muchas otras
patologías. En palabras psicoanalíticas, toda la energía que no puede ser descargada mediante
el coito, es transmutada a otras formaciones sintomáticas: ansiedad, represión, obesidad... Sin
que la asexualidad en sí genere angustia, síntoma psicológico por excelencia que identifica el
componente patológico de un cuadro. Podríamos preguntarnos entonces, ¿acaso las persona
sexualmente activas no son también portadores de infinidad de patología físicas y mentales? Y
por otro lado, ¿acaso la homosexualidad no fue -y lo continúa siendo en algunos ámbitos-
catalogada como patología?

No podemos perder de vista que las teorías psicológicas si bien pretenden y ostentan cuotas
de objetividad, continúan siendo teorías producidas en un tiempo y un espacio particular. Es
por ello que la dimensión antropológica y sociológica permiten en muchas ocasiones realizar
lecturas más complejas de estas expresiones.

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