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Upon Entry (La llegada) (2022)

Upon Entry (La llegada)
72 min.
6,7
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Trailer oficial HD (INGLÉS con subtítulos en ESPAÑOL)
Sinopsis
Diego, urbanista venezolano, y Elena, bailarina de Barcelona, se mudan a Estados Unidos con sus visados aprobados para empezar una nueva vida. Su intención es impulsar sus carreras profesionales y formar una familia en "la tierra de las oportunidades". Pero al entrar en la zona de inmigración del aeropuerto de Nueva York son conducidos a la sala de inspección secundaria, donde serán sometidos a un desagradable proceso de inspección por los agentes de aduanas y a un interrogatorio psicológicamente extenuante, en un intento de descubrir si la pareja puede tener algo que ocultar. (FILMAFFINITY)
Género
Intriga Drama Thriller Thriller psicológico Escenario único
Dirección
Reparto
Año / País:
/ España España
Título original:
Upon Entry
Duración
72 min.
Guion
Fotografía
Compañías
Links
Premios
2023: Premios Independent Spirit: Nominada a mejor opera prima, guion novel y montaje
2023: Premios Goya: Nominada a mejor actor, guion original y dirección novel
2023: Premios Feroz: Mejor guion
2023: Festival de Málaga: Mejor actor (Alberto Ammann)
2023: BAFICI: Selección oficial
Un control de aduanas puede servir de metáfora de diversos escenarios. Es lo que representa, y también lo que revela. Es lo que representa para los que intentan acceder a otro espacio, y lo que representa para los que escrutan con sus preguntas qué hay de ficción conveniente o realidad en las respuestas. Pero también puede conllevar un acceso a una realidad que se ignora en quien piensas que es como crees, o necesitas creer como es. Quizás la realidad, la relación, que vives no sea como crees que es. La opera prima de los cineastas venezolanos Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vásquez, la producción española Upon entry (2023), es un austero, tenso y preciso ejercicio sobre los frágiles cimientos sobre los que circulamos en la realidad. Son escasos los espacios: el interior de un coche en el que se nos presenta a la pareja que forman un urbanista venezolano Diego (Alberto Ammann), y la bailarina española Elena (Bruna Cuni); el interior del avión en el que han cruzado un océano para reiniciar su vida en Estados Unidos; y los sucesivos compartimentos del control de inmigración, sobre todo los despachos de inspección secundaria en los que son interrogados como si fueran exprimidos. ¿Hay fundamento en su implacabilidad o es excesivo su celo susceptible?

La planificación, sobre todo adherida a los rostros, a los gestos y a las reacciones de los personajes, sedimenta una narración progresivamente tensa. Ya patente en la forma de conducirse y en la expresión de Diego en el primer control, en el que esperan que sus visados sean aprobados para que pueden coger, dos horas después, el avión a Miami, donde viven los tíos de Diego. Parece la tensión de quien siente la realidad como una sucesión de controles de aduana, como si la realidad fuera inestable sea donde fuere desde que abandonara su país, Venezuela, cuya realidad parecía caracterizada por la violencia de la inestabilidad. O quizá sea la tensión de quien teme que la cortina de humo de su ficción sea desvelada. Esa incógnita queda suspendida en la narración cuando ambos se vean sumidos en una circunstancia en la que se sienten tan impotentes como desamparados. No explicitan el motivo por el que les conducen a otro departamento, y por qué les incomunican (sustrayéndoles los móviles). Les convierten en personas expuestas a otras voluntades cuya motivaciones ignoran. La realidad, por unos instantes, se ve desprovista de signos de referencia.
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90 de 102 usuarios han encontrado esta crítica útil
ARGUMENTO
Diego y Elena, venezolano él, catalana ella, treintañeros ambos, emprenden viaje a Estados Unidos, donde van a instalarse para empezar una nueva vida. Viajan a Miami, pero su vuelo hace escala en Nueva York. Serán solo dos horas… a no ser que se les complique el control de inmigración en el aeropuerto…

¿POR QUÉ LA ELEGÍ?
El verano pasado viajé a Nueva York. En mi caso, iba como turista, no como migrante. Pero también a mí se me complicó el trámite de entrada, también a mí me trasladaron a una sala sin darme explicaciones. Cuando leí la sinopsis de esta película, me picó fuertemente la curiosidad. Ni el trailer ni las críticas me disuadieron de saciarla…

DESDE MI PUNTO DE VISTA
No se puede decir que la película defraudara mis expectativas básicas: buscaba ver un reflejo cinematográfico de mi experiencia en un aeropuerto neoyorkino, y la hora y cuarto de metraje se desarrolla en ese contexto. No me puedo quejar en ese aspecto…
Ni tampoco por el producto que consumí, ya que ‘Upon entry’ es una buena película, empezando por el guión, co-escrito por los co-directores. La pareja protagonista llega a Newark con gran optimismo: aunque la escala es breve, han previsto incluso salir de la zona de pasajeros para saludar al hermano de Diego. La realidad, tozuda, les va a parar los pies, cuando el aparentemente afable funcionario del puesto fronterizo les traslada a una sala para un ‘control secundario’, eufemismo de incómodas complicaciones. Desde ese momento, compartiremos con la pareja esa sensación de progresiva preocupación, esa bilis que les irá subiendo a la garganta ante la actitud de las autoridades, ese sudor frío que perlará sus frentes cuando la situación vaya adquiriendo cada vez peor cariz…
Me parece que hay una gran labor de producción, pese a que estamos, obviamente, ante una cinta de bajo presupuesto. La ambientación del aeropuerto y sus profundidades, incluidos los agentes aduaneros, está muy lograda, y lo digo con conocimiento de causa. También estimo el crescendo del guión, cómo administra sabiamente los inputs que nos hacen pasar del inicial fastidio al soponcio final, transitando por el camino por gamas de estupefacción, rebeldía, cabreo, hartazgo… De la pareja de autores, también he de destacar la dirección actoral, porque todo el elenco está perfecto, transmiten con notable eficacia lo que se espera de sus personajes. Creo, en definitiva, que la película cumple lo que promete, me sorprendería que alguien se haya encontrado algo distinto de lo que esperaba. La atención de la audiencia está garantizada durante la hora y cuarto, porque no hay elementos sucedáneos ni prescindibles. Rojas y Vasquez van al turrón, y su propuesta suscita interés en todo momento.

Incluso aunque le admitiera méritos cinematográficos, habría salido con gran frustración si ‘Upon entry’ hubiera desafinado respecto a la experiencia que tuve, personalmente, en las tripas del JFK Airoport en julio del año pasado. Por curiosidad, he repaso lo que escribí sobre aquel mal trago:
“Aterrizamos a eso de las 14:30, hora de la costa este, y me dirigí hacia el control de pasaportes. Pese a que la cola era inmensa, avanzaba con bastante rapidez, de tal modo que incluso llegé, imprudente de mí, a congratularme por la eficacia con que está organizado el asunto. Finalmente me tocó el turno, y aunque contesté con máximo candor a las preguntas que me hizo la oficial del U.S. Customs and Border Protection, y puse mi mejor sonrisa cuando me ubicaron ante la cámara que había de fotografiarme para comparar mi careto con el del pasaporte, la muy hija de puta de la officer debió albergar sospechas sobre mis intenciones, ya que en lugar de devolverme el pasaporte y permitirme seguir adelante, salió de su garito, cerró la puerta, y me invitó a acompañarla a una sala lateral, donde me dijo que me sentara en unos bancos, y le vi depositar mi documentación en un archivador ya repleto con los papeles de otr@s [email protected] es que a mi alrededor había otras 30 personas que, como yo, habían provocado la suspicacia del personal encargado de controlar el acceso. Vislumbré algún rostro tan blanco y caucásico como el mío, pero certifiqué lo que imaginaba: que eran amplia mayoría las pieles oscuras, en una amplia gama cromática con cabida también para tonalidades amarillas y rojizas. Calculo que pasé algo más de una hora allí, tiempo suficiente para: acordarme de todo el árbol genealógico de la empleada del puesto fronterizo que me había visto mala cara; certificar que mi natural animadversión hacia esos estadounidenses que nos miran a los demás por encima del hombro estaba plenamente justificada; martirizarme por haber decidido viajar a un país en el que la gente eligió presidente a Donald Trump, qué podía esperarse de semejante sociedad; comparar mi penosa situación con la de tantos y tantas migrantes que, a lo largo del ancho mundo, tratamos de buscar una vida mejor luchando contra burócratas y muros; preguntarme qué necesidad tengo de viajar a ningún lado, con lo bien que se está en casa; bostezar, cuando me aburría de tanto darle a la cabeza… Finalmente, un enorme negrazo pronunció mi nombre latino con su acento macarrónico, y después de preguntarme qué tal estaba, el muy cachondo, me hizo unas preguntas muy similares a las que me había hecho antes su motherfucker compañera. No creo que respondiera de manera muy diferente, pero el bicharraco quedó satisfecho, y me devolvió mi pasaporte. Archivé entonces mi solidaridad para con quienes cruzan el Mediteráneo en patera o forman parte de las caravanas que suben desde Centroamérica, y enfilé hacia el ‘Airtrain’. ¡¡¡New York City me esperaba!!!”

https://alliayeraquiahora.wordpress.com/2023/06/18/critica-de-cine-upon-entry/
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