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principio que, como tal, no puede reducirse a la evolucin natural de la vida, sino que, si ha de
ser reducido a algo, slo puede serlo al fundamento supremo de las cosas, o sea, al mismo
fundamento de que tambin la vida es una manifestacin parcial. Ya los griegos sostuvieron la
existencia de tal principio y lo llamaron la razn [Cf. el articulo El origen del concepto del
espritu entre los griegos, por Julio Stenzel, en la revista Die Antike.] Nosotros preferimos
emplear, para designar esta X, una palabra ms comprensiva, una palabra que comprende el
concepto de la razn, pero que, junto al pensar ideas, comprende tambin unas determinada
especie de intuicin, la intuicin de los fenmenos primarios o esencias, y adems una determinada clase de actos emocionales y volitivos que an hemos de caracterizar: por ejemplo, la
bondad, el amor, el arrepentimiento, la veneracin, etc. Esa palabra es espritu. Y denominaremos
persona al centro activo en que el espritu se manifiesta dentro de las esferas del ser finito, a
rigurosa diferencia de todos los centros funcionales de vida, que, considerados por dentro, se
llaman tambin centros anmicos.
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1. Del estado fisiolgico-psquico parte siempre el primer acto en el drama de toda conducta
animal, en relacin con su medio. La estructura del medio est ajustada ntegra y
exactamente a su idiosincrasia fisiolgic e indirectamente a la morfolgica; y adems, a
la estructura de sus impulsos y de sus sentidos, que forman una rigurosa unidad funcional.
Todo lo que el animal puede aprehender y retener de su medio, se halla dentro de los
seguros limites e hitos que rodean la estructura de su medio.
2. El segundo acto, en el drama de la conducta animal, consiste en producir una
modificacin real en el medio por virtud de la reaccin del animal, dirigida hacia el fin
objeto del impulso.
3. El tercer acto es el nuevo estado fisiolgico-psquico engendrado por esta modificacin.
El curso de la conducta animal tiene, pues, siempre esta forma:
Animal Medio
Ahora bien, un ser dotado de espritu es capaz de una conducta, cuyo curso tiene una
forma exactamente opuesta.
1. El primer acto de este nuevo drama, el drama del hombre, consiste en que la conducta es
motivada por la pura manera de ser de un complejo intuitivo, elevado a la dignidad de
objeto; y es motivada, en principio, prescindiendo del estado fisiolgico del organismo
humano, prescindiendo de sus impulsos y de las partes externas sensibles del medio, que
aparecen justamente en esos impulsos y estn determinadas siempre modalmente, esto es,
pticamente, o acsticamente, etc.
2. El segundo acto del drama consiste en reprimir libremente o sea, partiendo del centro
de la persona un impulso, o en dar rienda suelta a un impulso reprimido en un
principio.
3. Y el tercer acto es una modificacin de la objetividad de una cosa, modificacin que el
hombre vive como valiosa en s y definitiva. Este hallarse abierto al mundo tiene, pues,
la siguiente forma:
Hombre Mundo . . .
Esta conducta, una vez que existe, es por naturaleza susceptible de una expansin
ilimitada: hasta donde alcanza el mundo de las cosas existentes. El hombre es, segn esto, la X
cuya conducta puede consistir en abrirse al mundo en medida ilimitada. Para el animal, en
cambio, no hay objetos. El animal vive exttico en su mundo ambiente, que lleva estructurado
consigo mismo adonde vaya, como el caracol su casa. El animal no puede llevar a cabo ese
peculiar alejamiento y sustantivacin que convierte un medio en mundo; ni tampoco la
transformacin en objeto de los centros de resistencia, definidos afectiva e impulsivamente.
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1. Las cosas inorgnicas carecen de todo ser ntimo y propio; carecen, por lo mismo,
de todo centro que les pertenezca de un modo ontolgico. Lo que llamamos unidad
en este mundo de objetos, incluyendo las molculas, tomos y electrones, depende
exclusivamente de nuestro poder de dividir los cuerpos realiter o mentalmente.
Toda unidad corprea lo es slo relativamente a una determinada ley de su accin
sobre otros cuerpos.
2. Un ser vivo, por el contrario, es siempre un centro ntico y forma siempre por s
su unidad e individualidad tempo-espacial, que no surge por obra y gracia de
nuestra sntesis, condicionada biolgicamente. El ser vivo es una X, que se limita
a s misma. Los centros inespaciales de fuerzas, que establecen la apariencia de la
extensin en el tiempo, y que necesitamos suponer a la base de las imgenes de los
cuerpos, son centros de puntos, fuerzas que actan recprocamente unas sobre
otras y en las cuales convergen las lneas de fuerza de un campo. En cambio el
impulso afectivo de la planta supone un centro y un medio en que el ser vivo,
relativamente libre en su desarrollo, est sumido, aunque sin anuncio retroactivo
de sus diversos estados. Pero la planta posee un ser intimo y, por tanto, est
animada.
3. En el animal existen la sensacin y la conciencia, y, por tanto, un punto central al
que son anunciados sus estados orgnicos; el animal est, pues, dado por segunda
vez a s mismo.
4. Ahora bien: el hombre lo est por tercera vez en la conciencia de s y en la
facultad de objetivar todos sus procesos psquicos. La persona, por tanto, debe ser
concebida en el hombre como un centro superior a la anttesis del organismo y el
medio.
Dijrase, pues, que hay una gradacin, en la cual un ser primigenio se va inclinando cada
vez ms sobre s mismo, en la arquitectura del Universo, e intimando consigo mismo por grados
cada vez ms altos y dimensiones siempre nuevas, hasta comprenderse y poseerse ntegramente
en el hombre.
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existiendo aun cuando est ya edificado por completo el espacio ptico, nico en
que se da la diversidad continua y simultnea de la extensin. En el trnsito del
animal al hombre encontramos, pues, una completa inversin de lo vaco y lo
lleno, tanto respecto del tiempo como respecto del espaco. El animal no puede
aislar las formas vacas del espacio y el tiempo, desprendindolas de las cosas
contenidas en ellas, como tampoco puede aislar el nmero abstracto, separndole
del nmero concreto mayor o menor residente en las cosas mismas. El animal vive
completamente sumido en la realidad concreta de su actual presente. Es menester
que las esperanzas nacidas de las tendencias y convertidas en impulsos de
movimiento, excedan a la satisfaccin efectiva, que las tendencias obtienen en una
percepcin o sensacin, para que tenga lugar (como sucede en el hombre) el
extrao fenmeno que consiste en que el vaco espacial, y anlogamente el
temporal, resultan anteriores, bsicos, respecto de todos los contenidos posibles
de la percepcin y del mundo de las cosas. De este modo, y sin sospecharlo, el
hombre contempla el vaco de su propio corazn como vaco infinito del espacio
y del tiempo, como si el espacio y el tiempo existiesen, aunque no hubiese cosas.
Slo mucho ms tarde rectifica la ciencia este enorme engao, que comete la concepcin natural del mundo, ensendonos que el espacio y el tiempo slo son
rdenes, posibilidades de posicin y sucesin de las cosas y que no tienen
existencia alguna fuera e independientemente de stas. Para el animal tampoco
existe un espacio universal, como dije antes. Un perro vivir durante aos en un
jardn y recorrer frecuentemente todos los parajes del mismo, sin lograr nunca
una imagen total del jardn y de la disposicin que los rboles, arbustos, etc.,
tienen independientemente de la situacin de su cuerpo, cualesquiera que sean las
dimensiones de dicho jardn. Para el perro slo existen espacios ambientes, que
cambian cuando el perro se mueve, y el perro no logra coordinar esos espacios
ambientes en el espacio total del jardn, independiente de la posicin de su cuerpo.
La razn de ello es que el animal no puede convertir su propio cuerpo y sus
movimientos en objetos; no puede incluir la situacin de su propio cuerpo, como
elemento variable, en su intuicin del espacio, y aprender a contar instintivamente,
por decirlo as, con la contingencia de su posicin, como hace el hombre sin
necesidad de ciencia. Esto que primariamente hace el hombre es el principio de lo
que luego prosigue la ciencia. La grandeza de la ciencia humana consiste
justamente en esto: que el hombre aprende en ella a contar cada vez en mayor
medida consigo mismo y con toda su organizacin fsica y psquica, como si fuese
una cosa extraa, que se encontrase en rigurosas relaciones de causalidad con las
dems cosas; merced a lo cual el hombre ha sabido forjarse una imagen del
mundo, en donde los objetos son independientes en absoluto de la organizacin
psicofsica, de los sentidos (y de sus umbrales) de las necesidades (y de los
intereses que stas sienten por las cosas) humanas, y por consiguiente permanecen
constantes en medio del cambio de posicin, de estado y de vivencia sensorial en
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