Quo Vadis Tepito

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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

Dr. Enrique Graue Wiechers


Rector
Dr. Leonardo Lomelí Vanegas
Secretario General
Dra. Guadalupe Valencia García
Coordinadora de Humanidades
Dr. Fernando Lozano Ascencio
Director del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM)

COMITÉ EDITORIAL
CRIM

Dr. Fernando Lozano Ascencio


PRESIDENTE
Dra. Sonia Frías Martínez
Secretaria Académica del CRIM
Dr. Guillermo Aníbal Peimbert Frías
Secretario Técnico del CRIM
SECRETARIO
Dr. Fernando Garcés Poó
Jefe del Departamento de Publicaciones del CRIM
Dr. Roberto Castro Pérez
Investigador del CRIM
Dr. Óscar Carlos Figueroa Castro
Investigador del CRIM
Dra. Luciana Gandini
Investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM
Dra. Verónica Vázquez García
Profesora-investigadora del Programa de Postgrado en Desarrollo Rural,
Colegio de Postgraduados
Dra. Elsa María Cross y Anzaldúa
Profesora de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Lic. José Luis Güemes Díaz
Jefe de la Oficina Jurídica del campus Morelos de la UNAM
¿Quo vadis, Tepito?
¿Quo vadis, Tepito?

Héctor Rosales Ayala

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO


Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias
Cuernavaca, 2020
Contenido
Preliminares
Introducción
Tepito de ayer
Manrique
Casco
Tepito de hoy
El barrio de Tepito y la violencia estructural
Tepito: entre la bravura y el estigma
Expresiones culturales y artísticas que se realizan en el Tepito de hoy
Teatro
Literatura
Música
Performance
Religiosidad
Proyectos culturales y artísticos que se realizan en el Tepito de hoy
Semillero de creadores
ArTepito
Casa Barrio
Espacio Cultural Tepito
Elitep
Escuela de Paz
La Tranza de Tepito
Los Olvidados
Taller Libre del Arte del Calzado
Crónica de castas
Safari urbano en Tepito (experiencia teatral)
Fotografía
Tepito de mañana
Pensamiento sociológico para dialogar contigo
Del pluralismo al diálogo intercultural
Modernidad líquida
Umbrales
Resistencia
Bibliografía
Tesis
Otras fuentes consultadas
Aviso legal
Ficha catalográfica
A Raúl Béjar Navarro
In memoriam

A los tepiteños que dejaron su huella en el barrio:


Chava Flores
Daniel Manrique
Julián Ceballos Casco
Lourdes Ruiz
Armando Ramírez
Primo Mendoza
Cuando despertó, el barrio todavía estaba allí.
Introducción
Voy con mi hacha

Este libro está dedicado a reunir información significativa sobre el barrio de Tepito,
especialmente la que se encuentra en el acervo de tesis de la Universidad Nacional Autónoma
de México y la que circula en redes sociales e internet.
Hemos organizado la información que nos pareció más significativa en tres ejes temporales:
el Tepito de ayer, el Tepito de hoy y el Tepito de mañana. A lo largo de la exposición aparecerán
líneas de investigación sobre ciertos personajes y situaciones; cuando sea oportuno se ofrecerán
textos específicos sobre ellos, sin romper la línea narrativa principal. Aquí y allá aparecerán
algunas notas de tipo teórico que tienen que ver con tres temas de actualidad: 1) el pluralismo
cultural; 2) la modernidad líquida, y 3) la noción de ciudad de umbrales, del autor griego
Stavros Stavrides. Estas formulaciones teóricas nos permitirán vislumbrar los futuros posibles
del barrio de Tepito.
El juego metafórico que se plantea en el epígrafe nos invita a asumir de una manera creativa
la relación entre el devenir del barrio y la construcción biográfica. De 1980 a 1991 vivimos una
experiencia de inserción social y de investigación participativa que dieron lugar a varias
publicaciones universitarias. En particular, cabe mencionar el libro Tepito,¿barrio vivo? (Rosales
1991), citado en la mayoría de las tesis consultadas. A nivel de sensación corporal y de
conciencia sociológica, es muy distinta la experiencia de escribir al calor de los acontecimientos
inmediatos cuando se tiene un protagonismo en un movimiento social, de cuando lo hacemos a
una distancia de más de treinta años. La sensación principal es de duelo y pérdida, pues
muchas de las personas que conocimos ya han muerto o se han ido de Tepito; la vida misma, con
sus pesares y alegrías, ha transcurrido y el cuerpo ya acusa el paso del tiempo. Hemos conocido
un amplio abanico de emociones y volvemos a escribir sobre el barrio con la convicción de que
es útil hacerlo, precisamente ahora cuando los avances tecnológicos erosionan las habilidades
de pensar y las capacidades de sentir. La escritura se convierte en un acto de resistencia, es un
oficio que nos devuelve una existencia expandida. Algunas visitas realizadas a Tepito durante
2017 y 2018 nos dejaron un sentimiento de nostalgia y la sorpresa de saber, a través de
diferentes actores del Tepito de hoy, que la resistencia cultural adopta nuevas formas. En el
escenario enloquecido del comercio voraz y muchas prácticas que se mueven en las arenas
movedizas de lo legal y lo ilegal, hay colectivos que insisten en proponer nuevas prácticas
artísticas y culturales.
Al revisar las tesis recientes sobre el barrio de Tepito, vimos la posibilidad de ejercer la
escritura creativa y construir uno o varios relatos que les permitan a los lectores comprender al
Tepito de hoy como un sistema complejo. Esto es, como un universo social donde se mezclan
diversos pasados, la memoria social activa sobre los movimientos sociales de los setenta y
ochenta del siglo XX, el conjunto de transformaciones que ocurrieron en los años noventa, la
apertura comercial, la fayuca, la piratería, las drogas, el tráfico de armas y la violencia como
factores que le imprimen características negativas que contribuyen a profundizar el rechazo
hacia Tepito por parte de las instituciones oficiales y de sectores sociales que ven con desprecio
y temor al barrio. Al mismo tiempo, en una combinación extraña, Tepito sigue ofreciendo
múltiples ejemplos de supervivencia, creatividad social y expresividad artística.
Desde los años noventa hemos ejercido el oficio de sociólogo en la investigación de otros
temas, pero de vez en cuando llegaban noticias de Tepito, incluyendo la invitación a participar
como sinodal en varios exámenes profesionales. Además, como se sabe, Tepito siempre es
noticia: la prensa y otros medios se han dedicado a registrar los momentos más significativos de
un conflicto latente entre Tepito y la legalidad, Tepito y la normatividad urbana; en cada caso
las formas de intervención policíaca sólo han servido para afirmar la autarquía de que disfruta
el barrio, hasta transformarse en un cuerpo social funcional para la economía urbana, nacional
y global.
En el campo cultural se sigue jugando un ajedrez de símbolos para definir lo que es el barrio
de Tepito y lo que son los tepiteños. En el pasado un movimiento cultural conocido como Tepito
Arte Acá, en alianza con los vecinos y comerciantes, ofreció una de las luchas más interesantes
sobre la construcción del sentido de un objeto social. Ahora, en pleno siglo XXI, destacan
iniciativas culturales recientes, como Safari urbano en Tepito y Crónica de castas —las dos
provenientes de lógicas de producción externas, pero que renuevan la actualidad simbólica de
Tepito— además de telenovelas y series como Ingobernable, que explota todos los mitos y lados
oscuros del barrio para contraponerlos a la corrupción gubernamental. Como se verá, hay otras
iniciativas de promoción social y animación cultural que van acumulando experiencia en una
especie de movimiento molecular y que pueden pensarse desde las claves de la resistencia.
Esperamos que la información aquí reunida les sirva a los estudiantes y a los jóvenes que se
encuentran realizando nuevos proyectos culturales y artísticos. El panorama de temas
culturales tepiteños que han sido abordados comprenden: música, teatro, literatura, religión y
lenguaje, entre otros. En cada uno de ellos se ratifica la riqueza cultural que le da a Tepito su
parte luminosa. Tal vez, lo que hace falta es un proceso reflexivo colectivo que pudiera originar
una praxis más integral. Precisamente en el “Tepito de mañana” retomamos los aportes que se
han realizado sobre transformaciones espaciales en el “Tepito de hoy” y otras estrategias que le
pudieran dar a esta realidad la oportunidad de vivir también su Cuarta Transformación. La
historia profunda y la historia reciente enseñan que los conflictos entre Tepito y las políticas
económicas, sociales y urbanas se han resuelto cuando se dan ciertas condiciones necesarias
(aunque no suficientes): grupos organizados en el barrio que sepan reunir, procesar y difundir
información estratégica; que haya proyectos en disputa con el Estado, y sobre todo, que haya
unidad y comunicación entre los tepiteños interesados, además de contar con la alianza de la
prensa, grupos específicos de universitarios y otros medios para difundir la voz del barrio. La
gran pregunta que se ha formulado en diferentes escenarios y por diferentes actores es ¿a
dónde va Tepito?
La situación actual es frágil en la medida en que hay cientos de intereses en juego. El
tianguis de Tepito tiene un valor comercial y económico incalculable; desde luego, no surgió de
la noche a la mañana y en el presente hay múltiples voceros que defienden su existencia y que
se opondrían a cualquier regulación o modificación. Los habitantes de las viviendas que dejó el
sismo de 1985 se han adaptado a las nuevas condiciones de vida y soportan el estrés ambiental,
del ruido, la basura y la inseguridad (de la vida en vecindad se pasó a la vida en condominio,
con toda su lógica individualista y anómica); para un amplio sector de trabajadores, el tianguis
es una fuente de trabajo, aunque su carácter es volátil y no tienen un sentimiento de arraigo;
los proyectos culturales externos e internos atienden problemas sociales puntuales y no se
vislumbra la formulación de un proyecto integral. Precisamente, en esta coyuntura, este libro
quiere servir como un estímulo para que se abra un diálogo amplio e incluyente. Se respiran
aires de transformación en el país y en la ciudad. ¿Seguirá vigente el obstinado barrio?

Cuauhnáhuac, 2019
Tepito de ayer
Todo cabe en el mito de Tepito
sabiéndolo acomodar.
CARLOS MONSIVÁIS

El ayer de Tepito se puede extender hasta la construcción de la Ciudad de México-Tenochtitlán


y Tlatelolco (Escareño 2013), y seguir sus transformaciones espaciales y sociales durante el
México colonial, el México independiente, las guerras de Reforma, el Porfiriato, la Revolución
(Aréchiga 2003), hasta la conformación del México moderno, de los años veinte a los cincuenta,
cuando se consolidan los barrios periféricos de la Ciudad de México. Esa época es motivo de
nostalgia porque el cine mexicano vivía un momento de esplendor y muchos de sus temas
provenían de la vida urbana y, en particular, de los dramas y comedias de la clase popular.
Colonias como la Santa Julia, la Merced, la Bondojito, Tacubaya y la Candelaria de los Patos,
además de Tepito y la Guerrero, fueron parte del sabor y el ritmo de una nueva cotidianeidad.
La música popular, los boleros, la música ranchera y los danzones o el mambo le daban al ritmo
de los cuerpos una razón de existir. En aquellos años se forjan y se extienden varias miradas
sobre Tepito y los tepiteños; se propicia una interrelación entre lo popular y lo masivo, se habla
de los “fifís quintopatieros” de la metrópoli, y de la “corte de los milagros”. Se construían, de
esta manera, estereotipos acerca de los modos de vestir, sin olvidar que el alcoholismo y la
miseria también eran temas para los medios. Entre lo masivo y lo popular no sólo hubo
manipulación, al mismo tiempo se generó una relación de complicidad en la cual se formaron
sensibilidades y esquemas de percepción que ampliaron y enriquecieron el imaginario urbano.
En esta ocasión nos interesa recordar el pasado reciente de Tepito, que comienza con el
trabajo antropológico de Oscar Lewis (1961). Él estudió la vida de los pobres en varios países,
pero alcanzó una doble fama que quedó en las familias que le abrieron sus puertas en la Casa
Blanca, una de las vecindades más emblemáticas de Tepito. En este lugar se originó Los hijos de
Sánchez, su libro más conocido, y la mala fama que se ganó en sectores conservadores, quienes
a través de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, protestaron porque veían los
resultados de Lewis como nocivos para la imagen de México en el mundo, ya que mostraban la
forma “denigrante y obscena” de vivir de los tepiteños pobres. Con esta polémica llegamos a los
años sesenta del siglo XX.
Como es conocido, 1968 fue un año lleno de acontecimientos internacionales, en muchas
ciudades se hicieron visibles los jóvenes como el grupo social más activo, en particular, los
estudiantes. Para el caso de México, el movimiento estudiantil popular de 1968 ha sido motivo
de múltiples interpretaciones y ha quedado plasmado en libros, películas y obras de teatro. Ese
año es importante para el barrio de Tepito por otros motivos, pues inicia su trabajo pastoral y
comunitario el sacerdote Federico Loos, quien llegó a Tepito, a la parroquia de la Divina
Institución, en la cual estuvo siete años. No fue un sacerdote común porque él enseñaba a
pensar de manera crítica y valoraba más las acciones que los dogmas. Siete años le bastaron
para quedar en la memoria colectiva como una de las personas que enseñaron lo que significa la
unidad y la ética comunitaria. Aparte de celebrar misa, fundó una caja popular (donde la
superación era fruto del esfuerzo), una biblioteca de la juventud, una guardería, una
telesecundaria, la Preparatoria Popular “Comitancillo”, el Club del Recuerdo para la Tercera
Edad, una cooperativa de vivienda. Permaneció en Tepito hasta que los detractores de la
teología de la liberación pidieron a la curia su destitución. Su historia no paró ahí: adonde iba
tenía como misión trabajar con y para la comunidad. Conocí a Federico Loos en La Verdolaga
(no es albur), suburbio de Naucalpan, más allá del Molinito del Estado de México, en mi primer
taller de investigación social. El templo era también salón de usos múltiples para las dinámicas
de grupo. Loos enseñaba con el ejemplo, confiaba en los jóvenes y te miraba el alma. Cuando leí
El evangelio de Lucas Gavilán, de Vicente Leñero (2011), pensé mucho en él, seguramente
hubiera comido mandarinas con el Maestro antes de expulsar a los cabrones del templo.
Los liderazgos de comerciantes de Tepito comienzan en 1956, con el programa de creación
de mercados impulsado por Ernesto P. Uruchurtu en toda la ciudad. La alegría por los nuevos
mercados y la vida tranquila por la liberación del espacio de las calles y plazas no duró mucho
tiempo. En 1971 se presenta el conflicto entre los comerciantes de los mercados y los de la vía
pública. En 1972, en pleno auge del populismo echeverrista, se autoriza la venta en la vía
pública. Surgen nuevos liderazgos, en su mayoría amparados por el Partido Revolucionario
Institucional (PRI). En 1973 comienza la venta de fayuca a una escala moderada.
En 1972, con el inicio del Plan Tepito, se genera un movimiento de resistencia vecinal, en
alianza con los comerciantes y los artesanos que tenían en Tepito su fuente de trabajo. En
contraste con el concepto de la cultura de la pobreza, en estos años ya es posible reconocer la
formación de una cultura propia (ver Bonfil 1982). Se afirman formas particulares de valorar,
percibir y actuar; se reconocen habilidades colectivas, como la adaptación de espacios, grandes
habilidades para el deporte, la reparación y el reciclaje, la música y el baile. Algunos líderes
vecinales comenzaron a reunir información histórica sobre el barrio, así como los estudios
sociológicos y antropológicos que se habían hecho sobre él. De manera silenciosa y a través de
varios periódicos locales cuestionaron la mirada ajena y comenzaron a elaborar un discurso
propio sobre el valor simbólico del barrio y sobre las características psicosociales de los
tepiteños. En ese contexto fue un acierto la filmación del documental Tepito sí, de los suizos
Georges Sluizer y Danniel (sic; 1982), que contó con la participación de actores y de un grupo
seleccionados de tepiteños. Además de algunas viñetas sobre la vida cotidiana de varias parejas
jóvenes, se cuenta el inicio de la organización vecinal contra el Plan Tepito, y su alianza con el
Taller 5 de Autogobierno de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.
En esa coyuntura tiene lugar un evento artístico y cultural conocido como “Conozca México,
visite Tepito”, en la Galería José María Velasco, del Instituto Nacional de Bellas Artes, donde
participaron artistas de diversos lugares, y de manera significativa, Julián Ceballos Casco y
Daniel Manrique Arias. Estos pintores se involucraron en una de las propuestas artísticas más
importantes, conocida como Tepito Arte Acá (ver más adelante). El “manifiesto” o invitación a
esta exposición es una pieza literaria:

Conozca México, visite Tepito

Conozca México, visite Tepito


(o la expresión de la materia),
vecindades, zaguanes, muros,
paredes que de momento gritan
y pegan de alaridos.
Algo así como si dijéramos
la angustia de un mundo decrépito,
que se esfuerza y lucha
por ser la vertical que ya no es.
Paredes
descarapeladas y resanadas paredes,
que la humedad hizo paridoras de figuras humanas.
Paredes con dolor de imágenes
que nacen viejas de por sí.
Figuras de ancianos con arrugas de historia.
Paredes de porosa epidermis
que palpita y que siente,
como la carne misma del tepiteño.
Viejas paredes donde se reflejan
las imágenes de los niños y jóvenes del barrio.
De niños que crecen sin saber jugar,
sin saber amar, sin poder vivir.
Y los patios.
Los viejos patios de vecindad,
con las mismas contadas arrugas de las entrañas de la Madre Tierra.
Con las arrugas de un niño cuando nace y llora.
Grises patios manchados de escupitajos y miasmas.
Testigos de nuestro ir y venir.
Donde la pared se cae a cachitos
recordándonos su otro otoño.
Vecindades donde los tendederos
son los eternos elementos escultóricos móviles ambientales.
Vecindades con patios que son la provincia.
Acá en Tepito.
Uno de los primeros barrios prehispánicos.
Y uno de los últimos barrios populares
que van quedando en la ciudad.
Conozca México, visite Tepito.
Arte Acá, albures, ayateros, baratillo,
caché, caló, carreros,
cultura popular, fayuca, goleadores,
hojalateros, motos, migas, rateros, subempleos,
tacos de tripa, tianguis, vecindades
y zaguanes con su altar.

El paso del tiempo le da un valor etnográfico a este documento, además de revelar la


sensibilidad que armoniza las palabras con la realidad descrita. Quienes conocieron ese Tepito
seguramente podrán identificarse con las imágenes evocadas.
En los años ochenta se configuró el escenario de lo que serían los micromovimientos sociales
realizados en Tepito en contra de los proyectos gubernamentales. Fueron muchos los
aprendizajes que se obtuvieron entonces, sin olvidar las trayectorias divergentes que tuvieron
las necesidades urgentes de tipo habitacional y económica con la dinámica de un movimiento
cultural, como Tepito Arte Acá con sus propios sueños.
Una manera de comprender la realidad tepiteña desde la aparición del Plan Tepito por parte
del gobierno, es como un movimiento social. Como se mencionó antes, desde el trabajo social
realizado por el sacerdote Federico Loos y las comisiones vecinales (Alarcón 1974), se sentaron
las bases formativas de los liderazgos que iban a evolucionar hacia mayores responsabilidades.
Entre ellas la generación de una práctica organizativa y otra comunicacional. Se debían ofrecer
fundamentos de que Tepito es un barrio con tradición, cultura y vida cotidiana en la ciudad. Sus
habitantes defienden el derecho a proseguir su vida en ese lugar y en la forma que lo han
heredado por varias generaciones. Como le hubiera gustado decir a Henri Lefevbre (1967):
“Están defendiendo su derecho a la ciudad”. Tepito es valioso porque el habitar y el trabajo se
dan en el mismo espacio; el movimiento lucha por su defensa; se conjuga la defensa del
consumo con la de la producción, se busca preservar un modo de vida que tiene raíces
consolidadas.
La cultura barrial, a su vez, remite a lazos familiares y de afecto creados a lo largo del
tiempo; el barrio, en su dimensión espacial fue producido y modificado por padres y abuelos, y
logró un equilibrio en el uso diversificado de los espacios, para trabajar, para descansar y para
el disfrute colectivo de bailes y juegos; la informalidad y la improvisación se asumen como
cualidades creativas que definen la cultura y la forma de ser del tepiteño.
Los comercios dedicados a gente externa al barrio son un servicio de Tepito a la ciudad. Las
pequeñas industrias y talleres, además de ser fuentes de empleo, ofrecen soluciones a
problemas reales. En síntesis, después de la experiencia acumulada en acciones en defensa del
barrio frente a miradas ajenas y acciones de política urbana, Tepito se muestra como un
ejemplo de la capacidad de respuesta del mexicano ante agresiones provenientes del Estado.
Ante la imagen que quiere mostrarlos como pobres, apáticos e indiferentes, afirman desde su
conciencia de identidad: “Somos tepiteños”. El movimiento social en su madurez actualiza sus
demandas: “Somos valiosos como comunidad porque tenemos conciencia del mundo social;
hemos aprendido a revalorizar la forma de ser de los habitantes de Tepito; nos aceptamos como
somos, rechazamos modelos ajenos, porque como somos es muy chido”.
Es interesante observar cómo pudo permear Tepito Arte Acá el discurso afirmativo de los
tepiteños. En particular en los videos ¿Qué es Tepito? ¿Qué es Arte Acá?, Safari por Tepito y
¿Qué es arte? ¿Qué es cultura?, donde participó activamente Carlos Plascencia (Manrique y
Plascencia 1979). Así, se elaboran productos visuales que les permiten a los tepiteños ganar en
confianza y en identidad, y al mismo tiempo estos documentos sirven para sensibilizar a muchos
públicos, especialmente universitarios, acerca del valor cultural de los barrios y de Tepito en
particular.
El sismo del 19 de septiembre de 1985 marcó un antes y un después en la historia de la
Ciudad de México y especialmente en Tepito. A través de la prensa puede reconstruirse la
intensidad de acontecimientos que ocurrieron los primeros quince días posteriores a los
terremotos. En el caso de Tepito, destaca la forma en que las organizaciones vecinales y las
parroquias se adaptaron a la situación de emergencia. Los comerciantes, por su parte, estaban
interesados, como las autoridades, en el “regreso a la normalidad”. Poco a poco el gobierno
reaccionó con el decreto de expropiación que generó muchas expectativas entre los tepiteños,
sobre todo en los que toda su vida habían vivido en vecindades: se abría ahora la oportunidad
de ser propietarios y de esa manera realizar sus aspiraciones de “ascender” a la clase media.
De 1985 a 2005, Daniel Manrique participa con colectivos de diferentes lugares de la Ciudad
de México, de manera especial con los colonos del Pedregal de Santo Domingo, Coyoacán y
Campamentos Unidos, en la colonia Guerrero. En Tepito, la vorágine de la reconstrucción
desplazó su propuesta artística y entonces se limita a hacer murales con vecinos que lo invitan.
En ese contexto tiene la brillante idea de escribir su autobiografía, que se plasmó en el libro
Tepito Arte Acá. Una propuesta imaginada (Manrique 2003; ver reseña más adelante). En años
recientes afirmó: “¡Qué culpa tengo yo de ser pintor y de haber firmado a Tepito como mi gran
obra maestra!”. Eiji Fukushima (2012) le dedicó su tesis a Daniel Manrique y elaboró una
película que hace referencia a su obra póstuma: un mural sobre la historia de Tepito en los
edificios Los Palomares, en Tepito. Daniel Manrique murió el 27 de agosto de 2010.

Manrique

Artista es el que despierta en los demás al artista


que cada hombre tiene dormido.
ADAGIO ÁRABE

Ejercicio de revaloración crítica

Idea inicial: Si bien el movimiento social de Tepito forma parte de la temática urbana, es en la
dimensión cultural donde logra aportar resultados inéditos para la praxis social. Hasta los años
ochenta, incluyendo el sismo de 1985 y la experiencia de la reconstrucción, el barrio de Tepito
podía reivindicarse como un barrio muy importante para la historia de la ciudad, siempre en los
márgenes, pero participando del devenir urbano; sus principales valores fueron la autonomía
económica, la convivencia, la identidad, la unión y el orgullo. Finalmente, en los años noventa se
impone la racionalidad económica y se dificulta hasta el límite la posibilidad de retomar las
ideas y prácticas del Arte Acá.
Nuestra estrategia argumentativa consiste en aceptar el carácter abierto y totalizante del
Arte Acá, opción opuesta a cualquier tipo de reduccionismo. Nos vamos a referir en este espacio
a Daniel Manrique Arias, aunque sabemos que hay otros protagonistas; pero corresponde a él la
decisión de haber abrazado esta propuesta como su motivo de vivir. Daniel Manrique logró
elaborar una filosofía de la existencia no reconocida por la academia y tampoco comprendida en
los barrios populares donde él vivió.
Los audiovisuales ¿Qué es Tepito? ¿Qué es Arte Acá?, Safari por Tepito, y ¿Qué es arte? ¿Qué
es cultura? fueron los primeros documentos donde se da a conocer el discurso de Daniel
Manrique. En ellos se reivindica la existencia y el valor de una cultura propia que escapaba a
las conceptualizaciones ajenas, especialmente la de la cultura de la pobreza de Oscar Lewis y
las de la cultura de la marginalidad. Posteriormente, Manrique publica textos y da a conocer
caricaturas en el periódico El Ñero, a finales de los años setenta, donde argumentaba en contra
de los discursos oficiales. Poco a poco los medios se interesaron por Tepito y el Arte Acá, lo cual
fue exigiendo mayor precisión en el discurso.
La Reunión Mundial sobre Políticas Culturales, realizada en la Ciudad de México en 1982,
serviría para que el ministro de Cultura de Francia, Jack Lang, a través del Instituto Francés
para América Latina, se interesara en la propuesta de Daniel Manrique, la cual habían conocido
a través del libro Des murs dans la ville (De Bure 1981). Después de muchas gestiones se logró
concretar el intercambio artístico entre el colectivo Populart, de la Saulaie, Francia, y el grupo
Tepito Arte Acá, del barrio de Tepito. Fueron dos años decisivos para Manrique, porque pudo
pintar murales en Francia y en Tepito con apoyo oficial y con el acompañamiento de la prensa.
Previamente, una entrevista realizada para la Libreta Universitaria de la ENEP Acatlán, en 1980,
permitió el enlace para que un año después se publicará su “Ensayo pa’ balconear al mexicano
desde un punto de vista muy acá”, en el libro de Raúl Béjar (1982) El mexicano. Aspectos
culturales y psicosociales. Desde entonces le entusiasmó la escritura y publicó ensayos escritos
a mano en el suplemento Opciones del periódico El Día. Los intereses cognoscitivos de
Manrique se ampliaron para cuestionar muchos aspectos de la cultura mexicana y de la cultura
occidental. Una valoración crítica de nuestro personaje debe verlo como creador en sentido
amplio, excelente pintor muralista, investigador de la cultura y escritor.
El 19 de septiembre de 1985 cambió la fisonomía del barrio de Tepito y provocó que en el
proceso de la reconstrucción Daniel Manrique se limitara a pintar algunos murales, al ver que
su participación en un proyecto de transformación integral no era comprendida, especialmente
su concepto arquitectónico de nueva vecindad. Poco a poco, Daniel Manrique encontró otros
escenarios para tener participación desde su ser artista buscando siempre una relación
productiva con los integrantes de diferentes comunidades urbanas. Al mismo tiempo, se le
presentaron otras oportunidades para participar en eventos nacionales e internacionales, lo
cual le dio otra proyección a su actividad artística, aunque ya sin tener como referente
inmediato al barrio de Tepito, y sí una visión crítica de la sociedad mexicana y de la cultura
occidental, pensada como cultura opresora.
Daniel Manrique pintó su último mural el año 2009, en los edificios que se conocen en Tepito
como Los Palomares. Su propósito: exhibir quiénes somos, decorar poéticamente las paredes
para ver la esencia buena y mala de lo que somos o podemos ser como humanos.
En la tesis de Eiji Fukushima (2012) se hace un recuento de las dos facetas de Daniel
Manrique, como pintor y como escritor. En la tesis mencionada se ofrece una lista que precisa
la ubicación de un conjunto representativo de sus murales: Los Palomares, Plaza de Martes de
Arte, Florida 10, Palma 33, José María Velasco, El poder de los oficios, Café Coatepec,
Campamentos Unidos, Escuelita Emiliano Zapata, Glorieta de Clavería, Oullins, Ontario,
Chicago, Buenos Aires, Berezategui, La Plata.
Textos: “Son de las manos”, “Pulque para dos”, “Sueños guajiros”, “Ser para nada”, “A
propósito del choro, ¿qué es Dios? ¿Qué es el Arte Acá?”, “Y los humanos ¿qué pitos tocan?”. Y
su libro autobiográfico: Tepito Arte Acá. Una propuesta imaginada.
Fukushima logró conocer a Daniel Manrique en su última etapa creativa, y de manera
sensible nos trasmite una imagen perdurable del pintor:

Daniel Manrique propone, más que nada, una reflexión sobre el ser humano y el ser tepiteño. Él nos
deja una herencia, más allá de si fue comprendido en el barrio de Tepito, creó cimientos de
conocimiento, a través de sus ensueños y de muchas frustraciones también. ¿Qué hacía Daniel?
Irrumpir en lo cotidiano para decir que el arte transforma; más que embellecer, se trata de invitar a
reflexionar. Daniel hurga de la historia misma del barrio de Tepito, indaga en lo universal y trata de
recuperar todos esos personajes que casi son invisibles y que en él toman un protagonismo: el
bolero, el vendedor de canastas, el dulcero; retoma los oficios, los va reconociendo y los presenta de
manera artística. Daniel transforma la calle en un acto mágico, cambia lo cotidiano que nos avasalla
y que nos hace sufrir, que nos vuelve mecánicos, que nos vuelve cosas y de pronto estás
participando del hecho artístico. Daniel aprovecha a la pared misma y comienza a hacer el acto
creativo, el acto del arte. De pronto del muro surge un rostro y medio cuerpo de una figura humana
que se asoma hacia el exterior. Al retomar la historia del barrio de Tepito, se nos propone una visión
del mundo. Una visión del mundo que es una mezcla de realidades, de las distintas culturas del
mundo, la negra, la indígena, la blanca, amarilla y la mestiza (Fukushima 2012, 21).

Frases características de Tepito Arte Acá:


1. Tepito es un mito que llega hasta el infinito.
2. México es el Tepito del mundo.
3. Tepito es la síntesis de lo mexicano.
4. El arte es lo único que nos hace humanos.
5. La neta de la cultura en México es la cultura popular acá.
6. El lugar donde se encuentra esa cultura popular es en Tepito.
7. El arte es la base fundamental del conocimiento.
8. El arte es una manifestación de dignidad humana.
9. La cultura no es espectáculo de consumo.
10. El arte es algo vital.
11. Es una gran riqueza saber usar las manos.
12. La improvisación.
13. La informalidad.
14. El uso libertario del lenguaje.
15. Erotismo social.
16. Goce corporal (baile).
17. El arte es la capacidad sensible de cada ser humano.
18. Si todos jaláramos parejo, la vida sería más chida.

En nuestro presente podemos preguntarnos acerca de la vigencia y pertinencia de estas


ideas cuando resulta urgente liberar el potencial creativo del ser humano para enfrentar los
límites de una sociedad orientada a la acumulación de riqueza, a la oferta permanente de
estímulos y distracciones, y formas de opresión política cada vez más sofisticadas. Tal vez el
principal obstáculo de Daniel Manrique fue su alto sentido crítico, lo cual lo llevó a aislarse y a
no crear seguidores.
Decir el barrio, decir la vida. Claves para leer el libro Tepito Arte Acá. Una propuesta imaginada

Este texto es una invitación a leer el libro Tepito Arte Acá. Una propuesta imaginada, de Daniel
Manrique Arias. El éxito de recepción de estas ideas dependerá de la curiosidad y el interés que
logre despertar en el oyente o en el futuro lector por una obra situada en los márgenes. El autor
es conocido como creador de una actitud de vida expresada de múltiples formas y que tiene
como referente material y simbólico al barrio de Tepito, uno de los lugares de la Ciudad de
México que cuenta con leyendas, mitos, experiencias urbanísticas, de rebeldía, resistencia
cultural y, paradójicamente, de oportunismo, adaptación a lo establecido y un mercantilismo
extremo.
Las claves de lectura propuestas aquí suponen la aplicación de un modelo de análisis cultural
que delinea una estrategia de aproximación a una obra con la premisa inicial de considerar el
contexto que la hace posible. En este caso habrá que tomar en cuenta la historicidad del lugar,
distinguiendo etapas y coyunturas donde han ocurrido acontecimientos que interrelacionan la
historia local con la historia de la ciudad y del país. En el caso del barrio de Tepito, se ha
demostrado en diferentes investigaciones que su cercanía con el Centro Histórico y la
acumulación de un acervo documental le han dado una importancia urbana y cultural
ampliamente reconocida. De allí que Tepito haya adquirido un valor de signo y de símbolo en el
entramado discursivo que se ha elaborado sobre él.
En este escrito no es posible entrar a cuestiones de detalle, basta afirmar que la simbólica
barrial se ha mantenido vigente a través de múltiples lenguajes, entre ellos la literatura.
Genius loci y producción simbólica

Quienes han caminado por las ciudades del mundo saben que hay algunos lugares donde
confluyen personajes, olores y ambientes que le dan su calidez y su capacidad de evocar
nostalgias, amores y rencores. Cada viajero auténtico ha disfrutado de la sensación de sentirse
perdido en los laberintos urbanos, y a su regreso ha sentido la urgencia de contar las historias
visibles e invisibles de las paredes, los muros, los rincones y esa arquitectura vernácula donde
se funde lo humano, lo animal y lo místico. Tepito ha cumplido esa función de rito de iniciación
para sus nativos y también para un conjunto de visitantes, que han ido de Oscar Lewis a Susan
Eckstein, y de Radio France a Le Monde.
A nivel interno, aunque son muchos los grafiteros anónimos y los cuenteros y narradoras de
vecindad, así como los aspirantes a compositores, poetas o novelistas, sólo algunos han
encontrado las estrategias de gestión que les han permitido trascender el mercado de libros de
la Lagunilla y entrar a la Gandhi, el Parnaso y a los Sanborns. Cuando se piensa en la literatura
tepiteña, el nombre mencionado es Armando Ramírez, cuya obra literaria bien merecería una
tesis. Evidentemente en esta ocasión y por consideraciones que se aclaran más adelante, hemos
preferido aprovechar este lugar para decir de la manera más contundente posible que existe
una obra que se conoce más en su expresión de pintura mural, pero que ha dado origen a una
escritura original que sustenta toda una visión del mundo. Se trata, por supuesto, de los
ensayos de Daniel Manrique y del libro objeto de este comentario.
El libro Tepito Arte Acá. Una propuesta imaginada es una obra que tiene un gran valor
testimonial y literario que justifica la invitación que aquí se hace con el trabajo interpretativo
que ensayamos.
Nuestras claves de lectura provienen del grupo de investigación sobre Pensamiento Social y
Cultura en el cual participo, en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la
UNAM. El marco interpretativo que estamos construyendo proviene de varios cuestionamientos
de orden epistemológico que coinciden en reconocer los límites que tiene hoy el pensamiento
racional para comprender la complejidad del mundo, sobre todo en su dimensión multicultural.
En búsqueda de perspectivas nuevas nos ha interesado acercarnos a los símbolos, a la
subjetividad y a lo que llamamos “nuevas formas de creación” para ampliar los universos que
pueden nutrir un pensamiento social más cercano a nuestro locus existencial.
El libro Tepito Arte Acá. Una propuesta imaginada merece un acercamiento fenomenológico
y hermenéutico. Precisamente, un primer comentario que suscita su lectura es el uso consciente
del método fenomenológico por parte de su autor: el intento por describir de manera minuciosa
y detallada el mundo desde sus circunstancias particulares, siguiendo un orden cronológico que
inicia con sus primeros recuerdos y llega hasta su circunstancia de vida actual.
Ese libro puede considerarse como un ensayo autobiográfico, como un testimonio, una
acumulación de recuerdos y también como un ejercicio de esclarecimiento de una inteligencia
sintiente que se da cuenta de lo que significa vivir no sólo en un barrio, sino en este país, en
esta época y en este Universo. Son trescientas ochenta y siete páginas de texto, veinte
fotografías a color y treinta y seis páginas con reproducciones de dibujos a lápiz. Una primera
exigencia que plantea su lectura es la ausencia de capítulos o un índice temático. Solamente al
final es posible reconstruir una serie de temas que le dan orden y coherencia a este conjunto de
relatos marcados todos ellos por una gran capacidad para describir lo que se ve, se oye y se
siente en cada situación. En la lectura emergen los siguientes temas: afinidades,
identificaciones, crisis (formativas, laborales, sentimentales), “tomas de conciencia”, maestros
de la vida, apertura del tercer ojo (comprensión de la pintura, del teatro y del arte).
Claves de interpretación

En términos hermenéuticos es posible identificar en la escritura la comprensión que va


logrando el autor acerca de su vida y, de manera paulatina, del contexto social y cultural que lo
constituye y que le plantea los dilemas que debe confrontar. En términos metodológicos interesa
proponer aquí el valor que tiene la escritura para lograr objetivar las obsesiones, los sueños y
deseos para desvelar las determinaciones que impone el barrio y los recursos interpretativos
que pueden permitir distanciarse críticamente de él, sin anular su potencial gnoseológico. Esto
es, su funcionamiento simbólico como axis mundi, el lugar que permite estar y ser en el mundo
con una diferencia cultural asumida con libertad y en diálogo con las diversidades ontológicas
que coexisten en la Tierra.
La invitación está hecha. Esperamos que las ideas presentadas hayan logrado hacer
apetecible aproximarse a una literatura que no admite clasificaciones porque se realiza al
margen de todo género y de toda academia. Las condiciones de producción del libro Tepito Arte
Acá. Una propuesta imaginada son congruentes con su contenido. La edición fue posible porque
un grupo de amigos reunió un capital y gestionó los apoyos del Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes, la agencia Novib y el Instituto de Cultura de la Ciudad de México. La
distribución se ha hecho fuera de los circuitos comerciales y su importancia cultural y literaria
todavía está lejos de aceptarse.
En pocas ocasiones, como estudiosos de la cultura y como viajeros de la vida, tenemos la
oportunidad de dar a conocer un libro que podría llegar a convertirse en un clásico si cuenta
con la recepción adecuada. En la dedicatoria que me escribió el autor afirma: “No digo nada
nuevo, simplemente la neta, pero a mi modo: la vida”.
Creo que en estos tiempos en que se niegan, anulan y destruyen las singularidades y las
diferencias es urgente la recuperación de las voces múltiples que podemos evocar. Creo que es
urgente decir la vida desde todos los lugares que habitamos.

Casco

El barrio le hace al caracol, se autogenera y crea,


ya después lo decimos, lo balbuceamos.
JULIÁN CEBALLOS CASCO

Julián Ceballos Casco participó en la exposición “Conozca México, visite Tepito”, de 1974, el
momento en que confluyen el movimiento de defensa del barrio y la acción artística que se iba a
expresar en la pintura, la literatura, el teatro y el periodismo. Su particular forma de ser, con
plena conciencia de la vida y de la muerte, lo apartó de cualquier protagonismo. Fue
damnificado del sismo de 1985 y siempre guardó un perfil bajo. En 1989 conocimos a Casco en
su nueva vivienda, transformada por él en una galería permanente, y pudimos realizar varias
entrevistas, de las que se derivó el libro Casco. Vibrencias en un barrio popular y la neta del
Arte Acá (Rosales 1989). Allí se muestra una parte de la persona única que fue Casco, pintor de
la vida. Él tenía una mirada amorosa hacia su entorno, por jodido que fuera, así como hacia las
personas y personajes de Tepito y en una larga serie de autorretratos. Aun en las grabaciones
se siente la vitalidad de sus palabras, el júbilo por celebrar lo pequeño, lo cotidiano. Casco era
capaz de gozar los universos creados por el polvo y la luz, así como la dualidad vida-muerte
porque no se engañaba a sí mismo ni pretendía engañar a los demás. Cerca tenía las cenizas de
su madre para recordar el destino de toda vida humana.
Las historias reunidas en el libro Casco. Vibrencias en un barrio popular y la neta del Arte
Acá muestran a una persona con una gran erudición y una actitud vital envidiable. Casco sabía
contar historias, vivía con sentido lúdico los sucesos de la vida. Había en él una capacidad
innata para embellecer, a través del lenguaje, hasta los acontecimientos más sencillos y
cotidianos. En su casa él estaba en su Universo, él cocinaba, contaba, reía y gozaba. A través de
sus palabras nos hacía ver, con sus dotes de pintor, escenarios y actores de diferentes épocas y
lugares. Al mismo tiempo, el imaginario sobre Tepito se enriquecía con su devoción por la
Guadalupana, su amor a la familia, la descripción minuciosa de las calles del barrio, los juegos,
los amigos, sus amores y desamores, sus aprendizajes y amistades.
El Arte Acá para él sólo era una expresión de las muchas que origina el barrio. En su
trayectoria biográfica, el haber convivido y participado en el movimiento de Arte Acá con
personajes como Armando Ramírez y Daniel Manrique, le dio una satisfacción personal, pero él
eligió seguir un camino divergente, de alguna manera aislándose, construyendo una fama de
huraño y antisocial, pero al mismo tiempo necesitado de los afectos familiares y de verdaderos
amigos. Dedicó toda su vida a pintar, aunque desligado del mercado del arte; se ganaba la vida
ejerciendo el oficio de restaurador.
Armando Ramírez, el afamado escritor tepiteño, se refiere a Julián Ceballos Casco con
profunda admiración:
Fue como una tempestad con rayos y centellas, bendito carácter del nabo, anarquista por
naturaleza, iconoclasta hasta las cachas, con un vozarrón que le daba para cantar como Elvis
Presley o Teddy Bear […] pintor descomunal, torrencial, aunque parezca contradicción, bebió de las
fuentes de la llamada pintura española, de la acidez y sátira de José de Goya y Lucientes. Cultivó
con su talento la horrorosa belleza de la realidad vista por un artista que le duele la existencia, que
la goza y la maldice, más con el carácter del español que se caga en todo a la menor provocación,
gracias a que desde jovencito entró a trabajar y aprender con un pintor catalán: Paco Camps-
Ribera, que llegó a México en 1939 de Francia, después de dejar España en el año de 1937 (Ficha
de la exposición de Casco en el Centro Cultural de Arte Contemporáneo, 2018).

Casco, más que artista, fue un creador de mundos. Tal vez sin proponérselo, por su forma de
ser, dejó una huella indeleble en el alma del barrio bravo porque nos enseñó que estar vivo
significa estar conectado con el Todo; de algún modo extraño, él tuvo conciencia de que, a pesar
de la dificultad de vivir, del licor amargo de la derrota, cada día se debe salir a sentir, a oler, a
saborear, y si la ocasión es propicia, también elevar el amor a categoría de arte. ¿Qué nos dejan
seres excepcionales como Casco que sea útil para vivir? Tal vez una sensación de plenitud y
conciencia, ser libre con esa libertad que no pide permiso para ser y en el movimiento provocar,
así sea en la brevedad de una vida, el asombro de asomarse a otros universos.
Presentación del libro Casco. Vibrencias de un barrio popular y la neta del Arte Acá. Museo Nacional de
Culturas Populares, 4 de octubre de 1990

LEONEL DURÁN

La presentación de este libro, en el marco de una muestra pictórica de la calidad y las


características de la que hoy se inaugura, ayudará a comprender la figura del maestro Casco y
su obra. Creo que vale la pena subrayar la importancia de que este libro haya sido editado por
el CRIM- UNAM, como un reconocimiento muy claro y preciso de lo que es el arte y la cultura
popular y la importancia que tiene para nuestro país. El trabajo de Héctor Rosales nos da la
oportunidad de adentrarnos en el pensamiento vivo, actuante, presente y de gran valor del
maestro Casco. No es fácil en el medio de las ciencias sociales y en el campo de los sociólogos y
antropólogos, en particular, hacer un sacrificio ritual de sí mismo para no opacar a quien es el
autor, a quien es el creador, diríamos, de este pensamiento; en este caso, se ha logrado
preservar el valor testimonial del personaje ubicado en su mundo barrial.
Tepito es el GRAN BARRIO, así, con mayúsculas, por su historia prolongada, en lucha
permanente por ser y existir; esa historia va desde el calpulli prehispánico hasta el presente. El
barrio ha logrado permanecer en la gran urbe sin ser devorado por ella. El barrio imprime a sus
habitantes un rostro y un corazón recios. Por eso estamos hoy aquí para hablar de este libro con
sus autores, con este grupo de auténticos mexicanos que no tienen temor por su identidad para
recrear, a través de las vivencias de Casco, un universo simbólico que nos invitan a compartir, al
disfrutar sus representaciones colectivas, su identidad barrial.
En México preguntamos ¿dónde vives?, y no ¿dónde habitas? Porque ahí en la casa, en el
barrio, en la calle, acontece la vida con toda su fuerza y su realidad; ahí es donde somos sujetos
de la palabra vivir.
Casco. Vibrencias en un barrio popular y la neta del arte acá es una expresión del hombre
como protagonista de la vida y como manifestación de la cultura. La cultura no es otra cosa que
el hombre mismo y en este caso un ser concreto con la contradicción de sus “sueños concretos”
y la pertenencia a un TODO. Sujeto de una condición y en busca de explicaciones, de su propio
consuelo y también de trascendencia, un alguien que se atreve, el arte es siempre un atreverse
a dar unas respuestas, lo que presupone la hondura de las preguntas, el derecho a expresarlas
en los valores y formas de un lenguaje propio, en una reflexión que va directo, como un
uppercut a la quijada del lector. En la difusión de esta identidad, en el desarrollo de esta
conciencia, los artistas del barrio jugaron un papel principal, sobre todo el grupo Arte Acá,
cuyos planteamientos, desde 1974, a partir de la exposición “Conozca México, visite Tepito”,
dieron impulso a la conciencia del barrio. Sus planteamientos fueron dirigidos en primera
instancia a ellos y después al exterior. Sus mensajes no se quedaron sólo en la urbe, sino que
alcanzaron una dimensión internacional en términos de su reconocimiento.
Los artistas de este barrio buscaron las respuestas a su quehacer y a los fundamentos de su
práctica cultural. Una práctica no aislada, sino algo que puede ser descrito como una praxis
social total, práctica, reflexión, proposiciones y no sólo en sentido académico, sino para la vida
misma.

HÉCTOR ROSALES

Agradezco los comentarios de Leonel Durán, porque subrayó de manera puntual una de las
intenciones que tuvimos al hacer este libro: su carácter testimonial; el sociólogo deja su
protagonismo, aunque en realidad habría que hablar de una coautoría. Casco, indudablemente,
es el personaje, es el ser humano, es el artista, pero siempre es necesaria también la otra
persona, la persona que escucha y que tiene, en un momento dado, la disposición para
sistematizar una serie de elementos que muchas veces en el discurso oral aparecen
deshilvanados o se diluyen en las conversaciones cotidianas. De hecho, hay una dificultad
metodológica al transcribir grabaciones porque en el habla cotidiana e incluso en la situación
de entrevista hay una serie de aspectos que impiden que se construya un discurso lineal. Por
otra parte, están un conjunto de temas que le interesaban de manera explícita al entrevistador,
al mismo tiempo que emergían múltiples historias y anécdotas de Julián Ceballos Casco. A
continuación, doy lectura al texto que preparé para esta presentación y que se titula: “Salir al
balcón”.

Tepito: Lugar propicio para las emociones fuertes, la creatividad manual, verbal y
extrasensorial.
Los tepiteños: Ñeros de diferentes tipos y colores, depositarios de todos los vicios y virtudes de
los mexicanos-pueblo, resultado de imposiciones e imitaciones, máscaras multicolores que
ocultan nuestro rostro y nuestra voz.
Casco: Brujo del verbo, creador de mundos, pintor, ñero vivencial y entrañable.
El tema: La vida, con sus momentos luminosos y sombríos.
El método: La sinceridad, una grabadora y la disposición para escuchar activamente.
El resultado: Un libro, una exposición y salir al balcón…

El libro que presentamos esta noche llevó diecisiete meses. Casualmente el mundo se
transformó radicalmente en este periodo, con la caída del muro de Berlín, en noviembre de
1989, se terminó una configuración del mundo y se abrió una era de incertidumbre. Nuevas
experiencias alteran nuestra sensibilidad y nuestras vidas, cada vez resulta más difícil
recuperar el presente para ejercer nuestro derecho a optar. La cotidianidad impuesta se nos
presenta como una sucesión discontinua de momentos, la lucidez, la somnolencia se confunden,
los días transcurren con su grisura rítmica, la maquinaría biológica de nuestros cuerpos
funciona inhibiendo nuestra capacidad de ser personas. En la producción de este libro ha
intervenido, en primer lugar, el impulso vital que nos conduce a salir de nosotros mismos para
encontrarnos y reconocernos en el otro; frente al determinismo orgánico, el impulso vital nos
conduce de lo privado a lo público, desafiando a la ciudad laberíntica de los senderos que se
bifurcan, adivinando en cada ser humano un fragmento de eternidad. A la primera agresión,
papeleo o indiferencia burocrática, se diluye el deseo y regresamos a la casa y al barrio con el
corazón partío.
En algunas ocasiones la ciudad nos ofrece paisajes alucinantes y situaciones donde el
impulso vital encuentra la oportunidad de renovarse. Así ocurrió, de manera colectiva, en 1985
y en 1988; así acontece en cada uno de nosotros cuando intuimos, soñamos o imaginamos un
mundo diferente, sin hambre, sin guerra y sin explotación.
Este libro tiene su origen, además, en una búsqueda iniciada hace diecisiete años, cuando
comencé a formularle preguntas a la vida. En noviembre se cumplen once años de mi relación
con el barrio de Tepito; creía encontrar allí algunas respuestas y todavía la moneda está en el
aire. El conocimiento y la interpretación del Arte Acá fue una revelación para mí; durante cinco
años estuve convencido de que expresaba la neta real de Tepito y de los mexicanos-pueblo; la
mezquindad de los intereses creados no está a la altura de un planteamiento utópico como el de
Daniel Manrique. El “bisne”, la “transa”, la corrupción y el fetichismo de la mercancía son
mucho más poderosos que las convicciones y la dignidad. Después del “tecnicolor” de la
reconstrucción y del repliegue de los ñeros hacia la vida privada, casi nada quedaba por hacer.
Las opciones: refugiarse en la nostalgia o entregarse a la “fiebre” mercantil.
En este contexto conocimos a Julián Ceballos Casco e iniciamos una serie de entrevistas que
pasaron de la recreación lúdica a la reflexión. De las dieciocho horas grabadas seleccioné
algunas historias y las ordené temáticamente. El libro incluye además algunas fotografías del
álbum familiar de Casco. El interés de Virgilio Carrillo y el apoyo del Museo Nacional de
Culturas Populares han hecho posible que este libro se presente hoy en el marco de una
exposición singular. Casco menciona al final del libro la idea de crear un museo tepiteño; la
trayectoria y profundidad histórica de este barrio, así como los recursos económicos que genera
el comercio justifican su propuesta, aunque vale la pena discutirla y mejorarla. Si no se toma en
cuenta la opción y la participación de los habitantes del barrio de Tepito, cualquier proyecto
cultural fracasará; si no se renuevan las redes familiares y vecinales que le han dado al barrio
su fortaleza moral y espiritual, los intereses mercantiles convertirán a Tepito en una gran plaza
comercial, desplazando el impulso vital de los ñeros auténticos hacia otros lugares que
permitan el reencuentro y alimenten la esperanza.
En Tepito queda mucho por hacer. Como ya se dijo, la moneda está en el aire. Muchos hemos
ido a Tepito buscándonos a nosotros mismos y nos hemos encontrado. Tepito nos ha dado
mucho, pero es cierto que no es el mejor lugar que uno escogería para vivir. Quienes viven en
Tepito actualmente son los que deben decidir su futuro, no puede venir una solución de afuera.
Una de las intenciones del libro es abrir un debate sobre el presente y el futuro de Tepito. La
gran cantidad de dinero que circula allí hace pensar en la posibilidad de que se transforme en
un lugar inédito en esta ciudad, un barrio “modelo”. Si existiera una filosofía social que se
preocupara por las generaciones y por formar a los niños y a los jóvenes en otras condiciones,
aprovechando las innovaciones tanto en tecnología como en valores y creatividad, estaríamos
hablando de la construcción de una utopía concreta para Tepito que puede ser también una
utopía necesaria para la ciudad y para el país. Ahora, también puede suceder lo contrario, que
los tepiteños se conviertan en los verdugos de Tepito, en los peores enemigos del barrio, porque
debemos recordar que siempre han estado a la defensiva. Tepito se opuso a muchos planes
oficiales, entre ellos al Plan Tepito y luego a la Plaza Tepito.

JULIÁN CEBALLOS CASCO

El barrio de Tepito no es una perita en dulce; sí es difícil vivirlo, está muy pelucas, ¿no? Hay
bandas de afuera y de adentro, luego hay operativos policíacos y mucho desorden en las calles.
Lo que comparto en el libro es una fracción pequeña de todas mis vivencias. Yo, como pintor,
intento decir con imágenes, y en las charlas con el camarada Héctor construimos un ambiente a
toda madre para explayarnos en “chismeyendas” y vivencias que finalmente quedaron
grabadas. Luego él y su hermana Hilda se dieron a la tarea de encontrarle orden a todo el
cotorreo, transcribieron, corrigieron y de allí salió este librito. ¡Hombre, pues qué rico!, ¿no?
¡Qué sabroso!, ¿no? Pues es todo, pasen a leer el libro y ¡adelante!
Tepito de hoy
¡Acá las tortas!

Cuando se piensa en Tepito es fundamental hacerlo desde el pensamiento complejo. En Tepito


se articulan formas de producción y consumo local con redes de distribución y circulación
global. Hay una economía informal donde confluyen giros legales e ilegales. A lo largo de los
años, cuando menos desde los años ochenta del siglo XX, hay una aceptación tácita de las
autoridades federales y citadinas de lo que sucede en Tepito. La situación actual se fue
configurando poco a poco, un factor fueron las necesidades económicas de los habitantes de
Tepito, a las que se sumó un gran número de personas que vienen de diferentes lugares de la
periferia de la ciudad a trabajar al barrio, donde cumplen jornadas de diez o doce horas y que
permiten el trajín cotidiano en uno de los tianguis más grandes de América Latina. En Tepito la
población residente soporta la presión de una gran población flotante y del uso intensivo de los
espacios, las viviendas que se alquilan como bodegas, las calles miden su valor por metro lineal.
La vida cotidiana es difícil porque la vida familiar se organiza en función del comercio. Ante la
necesidad de alimentar a una gran población, se amplía y diversifica la oferta de alimentos, no
sólo en cantidad, sino en diversidad, con toda la variedad gastronómica del país. Al mismo
tiempo los programas y acciones sociales del gobierno delegacional no pueden realizarse de
manera ordenada y eficiente en un entorno tan dinámico y exigente como el que se da en
Tepito.
La realidad actual del barrio de Tepito se configuró a partir del terremoto del 19 de
septiembre de 1985. De un golpe, la situación de emergencia le permitió al Estado expropiar el
suelo y las viviendas del barrio para crear el Programa de Renovación Habitacional Popular. La
vida cotidiana de la población se vio alterada, y en ese contexto cada familia tuvo que definir
sus estrategias para quedarse, para irse, muchas familias se dividieron, los jóvenes se
quedaron, los viejos se fueron. De igual manera llegaron nuevos vecinos, con lo cual la
diversidad social se hizo más grande. Algo que se perdió en el proceso de reconstrucción fue el
modo de vida que permitían las antiguas vecindades. De pronto y en pocos años se impuso en
Tepito la lógica funcional de la vivienda en condominio, la cual requiere de orden y reglamentos,
de allí que esté pendiente la evaluación de la calidad de vida que se tiene en las nuevas
viviendas de Tepito.
El cambio de las vecindades a los condominios significó la desaparición de los espacios de
convivencia que eran legendarios por su recreación en el cine mexicano: los lavaderos, los
patios, los zaguanes, las azoteas. En los condominios las relaciones sociales se caracterizan por
la competencia, la desconfianza y el chisme, los espacios (como escaleras y puerta de acceso) se
comparten sólo porque es necesario, las relaciones son cordiales mientras no se invada la vida
privada de los demás.
En el plano económico, en el periodo de 1985 a 1995, ante el auge de la fayuca se da la
ocupación masiva de las calles. Los habitantes de Tepito, comerciantes y artesanos,
profesionistas y desempleados, se ven ante la oportunidad de participar del boom. En cada
familia se toman decisiones de tipo económico, se abandonan muchos talleres y se adquieren
nuevas habilidades para sumarse a la economía informal. En 1994, con la firma del Tratado de
Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, la fayuca deja de ser rentable; en esa coyuntura
la venta de drogas y, en menor medida, las armas, pasan a ser opciones económicas. La
legalización de la importación de mercancías generalizó la venta de productos importados en
Tepito; aumentaron las calles ocupadas por el comercio ambulante, se redujo el número de
artesanos y se trastocó la vida comunitaria ante un proceso acelerado de mercantilización,
muchas viviendas fueron habilitadas como bodegas. Se crean nuevos conflictos entre
residentes, comerciantes y consumidores.
Se consolida una gran zona comercial y con ello, de manera paradójica, la fama de Tepito
crece como un centro de atracción tanto nacional como extranjera. Cada actividad comercial y
económica que se realiza en Tepito se hace bajo la supervisión de una red de operadores que
pertenecen a alguna de las decenas de organizaciones de comerciantes que cuentan con
liderazgos forjados desde hace muchos años. En este tipo de organizaciones hay poca
participación de las bases y no hay elecciones frecuentes, los asociados pagan cuotas para que
se les otorgue una credencial que les autorice a establecerse en los lugares asignados para
comerciar sus productos, la tramitación del derecho de piso que abarcan sus pequeños puestos.
Los líderes, por su parte, actúan como intermediarios con las autoridades y se dedican a que se
mantenga el sistema de corrupción mediante dádivas de diferente tipo.
Después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio ya no tuvo “chiste” ir a Tepito.
Otro factor crítico fue la devaluación del peso en 1994 y los llamados “errores de diciembre”
con los que comenzó el sexenio de Ernesto Zedillo. La bonanza fayuquera fue quedando en el
recuerdo y sus sujetos, acostumbrados a gastar y gastar, vieron en las drogas una forma de
mantener sus elevados ingresos.
La exposición Tepito mágico, albur del tiempo, realizada en 1994, en el Museo Nacional de
Culturas Populares, fue posible porque se reunieron varios factores. El aparato institucional era
favorable hacia un barrio como Tepito: Manuel Aguilera Gómez era jefe de Gobierno de la
Ciudad; Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes;
José del Val, director de Culturas Populares, y Carlos Plascencia, director del museo sede.
Carlos Plascencia propuso la realización de esta exposición a partir de su propia experiencia en
el movimiento Tepito Arte Acá en los primeros años ochenta del siglo pasado.
En este contexto, la participación de Daniel Manrique fue fundamental para construir con los
investigadores del museo una guía temática muy completa sobre Tepito. Numerosos tepiteños y
tepiteñas participaron activamente prestando objetos y dando entrevistas; en ningún momento
se planteó algún recelo por ser tratados como objetos de museo. La mirada museística
tradicional que tiende a congelar lo vivo, pudo superarse por las intensas interacciones que se
dieron entre todos los involucrados.
La inauguración fue un acontecimiento, hay videos que pueden consultarse en YouTube. Allí
se escuchó la frase de asombro de Rafael Tovar y de Teresa: “Estamos ante el único Tepito que
existe en el mundo”.
¿Qué sentido tuvo llevar a Coyoacán algunos ejemplos de la historia de Tepito y de su
sobrevivencia en la ciudad?
A veces el reconocimiento social y simbólico de un barrio como Tepito llega en el crepúsculo
de su mito de origen. Fue en los siguientes años, de 1995 a 2005, cuando cambia
completamente la fisonomía del barrio. La exposición se hizo en el momento justo, cuando
todavía un conjunto de personajes y expresiones creativas le daban una atmósfera de barrio
cabrón pero al mismo tiempo chambeador y solidario. Tepito mágico, albur del tiempo queda en
la memoria como un gran esfuerzo colaborativo que logró hacer el registro del Tepito de ayer, el
que el viento neoliberal se llevó.
En el siglo XXI nuevos acontecimientos y personajes podrían protagonizar una experiencia
que tendría que incluir otras formas de interacción que ya no podrían verse cara a cara con un
pasado sepultado por las contradicciones económicas y culturales del presente.
En el periodo de 1995 a 2005 se dio otro fenómeno económico y tecnológico que le dio
sustentabilidad a la identidad comercial de Tepito. Nos referimos a la piratería. ¿Por qué México
se ha convertido en uno de los principales países que llevan a cabo la producción, distribución,
venta y consumo de piratería en el mundo y por qué Tepito se ha convertido en su principal
agente?
En una de las tesis revisadas se realiza un estudio muy completo sobre la piratería,
entendida como la economía política de Tepito (Alba Villeleves 2009). La piratería se inscribe en
el proceso de globalización, de la tecnología, de la economía, de la producción y circulación de
mercancías, además de la información y de las marcas. En el caso de Tepito y de otros
fenómenos económicos similares, se produce la articulación entre un alto desarrollo tecnológico
y la existencia de amplios sectores populares. Se reproducen herramientas, procedimientos y
productos culturales. Para los sectores populares la piratería se convierte en un medio de vida,
de manera paradójica, ante la ausencia de ofertas de empleo formales; la piratería genera
empleo, satisface el consumo, libera tensiones sociales, actúa como válvula de escape y crea
situaciones de compromiso entre sectores distintos de la sociedad.
Se entiende por piratería la copia, con fines comerciales y sin pago de derechos de autor, de
ideas, procesos y productos registrados. La tercera revolución científica y tecnológica aplicada
a la información le dio viabilidad a la reproducción, dispersa y a pequeña escala, de productos
digitales a bajo costo y con calidad suficiente para hacer atractivos los productos.
Previo a la llegada de la piratería, Tepito contaba con algunas ventajas comparativas: su
emergencia como un barrio reconocido nacional e internacionalmente, su evolución social y su
recuperación después del sismo de 1985, y su experiencia para operar mercancías a gran
escala. El proceso de apertura y la “democratización de las tecnologías de reproducción de
audio y video” hicieron posible que se articulara la economía local hacia un nuevo nicho de
mercado abierto por la liberalización y las nuevas tecnologías.
La nueva realidad de Tepito tiene que ver con una frontera difusa entre lo legal y lo ilegal,
que es el sello de la globalización desde abajo, fenómeno que complementa la dinámica de la
integración mundial. De acuerdo con Hernández (2018), una tarea pendiente es realizar una
etnografía desde la hipótesis de que Tepito es un caso de globalización desde abajo. De hecho,
esto tendría que ver con los imaginarios en tensión respecto de lo que es y no es Tepito, porque
se siguen manejando diferentes espacialidades y temporalidades, muchas de ellas reavivadas
por una memoria activa que comunica a las diferentes generaciones de tepiteños. En los
mercados populares como Tepito se crean economías “barrocas”, con un empresariado popular
que reúne bravura, ingenio y habilidad para hacer frente a las crisis; se trata de economías
comerciales, productivas y afectivas, y en muchos casos intervienen el compadrazgo y las
relaciones de amistad para dar fundamento al intercambio de favores. Hay diversas formas de
hacer y calcular que, finalmente, buscan el beneficio de los participantes y extienden una
particular forma de identidad abierta y cerrada al mismo tiempo. Se trata de un arraigo
dinámico, como lo describe Mendoza (2006).

El barrio de Tepito y la violencia estructural


El concepto de violencia estructural se refiere a las formas de control y coacción que son
inherentes al funcionamiento del Estado. La realidad económica, social y cultural de Tepito son
posibles porque hay mecanismos de corrupción y de funcionamiento institucional que se han
configurado en los últimos cuarenta años. Los beneficiarios económicos del barrio de Tepito,
vecinos, comerciantes golondrina, consumidores de diferentes estratos sociales y el gobierno
mismo que acepta la existencia de una economía irregular para disminuir la presión del
desempleo. La memoria reciente del barrio (1970-1985) había enseñado diferentes formas de
relacionarse con las autoridades de la ciudad, especialmente con la delegación (hoy alcaldía)
Cuauhtémoc y los reglamentos para el uso de la vía pública. De 1985 a 1995, al mismo tiempo
que se construyeron nuevas viviendas en Tepito y en otros lugares de la ciudad, la necesidad
llevó a muchas familias —en particular a las mujeres, muchas de ellas jefas de familia— a
aprender todos los secretos del comercio informal, la cultura política de los líderes y las formas
legales o ilegales de prevalecer.
La relación de Tepito con el Estado no ha sido fácil, porque son evidentes y públicos los
aspectos negativos del barrio; en particular, la expansión desmesurada de las actividades
comerciales en Tepito tuvo efectos perversos y engendró nuevos problemas: basura, disposición
de gas, atención a los enfermos, e incluso servicios fúnebres, además de los roces y brotes de
violencia con la constante pelea por espacios y lugares de venta entre narcomenudistas. Tepito
se convirtió en un grave problema para la ciudad, para sus habitantes y para la red compleja de
intereses que confluyen en él.
La realidad actual de Tepito se fue configurando poco a poco. La memoria del proceso
registra ciertas fechas emblemáticas. Por ejemplo, el 10 de noviembre de 1990, cuando se
realizó un gran operativo de decomiso de fayuca, la respuesta de los comerciantes y vecinos fue
ejemplar: realizaron una marcha al Zócalo y lograron negociar directamente con Manuel
Camacho Solís, a la sazón, jefe de Gobierno. Se habló en esa ocasión de crear un nuevo Tepito,
con condiciones dignas de vida, con un hábitat adecuado y la creación de un fideicomiso
bipartita entre los comerciantes de Tepito y el Gobierno de la Ciudad. Finalmente, el acuerdo se
diluyó de la memoria, pero se abrió una vía de comunicación que serviría en varias ocasiones
con otros gobiernos y otros operativos.
El 17 de noviembre del año 2000, por ejemplo, se realizó otro operativo policíaco en Tepito,
que se transmitió en vivo por televisión. Se resaltaron las conductas violentas de los tepiteños y
los saqueos de mercancías. El 4 de febrero de 2001 se realizó otro operativo; para entonces los
tepiteños tenían sus mantas preparadas: “Somos comerciantes, no delincuentes”.
El 7 de marzo de 2001, la muerte del Gasparín (Omar Sandoval) provocó el cierre del Eje 1
Norte. Hubo un fuerte enfrentamiento con los granaderos. En esta ocasión la interpelación fue
hacia Andrés Manuel López Obrador, como jefe de Gobierno.
Los operativos policíacos generaron la percepción social nacional e internacional sobre la
inseguridad pública en Tepito. Desde el punto de vista de las ciencias de la comunicación, se
preguntó por las diversas maneras de presentar y representar la realidad barrial como parte del
imaginario urbano de la Ciudad de México.
Cinco años después, el 14 de febrero de 2006, la expropiación de un predio en las calles de
Tenochtitlán y Aztecas, con el pretexto de ser un centro de narcomenudeo, afectó a 73 familias
y provocó que se avivara el sentimiento de pertenencia al barrio, expresado en canciones
(destaca en particular el hip-hop que circula en internet, titulado Desmadre Tepito) y en
diferentes formas de resistencia, como la creación del Foro Abierto de Tepito (FAT) contra las
políticas de despojo.
Otro acontecimiento que se vino a sumar a las interacciones violentas del barrio con el
Estado ocurrió el 26 de mayo de 2013, en el bar Heaven, localizado en la Zona Rosa. Ese día
ocurrió el levantamiento de doce jóvenes, posteriormente asesinados, en el contexto de disputas
del narcomenudeo. Además de la dimensión trágica para los familiares de las víctimas y la
indignación colectiva, ese hecho condujo a que el Estado incrementara sus acciones en
programas sociales para la prevención del delito. Para Tepito esto se tradujo en varias
intervenciones institucionales para la “recomposición del tejido social”. (Resulta interesante ver
más adelante algunas de esas acciones, como la formación de un coro infantil con la Fundación
Azteca, la puesta en escena de Safari urbano en Tepito y la serie de televisión Crónica de
castas). No obstante, los operativos contra la piratería en Tepito continuaron; fueron ocho en
2014. Para diciembre de 2016 el volumen de piratería ofertada en Tepito no disminuyó.
Cada una de estas intervenciones gubernamentales tuvieron una gran cobertura en la
televisión y la prensa. Al interior del barrio se sabe que las noticias son un discurso y que el
barrio mismo es un objeto discursivo. El discurso sobre Tepito y sus habitantes es negativo y
generalizador. Mucho de lo que se dice del barrio es cierto, las estadísticas lo comprueban, pero
también existe gente que lucha cada día honestamente para salir adelante, que es
estigmatizada por decir que proviene de Tepito, aunque no tenga las características negativas
que se le atribuyen al barrio.
La realidad sobre Tepito en la prensa se construye a través de la repetición de los siguientes
tópicos: Tepito, amenaza permanente; eje del tráfico ilegal de mercancías; centro de abasto de
drogas y armas; mezcla de ambulantaje y delincuencia; paraíso de lo chueco. En resumen,
Tepito es igual a criminalidad (Sánchez Salas 2006).
También se define a Tepito como búnker de la ilegalidad. ¿Cuántas leyes se transgreden
diariamente en Tepito? ¿Qué significaría cumplir las leyes urbanas y de seguridad en Tepito?
¿Cuál podría ser una agenda mínima en la que se pudieran poner de acuerdo las organizaciones
vecinales y de comerciantes de Tepito con el Gobierno de la Ciudad de México?
Los niños trabajadores como sector vulnerable

Uno de los temas más urgentes en el barrio de Tepito, además de la educación, la prevención
contra las drogas, la violencia hacia las mujeres o el embarazo adolescente, es el de la infancia
y su inserción en los mercados laborales infantiles. En diferentes actividades, los niños y niñas
son contratados porque son más dóciles y fáciles de manejar, además de desconocer que tienen
derechos. El trabajo infantil se ha naturalizado porque los niños acompañan a sus papás
después de la escuela y en situaciones críticas se dedican a trabajar de tiempo completo. En el
caso del comercio informal, al ser una actividad no regulada, debido a que no pagan impuestos
y no están registrados ante las autoridades, mujeres y hombres, al no encontrar un empleo
formal, se autoemplean, con las consecuencias de no contar con seguridad social ni
prestaciones. En este contexto, el trabajo infantil surge como respuesta a la presión económica,
en la actividad comercial las niñas y niños se convierten en colaboradores importantes para la
obtención de recursos que permiten la satisfacción de necesidades de subsistencia en la familia.
Una de las posiciones ante el trabajo infantil es la que propone su abolición completa, porque
contraviene el derecho superior del niño a educarse y disfrutar de tiempo libre para un ocio
creativo y para el juego. En la realidad de países como México resulta más real el enfoque que
acepta al trabajo como una experiencia laboral que le puede servir a las niñas y niños en el
futuro. El dilema es si se puede garantizar en Tepito el derecho a laborar en condiciones dignas
y adecuadas. En la mayoría de las ocasiones recae en el hijo o hija mayor la responsabilidad de
apoyar a la familia económicamente. Las responsabilidades de los niños son atender a la
clientela, acomodar mercancía, hacer la limpieza de la casa y del puesto, cocinar, hacer
compras. Se trabaja en un ambiente de riesgo, por la violencia visual, auditiva y sanitaria, la
presencia de adultos desconocidos y el ritmo de las interacciones.
Para los niños trabajadores de Tepito hay pocas opciones institucionales. Las becas para
mantener a los niños en la escuela pueden ser eficaces siempre y cuando haya un verdadero
compromiso familiar para aprovecharlas. Otra medida de carácter oficial podría ser regular la
actividad laboral de los niños en un acuerdo general aceptado por los empleadores, que incluya
el reconocimiento de su aporte económico a la familia. En este momento, como sucede con el
trabajo doméstico, el aporte de los niños está invisibilizado. De manera más específica, el
equipamiento urbano de Tepito debería contemplar una cartografía de estancias infantiles, para
que pudieran ir allí los niños entre los 5 y los 17 años después de clases. Dichos lugares
deberían estar equipados para que sus usuarios pudieran comer, hacer tareas, tener actividades
recreativas, entre otras actividades (Sánchez Cadena 2016).
Recapitulación

Tepito hoy se encuentra preso en un mar de conflictos que no le permiten ser o consolidar sus
proyectos culturales, deportivos y artísticos. En el presente de Tepito coexisten muchas
iniciativas sociales y culturales; algunas ya han sido reseñadas en tesis recientes y serán muy
útiles para mostrar el rico mosaico cultural que de manera inverosímil sigue teniendo en Tepito
su “tendedero existencial” (ver los siguientes capítulos).

Tepito: entre la bravura y el estigma

A rajarse a su tierra.

Una de las tesis más originales y creativas en la dimensión teórica sobre Tepito fue escrita por
Elisa Mendoza, quien contribuye a fortalecer un discurso comprensivo y crítico sobre el barrio
de Tepito. La tesis es del año 2006, cuando ya se habían definido las características económicas,
comerciales y habitacionales, el tianguis se extendió y se introdujo la piratería como el principal
atractivo. Los consumidores saben que encontrarán en Tepito una gran diversidad de tenis, ropa
de marca, perfumes, tecnología y muchas cosas más, como la aventura misma de adentrarse a
un barrio prohibido y asistir a un lugar donde se construye cada día un gran teatro con
estructuras metálicas y grandes carpas; ir a Tepito es toda una experiencia sensorial.
La tesis que reseñamos está dedicada a la bravura y al estigma. Este enfoque nos recuerda
que el barrio puede operar como símbolo, un elemento clave de los dispositivos de producción
ideológica donde se define el valor o la falta de valor de un equipamiento urbano. Desde esta
perspectiva, el barrio puede entenderse como un espacio de reconocimiento y constitución de
identidades sociales. Los habitantes originarios, los que han llegado a vivir a Tepito, los
visitantes y consumidores, los que trabajan en el comercio, quienes realizan su vida educativa y
recreativa, quienes practican su religión y quienes se dedican a delinquir conforman un
performance cotidiano que alcanza niveles carnavalescos. Como lo dice Cynthia Ramírez (2007,
40) en su artículo “Bienvenido a Tepito”: “El ícono de la estación —un guante de box— es una
mezcla de memorial, homenaje y advertencia de que Usted ha llegado a la tierra del luchador”.
Al llegar, el paisaje urbano toma vida: el tianguis, la máscara multicolor del barrio de Tepito,
se extiende en todas las direcciones. Cada día se compran esperanzas y se comparten
promesas, se permuta dinero por sueños y evasiones; el gran dinosaurio abraza a todos y los
invita a vivir el concierto de la compraventa.
En esta tesis se expone de manera clara y sistemática cómo un sentimiento de pertenencia a
un estigma, paradójicamente, permite el movimiento y la multiplicidad. Lo sensible, presente
todos los días, y las emociones vividas colectivamente, además del conocimiento de la historia
barrial, enseñan a sus habitantes que la vergüenza y el orgullo se originan en las interacciones
sociales, la alteridad cuestiona y no es sencillo lidiar con ella. Por esta razón es pertinente
recordar que cualquier identidad cultural no es estática ni inmóvil. La identidad de los tepiteños
ha vivido un proceso de estigmatización, de acuerdo con el siguiente esquema:

Las identidades actúan como expectativas normativas que se forman respecto a un


“otro” clasificándolo e inscribiéndolo en un lugar imaginario.
En los años cuarenta y cincuenta se califica a Tepito como el “barrio bravo”. En esa
época, de luchadores, boxeadores, artistas de cine y deportistas, ser bravo era ser
valiente. En esa época la bravura fue adoptada y traducida como una respuesta al
desarraigo que se había gestado a partir de múltiples procesos de migración.
De los años setenta a los noventa, se vive el esplendor del barrio tradicional y al mismo
tiempo su señalamiento como barrio indeseable desde el pensamiento oficial; en ese
contexto, ser bravo es participar en todos los procesos que tienen que ver con la vida
colectiva, generalmente en oposición a las políticas urbanas, sociales y de vivienda del
Estado. La bravura se alimenta del conocimiento de la historia propia, del manejo de
información estratégica, y de la conciencia de lo que significa Tepito como lugar de
vida, de trabajo y de convivencia.
En el siglo XXI, ser bravo cambia de signo. Ahora ser bravo se traduce como ser
agresivo, abusivo, “cabrón” y sicario. Frente a esa realidad, los jóvenes de Tepito no
están comprometidos con un sentido de pertenencia. Se vive la era de las
identificaciones múltiples y del arraigo dinámico.

Para romper esa camisa de fuerza ideológica, se redefine la bravura. La bravura es potencia.
Es la multiplicidad de formas de vida que permiten ser y estar en el mundo de distintas
maneras. La bravura es una expresión de sensibilidad ante la vida. El morar, el habitar, remite a
una forma múltiple de ser en el mundo que renace constantemente, de tal suerte que pueda ser
representada de una manera diversa. Cada generación repite y diferencia la bravura como una
sensibilidad y la manifiesta en distintas y múltiples maneras de hacer. En la época actual la
fusión entre espacio e identidad, una relación lógica para la modernidad, se difumina. El
territorio deja de ser el único referente de identidad cultural. Ante una nueva geografía, ante
los cambios de rostro de la megaurbe, se mueven los referentes y surge el deseo de quebrantar
la confinación domiciliaria. Específicamente para Tepito, se lucha por escapar a la racionalidad
instrumental y se opta por experimentar identificaciones múltiples.
Conocer cómo funciona un estigma da lugar a un sentimiento paradójico de pertenencia y, al
mismo tiempo, de fluidez que da forma a lo heterogéneo permitiendo a cada uno ser lo que es
en un marco general.
Resulta muy interesante que estos planteamientos teóricos permitan observar de qué
manera la bravura matiza y proyecta un conjunto amplio de expresiones culturales, artísticas y
comunicacionales que ocurren en el escenario tepiteño de la última década. La sucesión de
generaciones tepiteñas en un sentido estricto ha ocurrido de manera silenciosa, aunque hay una
serie de iniciativas que quisieran transmitir diferentes legados. En particular, Tepito Arte Acá
pierde en 2010 y 2011 a Daniel Manrique Arias y a Julián Ceballos Casco. La memoria social se
activa y se desactiva y hay nuevos actores que con sus propios medios expresivos se enfrentan a
una nueva complejidad social que incluye no sólo la violencia cotidiana, sino la violencia que
provocan grupos de delincuencia organizada. Al mismo tiempo, el Estado no puede renunciar a
su vocación de vigilar y controlar. De esta manera, los tepiteños de antes y los de ahora se ven
interpelados a usar su experiencia urbana en nuevas formas de resistencia cultural.

Expresiones culturales y artísticas que se realizan en el Tepito de hoy

De todo, como en botica.

Una de las dimensiones que queda en segundo plano cuando el barrio de Tepito es tema de
conversación en diferentes escenarios sociales y en las redes electrónicas, es la dimensión
cultural y, de manera específica, las formas artísticas que han surgido del barrio que están
asociadas a él, que son propuestas por diferentes grupos como alternativas para mejorar la
convivencia y ofrecer espacios a los que se pueda acceder de manera libre y gratuita. De igual
manera, es muy interesante constatar los usos de Tepito para producir series de televisión,
documentales, realizar performances o escenografía para diferentes fines.
En este espacio ofrecemos un panorama de las expresiones culturales y artísticas que han
sido investigadas en el marco de diferentes tesis. Éste es un rasgo más de lo que ofrece Tepito,
porque la información acumulada en cada investigación, aunque no corresponda a un
planteamiento teórico y metodológico consensuado, cumple con las premisas académicas, y al
mismo tiempo vuelve perceptible la fuerza de atracción que tiene Tepito sobre sus jóvenes
investigadores.

Teatro

Al iniciar la década de los ochenta del siglo XX, en pleno despegue del movimiento Tepito Arte
Acá, hubo varias iniciativas en diferentes áreas que comenzaron a llamarse “Tepito Arte Acá”.
Cuando Virgilio Carrillo Terrones, en 1980, se decidió a formar un grupo de teatro, consultó con
Daniel Manrique, y dado el tipo de teatro popular de Virgilio, se aceptó su bautizo con la marca
reconocida. Así comenzó una historia que se ha extendido treinta y cinco años. Virgilio Carrillo
(Tepito, 1957) estudió en la Escuela Nacional de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas
Artes (INBA) y se especializó en dirección escénica. Carrillo siente el llamado del teatro con el
deslumbramiento que produjo en México Alejandro Jodorowsky. En la trayectoria del grupo
Tepito Arte Acá se ha optado por los temas que emergen del barrio, como la vida en vecindad, la
delincuencia y los rituales, desde la pérdida de la virginidad, hasta el machismo y el priísmo
asumido como modo de vida. Algunos de sus montajes memorables son Rumberas (1987),
Noche de califas y Quinceañera, los dos últimos basados en las novelas homónimas de Armando
Ramírez (1983a y 1987, respectivamente). Susana Meza Cosme (2017), quien se sumaría al
grupo en 1995, dedicó su tesina en Literatura Dramática y Teatro a describir y analizar la
producción teatral del grupo Tepito Arte Acá de 1980 a 2015.
Su pregunta de investigación principal fue ¿cuáles son las constantes en la producción
teatral de este grupo? A treinta y cinco años de la fundación del grupo, esta investigación es un
aporte a la historia del teatro mexicano contemporáneo. Esta expresión forma parte del nuevo
teatro popular, vinculado al teatro de carpa. La tesina incluye el repertorio con una sinopsis de
cada obra, una mención de sus integrantes más destacados y un acercamiento a Virgilio
Carrillo, fundador del grupo y activo hasta la fecha.
Cada uno de los espectáculos se analiza desde los siguientes elementos: la trama, la música,
las coreografías, la escenografía y la iluminación. Un aporte original es hacer conscientes los
aspectos de la producción teatral, entendiéndola como una práctica profesional que responde a
la pregunta ¿cómo llevar a cabo una obra de teatro frente a un público la mayor cantidad de
veces en las mejores condiciones posibles?
Los modelos de producción del grupo han tomado en cuenta los siguientes puntos:
financiamiento, difusión, promoción. A lo largo de los años se ha desarrollado un método de
formación de actores con la premisa de que una transmisión de conocimiento paciente,
respetuosa y estructurada es mucho más efectiva y rápida para lograr un buen desempeño de
quienes son menos experimentados. En la mayoría de los montajes participan actores
profesionales junto con actores amateur. Hay actores que han participado por más de veinte
años.
También hay un proyecto específico dirigido a niños, llamado “Tepitoons”.

CLAVES DE INTERPRETACIÓN

Las claves de interpretación que proponemos se basan en un modelo de análisis cultural que
comprende un análisis relacional, una indagación lingüística, la contextualización, diversos
procedimientos de formalización y, finalmente, una práctica hermenéutica. ¿Qué nos podría
decir este modelo de análisis cultural sobre el teatro Tepito Arte Acá?

EL CAMPO RELACIONAL DONDE SE UBICA

Ubicamos a este grupo como parte del campo teatral mexicano, entendido como el conjunto de
instituciones, agentes y prácticas que compiten por la legitimidad, la historicidad y las
modalidades de formación y producción artística. El grupo nacido en Tepito existe como una
forma específica de hacer teatro que se ubica entre lo marginal, lo popular y la estética del naco
is beautiful. Su marginalidad proviene más que de su lejanía de las instituciones que deciden las
políticas culturales y artísticas, de su resistencia tenaz a instituirse como un grupo o compañía
estable. Su fidelidad a la informalidad, la improvisación, el sarcasmo y la ironía, lo conducen a
recrear su sitio imaginario: el barrio y sus mitos, sus temas atávicos y los límites infranqueables
de la pequeñez y la poética del jodido alegre, desmadroso y siempre perdedor.

INDAGACIÓN LINGÜÍSTICA

Desde el punto de vista lingüístico, las propuestas teatrales de Virgilio Carrillo cuestionan el
uso formal, serio y correcto del idioma al incluir modismos, albures, caló y el florilegio completo
del chingolés ilustrado, para contar las historias de personajes estereotipados: la vecina
chismosa, el galán irresistible, el chavo ingenuo, la adolescente deseosa, la mujer entrona y
querendona, el marido infiel y apocado, los políticos corruptos y la religiosidad popular como
único refugio para tantas desgracias. El lenguaje popular termina agotado frente al lenguaje del
poder porque su antagonismo es aparente. Se trata de un lenguaje que basa su capacidad
crítica en el grito y el insulto. Sirve para la catarsis inmediata, pero no para la construcción de
un pensamiento que revele los mecanismos de la opresión.
El ejercicio de contextualización permite entender el grupo de teatro Tepito Arte Acá como
una expresión cultural que se justifica socialmente en una sociedad de masas que ha despojado
a la mayoría de los elementos culturales indispensables para leer la realidad y construir visiones
del mundo creíbles y coherentes. Tepito Arte Acá cuenta con formas de organización y
producción que le han dado continuidad a lo largo de tres décadas; cada montaje ha sido
posible por la puesta en juego de estrategias de gestión, creatividad, montaje y difusión hacia
un público carente de opciones artísticas diversas.
Tepito Arte Acá adquiere su relevancia social y cultural porque se combina con el valor
simbólico del lugar urbano que le da origen, con la recreación artística de la literatura y de una
práctica teatral que ha demostrado su eficacia como vehículo de comunicación y de goce para
públicos muy diversos. En el campo teatral mexicano, esta propuesta artística ocupa un lugar
subalterno, pero no marginal. Como parte de las expresiones de la cultura popular urbana,
Tepito Arte Acá intenta recrear formas de vida y de sensibilidad no reconocidas oficialmente, y
en ciertos momentos impugna al poder de una manera frontal y visceral, sin llegar aún a
formulaciones desde una concepción crítica de la sociedad.
Literatura

Desde hace cuatro décadas puede reconocerse la presencia y funcionalidad de una literatura
que se sabe parte de una historia gestada en la adversidad y la exclusión. Esa historia se ha
transmitido de manera viva o en relatos de tradición oral, lo que da como resultado que los
escritores participantes se sepan parte de una conciencia, una memoria, una tradición y un
lugar en el mundo. Toda ciudad requiere de crónicas que den vida a sus lugares, a sus
personajes, a sus tragedias y alegrías. Los escritores de Tepito y otros barrios marginados se
han reunido a convivir, a escucharse y a reconocerse; lo han hecho con una mirada nueva que
quiere “nombrarlo todo”. La literatura de los barrios es esa voz que estuvo silenciada y que
ahora emerge para vestir de palabras el devenir del barrio.
El escritor que inaugura en los años setenta esa vocación del barrio hacia la literatura es
Armando Ramírez. Parte de su obra fue elegida como tema de una tesis en Letras Hispánicas
realizada en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa. En ella se superan algunos
prejuicios del campo literario de la Ciudad de México en contra de la obra de un escritor de
origen popular y autodidacta. Mónica Elena Ríos plantea la hipótesis: Armando Ramírez
establece la marginalidad como la piedra angular donde se cimienta la identidad cultural
tepiteña. Se reinventa la historia, se reactualizan leyendas y mitos prehispánicos y de la religión
católica (Ríos 2004).
Este escritor fusiona la ficción con la crónica como género periodístico; usa giros lingüísticos
propios del barrio, introduce (literalmente) el albur y no respeta género ni estilos.
Desde un punto de vista teórico, se afirma que la literatura es una reinterpretación de la
realidad. Es un acto de recreación. La imaginación es un poder de divergencia gracias al cual
nos representamos las cosas distantes y nos distanciamos de las cosas presentes. La noción de
marginalidad se constituye alrededor del nivel sociocultural de los pobres urbanos en oposición
al grupo dominante.
La intención de Ríos es incluir la obra de Armando Ramírez dentro del canon literario; con
este fin se exponen las técnicas narrativas del escritor y se demuestra el dominio del idioma.
Después de un acercamiento biográfico se explica la relación del escritor con el movimiento
cultural Tepito Arte Acá. Además de tener una obra literaria prolífica, Armando Ramírez es
conocido como conductor en programas de televisión, cronista de la ciudad y reportero.
Una crítica superficial ha afirmado que sus escritos son una transcripción literal de la vida
de los habitantes de Tepito y de otros ambientes populares. Pero al entrar a la ficción, la
subjetividad del autor también interviene, selecciona y recrea. No son textos costumbristas o
etnográficos que intenten reflejar la realidad tal cual es. Junto con el tópico de Tepito confluyen
la violencia que se ejerce o que es sufrida por los personajes, pero en el plano de la ficción.
En particular, en sus libros Crónica de los chorrocientos años mil años del barrio de Tepito
(Ramírez 1972) y Tepito (Ramírez 1983b), logra su propósito porque contribuye a reafirmar la
existencia de una identidad tepiteña. En sus libros se produce una generación de símbolos de
una forma de ser, de una identidad.
Eduardo Vásquez Uribe, originario de Tepito, estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la
Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Se tituló con la tesina dedicada a analizar el libro El
lado oscuro de Tepito…su cultura y otros textos que hablan de cómo los sueños, cicatrices y
cursilerías se viven en él y otros barrios de tentación en esta ciudad de arrepentimiento,
relatados por las trastocadas mentes de sus habitantes. Este título tan largo y descriptivo puede
mostrar un deseo reprimido de expresión, o simplemente que el compilador se dejó llevar. Este
libro, publicado en el año 2000, reúne sesenta y cuatro textos de desigual extensión y grado de
elaboración. Tal vez el valor de esta obra es más sociológico que literario, pero es obvio que,
para varios escritores, incluyendo a seis mujeres, ésta fue su primera oportunidad para ver sus
relatos reunidos en forma de libro.
El siguiente volumen, titulado de manera más breve El lado oscuro de Tepito… su cultura,
del año 2003, presenta una edición más cuidada, con un mejor papel, los textos están
organizados en capítulos temáticos y al final del libro se presentan semblanzas de los autores,
cuatro mujeres y quince hombres. Son treinta y un textos bien trabajados, con un lenguaje muy
rico y expresivo. Cada historia tiene una estructura lógica y coherente. Se reúnen semblanzas
de personajes, memorias y anécdotas familiares, historias de amor y desamor, de espantos y
misterio, y las que engarzan vivencia con ficción.
La siguiente colección de textos, titulada Netamorfosis: cuentos de Tepito y otros barrios
marginados, es presentada como obra colectiva de El sótano de los olvidados, la selección es de
Alejandro Reyes y Eduardo Vasuribe (Eduardo Vásquez Uribe). Este libro, editado en 2010,
presenta como novedad el “umbral” (a manera de prólogo) de Alejandro Arias, editor, donde nos
informa de cómo funciona un taller literario en forma horizontal, pero con la premisa de leer en
voz alta, ejercer la libertad de crítica y de réplica, con el propósito común de llevar a la
publicación textos pulidos, que además del tema ofrezca imágenes literarias bien elaboradas
que permitan esbozar una sonrisa por el trabajo realizado.
En 2016 se publica Tepito crónico, compilado por Eduardo Vásquez. Se observa un minucioso
cuidado de la edición, desde la portada hasta las ilustraciones y fotografías (de otra experiencia
comunitaria a cargo de Mario Puga, conocida como los “Fotografitos de Tepito”). En este libro
confluyen dos talleres literarios: “Chin Chin, el Teporocho” y “El sótano de los olvidados”. En los
agradecimientos se expresa la conciencia, que se ha ido construyendo con los años de que se
está participando en un fenómeno de creación literaria popular.
Agustín Ramos, periodista cultural especializado en literatura, escribe el prólogo titulado “A
la salud crónica de Tepito”, un ensayo muy rico en ideas. Ramos organiza su discurso en los
siguientes aspectos: territorio, raza, identidad y expresión, ofreciendo claves para comprender
de qué se trata este afán de varios colectivos populares que encuentran en Tepito un tótem
común. Trata de ofrecer textos que logren trascender en sí mismos por su valor humano y
literario, incluso que lleguen más allá de sus públicos inmediatos para incorporarse a la
circulación cultural más amplia.
En Tepito crónico encontramos la organización de un capitulado por autores. Al comienzo de
cada uno hay una semblanza que es en sí misma una pieza literaria. Se trata de once hombres y
una mujer. Son una especie de miniantologías de doce autores, con varios textos cada uno, lo
cual nos permite formarnos alguna idea más completa del estilo y de su identidad como autor o
autora. Si bien la obra sigue siendo colectiva, el lector puede elegir con mayor facilidad
aquellos textos que sean de su gusto. Estamos ante un salto cualitativo en la creación literaria
que anuncia frutos más maduros por venir.

Música

Cuando se visita por primera vez el barrio de Tepito, además del laberinto de puestos y calles
transformadas en un tianguis interminable, hay un ambiente como de feria o de fiesta, porque a
lo largo de todo el recorrido se escucha música de todos los géneros. Después de un tiempo y
con cierto olfato sociológico o antropológico, y sobre todo si se logra entrevistar a los
informantes clave, poco a poco se revela que hay cierta música que se toca en momentos
específicos cuando los habitantes del barrio se disponen a escucharla y en los momentos de
fiesta familiar o comunitaria para bailar, con el performance que dan años de práctica porque
desde la infancia hasta la vejez el baile forma parte de la vida cotidiana y festiva. La música que
los tepiteños consideran como propia es la salsa. ¿Cómo ocurrió la apropiación cultural de la
salsa como la música característica de Tepito?
Este aspecto de la cultura tepiteña fue estudiado por Noelia Ávila Delgado en la tesis de
Sociología “La construcción de identidad a través de la música: el caso de la salsa en el barrio
de Tepito”, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en 2009. En esta tesis
encontramos ideas muy importantes para comprender la persistencia de modos de vida, de
creencias y de valores en un barrio que se desenvuelve en el contexto de la modernidad líquida,
lo cual supondría un conjunto de cambios en las formas de relación societaria, pero que en el
caso de Tepito destaca su capacidad de adaptación utilizando las transformaciones tecnológicas
y comerciales para su reproducción social y familiar. En el caso de la música salsa, se ha
establecido como una oferta de identidad musical exitosa debido a que ésta representa o se
“ajusta” sin problemas a los valores que conforman el eje axiológico del barrio (alegría,
solidaridad, autoorganización, independencia, bravura).

En resumen [dice Ávila Delgado], la salsa se encuentra arraigada en Tepito, porque ésta se erige
como la forma simbólica más eficaz de “rescatar” al barrio y devolverle lo que “era” en el “pasado”.
La salsa, a través del proceso de “deshistorización” permite la reproducción de los valores del eje
axiológico y, por tanto, de la identidad del barrio (Ávila Delgado 2009).

En un sentido más general, la música es importante porque construye nuestro sentido de


identidad a través de las experiencias directas que ofrece del cuerpo, el tiempo y la
sociabilidad. La música posee un poder particular de interpelación, ya que se ocupa de
experiencias emocionales intensas. En el caso de los sectores populares, el sonido, las letras y
las interpretaciones ofrecen maneras de ser y de comportarse, además de modelos de
satisfacción psíquica y emocional.
En el aniversario de los mercados, por ejemplo, numerosas calles del barrio se convierten en
pistas de baile. Hay todo un estilo, un modo de bailar. Lo sensorial en la música y el baile
pueden ser comprendidos desde los estudios recientes sobre la corporalidad. En este caso se
trata de una corporalidad comunitaria y de una educación musical que se da de manera
informal.
El arraigo de la salsa en Tepito es un fenómeno sociocultural complejo ligado al baile y a la
fiesta popular urbana, pero también a la producción industrial de la música. La salsa, desde una
perspectiva sociocultural, puede interpretarse como un movimiento social urbano que
amalgamó el sentido latinoamericano de muchos grupos nacionales en el exilio (Nueva York) y
que al llegar a las barriadas de muchas ciudades fue apropiada, porque más que una palabra o
una etiqueta comercial, la salsa a través de sus letras ha sido cronista de las grandes urbes
latinoamericanas, retratando en sus temas la crudeza de la vida de los barrios y la necesidad de
reconocimiento de parte de los grupos más marginados. En Tepito pueden encontrarse
acuciosos conocedores de la música salsa, musicólogos natos. La salsa, en resumen, es la
apropiación colectiva de una expresión artística como elemento de la identidad y de la cultura
propia.

Performance

El barrio de Tepito de hoy resulta atractivo para realizar intervenciones artísticas de diferente
tipo. En el género del performance destacan dos acontecimientos provocados conscientemente
con un grado de elaboración conceptual y una realización impecable. Se trata de un ritual
posmoderno donde un personaje mítico llega desde el pasado a buscar algo que se perdió en el
barrio de Tepito en el tiempo ancestral; la otra acción tiene como motivo la situación de las
mujeres, sus actitudes, sus sufrimientos, sus luchas y sus anhelos.

LA NAHUALA DE LA COMUNIDAD EN TEPITO (PERFORMANCE BUTOH NEGRO EN MULTITUD)

“TRAS LOS PASOS DEL JOVEN ABUELO” (13 DE AGOSTO DE 2008)


GRUPO CONVOCARTE

La sutil vitalidad, el vigoroso poder de lo sencillo cotidiano, desde la dimensión básica de los
sueños milenarios colectivos a través del arte, vinculado a la experiencia directa de quienes
luchan por conservar su identidad y patrimonio, esta vez en el corazón del tianguis de Tepito.
Butoh negro en multitud es la forma de nombrar este tipo especial de intervención desde y
dirigida a la propia comunidad. Reconoce y valora la aportación internacional del butoh, al
mismo tiempo que hace énfasis, precisamente, en que lo auténtico emerge de las propias raíces
de una nación y sus pueblos. Con el concepto de plástica social del Grupo ConVocArte, el arte
acentúa su carácter de experimento psicosocial en la medida en que se gesta y realiza desde las
vísceras del individuo y en las entrañas de la comunidad.
En el video realizado sobre esta experiencia artística, Tepito y su vitalidad, además del
tianguis multicolor se transforman durante el tiempo de un ritual en un corredor donde el
personaje de la Nahuala, una mujer semidesnuda con un tocado de carrizo en la cabeza, que
también funciona como máscara, realiza una danza que es al mismo tiempo caminata que se
hace con un ritmo lento y otras veces frenético. La piel desnuda es negra, como el carbón de la
tierra. Su acompañante es un joven, tal vez un guerrero que la protege, que la sigue tocando un
tambor, usa calzón de manta y tiene recogido el cabello.
El ambiente de Tepito es el de un día cotidiano, comerciantes y compradores son por breves
minutos o instantes los espectadores que devuelven en sus miradas el asombro. La Nahuala
tiene una trayectoria previamente establecida que la llevará a la plazoleta de la iglesia de San
Francisco de Asís Tepito. El resultado de la acción produce un efecto místico que retoma de la
consigna de Anáhuac la idea simbólica del sol comunitario, el legado de Cuauhtémoc se vive en
los corazones de la gente, en la solidaridad y unión del barrio. El coro final es una especie de
letanía: “Volvió el momento de volverme agua, frío, muerte, tierra, maíz…” y así podría
continuar en una espiral infinita. Llegó el tiempo de la resistencia cultural.

LAS SIETE CABRONAS

La artista performancera Mireia Sallares reúne los testimonios de Queta, Amelia, Lourdes,
Chelo, Mayra, Verónica y Marina, en 2009. Estas siete mujeres elaboran un discurso colectivo
que expresa un sentido común construido acumulando experiencias y vivencias. Las frases que
más destacan son las siguientes:

La mujer del barrio es la que lleva los pantalones, no sólo en su familia, sino en el entorno.
En el barrio, la mujer tiene que ser cabrona para salir adelante. La vida tiene que continuar y hay
que chingarle.

Se relatan las historias para reivindicar el papel de la mujer en un barrio que ha sido
satanizado.

Se trabaja de sol a sol y de luna a luna se hace el amor.

El performance incluye la realización de un pedestal colocado en los edificios de La


Fortaleza, con la inscripción: “A las siete mujeres cabronas e invisibles de Tepito. A las de ahora
y a las que vendrán”. El pedestal está vacío y sirve para que las mujeres que lo visiten se tomen
una selfie, si se atreven. La acción comunitaria consiste en reunirse en fechas acordadas a
escuchar los testimonios grabados de diferentes mujeres. El público es mixto, con una mayoría
femenina. Se reflexiona y se agregan nuevos testimonios acerca de la situación subordinada y
se denuncian casos de abuso y violencia hacia las mujeres.

Religiosidad

Uno de los rasgos culturales que se formó en Tepito en su proceso de consolidación urbana, al
integrar varias colonias que se encontraban separadas, fue su religiosidad. En una primera
etapa con un predominio católico a través del trabajo pastoral de tres parroquias: Santa Ana
Atenantitech, la Inmaculada Concepción Tequipehuca y San Francisco de Asís Tepito. En
consonancia con otros procesos que se dieron en el barrio, con la construcción de tres
mercados en los años cincuenta y la consolidación de Tepito como barrio bravo, la devoción de
los tepiteños, al igual que amplios sectores de la sociedad mexicana, adoptaron a la Virgen de
Guadalupe como patrona y protectora. De allí que en los años sesenta y hasta el terremoto de
1985, en el pórtico de las viejas vecindades hubo altares dedicados a la Virgen Morena. Al
mismo tiempo, los migrantes de diferentes estados de la República que se avecindaron en los
años cuarenta y cincuenta, trajeron en su equipaje devociones múltiples del santoral católico,
por ejemplo la Virgen de Talpa, San Judas Tadeo, Santo Niño de Atocha, Virgen de Zapopan,
Virgen de la Luz, San Antonio. De igual manera, su cultura religiosa se expresaba con rituales y
peregrinaciones organizadas por gremios y cofradías. Por ejemplo, las peregrinaciones a
Nuestro Señor de Chalma y a la Basílica de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, entre
muchos otros.
El sistema de creencias se diversificó en los años ochenta y noventa, hasta el surgimiento de
la devoción de la Santa Muerte, rechazada por la clerecía oficial y fácilmente vinculada con la
mala fama de Tepito, hasta que se construyó la idea que asoció a la “blanquita” con la mayoría
de los tepiteños.
En este contexto, Roberto García Zavala (2008) realiza su tesis de doctorado en Antropología
titulada “Religiosidad en el barrio de Tepito: el culto a la Santa Muerte entre lo emergente y lo
alternativo”.
Su investigación inicia con la pregunta ¿cuál es el vínculo que los habitantes del barrio de
Tepito establecen con lo sagrado y las expresiones religiosas que se derivan de esa relación? Su
investigación nace a partir de observar la presencia de símbolos sagrados en el entorno
inmediato de los comerciantes: altares en la vía pública, estampas y amuletos en los puestos,
altares en la entrada de los condominios y propaganda con anuncios de peregrinaciones (García
Zavala 2008).
Las preguntas que se planteó García Zavala fueron las siguientes: ¿Cómo es el universo
sagrado de los habitantes del barrio de Tepito? ¿Cuáles son los principales símbolos sagrados?
¿Cuáles son los símbolos sagrados alternativos? ¿Cuáles son los símbolos sagrados emergentes?
En la primera década del 2000 en Tepito se rompe la homogeneidad religiosa. No todos los
habitantes de Tepito son católicos. En el barrio convergen una diversidad de sistemas de
creencias. Al mismo tiempo los habitantes de Tepito viven una religiosidad plena e intensa, pero
paralela a la doctrina de la iglesia católica. Los sacerdotes son vistos como administradores de
servicios religiosos; los ministros carecen de liderazgo y reconocimiento. La iglesia oficial sigue
con sus rituales ordinarios, mientras que la religiosidad popular cuenta con amplios márgenes
de innovación.

SOBRE LA SANTA MUERTE

La muerte aparece en el cristianismo para ser vencida. La santidad en el catolicismo es una


virtud a la que están llamados todos los hombres. Cuando se dice “Santa Muerte” se abre un
campo de significación para prácticas rituales emergentes. Las formas propias del catolicismo
popular se renuevan y se revitaliza el vínculo del hombre con lo sagrado. El método etnográfico
le permite al antropólogo enfrentarse con un discurso que puede resumirse así:

Si la Santa Muerte es del barrio de Tepito, de acuerdo a su destino manifiesto, luego entonces, la
Santa Muerte forma parte de la identidad del barrio de Tepito y hacer la defensa de su culto es al
mismo tiempo la defensa de elección y la capacidad de creación ritual por parte de los tepiteños
(García Zavala 2008, 115).

Después de una investigación de tres años y de múltiples visitas al barrio y a los santuarios
dedicados a la Santa Muerte en Alfarería 12 y Bravo 35, en la colonia Morelos, el investigador
se siente con la evidencia suficiente para cuestionar el vínculo que se establece a priori entre la
Santa Muerte con los habitantes del barrio de Tepito, por la inseguridad y las actividades
comerciales que allí se desarrollan. Los miles de seguidores del culto provienen de cientos de
lugares de la ciudad, especialmente de los barrios periféricos.
Para los medios de difusión resulta fácil hacer la asociación entre Tepito y la Santa Muerte,
pero se necesitó una investigación de campo para advertir que, si bien la presencia de la Santa
Muerte en el tianguis de Tepito tuvo una presencia notable, en el lapso de dos o tres años donde
estaba la Santa Muerte, ahora quien la rifa es San Judas Tadeo y los orishas afroantillanos. Esto
indica que la religiosidad popular es flexible y se adapta a las devociones según las
circunstancias.
También en lo religioso, Tepito es una expresión de lo que sucede de manera más general en
las sociedades posmodernas. Las creencias se integran en un mercado religioso que ofrece
diferentes alternativas para satisfacer la necesidad de contrarrestar la incertidumbre a través
de cultos ya no dirigidos a la población en general, sino a ciertos públicos específicos. Los
tepiteños administran su fe de una manera fluida sin conocer de dogmas o doctrinas; basta que
amigos o familiares den testimonio de la eficacia de uno u otro santo para influir en su vida.

Proyectos culturales y artísticos que se realizan en el Tepito de hoy

SEMILLERO DE CREADORES

La tesis “Talacha cultural en el barrio de Tepito”, de Jocelyn Medina Montalvo y Ana Paola
Peralta Jiménez, presentada en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, en el año 2018,
ofrece un acercamiento fresco y puntual a un conjunto amplio y diverso de iniciativas culturales
que buscan mejorar la calidad de vida de las personas. Estas iniciativas tienen en común su
independencia y su carácter autogestivo, lo cual provoca que vivan al día; siempre hay
carencias, de espacios, materiales y tepiteños; lo que sobra es convicción y mística barrial. Los
promotores, gestores y artistas tienen otras actividades remunerativas que les permiten ofrecer
su tiempo y habilidades de manera gratuita; en ocasiones extraordinarias, captan recursos de
alguna convocatoria institucional.
Los objetivos de la investigación se cumplen: volver la mirada hacia un conjunto de proyectos
culturales poco conocidos que se han gestado en el barrio de Tepito; destacar el valor social que
tienen las iniciativas de promoción cultural, y reafirmar la importancia de incentivar las
expresiones culturales y artísticas.
Los años recientes, especialmente a partir del secuestro de jóvenes tepiteños en el bar
Heaven de la Zona Rosa, en 2013, están permeados por una atmósfera de rabia, resistencia y
alarma. El final trágico, al encontrar a los jóvenes asesinados, profundizó el sentimiento de
coraje y desesperanza. Esa situación extraordinaria provocó que el 24 de noviembre de 2013
Roberto Campa Cifrián, a la sazón subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la
Secretaría de Gobernación, anunciara una inversión de dieciocho millones de pesos al Programa
Nacional para la Prevención Social y la Delincuencia (Pronapred), para el “rescate” de Tepito.
De manera simultánea, el Gobierno de la Ciudad y la Secretaría de Desarrollo Social anuncian
“10 acciones por Tepito”. Esta derrama de recursos se tradujo en las siguientes actividades.
En noviembre de 2013, la Universidad Autónoma Metropolitana ofreció cursos de chino
mandarín y robótica a estudiantes tepiteños de primaria y secundaria. Al mismo tiempo,
Fundación Azteca y autoridades gubernamentales firman un convenio para conformar la
Orquesta Sinfónica Esperanza Azteca Tepito con excelentes resultados. Esta actividad culminó
con un concierto en el Auditorio Nacional en febrero de 2015.
En los años de 2014 y 2105 se imparte el primer Taller de Cine de Tepito, con la asesoría del
director Luis Mandoki y el actor Ernesto Gómez Cruz. Dieciséis niños tepiteños entre los seis y
doce años de edad realizaron cortometrajes, proceso que les llevó ocho meses. Se buscó que, a
través del cine, se alejara a los infantes de la violencia y se les incentivó a sensibilizarse con su
entorno social. Además, hubo proyecciones gratuitas de cine en espacios públicos.
En 2014 el Pronapred apoyó el proyecto de Daniel Giménez Cacho, Crónica de castas, y en
2015 Safari urbano en Tepito, con dos millones de pesos, respectivamente.
En noviembre de 2016, de manera intempestiva desaparece el Pronapred, y como siempre
pasa en los programas e iniciativas institucionales, al terminarse el presupuesto se quedan
truncos los proyectos. Resulta paradójico que no se convocara a los grupos que desde años o
recientemente realizan acciones pequeñas pero efectivas para bien de los grupos que atienden.
Nuevamente se privilegia la mirada externa y la espectacularidad en detrimento de lo
comunitario. De allí que sea muy útil tener a la mano una pequeña semblanza de los “talacheros
culturales” que confluyen en el barrio de Tepito.

ARTEPITO

Este grupo se forma en 2006, con la participación de Óscar Delgado, escultor; Jazmín Valquiria,
fotógrafa y documentalista, y Ariel Ramírez, muralista.
Este último imparte talleres de murales y de modelado de plastilina, especialmente a los
niños del barrio. Uno de sus murales, dedicado a la Virgen de Guadalupe, sirve como referencia
en la unidad habitacional de Los Palomares; en su elaboración participaron niños, en 2013. Otro
mural emblemático estaba en la calle de Mineros. En él se habían plasmado los rostros de los
niños que suelen jugar frontón allí; el mural fue cubierto por la delegación.
Otros quince murales se encuentran en La Fortaleza. Estos murales fueron realizados con la
Red de Espacios de la Ciencia en Tepito, con apoyo de la Secretaría de Desarrollo Social.
El objetivo del grupo es reivindicar la imagen del barrio por medio de talleres de dibujo,
grabado, pintura, fotografía y talla en madera, al mismo tiempo que se hace un esfuerzo por
demostrar que Tepito no sólo es violencia, sino también arte y creatividad. Se han impartido
talleres para niños en el Centro Cultural del México Contemporáneo.

CASA BARRIO

Casa Barrio es un proyecto que invita a niños y jóvenes a integrarse al mundo del teatro. Para
Jacobo Loeza, la cultura debe ser inclusiva: “Armar un grupo de teatro, por ejemplo, se trata de
que cuando te presentas puedas pedir coperacha o vender la obra, buscar un gestor teatral que
en su momento pueda promocionar a un grupo” (Medina y Peralta 2018, 70).
El objetivo primordial es la recuperación de espacios en Tepito y así poder crear un bienestar
cultural. Desde Casa Barrio se ha invitado a otros grupos que hacen actividades culturales y
artísticas en Tepito a conformar una Red de Espacios Culturales para romper las aduanas,
tender puentes para que lleguen más iniciativas, sin importar el lugar donde la gente trabaje,
de qué universidad vengan o si son mexicanos o extranjeros.
El Foro Martes de Arte, localizado en Vidal Alcocer y Eje 1 Norte, se ha consolidado como un
lugar de encuentro de fácil acceso (bajando en el metro Tepito), abierto, pero al mismo tiempo
protegido. Los días que tiene más actividad son los martes, sábados y domingos. Se trata de un
espacio destinado a la realización de múltiples actividades culturales (que incluyen, de manera
paradójica y poco funcional, a varias señoras que cortan el pelo, vagabundos, algunos
drogadictos y gente que entra simplemente a descansar). Hay mucha tolerancia hacia los otros
porque no hay figuras de autoridad que reglamenten lo que está bien y lo que está mal; hay una
autorregulación colectiva para que las actividades musicales, literarias, de dibujo, pintura,
escultura y el taller de diseño de zapatos se desarrollen sin contratiempos.
Estamos frente a un equipamiento urbano que podría servir de ejemplo y que podría ser
replicado en muchos otros espacios de la ciudad o de la zona metropolitana. El Foro funciona
como un espacio para la difusión de las artes y los oficios del barrio. Ha servido como umbral
para facilitar la presencia de muchos colectivos (principalmente de jóvenes) que provienen de la
periferia de la ciudad; el foro sirve como punto de reunión y espacio para la expresión libre de
su música, sus bailes y su poesía.
Otras actividades que se realizan en el Foro son “Los miércoles de la palabra” (encuentros de
poesía y literatura); y los jueves, “El choro del gallo”, una especie de mesa de debate que se
organiza bajo normas de respeto basadas en el diálogo y la votación. También desde este
espacio se organizan las actividades que se realizarán en Los Palomares y Alameda Tepito,
dirigidas especialmente a la población infantil.
En febrero de 2015, el Foro Martes de Arte fue reinaugurado con una muestra y venta de
obras de arte, música y baile.

ESPACIO CULTURAL TEPITO

A unos pasos del Foro Martes de Arte, se encuentra un predio que a primera vista parece una
vecindad más. Se trata de un edificio cercano a la iglesia de la Divina Institución, adonde llegó
el sacerdote Federico Loos en 1968. Dada su orientación progresista desde la teología de la
liberación para la catequesis con jóvenes, se habilitó un lugar con salones que servirían para
impartir clases de música, literatura, y para que los jóvenes pudieran vivirse en comunidad.
Cuando Federico Loos tuvo que irse, el lugar se transformó en el Espacio Cultural Tepito, que
viene desde los años setenta realizando múltiples actividades, de acuerdo con cada coyuntura.
En la actualidad, la actividad que destaca en el Espacio Cultural Tepito está bajo la
responsabilidad de Mario Puga. Se trata del proyecto “Los Fotografitos de Tepito”, el cual nace
en 2014, con el propósito de enseñarle a grupos de niños mayores de ocho años los secretos de
la fotografía, organizar salidas para que conozcan otros lugares de la ciudad y del país, y que en
un futuro algunos de ellos se ganen la vida como fotógrafos profesionales. Precisamente, un
recurso pedagógico y económico es invitar a fotógrafos profesionales o amateur a apadrinar a
un niño: de este modo el niño sabe que hay un colega adulto pendiente de su responsabilidad y
de sus proyectos. Para el éxito y permanencia de este proyecto resulta fundamental el apoyo de
las familias. En cuatro años, los Fotografitos ya son conocidos en el barrio por presentar
diferentes exposiciones de su trabajo. También fueron invitados a participar en el libro Tepito
crónico, compilado por Eduardo Vásquez (2006).

ELITEP

Elitep (Escuela de Arte al Aire Libre de Tepito) se creó gracias a Alejandro Caballero, quien
imparte clases en el Tecnológico de Monterrey. Se dedica al arte desde hace veinte años y es
profesor de pintura en esta escuela.
Con el mejor espíritu de las escuelas al aire libre de los años treinta y cuarenta del siglo XX,
la Elitep vive y practica la libertad para enseñar a personas con el deseo de aprender. En el
Foro Martes de Arte, a unos pasos del metro Tepito, todos los martes, cuando descansa el
tianguis y despierta el espíritu creativo, las personas se reúnen por las tardes.
Se alcanzan a ver dos mesas, luego los bancos comienzan a aparecer en el instante en que van
llegando los alumnos, sacan sus pliegos de papel, cartulinas, telas o cualquier material idóneo para
ser pintado. Se entiende que no hay una hora de entrada pues todos llegan a destiempo y trabajan a
su ritmo (Medina y Peralta 2018, 78).

El objetivo de la Elitep es dar tiempo de calidad a la gente, a los niños, jóvenes y adultos.
Más allá de que aprendan habilidades para dibujar y pintar, se le da un gran valor a la
convivencia. Vienen a participar, van adquiriendo soltura y sus cuadros demuestran su nivel
pictórico. Así se han dado casos donde algunos han logrado exponer en escuelas y galerías. Este
espacio de arte al aire libre ha adoptado la actitud de vivir lejos de lo institucional, por las
experiencias acumuladas de incumplimiento y burocratismo.

ESCUELA DE PAZ

La Escuela de Paz llegó a Tepito a través de Poncho Hernández, desde que era alumno de la
Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Inició sus actividades en Los Palomares en 2012 con
un proyecto de educación sobre todo por medio del arte, con el propósito de que los niños
adquieran valores y que aprendan a relacionarse con respeto. Actualmente realizan sus
actividades en un predio de las calles de Carpintería y Mineros. Su eje de acción es el fomento
de la no violencia, inspirándose en Gandhi.
Al igual que otros proyectos, se propone resignificar a Tepito como un lugar de cultura y
convivencia, se apoya en el voluntariado y parte de la idea de que si se puede realizar en Tepito,
tendrá éxito en cualquier lugar del país. La Escuela de Paz efectivamente es un proyecto que se
encuentra en diferentes puntos de la geografía nacional.

LA TRANZA TEPITO

Se trata de un periódico cultural dirigido por Roberto Galicia, quien se titularía con un proyecto
de periodismo digital, en el cual abordaría temas relacionados con el barrio de Tepito.
Inicia en 2011, con la motivación personal de conocer su barrio y que las personas sepan un
poco de su historia, que tengan algo interesante de qué hablar. Su proyecto futuro es pasar de
lo digital a lo impreso. El papel de La Tranza es ser el difusor de los eventos culturales que
acontecen en el barrio. En una videoteca que abre en YouTube incluye reportajes sobre los
grupos que trabajan en torno a las expresiones artísticas. La idea es resaltar ese lado de Tepito
que mínimamente se conoce a través de los medios de comunicación y con una perspectiva
distinta, que cuando no es del barrio siempre dará otra versión. Es diferente cuando alguien
escribe desde Tepito.

LOS OLVIDADOS

Este colectivo multidisciplinario tiene treinta años de trayectoria. Su abanico creativo incluye
talleres literarios, cartonería, cineclub, fotografía, video y serigrafía, entre otros. Realizan
exposiciones, hacen películas, libros, revistas y obras de teatro. Son hábiles para conseguir
patrocinios y están atentos a todas las convocatorias.
En la colonia Ex Hipódromo de Peralvillo está El sótano de los olvidados, un pequeño espacio
en el deportivo Tabasco atiborrado de esculturas, murales, piezas de escenario de teatro, libros,
carteles y todo tipo de objetos imaginables. Ahí se reúne todos los viernes un grupo colorido y
diverso de literatos, en su mayoría tepiteños, aunque los hay también de otros barrios “duros”
como Neza y Pantitlán. En este lugar se practica la conversación, la lectura en voz alta y la
crítica fraterna entre escritores que saben que la escritura es un oficio mayor al que se le debe
dedicar muchos años. Entre los que acuden a las reuniones hay algunos con mayor experiencia
y escritores incipientes; precisamente, de lo que se trata es que haya desniveles, pero prima un
ambiente fraterno, donde los que más saben enseñan. Lo que los une es la pasión por la palabra
escrita, una vida de anécdotas y experiencias acumuladas y un amor por esa cadencia inimitable
de la palabra barrial, impregnada de creatividad juguetona y subversiva.
De acuerdo con Primo Mendoza (entrevista, febrero de 2019), en los barrios y colonias la
sociabilidad se ejerce como acto lúdico, de chisme si se quiere, donde la voz juega un papel
primordial; en la jerga, el caló, habita la sonoridad de este sistema de códigos locales; la vida
cotidiana se representa oral y mímicamente en un desplante de alegorías expresadas en el
centro de trabajo primigenio: la calle. La calle se entera de las desventuras de Panchita “con
sus hijos que le salieron rete malandrines”, de que “subió la leche”, de que “fulano está metido
en el narco”. Y así, este complejo de signos vitales, un día a alguien se le ocurre narrarlos en su
propio acervo literario. Entonces brotan las esperanzas, la rebeldía, las ganas internas de ser
otro, distinto, menos injuriado por la estupidez televisiva, la incongruencia política, las
asesinadas de Juárez, las millonarias cifras de gastos de campañas, las pensiones vitalicias de
las que gozan los expresidentes y cada uno de sus hijos. Nace así una narrativa de carácter
contestatario que transforma el medio y el entero complejo de absurdos y ficciones que se viven
a diario.
Los literatos de El sótano han publicado varios libros a través de su sello editorial Ars Ludis,
resultado de un esfuerzo colectivo y mucho malabarismo para solventar los gastos. Cuando
celebraron la publicación del primer volumen de El lado oscuro de Tepito… su cultura (Vásquez
Uribe 2000; antología de cuentos, poemas y crónicas), se dieron cuenta de que la edición no
estaba tan cuidada como les hubiera gustado. Organizaron entonces talleres para aprender las
diversas facetas del arte de hacer libros, y así surgió El lado oscuro de Tepito, tomo II (Vásquez
Uribe 2003), una bellísima publicación con ilustraciones de artistas tepiteños y la participación
de Los Fotografitos.

EL SUEÑO DE LOS OLVIDADOS

Habla Everardo Pillado (en Whaley 2011):

No era un sueño, sino una necesidad profunda. Nosotros crecimos con la familia Burrón, crecimos
con los sueños de la Borola, con la moral y corrección de don Regino, con ese mundo tan complejo
que manejó Gabriel Vargas en la historieta, con ese mundo que nos refleja que nos hacía vernos
vivencialmente en sus personajes, en sus críticas. El poeta Hugo Gutiérrez Vega le hizo una oda a
doña Borola Tacuche de Burrón. Él decía que don Gabriel Vargas era como el Balzac mexicano
porque en su historieta reflejó todos los sueños. Los deseos, las frustraciones, los conflictos de la
sociedad mexicana, de la vecindad, de esa sociedad a la que nosotros pertenecemos, a la clase
trabajadora que todos los días sabe que está en crisis, pero al mismo tiempo sabe que todos los días
tiene que luchar.
Como artistas dedicados a la cartonería y con la experiencia que dan varios años en el oficio, una
de nuestras ideas fue llevar a la tercera dimensión a los personajes de la familia Burrón, reconstruir
la vecindad del callejón del Cuajo para traerla al Zócalo, que es la vecindad más grande de la
Ciudad de México, a su vez, la vecindad más grande del país.
Finalmente lo hicimos, diseñamos el molde de cada personaje, con lo cual cada pieza es original.
Los colores son los de la paleta de la historieta. Para el colectivo Los Olvidados éste fue un sueño
que pudimos hacer realidad. Don Gabriel Vargas nos hizo soñar, nosotros supimos sumar nuestros
propios sueños y juntos, como colectivo, le dimos cauce y sentido a esos sueños. ¿Cómo? Con la
magia de la Familia Burrón.
Esta espléndida instalación suele colocarse en el mes de diciembre de cada año en el Jardín
Hidalgo de la delegación Coyoacán, porque representa una posada tradicional. Resulta curioso que
su patrocinador sea la funeraria J. García López.
Hay otra instalación que se coloca en noviembre, con motivo de la Fiesta de Muertos. En ella, el
Callejón del Cuajo se prepara para realizar unas exequias dedicadas a la despedida de la habitante
más vieja del barrio, doña Gamucita Botello, madre del poetastro Avelino Pilongano, acuden la
Familia Burrón y otros vecinos de la cuadra, más de veinticinco figuras realizadas en “cartonería
tradicional”, que conforman la ofrenda principal del Museo Nacional de Culturas Populares (MNCP),
con la que rinde homenaje al historietista Gabriel Vargas por su centenario.

TALLER LIBRE DEL ARTE DEL CALZADO

Este proyecto está vinculado al maestro zapatero que enseña su oficio todos los domingos en el
Foro conocido como Martes de Arte. El objetivo explícito del taller es rescatar la artesanía del
calzado como una de las prácticas culturales de mayor arraigo y antigüedad en Tepito. La
artesanía zapatera es un símbolo de integración familiar y barrial que, al mismo tiempo, puede
ser una alternativa de trabajo para jóvenes y adultos. No sólo se enseña el oficio de zapatero, al
mismo tiempo se informa sobre la historia de Tepito, se comparte la información de los
diferentes grupos culturales y se transmite una filosofía de vida.
Luis Arévalo nació el 15 de mayo de 1940 en el barrio de Tepito. Sus primeras experiencias
de participación comenzaron en 1969, en el movimiento inquilinario, donde llegó a ocupar la
Secretaría del Exterior de la Asociación de Inquilinos del Barrio de Tepito. Posteriormente se
integra al Consejo Representativo del Barrio y participa en la experiencia del Plan Tepito. En los
años ochenta, ya jubilado, encuentra en el oficio de zapatero un recurso que le permite
relacionarse con otras personas interesadas en el desarrollo social del barrio. Una experiencia
significativa se vivió en los años noventa del siglo pasado, en la coyuntura del movimiento
zapatista en Chiapas. Luis Arévalo enseña a hacer zapatos a los jóvenes zapatistas y en
particular se desarrolla un tipo de bota que puede comprarse en Tepito, con el sello
característico del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
El taller entiende a la autogestión como la única alternativa de solución a los problemas que
atañen a las comunidades en contra del paternalismo y las relaciones subsidiarias que atrasan
el desarrollo social. La autogestión consiste en la transmisión de conocimiento de viejos a
jóvenes para generar una economía propia basada en el trabajo artesanal. El taller concibe a la
cultura como parte del desarrollo integral de cada individuo, el cual debe apreciar la capacidad
de utilizar sus manos, sin olvidar la reflexión teórica. La perspectiva barrial es concebida por el
taller como un horizonte de vida desde el cual no sólo se pueden proponer alternativas para la
capacitación y el empleo en la ciudad, sino sobre todo para iniciar y consolidar los procesos de
creatividad colectiva que cada comunidad posea. El rescate y la recreación del oficio zapatero
no es un fin en sí mismo, sino un medio para la acción sociocultural.

CRÓNICA DE CASTAS

Crónica de castas es una serie de televisión de nueve capítulos producida por Canal Once,
grabada en 2013 y emitida en abril y mayo de 2014. Los nueve episodios están dedicados a
contar las historias de personajes creados por Jimena Gallardo. Una de las historias en
particular surge del trabajo que hizo el equipo de producción durante un año para conocer el
barrio y a sus habitantes.
Las historias, aunque mantienen su autonomía, tienen a Tepito como epicentro y todas se
relacionan a través de un hotel, su administradora, su hijo y una joven de alto nivel social que
llega a Tepito a refugiarse del abuso sexual. La historia eje va avanzado en cada capítulo. La
madre resulta provenir de la guerra sucia que hubo en México; su hijo tepiteño está
obsesionado por su origen porque no conoce la identidad de su padre.
Cada capítulo está dedicado a contar la historia de personajes específicos: rapero mazahua,
futbolista transexual, judío enamorado, zapoteco (Romeo), un tepiteño en silla de ruedas con
una bala en la columna vertebral. Esta selección de personajes busca retratar la diferencia de
clases y el racismo que aún prevalecen entre los mexicanos, así como la dinámica que surge
cuando los distintos grupos se cruzan.
Al situarse en la ficción, las historias no retoman la odisea del barrio y sus problemas. En
este sentido, Tepito aparece como una realidad escenográfica que aparece y desaparece, de
acuerdo con la evolución de cada historia.
Según Daniel Giménez Cacho, el director de la serie, la dinámica del barrio dificulta seguir el
día a día de los habitantes de Tepito. La serie enfoca la mirada en los choques culturales, las
fronteras étnicas y los prejuicios.
La atmósfera social tepiteña dota de vitalidad y encantamiento al lugar. La gente es muy
solidaria y organizada, hay un tejido social muy fuerte y la gente es de lo más heterogénea y
diversa.
Es oportuno aclarar que una serie de televisión es un producto cultural complejo que cuenta
con un guión que selecciona y prioriza lo que se va a contar, se construye una narrativa que no
es un documental; estamos en el mundo de la ficción, donde lo que se cuenta debe tener
verosimilitud, aunque no tenga una verdad etnográfica.
Crónica de castas no destruye los mitos sobre Tepito, sólo le suma nuevas historias al
imaginario barrial. Más allá de las pantallas, el barrio tiene muchas caras y muchas realidades.
Las situaciones difíciles y dramáticas que se plantearon en la serie cumplen su función al hacer
pensar, disfrutar y gozar al público. La televisión se apaga y se regresa inevitablemente a la
vida cotidiana.
SAFARI URBANO EN TEPITO (EXPERIENCIA TEATRAL)

En marzo de 2014 se realizó un tour teatral en Tepito. Esta actividad se basó en el concepto
Wijksafari creado por la artista holandesa Adelheid Roosen para romper las barreras y los
prejuicios que existen en su país, especialmente con los migrantes africanos. La idea de que
repitiera su experiencia en Tepito surge de un encuentro con Daniel Giménez Cacho, quien
había logrado crear redes sociales en el barrio. Wijksafari se propone como una modalidad de
teatro aplicado capaz de romper todo tipo de estigmas en zonas de intenso contacto
intercultural.
El proyecto consiste en trabajar con varias familias su cotidianidad utilizando técnicas de
sociodrama. De esta manera se ponen en escena la violencia intrafamiliar, el narcomenudeo, el
trabajo, la sobrevivencia, la soledad, la migración.
A través de YouTube pueden conocerse algunos aspectos de las puestas en escena. Es
interesante observar la disposición de las familias seleccionadas para compartir trozos de sus
vidas con confianza y autenticidad. A su vez, los actores que intervinieron lo hicieron de manera
sincera y empática. El día de las “funciones”, los espectadores que se registraron en internet y
que pagaron por asistir, fueron transportados desde el metro Tepito en motonetas a los lugares
previstos.
Este modelo del tour presenta un ángulo problemático porque ofrece un “producto escénico”
a un público muy reducido, que proviene de otros lugares de la ciudad y llega con expectativas
que pueden no coincidir con los objetivos del proyecto.
La realización en sí superó los prejuicios y produjo un campo de interlocución emotivo entre
mexicanos que difícilmente se comunican entre sí. Allí queda esta experiencia como una forma
de teatro aplicado que se realiza en espacios no convencionales.

FOTOGRAFÍA

El proyecto de documentación fotográfica más ambicioso que se recuerda en Tepito es el que


realizó Francisco Mata Rosas (1958), quien se ha convertido en los últimos quince años en uno
de los intelectuales e indagadores más puntuales sobre la fotografía en la expresión
contemporánea. Ha realizado exposiciones en más de cincuenta países, cientos de instituciones
culturales de México, y ha publicado nueve libros.
Precisamente uno de sus libros, titulado Tepito, ¡bravo el barrio!, es el resultado de su
curiosidad que lo lleva a cuestionarse qué es lo que sucede en un barrio que tiene una dinámica
propia y que genera múltiples expresiones culturales y artísticas. Para Mata Rosas (2008), los
barrios son trincheras de lo diferente; en ellas conviven lo peculiar, lo individual, lo distinto. En
ellos todavía puede palparse solidaridad, arraigo, historia, oficios, fiesta, música, costumbres.
En su deambular por Tepito, el fotógrafo celebra al barrio con sus peculiaridades y su gente,
así como la huella que dejan en incontables instalaciones involuntarias. Frente al estigma, se
busca trascender el registro periodístico de la violencia. A través de una inmersión prolongada
se logra identificar a un conjunto significativo de personajes del barrio, así como su historia
personal. Entonces se pasa a la siguiente fase, donde se elaborarán un conjunto de retratos
sobre las personalidades que el barrio alberga.
El procedimiento fue sencillo e ingenioso. Con un estudio ambulante, se llegó a ciertos
lugares estratégicos donde fue posible establecer la comunicación y la dinámica. De las
personas que pasan, algunas son invitadas a subir libremente para ser fotografiadas. A
diferencia del procedimiento burocrático, en este performance se establece una interacción con
los participantes, de tal manera que muestran su personalidad profunda. De esta forma se
obtuvieron seiscientas fotografías, donde se observan retratos naturales con poses libres y
gestos sinceros. Tal vez el rostro más desconocido de Tepito sea el de su gente.
En término técnicos, Mata Rosas se inspira en Richard Aveden (Estados Unidos, 1923-2004)
para el uso del fondo neutro. Este recurso descontextualiza a la persona en primer plano y
enfoca toda su atención en su cuerpo y en su cara. El fondo blanco aísla al sujeto de sí mismo y
permite explorar la geografía de los rostros humanos (un continente inexplorado). Se intensifica
la presencia eliminando lo que le rodea. Así, cada sujeto parece que está solo en su mundo, pero
totalmente presente en el nuestro. Lo trivial desaparece y aparece lo intemporal.
El resultado: las fotografías de la individualidad tepiteña fijan actitudes, vestimenta,
complexión, gestos, actividad, generación, sexo y género, factores todos que dan a las personas
su singularidad. Cuando se revisa el libro por primera vez, se produce un efecto de extrañeza,
porque sabemos que todas ellas están en Tepito y forman parte de su paisaje, sus cuerpos están
vivos, van y vienen como parte de un todo comunitario. La experiencia documental a través de
la fotografía cumple la función de lograr imágenes que remiten a un instante de vida de los
sujetos, el cual queda fijo para la memoria social.
Tepito de mañana
Soñar no cuesta nada

a) La complejidad económica, social y cultural del barrio de Tepito en simbiosis con el tianguis
más grande de América Latina, vista desde la memoria social de sus movimientos sociales,
ofrece algunas lecciones para los sujetos que realizarán intervenciones de diferentes tipos en
los años por venir. Es factible pensar que el Gobierno de la Ciudad, del Movimiento de
Regeneración Nacional deberá revisar las estrategias previas que llevaron a la situación
actual de Tepito; en un contexto donde se necesitan fuentes de empleo, la informalidad del
comercio no puede eliminarse. El equilibrio que se ha logrado en Tepito entre múltiples
liderazgos, comerciantes, usos intensivos del espacio y autorregulación de sus conflictos
pueden interpretarse como un capital social muy valioso. La cuestión por resolver es la
tolerancia o abolición de ciertos giros comerciales, como la pornografía, las armas y el
narcomenudeo.
b) Por su parte, las organizaciones vecinales, de comerciantes, de gremios artesanales y los
proyectos culturales y artísticos tienen el desafío de innovar sus formas de comunicación y
coordinación, de tal modo que todos salgan beneficiados. Sería ideal que se formaran varios
fideicomisos para patrocinar proyectos seleccionados dirigidos a niños, jóvenes, madres
solteras y a la población en general. De manera similar al Programa de Apoyo a las Culturas
Comunitarias y Municipales (PACMyC) del gobierno federal, se podría emitir una convocatoria
anual que podría llamarse Tepito Cultura Viva. Proyectos para fortalecer la práctica del vivir
bien y la expresión artística del barrio de Tepito.
c) Con la gestión de la antropóloga Lucina Jiménez en el Instituto Nacional de Bellas Artes hay
excelentes condiciones para recibir asesoría y para formar un consejo de especialistas que
evalúen los proyectos y le den seguimiento a su aplicación. Un buen augurio es la designación
de Mardonio Carballo como director general de Culturas Populares, e incluso la designación
de Paco Ignacio Taibo II en el Fondo de Cultura Económica podría servir para aplicar una
experiencia, a escala inédita, de lectura y escritura en un barrio como Tepito.
d) Al mismo tiempo sería útil recuperar el concepto de un Plan Integral de Transformación del
Barrio de Tepito. Este plan deberá contar con la participación de diversas universidades
interesadas. Uno de los fideicomisos de Tepito debería sustentar económicamente su
elaboración. La premisa es reconocer a Tepito como un espacio especial, que ofrece servicios
valiosos para la ciudad, como mercado y fuente de trabajo. El reto es imaginar una vida
comunitaria viable con los habitantes del barrio de Tepito.
e) En el ejercicio que hemos realizado en esta travesía, hay tesis que destacan, como las del
arquitecto Gabriel Sánchez Valverde, oriundo de Tepito: “Renovación de la cultura urbana en
la informalidad del barrio de Tepito”, de 2004, y “Tepito recicla, Tepito sustenta”, de 2010.
f) En la primera tesis, se tiene la audacia de proponer un plan urbanístico integral que incluye
la construcción de un segundo piso de un kilómetro de longitud sobre el Eje 1 Norte; la
creación de espacios recreativos y artísticos, y la solución al problema del ambulantaje. El
segundo piso tendría tres carriles de poniente a oriente y uno en contraflujo, además de un
estacionamiento para mil automóviles. Se reordenaría el comercio en vía pública de la zona y
se recuperarían espacios para recrear las tradiciones y la cultura tepiteñas, entre ellas el
teatro Gorostiza y el cine de Javier Solís.
g) Ser parte de un diagnóstico: ante la falta de espacio, insalubridad, basura y problemas de
vialidad, se puede decir metafóricamente que “Tepito está herido de muerte”. No se puede
caminar, no hay acceso ni peatonal ni vehicular porque el comercio ha excedido un uso
funcional de las calles. Un problema adicional es realizar un censo que permita saber cuántos
comerciantes radican en Tepito y cuántos no, y establecer acuerdos diferenciados con unos y
con otros. Hay, además lo conocido: delincuencia, inseguridad, drogas, armas, infancia
descuidada y explotada, violencia intrafamiliar, embarazos adolescentes y muchos problemas
más (algunos muy graves, como la antigüedad del drenaje y la falta de luminarias).
h) La tesis de maestría “Tepito recicla, Tepito sustenta” (Sánchez 2010) se presentó en la
Universidad Politécnica de Valencia, España. En ella se plantea un sistema de recolección de
las toneladas de basura que se generan cada día en Tepito, y su traslado a un centro de
separación y puesta en valor de los residuos sólidos. Este proyecto es totalmente pertinente y
puede ofrecer una alternativa para concebir la economía de Tepito considerando todas sus
dimensiones y aspectos.
i) Las iniciativas culturales y artísticas que hoy se realizan a una escala pequeña por la falta de
recursos económicos suficientes podrían formar parte de la recuperación de espacios en los
cuatro puntos cardinales del barrio para integrar una cartografía de la creatividad, con nueva
imagen urbana y señalamientos adecuados. Cada punto cultural se uniría a los demás a través
de rutas y corredores seguros y confiables. Este proyecto podría llamarse “Tepito, fuente de
imaginación creativa”. Desde luego, hace falta mucha apertura por parte de las autoridades
de la ciudad, las autoridades culturales y artísticas. Los grupos que ya han construido
relaciones de confianza con los tepiteños tienen formas de organizarse y actuar basadas en la
autogestión y la autonomía. Cualquier acuerdo hacia el futuro debe respetar la libertad de los
colectivos para sumarse a un plan o mantenerse al margen. La función de una cartografía
creativa debe servir para coordinar, promover e invitar permanentemente a las poblaciones
que pueden favorecerse de la oferta artística. Un complemento necesario es una plataforma
digital que se ocupe de dar seguimiento a las acciones y donde puedan presentarse y
reconocerse los sujetos participantes.
j) Estas ideas se anotan como una invitación a las tepiteñas y tepiteños, así como a sus aliados
multilocalizados en cualquier lugar del planeta, de la ciudad y del país. El futuro es una
dimensión temporal donde lo imposible aguarda, es aquello que se ve en el horizonte, el
compañero de los viajeros y de los que se atreven.
Pensamiento sociológico
para dialogar contigo
Te conozco.
SILVIO RODRÍGUEZ

La investigación que hemos realizado sobre Tepito mirando de reojo a un número significativo
de tesis (afortunadamente no todas, lo cual abre nuevas oportunidades para divulgarlas o para
construir conocimiento a partir de ellas), nos ha permitido construir un relato que esperamos
sea plausible acerca de sus transformaciones económicas, sociales y culturales desde los años
sesenta del siglo XX hasta hoy, primer trimestre del 2019. A lo largo de este trayecto
aparecieron inquietudes de tipo teórico que corresponden más al oficio de la sociología
académica, actividad a la que nos dedicamos, desde luego, pero que quisimos armonizar con
una mirada abarcadora y compresiva sobre lo que ha pasado en Tepito y de manera audaz
anotar algunas ideas de lo que podría ser el porvenir. Para finalizar este recorrido realizamos
tres apuntes sociológicos que pueden sintetizarse en cinco palabras: pluralismo, modernidad
líquida, umbrales y resistencia.
Aceptamos el potencial de cada una de ellas para indicarnos caminos para reflexiones más
amplias. La sociología es un conocimiento reflexivo que puede compartirse también para
dialogar con diferentes sujetos. Los movimientos sociales se nutren de amplios conjuntos de
personas, precisamente como se da en la aglomeración tepiteña. Los conceptos sociológicos
también pueden ser compañeros para pensar de manera más amplia los universos personales y
barriales. Dejamos aquí estos guiños y esperamos las palabras de los futuros lectores.

Del pluralismo al diálogo intercultural


Elementos para el tema de la alteridad como confrontación y desafío, de acuerdo al pluralismo
radical de Raimon Pannikar (2006) y Raúl Fornet Betancourt (2004). El diálogo intercultural se
plantea como un método para un mejor conocimiento de la alteridad y del sí mismo. Estos
diálogos se inscriben en el marco de un proyecto alternativo de comunicación e intercambio,
complejos y ambivalentes, portadores de contradicciones y conflictos internos. Todo esto se
plantea, en sentido metafórico, como una forma de enfrentar al dragón de la violencia. Para que
esa violencia pueda ser atenuada o incluso combatida no podemos acudir a la violencia, sino a
la no violencia. Y la no violencia implica una apertura a observar quién es el otro.
En un mundo interconectado, en la globalización y en el regreso a los nacionalismos estallan
las diferencias que provocan eventos cruentos y formas múltiples de rechazo a lo diferente.
Todas las formas de violencia: intrafamiliar, vecinal, urbana, rural, interétnica, de género,
remiten a escenarios y formas específicas que es necesario conocer para proponer estrategias
flexibles y precisas. La defensa de la vida y de la dignidad son los principios básicos para
cualquier acción.
El diálogo intercultural propone la transformación y reorganización del mundo con base en
relaciones de cooperación y comunicación solidarias entre los diversos universos culturales de
la humanidad. El diálogo intercultural que aquí se propone puede servir para aprender a
relativizar las tradiciones consolidadas como propias dentro de cada cultura. Esto quiere decir
que cualquier tradición será objeto de revisión; ninguna de ellas debe considerarse inamovible.
El diálogo intercultural en su dimensión ética puede ser asumido como una forma de vida,
como una actitud fundamental, teórica y práctica, que acoge al otro como sujeto, más allá de la
tolerancia y el respeto para compartir la soberanía de las culturas y la autonomía de las
personas. El diálogo intercultural se propone como alternativa para articular las esperanzas
concretas de todos los que hoy se atreven a imaginar y a ensayar aún otros mundos posibles.
Para que el diálogo intercultural sea posible es importante tomar en cuenta las siguientes
premisas:

1. El ser humano es simultáneamente un universal singular. Haciendo o apropiándose


cultura, el ser humano se transculturiza; es decir, plantea o replantea la cuestión del
sentido de su universo cultural de origen.
2. Por su capacidad reflexiva, el ser humano puede ver la cultura que lo hace. Puede ver la
visión del mundo con la que ve y se ve.
3. El núcleo de la reflexión subjetiva es el cultivo de la libertad. La libertad es el bastión en
contra de las formas de la cultura colonizadoras y alienantes.
4. La racionalidad y la sensibilidad están orgánicamente vinculadas a la invariante
antropológica de la libertad humana. El sujeto puede dar razón de las razones que tiene
para su modo de comprender, de vivir, de actuar y de querer. La razón sensible está abierta
a vivenciar todos los aspectos de la vida como legítimos y deseables.

El sentido práctico de lo que se ha expuesto es que cada individuo, en su trayectoria de vida,


puede participar en la elaboración discursiva de su cultura propia, si se presentan situaciones
que lo lleven a colocarse frente a ella. Ese sería un primer paso para dialogar con otros sujetos
y aceptar las diferencias. Se trata de una invitación a vivir la multiculturalidad y a poder
expresarla en diferentes escenarios.
Si pensamos en los aportes ideológicos de Tepito Arte Acá, podríamos preguntarnos su
funcionalidad en tiempos neoliberales, posmodernos, multiculturales, postcoloniales y
cibernéticos. ¿Puede relanzarse la idea vernácula de lo acá?
Juguemos. Digamos que las culturas acá cultivan la imperfección (lo que pierdes en
perfección, lo ganas en libertad y viceversa). Las culturas acá valoran los procesos inacabados,
las obras inconclusas que, en su imperfección, mantienen una vitalidad polisémica y de
reinterpretación. El principal patrimonio de las culturas acá es su capacidad de improvisar a
cada instante. Las culturas acá convierten al trabajo en “chambas”, en ocupaciones gozosas
(inexplicables en el marco de la explotación) pero comprensibles en la dialéctica gozo/padece
del Homo laborens, su hacer son los quehaceres neotransformadores. Los lenguajes
academizados y formales se viven como tatacha, caló, jerga, lunfardo y albur. Las palabras
escapan a su codificación platónica y la gente común las usa para jugar y subvertir, para
enamorar y soñar.
Las casas en los mundos acá son también talleres y espacios de juego; las calles, extensión
de las casas; los cuerpos, casas que cantan, que se mueven y bailan; el baile, recurso
transcultural para el gozo inmediato (ciertas cadencias recuerdan lo divino, lo “bonito” de lo
imperfecto). La comunidad: semejanzas inscritas en territorios fijos y andantes, resguardo y
motivo de los bucles de felicidad que de pronto aparecen y que son aprovechados como
alimento divino para el trajín de la vida.
Cada ser en su proceso de ser él mismo (individuación) logra constituirse, en su trayectoria
biográfica, en un universo completo cuando le suma al vivir un actuar reflexivo y consciente.
Las pertenencias culturales pueden ser múltiples, los procesos, estrategias y niveles de
apropiación cultural también. De allí la idea de Joseph Beuys sobre la vida concebida como obra
de arte. Inmersos en el océano de las determinaciones sistémicas, el cultivo del ser acá puede
originar una actitud y una práctica que mantengan viva la llama de la libertad creativa y el
derecho de ser en el mundo, como decía el Ñero: para dialogar contigo.
Modernidad líquida
Decimos modernidad líquida de acuerdo con la formulación que hizo Zigmunt Bauman (2013)
como una forma de responder qué caracteriza a la época histórica en la que nos corresponde
vivir. La modernidad inicia cuando el espacio y el tiempo se separan en la práctica vital y entre
sí. En los últimos cuarenta años han cambiado las condiciones que parecían orientar y acotar el
transcurso de la vida. El capitalismo, entendido como modo de producción, no tiene frente a sí
ninguna opción civilizatoria alternativa. Para el caso de la sociedad mexicana, entendida como
un sistema abierto e inestable, articulado al sistema mundial, nuestras vidas van a tener su
inicio, su desarrollo y su final en un mar de contradicciones, con nuevas modalidades de
extracción de riqueza y de organización del trabajo y del comercio, al mismo tiempo que los
jóvenes, los pueblos indígenas o los habitantes pobres de las ciudades originan nuevos
movimientos de resistencia y digna rebeldía.
Bauman propone el concepto de modernidad líquida y lo aplica sistemáticamente a
diferentes esferas de lo social, incluyendo la vida comunitaria, el consumo, el amor, la familia y
el arte. La fluidez se utiliza como metáfora para explicar algunos aspectos de la etapa actual de
la vida moderna. Los fluidos no se fijan al espacio ni se atan al tiempo. Tampoco conservan una
forma durante mucho tiempo. Lo que cuenta es el flujo del tiempo más que el espacio que pueda
ocupar. Las descripciones de un fluido son como instantáneas que necesitan ser fechadas,
porque son únicas y tal vez irrepetibles (Bauman 2013).
Un rasgo asociado con la fluidez es la levedad. La práctica nos demuestra que cuando menos
cargados nos desplacemos, tanto más rápido será nuestro avance. Para los sujetos que detentan
el poder, del que depende el destino de los socios menos volátiles de la relación, resulta
estratégico ponerse fuera de alcance en cualquier momento para evitar comprometerse a largo
plazo. Se rechaza cualquier confinamiento territorial. En nuestra era, lo pequeño, lo liviano, lo
más portable es síntoma de mejora y progreso. El mayor bien y símbolo de poder es el viajar
liviano.
Lo que da ganancias hoy es la desenfrenada velocidad de circulación, reciclado,
envejecimiento, descarte y reemplazos, no la durabilidad ni la confiabilidad del producto.
Vivimos en una época en que se rechaza y evita lo durable y se celebra lo efímero.
Los que ocupan el lugar más bajo de la escala social, contra todo lo esperable, luchan
desesperadamente para lograr que sus frágiles, vulnerables y efímeras posesiones duren más y
les ofrezcan servicios duraderos.
Salimos de la época de los grupos de referencia en los que se mantenían los sujetos la mayor
parte de su vida. La labor de construcción individual está indefinida; el argumento de la vida no
está dado de antemano; a lo largo de ella hay diferentes transformaciones, renacimientos,
duelos y vueltas a comenzar. Las pautas y configuraciones han perdido su poder coercitivo o
estimulante. Se da una gran variedad de versiones privatizadas de la modernidad. La forma de
los fluidos requiere muchísima atención, vigilancia constante y un esfuerzo incesante, y con
todo ello no hay garantía de éxito.
Un barrio como Tepito en la modernidad líquida es ambivalente. El barrio concebido como
territorio crea una situación panóptica. Tepito, con su complejidad comercial y habitacional,
cumple una función aceptada por el poder que regula lo que sucede en la ciudad, porque dejado
a su suerte así no se hace necesario conquistar su espacio y dominarlo o procurar mantener a
sus residentes en lugares vigilados, lo cual implicaría una gran cantidad de tareas
administrativas con un alto costo. El Gobierno de la Ciudad se desentiende de sus obligaciones
de garantizar seguridad o de proveer servicios, la supervivencia se le deja a la informalidad. La
administración urbana declina su responsabilidad con el bienestar general. Los tepiteños,
localizados y confinados en sus espacios, así como la población adherente al trabajo y el
comercio se autorregulan y son responsables de sí mismos. De esta manera, el Gobierno de la
Ciudad y el Estado pueden tener presencias intermitentes en el espacio tepiteño con la
temporalidad administrativa que da el manejo de presupuestos y la identidad ajena, que es
insoslayable; de esta manera se evitan confrontaciones con la informalidad y sólo se interviene
en situaciones extraordinarias, como en la comisión de delitos o situaciones de desastre.
El Estado se evita todo lo que implica la construcción y el mantenimiento de un orden; así
elude su responsabilidad sobre las consecuencias que puede tener la aglomeración comercial y
se evitan los costos de un equipamiento urbano que surgió espontáneamente y que ha
permanecido gracias a las formas de organización que permiten la fluidez, paradójicamente, en
un territorio, semejante a los teatros que en espacios vacíos crean una multiplicidad de
escenarios, donde aparecen y desaparecen personajes que tienen su propia subjetividad y su
capacidad de agencia. En resumen, no hay, en la modernidad líquida, un compromiso activo con
la vida de las poblaciones subordinadas. Son estas mismas las que proponen su propia inserción
en la modernidad manteniendo a un ejército de personas asignadas al tianguis como motor y al
barrio como carrocería para entrar y salir de lo sólido y probar la fluidez en el trasiego de las
mercancías en una geografía amplia, no sólo nacional, sino mundial. A través de las rutas
trazadas y los senderos conquistados, los que se van son fieles con los que se quedan. El barrio
es un espacio poroso, una cualidad de algunos sólidos que aceptan la liquidez y dan lugar a
configuraciones sociales nuevas.

Umbrales
La ciudad de Atenas fue testigo de las revueltas juveniles que se realizaron en diciembre de
2008. El asesinato de un joven por el disparo de un policía condensaba en un solo acto las
medidas políticas e ideológicas de un poder que condena a los jóvenes a un futuro de
antagonismos y decepciones. Estos hechos se combinaron con una crisis económica
generalizada y llevaron a la ocupación de las plazas públicas, acontecimiento que reinventa las
políticas de la disidencia con la reutilización de los espacios comunes. El ámbito de lo común se
contrapone con el espacio público “autorizado” y de propiedad estatal.
Para comprender lo inédito de la situación, el sociólogo Stavros Stavrides escribe el libro
Hacia la ciudad de umbrales. Las ideas que allí se exponen resuenan con la información que
hemos reunido sobre Tepito y le dan otra proyección. Manuel Delgado, en el prólogo al libro,
nos propone que en lugar de pensar la ciudad desde una metáfora de lo estable, resulta más útil
hablar de un sistema de espacialidades, con discontinuidades, rupturas, porosidades y lagunas;
de esta manera podemos ser más sensibles a la presencia de lo otro en los intersticios.
Ante las políticas urbanas que buscan hacer de las ciudades espacios sumisos y homogéneos,
se tiene que el espacio urbano es un espacio agujereado. Ante la usurpación capitalista de las
ciudades, se propone la revocabilidad de cualquier organización social.

Los umbrales son espacios indeterminados e indeterminantes cuya labor primordial es la de ser
franqueables y franqueados, escenarios para encuentros, intercambios, fugas y contrabandos, pero
no menos para los choques y las luchas (Delgado 2016, 12).

Los umbrales son islotes de libertad y de belleza. Espacios de frontera, espacios para todas
las audacias. La idea de umbral emerge como un concepto capaz de captar la dinámica espacial
de la emancipación.
Desde este enfoque se propone evitar pensar al barrio como contenedor de lo social. Por el
contrario, si se piensa al barrio en su sentido potencial puede considerarse como un elemento
formativo de prácticas sociales. Ante la visión de una identidad cerrada, los umbrales espacio-
temporales serían aquéllos que propician la apertura de las identidades a través de acciones de
negociación y encuentro con la alteridad.
Cuando se necesita comunicar el exterior e interior de mundos opuestos, el umbral se nos
presenta como un artefacto social que produce, mediante distintos actos de cruce definidos,
diferentes relaciones entre la mismidad y la alteridad.
La dinámica cotidiana de Tepito implica los cruces de múltiples fronteras, ante la cultura
consumista que busca nuevos productos y nuevas sensaciones, Tepito, desde su alteridad
prefabricada por la publicidad y los medios (actualmente internet), encuentra que el ciudadano
consumidor está más que dispuesto a cruzar las fronteras que lo conduzcan hacia esa alteridad.
El turista, por su parte, tiene una actitud guiada por un exotismo que moviliza el deseo por
un lugar ajeno al que acude para acumular nuevas sensaciones como si de trofeos se trataran.
El encuentro respetuoso y auténtico entre personas portadoras de identidades diferentes
requiere que la aproximación a la alteridad se realice como un acto de reconocimiento; esto
implica aprender a habitar el umbral con delicadeza y disfrutar la teatralidad que se produce en
él.
La espacialidad de umbrales se caracteriza por su porosidad. La porosidad del umbral indica
que se comunica con su entorno enlazando la creación de escenarios para la interacción social
(que no se reduce a la relación de compra venta). La porosidad remite a las características de
una vida cotidiana orientada hacia las circunstancias cotidianas fugaces, las cuales llevan la
marca de ser ocasionales, con el dulce sabor de la aventura.
La improvisación de una teatralidad cotidiana tiene que ver con el arte de lidiar con
situaciones siempre distintas, el arte de convertirse creativamente en el otro sin dejar de ser
uno mismo. Umbrales porosos vinculados a la creación de pasajes, a través de los cuales cada
individuo equipado socialmente respira el aire de la interacción creativa.

Porosos son los edificios y porosos son los hábitos de las personas, porosas las calles y los
encuentros cotidianos. Porosas son las escaleras omnipresentes, las familias y los encuentros que se
producen en los mercados al aire libre (Stavrides 2016, 119).

Tenemos, entonces, que la teatralidad es el arte de crear umbrales. El barrio, por su parte,
es un espacio en el que aprendemos las distancias en puentes controlados que tendemos hacia
otros; aprendemos a administrar nuestras relaciones con los otros como relaciones de vecindad.

El barrio es un lugar de nacimiento para los acontecimientos pequeños y grandes. Tiene su propia
historia. El barrio es un lugar que está potencialmente abierto al cambio social y es siempre un
escenario para transformaciones de menor o mayor escala (Stavrides 2016, 153).

Una comunidad reinventada tendría que ver con distintas personas que siguen siendo
diferentes entre sí, pero que se reconocen como coproductoras de un espacio común en
formación. En el barrio hay un “nosotros” multifacético, caleidoscópico, siempre abierto a
nuevos acuerdos con las diferencias, en oposición a un afuera reconocible.
La actitud colectiva en el tianguis tepiteño y el barrio en sí mismo, es de apertura y
hospitalidad ante los visitantes, compradores o no, incluyendo la aceptación de múltiples
solicitudes de información, especialmente al tener cronistas y personajes que han evolucionado
hacia una función de voceros, de allí que en diferentes formatos y plataformas tiendan a
repetirse los tepiteños que “conocen” al barrio. Un avance cualitativo sería crear espacios de
umbral para que las diferencias se comparen y se reconstruya la percepción social sobre la
identidad colectiva de los tepiteños, la singularidad de cada persona y de quienes se acercan al
barrio con preguntas e inquietudes legítimas.

Resistencia
En Tepito se juega el sentido de las palabras y las acciones. Desde los años setenta del siglo XX
se sabe que las palabras son portadoras de violencia, odio o prejuicio o bien de fraternidad,
amor y aceptación. Así, en el Tepito de hoy se juega al albur fino y a la frase selecta, por eso se
dice que “carisma mata estigma” o que “el barrio existe porque resiste” y sobre todo, con
Lourdes Ruiz: “Cuando te veo, palpito”. En esta esquina, muy cerca de sus quinientos años:
Tepito. En la esquina opuesta, con el cabeceo único de la Cuarta Transformación y muy cerca de
celebrar doscientos años de Independencia, un país llamado “México”. Y así llegamos a este
escenario, queridos amigos, donde no sabemos qué va a ocurrir, lo que se descarta es que la
pelea termine en los primeros rounds, ambos pugilistas son de carrera larga y colmillo
retorcido. Ahora se ven frente a frente y parecen reconocer algo de sí mismo en el otro, tal vez
el mestizaje o la chingada, tal vez el camino oblicuo a la felicidad y su adhesión a mitos como
los de la virginidad, el amor eterno, la mamacita santa y sobre todo su fidelidad al patriarcado.
A la mitad de la pelea es notable la diferencia de pegada: Tepito es gallo, pero ligero, el Estado
nacional es peso medio gacho y todo apunta a un desenlace fatal. Solamente los más fieles
seguidores dan alguna oportunidad a Tepito.
Así, de manera metafórica podemos referirnos a la resistencia de Tepito. Su capitalismo y su
globalización desde abajo pueden persistir porque son funcionales a la globalización formal
conducida por los Estados nacionales. No hay comparación entre el mercado popular de Tepito
y la feria de los millones que manejan el Estado y el gran capital financiero. En su dimensión
social, sin necesidad de haber hecho una encuesta sobre el presente y el futuro de Tepito, cada
trabajador, cada familia, cada red de comerciantes, cada consumidor, ratifican diariamente su
vinculación. El Estado al que se enfrenta Tepito sabe que la fuerza, los operativos, incluso la
represión selectiva los coloca en una posición incómoda, sobre todo cuando se da la
combinación entre bravura y acceso a armas por la vía legal e ilegal. En medio del conflicto, la
población inocente y también las formas de la ilegalidad, sobre todo el narcomenudeo y los
conflictos entre grupos de narcotraficantes rivales.
Tepito resiste frente al Estado, frente a los narcotraficantes y también ante una conciencia
débil de lo que se es en el presente. Lo que se fue es nostalgia e incluso historia. Lo que se está
siendo es un reto cognoscitivo y práctico. El barrio necesita organizarse, reunir información
significativa, sobre todo la generada en las universidades y buscar alianzas con diferentes
actores. Tal vez la resistencia más tenaz provenga del interior del barrio, de quienes se
encuentran cómodos en la situación actual. Para convencerlos es necesario hacer visibles los
proyectos. ¿Quién se apunta?
Bibliografía

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¿Quo vadis, Tepito? Héctor Rosales Ayala, autor
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Ficha catalográfica
Catalogación en la publicación UNAM. Dirección General de Bibliotecas
Nombres: Rosales Ayala, S. Héctor (Silvano Héctor), autor.
Título: ¿Quo vadis, Tepito? / Héctor Rosales Ayala.
Descripción: Primera edición. | Cuernavaca : Universidad Nacional Autónoma de México,
Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, 2020.
Identificadores: LIBRUNAM 2076330 (impreso) | LIBRUNAM 2076559 (libro electrónico) |
ISBN 9786073030328 (impreso) | ISBN 9786073030311 (libro electrónico).
Temas: Tepito (Ciudad de México) - Historia. | Tepito (Ciudad de México) – Vida social y
costumbres.
Clasificación: LCC F1386.4.T46.R67 2020 (impreso) | LCC F1386.4.T46 (libro electrónico)
|DDC 972.53—dc23

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